El cuchillo me atravesó la espalda en plena cena de Acción de Gracias, pero el dolor más cruel no fue el acero cortando mi carne. Lo peor fue escuchar a mi propia madre ordenarme: “No hagas drama, Marisol”, mientras mi padrastro continuaba rebanando el pavo, ignorando mi sangre como si fuera salsa derramada.
cuongvan