Mi esposa videollamó desde el hotel y olvidó colgar; oí su burla: ‘Ya se durmió el idiota’. Pero cuando preparé la ‘última cena’ para recibirla, ella descubrió que mi silencio de ingeniero civil no era sumisión, sino una trampa perfecta que guardaba pruebas, dinero robado y una ejecución fría que apenas comenzaba a demoler su vida.
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