Mi propio padre me desgarró la piel a cinturonazos para robarme el dinero de mi libertad, mientras mi madre guardaba un silencio cómplice y mi hermano se reía de mi agonía en el suelo. Creyeron que la violencia me haría arrodillar y entregarles mi futuro, sin imaginar que cada golpe no hizo más que forjar el arma de mi venganza, una que estaba a punto de demoler hasta los cimientos a esa familia podrida.
cuongvan