Lupita Lara está Ahora casi 80 Años y Cómo Vive es Triste

Lupita Lara fue alguna vez el rostro que todos adoraban, la estrella brillante y encantadora de mi secretaria, una mujer cuyo talento eclipsaba a casi todos a su alrededor. Pero hoy, a casi 80 años su vida se parece muy poco al mundo glamuroso que alguna vez dominó. Detrás de las risas y la fama existe una historia de castigo, celos y un apagón impuesto por la misma industria que la convirtió en estrella.
Durante décadas circularon susurros sobre su repentina desaparición de la televisión, pero solo recientemente han comenzado a salir a la luz las verdaderas razones. Realmente fue vetada por brillar más que Victoria Rufo y como un solo conflicto en el punto más alto de su carrera cambió para siempre el rumbo de su vida.
Esta es la silenciosa tragedia detrás de la mujer que alguna vez iluminó las pantallas de México y la dolorosa verdad sobre cómo vive hoy. Muchos creen que la carrera de Lupita Lara comenzó y terminó con mi secretaria, pero para sorpresa de muchos, ese fue solo un capítulo de una vida mucho más larga dentro de la industria.
Nacida como Guadalupe Lara Ochoa, empezó a actuar siendo niña. Su carrera abarca desde los 5 años hasta la actualidad. Incluso apareció brevemente en el reciente remake de Televisa de los ricos También Lloran, prueba de que su trabajo se extiende por décadas. Lupita siempre fue mucho más que una estrella de comedia.
Era talentosa, carismática e inolvidable. Su historia, sin embargo, comenzó muy lejos del glamur. Los padres de Lupita eran originarios de Guadalajara, donde nacieron sus hermanos mayores antes de que la familia se mudara a la Ciudad de México. A pesar de su cabello rubio, piel clara y apariencia llamativa que los hacía destacar, la familia Lara era humilde y con frecuencia luchaba para sobrevivir.
Su padre batallaba con el alcoholismo, gastando lo poco que ganaba en su adicción. Nunca tuvieron una casa propia y siempre debían renta, siendo desalojados una y otra vez. Aún así, la madre de Lupita cargó con la familia sobre sus hombros. Con ocho hijos que criar y un esposo incapaz de ofrecer estabilidad, hizo todo lo posible para mantenerlos a flote.
Un día, agobiada por la pobreza y al darse cuenta de que sus hijos no solo eran hermosos, sino encantadores, la madre de Lupita tomó una decisión dolorosa. Nunca quiso que sus hijos trabajaran, mucho menos que mantuvieran el hogar, pero no había otra opción. Así que reunió a los ocho, los tomó de la mano y caminó hacia la XuW, la estación de radio y televisión más importante de México en ese momento.
No le importaba qué trabajo les dieran. Barrer, hacer voces, llevar recados. Cualquier cosa era mejor que pasar hambre. Apenas llegaron, el guardia asumió que los niños ya eran artistas. Sus cabellos rubios, rostros claros y ojos brillantes los hacían parecer pequeñas estrellas. Los dejó pasar sin dudar.
Dentro de los enormes estudios azul y dorado, la madre de Lupita suplicó por cualquier oportunidad. Al ver lo llamativos que eran los niños, el personal aceptó tratar de buscarles algún rol. Incluso unos pocos pesos marcarían la diferencia en casa. Ninguno de ellos soñaba con ser actor, pero la necesidad los empujó al mundo del espectáculo.
Poco después, el hermano mayor de Lupita, Felipe, pasó frente a Televicentro, lo que hoy es Televisa, y vio un letrero buscando niños y niñas. Corrió a casa para avisar a su madre. En cuestión de minutos, ella tenía a todos los hijos vestidos, peinados y arreglados con las trenzas caseras y el gel de limón de la época.
Una vez más, los guardias los miraron y asumieron que eran artistas. Dentro de Televicentro, la familia llegó en una época en la que Emilio Azcárraga Milmo, el tigre, todavía creía en preparar adecuadamente al nuevo talento. En lugar de lanzarlos a pantalla de inmediato, la empresa inscribió a los niños en clases de canto, actuación y baile.
Los preparaban intensamente con planes de colocarlos en operetas, sarzuelas y programas infantiles. El único problema era que toda esa preparación no venía acompañada de un sueldo y justamente el dinero era lo que más necesitaba la familia Lara. Como parte de su entrenamiento, los ejecutivos de Televicentro comenzaron a enviar a los niños Lara a presentarse en el histórico teatro Esperanza Iris de la Ciudad de México.
El objetivo era simple. Querían que los niños adquirieran verdadera experiencia escénica, que agarraran tabla, como dicen los actores, para que crecieran como profesionales y no como improvisados. Pero había un problema. Nada de ese trabajo era pagado y a veces ni siquiera tenían dinero para el transporte. Cinco de los niños debían viajar de ida y vuelta y solo el costo del camión ponía en jaque la frágil economía familiar.
En ocasiones, algún ejecutivo de buen corazón notaba su situación y preguntaba en voz baja, “¿Tienen dinero para los pasajes?” Dándoles unos pocos pesos para ayudarles a regresar a casa. Pero incluso así, los niños a menudo preferían caminar largas distancias para ahorrar esas monedas y poder comprar comida. Fueron años difíciles con hambre, cansancio e incertidumbre.
Aún así, su madre insistía en que, pese a todo, los niños debían seguir disfrutando su infancia. Los dejaba trepar árboles, jugar canicas, embarrarse en el lodo. Quería que conservaran su inocencia, aunque ya ayudaban a sostener el hogar. Poco a poco, los ocho hermanos comenzaron a aparecer en distintos proyectos.
Y con solo 5 años, Lupita hizo su debuto oficial en una obra llamada La J. No me acuerdo. Fue tan encantadora en el escenario que el público la aplaudió de inmediato. Eso bastó para que los productores se fijaran en ella. Poco después la integraron a un programa infantil en Televicentro llamado La Bombita. Sus hermanos mayores, Enriqueta y Felipe, el mismo que había visto el anuncio de casting, formaban parte del elenco principal, mientras que Lupita y los más pequeños hacían papeles breves y comerciales. La paga era poca, pero era
suya. Y por primera vez los niños ayudaban realmente a mantener la casa. El talento de Lupita pronto comenzó a abrir puertas. No pasó mucho tiempo antes de que apareciera en varios programas Viver Holandia, un show infantil de la época y después yo fui testigo. Poco a poco su presencia en Televicentro creció hasta que a los 13 años recibió algo que jamás imaginó, un papel en su primera telenovela.
El programa se llamaba El Secreto, protagonizado por Pepe Gálvez y la gran Magda Guzmán. Lupita interpretó un papel secundario, pero para ella fue un debut que le cambiaría la vida. Actuar nunca había sido sueño, simplemente siguió el camino que la vida le fue marcando. Entre los ocho hermanos, Lupita pronto se convirtió en la figura destacada, la que el público recordaba y la que los productores seguían llamando.
La gente la quería. Su carisma natural, incluso más que su belleza, la hacía inolvidable. Y conforme el trabajo se volvió constante, de manera inesperada se convirtió en la principal proveedora del hogar. No trabajaba para ser famosa, trabajaba para aliviar las dificultades económicas de su familia y darles un poco del bienestar que nunca habían tenido.
A pesar de su creciente éxito, Lupita se mantuvo con los pies en la tierra. Formó amistades sinceras con los miembros del equipo técnico, camarógrafos, floor managers, operadores de sonido, personas que rara vez ganaban lo suficiente y que a menudo enfrentaban dificultades como las que ella conoció de niña. A la hora de la comida, era ella quien preguntaba, “¿Tú qué trajiste hoy?” Si alguien no llevaba nada, insistía en compartir.
Muy pronto, todo el equipo almorzaba junto, convirtiendo los descansos en pequeñas fiestas improvisadas. Todos la adoraban por eso. Su vínculo con los equipos de producción fue aún más allá. Los camarógrafos y floor managers la guiaban, le mostraban dónde pararse, cómo moverse, cómo marcar sus entradas para que el productor no la regañara.
Era un entrenamiento informal y Lupita absorbía todo. Rodeada de personas que entendían profundamente el oficio porque veían trabajar a los directores día tras día, se convirtió en una actriz precisa, intuitiva y sorprendentemente profesional. Todo aprendido en silencio, con humildad, desde el piso del foro. Y aunque Lupita ya aparecía en televisión y se estaba convirtiendo en una actriz infantil conocida, la fama no la eximía de los deberes en casa.
En cuanto cruzaba la puerta, su madre le recordaba, “Sí, trajiste tu pago. Ahora ve a lavar los trastes.” Un hermano ya había barrido, otro había cocinado y a Lupita, pese a su larga jornada, también le tocaba cumplir. Era la forma de su madre de mantener a los ocho hijos con los pies bien plantados en la tierra. Aquellos primeros años obligaron a Lupita a madurar muy rápido.
Sostenía a la familia, aprendía su oficio sobre la marcha, estudiaba y aún así ayudaba a mantener la casa. Y aunque los ocho hermanos entraron al mundo del espectáculo al principio, solo cuatro continuaron. Enriqueta, Luis Mario, Felipe y la propia Lupita. Los demás terminaron eligiendo otros caminos. A medida que Lupita pasó de niña a joven, su belleza se volvió aún más llamativa.
Esos ojos verdes tan brillantes, sus facciones suaves y un encanto natural que la hacía inolvidable al instante. Mucha gente cree que se hizo famosa recién en los años 80 con mi secretaria, pero para entonces Lupita ya tenía una carrera completa encima. Había empezado a actuar a los 5 años y nunca se detuvo.
Para cuando Televisa le ofreció mi secretaria a finales de los años 70, Lupita ya había aparecido en unas 20 telenovelas, además de montajes teatrales y trabajos en radio. Había construido un currículum que muchas actrices del doble de su edad habrían deseado. participó en producciones como El Cuarto Mandamiento, Corazón Salvaje, Yesenia y el enorme éxito Rina, donde su actuación la convirtió en una de las jóvenes más solicitadas de Televisa.
Uno de sus proyectos más particulares fue donde termina el camino? La única telenovela grabada en México por el icono español Rafael. Televisa esperaba un fenómeno. El triángulo amoroso lo conformaban Rafael. Maric Cruz Olivier y Lupita Lara, dos actrices compitiendo por el corazón de uno de los artistas más adorados de la época.
Lupita no fue descubierta en mi secretaria. Llegó ahí después de años de trabajo, disciplina y toda una vida en los escenarios y en la pantalla. Pero la verdad es que nada funcionó en aquella producción. No hubo química entre Rafael y Lupita, ni entre Lupita y Maric Cruz. ni siquiera entre Maric Cruz y Rafael.
Los espectadores lo notaron de inmediato. La telenovela fue un desastre tan grande que solo duró 13 episodios, algo impensable en una época donde las historias podían durar años. Televisa perdió dinero. Rafael obtuvo todo lo que exigió y el proyecto se derrumbó casi en cuanto empezó. Cuando terminó, Maricuz Olivier y Lupita Lara quedaron preguntándose qué vendría después. Pero Lupita no esperó mucho.
Su talento era innegable y Televisa la invitó rápidamente a unirse a una nueva telenovela con Victoria Rufo, La Fiera. Aceptó de inmediato. Lupita siempre ha sido una mujer trabajadora y comenzó a grabar sus escenas justo cuando la novela salía al aire. Entonces, en medio de todo esto, sonó el teléfono.
Era Humberto Navarro, uno de los productores más poderosos de Televisa. En ese tiempo, casi todos los programas exitosos de la cadena llevaban su nombre. Navarro le dijo a Lupita que los ejecutivos le habían encargado una nueva serie y que él la quería como protagonista. Lupita no hizo preguntas, aceptó al instante, en parte porque su vida personal acababa de sacudirse profundamente.
Su madre había muerto recientemente de cáncer en la vesícula, un proceso doloroso que la dejó devastada. Casi al mismo tiempo falleció su hermano Felipe, el mismo que años atrás había visto el anuncio que llevó a toda la familia al mundo artístico. Aún no existe una explicación pública clara sobre su muerte.
El duelo la ahogaba y actuar se convirtió en sus salvavidas. El trabajo era lo único que calmaba un poco su tristeza. Así que cuando Navarro le ofreció el papel estelar en una nueva serie, sin siquiera explicarle de qué trataba, Lupita dijo que sí. Simplemente necesitaba algo a lo que aferrarse.
Cuando Humberto Navarro finalmente le entregó el guion, la premisa era sencilla. Interpretaría a una secretaria de oficina en la Ciudad de México, un agodín común y corriente, mucho antes de que la palabra se volviera popular. El primer elenco de mi secretaria incluía nombres que más tarde serían icónicos. Pompín Iglesias, César Bono, Laura León y una joven Maribel Fernández, la pelangocha, a quien en ese entonces todavía llamaban el tesorito.
Grabaron un piloto y todos sintieron la química de inmediato. Navarro estaba convencido de que Televisa lo aprobaría sin dudar, pero cuando los ejecutivos vieron el piloto, su reacción fue todo lo contrario. Dijeron que el programa se parecía demasiado al exitosísimo Mary Tyler Moore Show de Estados Unidos.
El propio Emilio Azcárraga advirtió a Navarro, “Toma la idea, pero no la copies. No podemos arriesgarnos a una acusación de plagio.” También criticaron al elenco, especialmente a Maribel, y afirmaron que no había verdadera química entre Lupita y Pompín. Navarro estaba furioso. Después de todo el trabajo invertido en el piloto, Televisa lo rechazó por completo.
Frustrado, guardó el proyecto en un cajón y juró que no volvería a tocarlo sin importar cuánto se lo suplicaran. Y así mi secretaria quedó archivada durante tres largos años hasta que el Mary Tyler More Show original salió del aire en Estados Unidos. De repente, Televisa vio una oportunidad. Si la versión estadounidense ya no se transmitía, tal vez la adaptación mexicana finalmente podría avanzar.
Los ejecutivos desempolvaron el piloto olvidado de Navarro y lo llamaron de vuelta. El programa que una vez fue rechazado, ahora recibía una segunda oportunidad. Televisa finalmente volvió a buscar a Humberto Navarro. ¿Te acuerdas de aquel programa que hiciste?, le preguntaron. Navarro, aún ofendido por el rechazo anterior, no quería saber nada del proyecto, pero esta vez no era una solicitud, era una orden.
Le indicaron reconstruir el elenco, ajustar lo necesario y presentar una nueva versión. con resignación, aceptó y comenzó de inmediato a llamar a los actores originales. Lupita Lara regresó sin dudarlo, a pesar de que el primer intento le había costado caro. Años antes había renunciado a la telenovela La Fiera, donde compartía créditos con Victoria Rufo, para unirse a mi secretaria.
Cuando el proyecto fue cancelado de repente quedó devastada. Ahora, 3 años después le ofrecían el papel otra vez y aceptó. Pompín Iglesias volvió como don Caritino y Maribel Fernández, ya no el tesorito, sino conocida como la pelangocha, también regresó. El resto del elenco se reunió formando un grupo sólido y bien equilibrado. Esta vez todo encajó.
Los ejecutivos de Televisa vieron el nuevo piloto y lo aprobaron de inmediato. Predijeron un éxito, pero ni siquiera ellos imaginaron cuán grande sería. Cuando mi secretaria estrenó, el público se enamoró de Lupita Lara de la noche a la mañana. El programa se transmitió de 1978 a 1986, filmado completamente en un solo foro y se convirtió en una de las producciones más rentables de Televisa.
Su influencia llegó mucho más lejos que México. Años después, el escritor colombiano Fernando Gaitán reconocería abiertamente que yo soy Betty, la fea, la telenovela más exitosa de la historia. se inspiró en la premisa de mi secretaria. Lo que comenzó como una comedia archivada, se convirtió en una semilla cultural que se extendió por continentes.
A pesar del enorme éxito del programa, los actores no ganaban fortunas. Los productores y los ejecutivos de Televisa se llevaban las grandes ganancias, pero el elenco obtuvo fama, estabilidad y un lugar irreemplazable en la historia de la televisión mexicana. Luego, en el punto más alto de su popularidad, mi secretaria terminó de manera repentina.
Los espectadores quedaron impactados. Los personajes que tanto amaban simplemente desaparecieron de la pantalla. Los fans no podían entender por qué habían retirado un programa tan exitoso, especialmente uno recordado por el inolvidable don Carino, cuyos comentarios afilados y políticamente incorrectos serían impensables hoy en día.
Gracias a mi secretaria, todos los miembros del elenco alcanzaron la fama, pero nadie tanto como Lupita Lara. El programa la convirtió en una de las primeras actrices mexicanas en brillar en la comedia, en una época en la que el humor estaba dominado por hombres o escrito para que las mujeres solo respaldaran a los protagonistas masculinos.
Lupita no era comediante de formación, pero se volvió una revelación. Su timing, su encanto y su calidez natural la colocaron entre las pioneras de la presencia femenina en la comedia televisiva. La serie duró 9 años, una trayectoria extraordinaria y su éxito sorprendió incluso a los propios actores. No podían creer el cariño que recibían en cuanto salían de los estudios de Televisa.
El público no solo disfrutaba el programa, lo adoraba, un fenómeno poco común en esos tiempos. Para el productor Humberto Navarro, mi secretaria se convirtió en otra joya de su carrera. Ya celebraba el triunfo de la carabina de Ambrosio y tener dos éxitos masivos al mismo tiempo era algo que pocos productores lograban, pero detrás de cámaras, Televisa estaba cambiando.
El temperamento y ego de Navarro chocaron con el poderoso ejecutivo Víctor Hugo Ofarill. El conflicto escaló y a pesar del largo historial de éxitos de Navarro, Ofarillió su salida. Televisa tomó partido por él y Navarro fue despedido abruptamente, sacado por la puerta trasera marcando el fin de una era. Con la salida de Navarro, mi secretaria llegó a su fin.
A pesar de sus altos niveles de audiencia, la programación de Televisa cambió y el nivel de éxito que él había logrado resultó difícil de repetir. Aún así, muchas de las estrellas del programa, Pompín Iglesias, César Bono, Maribel Fernández, continuaron trabajando de manera constante. Para Lupita Lara, la vida después de mi secretaria se volvió mucho más complicada de lo que nadie imaginaba.
Mientras sus compañeros seguían encontrando trabajo, Lupita batallaba para volver a las telenovelas, el género en el que prácticamente había crecido. Durante un tiempo hizo teatro y películas de bajo presupuesto, pero nada se acercaba a la visibilidad que antes tenía. Por más que lo intentaba, las puertas de Televisa simplemente no se abrían. Le tomó años entender por qué.
Tras la pelea explosiva entre los productores Humberto Navarro y Víctor Hugo Ofril, Lupita, quien había sido contratada por Navarro, pasó a ser vista como del bando de él. Ofarril no la quería cerca de ninguno de sus proyectos. Sin darse cuenta había sido vetada. No de manera oficial, pero sí efectiva.
Incluso cuando Carla Estrada quiso contratarla, le confesó, “No soy yo. Me dijeron que no te contrate.” Después de innumerables intentos, Carla finalmente intervino y convenció a Televisa de darle otra oportunidad. Así fue como Lupita regresó en 1990, apareciendo en la telenovela El amor nunca muere. A partir de entonces, Lupita volvió a trabajar de forma constante en televisión, cine y teatro, pero la industria nunca la volvió a ver igual.
A los 40 años, aún joven y hermosa, Televisa la etiquetó como demasiado mayor para roles protagónicos. Desde entonces solo la llamaban para papeles de madre o personajes secundarios, pese a que alguna vez había llevado una serie completa sobre sus hombros. En privado, Lupita llevó una vida solitaria.
El trabajo siempre había sido su refugio y el amor nunca la trató bien. En los años 70 se enamoró profundamente de Sergio Reynoso, el hijo mayor del actor David Reynoso. Pero los celos y el carácter controlador de Sergio terminaron convirtiéndose en abuso emocional y físico. Lupita lo soportó hasta el día en que él intentó prohibirle trabajar.
Ella se fue de inmediato, pero él no lo tomó bien. Sergio amenazó con arruinar su carrera y, lamentablemente su padre tenía el poder para lograrlo. Como influyente secretario general de la Anda, David Reynoso usó su influencia para excluir a Lupita de importantes oportunidades en cine y teatro. De la noche a la mañana se encontró prácticamente vetada de la misma industria que había ayudado a entretener desde su infancia.
Lo que ocurrió después fue devastador. No solo dejaron de llamarla los productores en silencio. Según quienes vivieron aquella época, figuras poderosas de la televisión advertían abiertamente a otros que no contrataran a Lupita Lara. Directores y productores temían enfrentarse a don David Reinoso, quien en ese momento controlaba el sindicato Anda y tenía una enorme influencia.
Para evitar conflictos, muchos simplemente decidieron que era más seguro no contratarla. Y así, de un día para otro, Lupita, la querida estrella de mi secretaria, desapareció de la pantalla. El público se preguntaba qué había sido de ella sin saber que había sido vetada. no solo de Televisa, sino de toda la industria del entretenimiento.
Con todas las puertas cerradas, Lupita intentó reconstruir su vida. Decidió hacerse a un lado y se dijo a sí misma que quizá el destino tenía otros planes. Pensó que era momento de convertirse en madre, pero tras varios intentos fallidos, finalmente acudió a un especialista. El médico ordenó estudios y dio un diagnóstico que parecía definitivo, supuestos problemas graves en los ovarios que requerían cirugía inmediata.
Confiando en la opinión médica, aceptó, aún cuando la operación implicaba la extracción de sus ovarios y su útero, eliminando por completo la posibilidad de ser madre. El golpe vino después. Buscando una segunda opinión, Lupita descubrió lo impensable. Nunca había padecido ningún problema ovárico. No había cáncer, ni enfermedad, ni necesidad médica, solo un error.
Se había sometido a una cirugía irreversible que jamás necesitaba. El dolor emocional fue devastador. No solo la industria le había arrebatado su carrera, ahora también había perdido la posibilidad de ser madre por una equivocación. Años más tarde, cuando don David Reinoso dejó de dirigir el sindicato de actores, Lupita comenzó a regresar poco a poco a la televisión.
Reconstruyó su carrera con dignidad, acumulando con el tiempo más de 46 telenovelas, además de varias películas y obras de teatro. Aunque muchas de esas películas no fueron ampliamente conocidas, el público siguió admirando su talento y su belleza. Incluso en años recientes, las nuevas generaciones que descubren repeticiones antiguas se sorprenden de lo radiante que era y de lo radiante que sigue siendo.
Hoy, mientras Lupita Lara se acerca a los 80 años, carga con toda una vida de trabajo y una historia marcada por la resiliencia. A pesar del veto, la tragedia médica y los años de silencio sigue siendo adorada por un público que nunca la olvidó. M.
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