La Trágica Vida Y Muerte De Johnny Laboriel

En la época dorada del rock and roll mexicano, Johnny Laboriel destacó como un hombre cuya energía iluminaba cada escenario que pisaba. Cantaba más fuerte, reía con más ganas y soñaba más en grande que la mayoría de su generación, incluso eclipsando a Alberto Vázquez, César Costa y Enrique Guzmán. Pero detrás de ese carisma eléctrico había una historia que pocos conocieron.

Una vida marcada por el racismo, el rechazo y la enfermedad escondida bajo el ritmo de la música que lo hizo famoso. Rompió barreras como uno de los primeros ídolos negros del rock en México. Y sin embargo, el mismo mundo que alguna vez coreó su nombre acabaría dándole la espalda. Esta es la trágica vida y muerte de Johnny Laboriel.

Juan José Laboriel López nació el 9 de julio de 1942 en la Ciudad de México, en una familia donde el arte y el talento eran parte de la vida cotidiana. Su padre, Juan José Laboriel, era actor y compositor, mientras que su madre, Francisca López de la Boriel, era admirada como una de las mujeres más bellas del puerto.

Su padre tuvo una extensa carrera en el cine mexicano, participando en más de 28 películas entre 1938 y 1972. Entre ellas se encuentran clásicos como Selva de Fuego, mulata de Córdoba, María Magdalena, reina de reinas, la Virgen María, furia roja, alma de acero, barú, el hombre de la selva, alma llanera, el tunco maclovio, Jesús el niño Dios, madre Dolores y Operación Masacre, entre muchas otras.

También compuso canciones como El gallo tuerto, esclavo feliz, El Paricutín, Barumbalumba, Linda Teté y Amor costeño. Prueba de que la música corría profundamente por la sangre de los Laboriel. Sin embargo, las raíces de la historia de Johnny Laboriel se remontan mucho antes de su propia fama. Sus padres eran inmigrantes hondureños que habían llegado a México en busca de mejores oportunidades y de un futuro en el mundo artístico.

Su padre nació el 13 de julio de 1906 en el barrio Cristal de Trujillo, Colón, Honduras, y pertenecía al grupo étnico Garifuna, una comunidad descendiente de africanos que escaparon de la esclavitud tras un naufragio en el siglo XV. proveniente de una familia humilde. La familia de Juan José no le permitió casarse con Francisca, quien era la primera actriz garífuna proveniente de una familia adinerada.

Decidido a forjarse un futuro, partió hacia México con la esperanza de construir una carrera, ganar dinero y regresar por ella 3 años después. El pueblo Garífuna ha sido conocido por su resiliencia y su constante migración en busca de sobrevivir, un legado que ha perdurado por generaciones. Ya en México, Juan José trabajó como percusionista y guitarrista, colaborando con leyendas como Pedro Infante durante la época de oro del cine mexicano.

Fue allí donde se casó con Francisca y sentó las bases de una familia que se convertiría en una de las más influyentes artísticamente de su tiempo. De esa unión nació Johnny junto con su hermano Abraham Laboriel, quien años más tarde se convertiría en uno de los bajistas más reconocidos de los Estados Unidos, tocando con algunos de los más grandes músicos del mundo y ganando un lugar legendario en la historia de la música.

En sus inicios, la familia Laboriel vivió humildemente en un pequeño departamento de la colonia Roma. uno de los barrios más antiguos de la ciudad de México. Con esfuerzo y perseverancia, poco a poco mejoraron su situación hasta poder permitirse una casa más cómoda. Johnny recordaría más tarde que en esa época había muy pocas familias negras en la capital.

Me sentía como un oso polar caminando por la plaza principal de la ciudad de México. Decía con humor, aunque sus palabras reflejaban la soledad que a menudo sintió por ser diferente. De niño pasaba gran parte del tiempo en la calle mezclándose con las pandillas del barrio que rondaban cerca de la Romita, una zona dura pero llena de vida, famosa por sus personajes y su orgullo local.

Una de esas pandillas se llamaba los pueblerinos, porque varios de sus miembros vivían en la calle Puebla. Todos tenían apodos coloridos. La lagrimita Pitol, el Loco y Johnny era conocido como la ceniza de Roma. En una de sus confesiones más sinceras, admitió que su mayor error fue haber golpeado a un hombre que, sin saberlo, tenía gran poder e influencia.

El incidente lo llevó a pasar un breve tiempo en prisión en el penal de Lecumberry, conocido como El Palacio Negro, la misma cárcel que alguna vez albergó a Juan Gabriel. “Me hundieron”, dijo Johnny años después. Aprendí cosas malas de los reclusos. Su confesión aparecería mucho tiempo después en un reportaje publicado el 21 de enero de 2003.

A pesar de aquellos tropiezos iniciales, el espíritu de Johnny nunca se quebró. Entre sus estudios y las peleas callejeras, alimentó una creciente pasión por la música. A comienzos de los años 60, con apenas 17 años, decidió dedicarse a ella de manera profesional. A mediados de esa década se enteró de un concurso de radio que buscaba un nuevo vocalista para un grupo dirigido por los hermanos Portales.

Seguro de sí mismo y lleno de energía, Johnny se presentó y ganó. En entrevistas posteriores explicó que su triunfo no se debió solo a su voz, sino también a su carisma. Era bailarín, bromista y, además tenía la imagen de un roquero de piel oscura salido directamente de Mississippi. Interpretó Tuti Fruty y Only You incontables veces, y el público no se cansaba de escucharlo.

La gente exclamaba con admiración, “¡Qué negrito tan talentoso! Ese concurso cambió su vida para siempre. lo llevó a integrarse a la legendaria banda mexicana de rock and roll Los rebeldes del rock, fundada alrededor de 1957 en la ciudad de México e integrada por Américo Tena, Baldo Tena, Francisco el abuelo Domínguez y Chema Silva.

Muy pronto fueron aclamados como los reyes del rock y con la voz contagiosa y la presencia escénica de Johnny, el grupo se convirtió en una piedra angular de la revolución del rock en México. Por sugerencia del actor y empresario teatral Jesús Martínez Palillo, el grupo adoptó oficialmente el nombre Los rebeldes del rock.

Poco después se unió Marco Polo Tena, completando la alineación que definiría los primeros años del rock and roll mexicano. En ese tiempo, la escena musical de México aún estaba dominada por los ritmos glamorosos de las rumberas, el sonido romántico de las grandes orquestas y las melodías lentas de los boleros. Entonces llegaron los rebeldes del rock, ruidosos, audaces y sin disculpas, rompieron con todas las reglas, trayendo a México un sonido crudo, rápido y rebelde.

Era el ritmo de una nueva generación y el público joven se enamoró de él al instante. El rock and roll tenía sus raíces en Estados Unidos durante los años 50, aunque muchas de sus influencias, el blues, el jazz y el gospel, databan de décadas anteriores. A mediados del siglo XX, artistas estadounidenses como Elvis Presley habían llevado el género a la fama mundial, mientras que en Inglaterra músicos como Mick Jagger y Keith Richards de The Rolling Stones ayudaban a moldear su evolución.

Sin embargo, los verdaderos pioneros, los que crearon la esencia del rock and roll, fueron Chuck Berry, Little Richard y Jerry Lee Lewis, cuya energía explosiva inspiró a toda una generación, incluyendo a jóvenes artistas mexicanos como Johnny Laboriel. Con los rebeldes del rock, Johnny alcanzó la fama gracias a éxitos como el pequeño ángel y melodía de amor.

Su voz única y su carisma lo convirtieron rápidamente en el alma del grupo, logrando más de 50 éxitos radiales y consolidando su lugar como uno de los primeros ídolos del rock en México. Pero la fama tuvo un precio. En una entrevista de los años 90, Johnny reflexionó sobre esa etapa de su vida, reconociendo que aunque le trajo éxito y reconocimiento, también lo arrastró a graves problemas personales.

Lo que comenzó como un sueño se transformó en algo más oscuro, una espiral de excesos y rebelión. Criado por padres que le inculcaron el amor, el respeto y la disciplina, Johnny se encontró atrapado entre dos mundos, los valores de su educación y las tentaciones de la fama repentina. Ahí, diría después, empezó lo que ahora llamo la primera parte de mi gran confusión, el momento en que me lancé de lleno a todo tipo de vicios.

Una vez confesó un episodio que casi le cuesta la vida. Durante un espectáculo en el barrio chino de la Ciudad de México compró drogas y las repartió entre los presentes, advirtiendo que sería la última vez que haría algo así. Años después recordaría las consecuencias. Me hundieron. Estuve a punto de morir, pero Dios es muy grande.

Logré salir de ese infierno. Por favor, ni por curiosidad lo prueben. Es lo peor que me ha pasado. Es el infierno en la tierra y por fortuna estoy vivo para contarlo. En 1963, Johnny Laboriel dio un paso decisivo y comenzó su carrera como solista, decidido a demostrar que su éxito no dependía únicamente de los rebeldes del rock.

A lo largo de los años grabó una impresionante colección de canciones que mostraron su versatilidad y encanto. Entre sus éxitos se encuentran Corre, Sansón, Corre, When The Apple Trees Are Bloom, Danny Boy, Historia de Amor, puede ser, El Candado, La Bamba, Poison Ivy, luces de Nueva York, muévete todos. Recuérdame cuando un tonto como yo y Jacket y Jack entre muchos otros.

Pero detrás de la música y los aplausos, Johnny cargaba con un profundo dolor personal. Uno de los momentos más devastadores de su vida llegó con la muerte de su padre, que como él mismo dijo más tarde, rompió algo dentro de mí. Después de esa pérdida, se dedicó por completo a cuidar de su madre y de sus hermanos, decidido a darles todo lo que pudiera.

Su padre, Juan José Laboriel Muñoz, falleció el primero de mayo de 1977 tras sufrir complicaciones por diabetes, enfermedades del corazón y mala circulación cerebral. Tenía los ojos claros como los tuyos, recordaría Johnny con cariño. Sin embargo, hubo algo que siempre lo frustró de su padre, su total desinterés por el dinero.

Johnny solía contar que su padre había sido muy amigo del expresidente mexicano Lázaro Cárdenas, con quien solía caminar y conversar. Después de que su padre compusiera el himno a Tampico, el general le ofreció cualquier recompensa que deseara. Para sorpresa de todos, su padre solo pidió una guitarra. “Mi papá me heredó esa actitud”, confesó Johnny años después.

Nunca me interesó el dinero y por eso cuando él murió le dije frente a su tumba, “Voy a dedicarte esta sepultura porque ahora sí voy a hacer dinero.” Y mi viejo murió. Duele decirlo, pero es la verdad. 4 años después, su madre, Francisca López siguió los pasos de su esposo, dejando a Johnny sin las dos personas que más habían influido en su vida.

Los años 80 marcaron un nuevo capítulo en la vida de la Boriel, una etapa de trabajo incansable y giras constantes por todo México. Se presentó durante meses en lugares como The Holiday of the Republic y apareció en populares programas de televisión como Malache no y La movida de Verónica Castro. También se convirtió en una figura habitual en programas de comedia como Los Polibceses, La Carabina de Ambrosio y El Loco Valdés, siempre bajo la firma de Televisa, la empresa que le había dado la oportunidad de expandirse más allá de

la música. En 1983 protagonizó la serie de comedia botanas mexicanas. Aunque el programa no alcanzó gran éxito, se convirtió en un hito importante para Johnny. Fue allí donde creó su famoso gesto y frase característica. Interpretando a un mayordomo, respondía a su jefa con un cortés, “Wi madame, seguido de un gesto con los labios fruncidos.

el icónico beso de trompita de pollo. Entre risas solía agregar, “Mira, mira, ahora muebles.” Aquel gesto juguetón se convirtió en un símbolo de su simpatía y sentido del humor, uno que los fans todavía recuerdan hasta el día de hoy. Una marca pequeña pero inolvidable de la personalidad única de Johnny Laboriel. Durante esa etapa de su carrera, Johnny continuó encantando al público con su humor y calidez.

Hizo largas temporadas en los clubes El Señorial y el Polo Polo, dos de los cabarets más famosos de la Ciudad de México, donde su carisma y presencia escénica lo convirtieron en el favorito de los asistentes. Otra faceta de su vida artística se desarrolló en la comedia televisiva en 1993. se unió al popular programa El Calabozo, conducido por Esteban Arce y el burro Van Ranking.

El show era conocido por su humor irreverente y sus ocurrencias imprevisibles. Y Johnny rápidamente se integró a esa energía caótica. Oh, burro, qué bárbaro. Madre mía, pensé que no. Al suelo, no, doctor, no. Ya se le cayó el hígado. Bromeaban entre carcajadas durante las grabaciones. Un día, durante una transmisión en vivo, ocurrió un incidente inesperado.

Una invitada estaba en el set y en una broma improvisada alguien le bajó los pantalones a Johnny sin saber que no llevaba ropa interior. Su trasero quedó a la vista de las cámaras causando un gran revuelo. Los ejecutivos de la empresa lo llamaron enfadados. Pero el asunto no pasó a mayores. Después de eso, Johnny siguió trabajando en televisión, participando en programas como Cachito, Cachito mío.

Sin embargo, no todas las experiencias fueron positivas. A menudo recordaba como algunos productores lo engañaban, prometiéndole grandes oportunidades que nunca cumplían. “¿Puedes evocar algo?” “Sí, sí, sin decirlo”, bromeó una vez. Ah, me acuerdo cuando estaba en la caravana Corona. En 1999, la Boriel regresó a la actuación integrándose al elenco de la telenovela Nunca te olvidaré, producida por Juan Osorio y protagonizada por Edit González y Fernando Colunga.

La serie era un remake de una producción anterior de Ernesto Alonso titulada Los locos crean castillos y los cuerdos los habitan. Ese mismo año marcó un punto de inflexión. Johnny recibió la oportunidad de grabar nuevamente, esta vez con una nueva compañía discográfica y de participar en el renacimiento del cine mexicano con la exitosa película Todo el Poder, dirigida por Fernando Sariñana.

Laboriel coescribió e interpretó el tema principal Tómbola junto a Alejandro Roso del grupo Plastilina Mosh. La cinta protagonizada por Demian Bichir y Cecilia Suárez fue un éxito en Taquilla y su banda sonora recibió gran atención. Gracias al éxito de la película, el público comenzó a redescubrir a Johnny Laboriel.

El videoclip del tema alcanzó los primeros lugares en las listas de popularidad y se transmitió con frecuencia en canales como Telehit y Tib Azteca. Animado por esta nueva ola de reconocimiento, Johnny se reunió con ejecutivos discográficos para hablar sobre la posibilidad de grabar un nuevo álbum. La idea lo llenó de esperanza y entusiasmo.

Sin embargo, una vez terminada la promoción de la película, aquellos mismos ejecutivos que antes lo habían buscado desaparecieron sin explicación, cancelando el proyecto. La decepción fue profunda. Para Johnny fue otro recordatorio de los obstáculos que había enfrentado toda su vida. Desde niño había sido víctima del racismo, señalado y subestimado por el color de su piel y sus rasgos afrodescendientes, y aún así nunca perdió el sentido del humor ni la voluntad de seguir actuando.

A comienzos de los años 2000, Johnny Laboriel se vio en el centro de la controversia tras aparecer en el popular programa de televisión Cero en conducta. En la comedia interpretaba a un niño africano que llegaba como estudiante de intercambio. Un papel que, aunque pretendía ser gracioso, pronto generó críticas por los estereotipos raciales que mostraba.

En uno de los episodios, el personaje de Johnny decía una línea que luego repetirían los medios. ¿Sabes por qué me dicen el crimen perfecto? Porque no me pueden descifrar a lo que la maestra del sketch respondía burlonamente. Si te portas bien, te mando a broncear. Las bromas cruzaron la línea. Johnny se convirtió en el blanco de chistes racistas y de mal gusto por parte de varios compañeros del elenco, especialmente de Jorge Ortiz de Pinedo.

Y el incidente provocó indignación. Su familia y numerosos periodistas comenzaron a llamarlo instándolo a dar declaraciones públicas sobre el trato racista que había recibido. Cuando más tarde le preguntaron cómo se sentía al respecto, Johnny respondió con una ironía tranquila. Uno tiene piel de niño por jugar tanto tiempo afuera, ¿no? Y cuando le pidieron que explicara qué quería decir, simplemente sonrió y respondió, “¿Por qué te quemas?” Fue un recordatorio de que a pesar de décadas de éxito, Johnny nunca logró

escapar del prejuicio racial, pero se negó a dejar que la amargura lo definiera. En su lugar, usó el humor como escudo, transformando el dolor en risa. Detrás de esa sonrisa, sin embargo, había una creciente frustración. A pesar de su innegable talento como cantante, las discográficas seguían rechazándolo y manipulándolo, prefiriendo mantenerlo como comediante en lugar de reconocerlo como el icono del rock que realmente era.

Para 2013, Johnny decidió tomar el control de su destino. Comenzó a planear el lanzamiento de un álbum independiente decidido a regresar a sus raíces musicales. Irónicamente, ese mismo año su nombre volvió a sonar gracias a una serie de colaboraciones que buscaban relanzar su carrera como cantante. Apareció en el capítulo 2 de la serie Tropical Forrador, la libre serie interpretando a un científico loco obsesionado con los cambios de estilo.

En el programa cantó la versión en español del tema de Rockset Change of Style. titulada Ella tiene el look de moda, She’s Got the look. Ese mismo año grabó con la banda mexicana de Rock Rubble Cats interpretando la canción Don’t Pay attention, no hagas caso al cabello de tus padres. Al mismo tiempo colaboró con Disolu, un cantante de la escena LGBTQ Plus mexicana en una audaz versión electrónica a dúo del clásico Poison ivy, hiedra venenosa.

Revitalizado por estos proyectos, Johnny puso la mira en un regreso musical completo. quería dejar atrás el circuito de bares y comedias y celebrar con orgullo su 55º aniversario en el mundo del espectáculo. Con ese propósito se presentó en el lunario del Auditorio Nacional, donde interpretó una nueva canción Qué extraño el rock and roll, que se convertiría en el último tema inédito de su carrera, grabado en los estudios Musicor, propiedad de su gran amigo Héctor.

A finales de junio de 2013, Johnny Laboriel hizo la que sería su última aparición en televisión en el programa El Tunko móvil, conducido por Israel Jaitovich. El día de la grabación ya se sentía mal, no había dormido en varios días y sufría una serie de problemas de salud. Sin embargo, fiel a su profesionalismo, se negó a cancelar.

El episodio había sido escrito especialmente para él y pese a las súplicas de su familia para que descansara, su espíritu terco y rebelde lo llevó a presentarse de todos modos. Después de la grabación, agotado, se registró en un hotel para intentar dormir un poco. Al día siguiente fue trasladado de urgencia al Hospital Santa Elena debido a una fuerte deshidratación.

Los médicos pronto descubrieron que Johnny padecía diabetes, una enfermedad que había ocultado durante años, agravada por la negación y la falta de atención médica adecuada. Era la primera vez en su vida que lo hospitalizaban. Durante su estancia decidió someterse a una revisión médica completa, algo que había evitado por mucho tiempo.

Los resultados revelaron una inflamación en la próstata, por lo que fue necesario practicarle una pequeña operación. Tras algunos días fue dado de alta, pero su salud empeoró rápidamente al regresar a casa. comenzó a sentir dolores intensos y no podía orinar, lo que obligó a su familia a llevarlo de nuevo al hospital.

Nuevos exámenes y una biopsia revelaron algo mucho más grave, una enfermedad avanzada y poco común. Pocos días después, los médicos le dieron la noticia que nadie está preparado para escuchar. Su esperanza de vida era de apenas dos meses. Su familia quedó en shock, pero Johnny lo aceptó con serenidad y fe. Les dijo que el médico le había ayudado a comprender que ya no era tiempo de vivir y entonces recitó en voz baja un pasaje de la Biblia.

Todo tiene su tiempo. Todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora. Tiempo de nacer y tiempo de morir. A medida que la enfermedad avanzaba, Johnny se debilitó cada vez más. Según varios informes, fue alimentado por vía intravenosa, ya que su cuerpo ya no podía tolerar alimentos sólidos. Por esa razón, ya no era posible continuar con la quimioterapia.

Su fama hacía difícil mantener la privacidad. El hospital tuvo que cambiarlo de habitación y de piso varias veces para mantener alejados a los medios de comunicación. Durante esos últimos días, su hijo Juan Francisco le preguntó si quería dar una declaración pública, ya que los periodistas y paparazzi no dejaban de llamar para pedir noticias.

Pero Johnny se negó. Le dijo a su familia que digan lo que quieran. La verdad la sabrán por mí. Esto lo tengo planeado desde hace tiempo. Cuando llegue el día, quiero que lo llamen mi última gira. Solo díganles que me fui de gira. Y el 18 de septiembre de 2013, a la 1 de la madrugada, Johnny Laboriel hizo exactamente eso.

Se fue de gira por última vez. Al recordar su vida, hay momentos que destacan no solo por su tragedia, sino por lo que revelan del hombre detrás de la música. Aunque Johnny formó parte de la generación dorada del rock mexicano junto a Manolo Muñoz, Alberto Vázquez, César Costa y Enrique Guzmán, nunca gozó de los mismos privilegios ni de la misma cercanía con ellos.

Tras el éxito de los rebeldes del rock, muchos de sus compañeros lanzaron exitosas carreras como solistas, mientras que el camino de Johnny fue mucho más difícil. La prensa insinuaba a menudo la razón. Johnny no era blanco, nunca atacó públicamente a Televisa ni a la industria, pero en entrevistas posteriores reconoció con discreción que el racismo había influido en las oportunidades que se le negaron.

En una aparición en los conductores de la noche, Enrique Guzmán bromeó diciendo, “Al final lo aceptamos cuando vimos que ya tenía un representante blanco. El único de color ahí era Johnny Laboriel y había que aceptarlo. Pero ahora ya han salido muchos más. Johnny, como siempre respondió con ingenio en lugar de enojo.

Cuando le preguntaron qué lo diferenciaba del resto de aquella generación pionera, sonrió y dijo, “La única diferencia entre ellos y yo es que ellos tienen ceros en el banco y yo no.” También reveló que la exitosa canción Mi pueblo había sido escrita originalmente para él, pero la rechazó porque todavía era leal a los rebeldes del rock.

Finalmente, la canción fue grabada por César Costa, convirtiéndose en un éxito rotundo. “Cuando llegué al pueblo en que nací, solo verlo me hizo feliz.” Decía la letra. Un triunfo que lo llevó a giras, películas y fama. Años después, Johnny confesó entre risas, “Si me la ofrecieran otra vez, ni preguntaría dónde firmar.

” Al final, la vida y la necesidad llevaron a Johnny a explorar otros caminos artísticos, especialmente la comedia, donde volvió a alcanzar popularidad. Pero incluso en sus momentos más cómicos, nunca dejó de recordarle al público que ante todo era un cantante y uno grandioso. Porque mucho después de que se apague la risa, canciones como Melodía de Amor y El Rock del Angelito siguen sonando.

Prueba de que la voz de Johnny Laboriel, llena de alma y fuego, fue única en su especie. Y aún en la muerte su eco persiste, alegre. desafiante e inolvidable.