El Mundo Veía en Blanco y Negro en 1940 — Hasta que un Joven Mexicano de 23 Años Creó la TV a Color

Durante décadas el mundo creyó que la televisión a color era una invención de las grandes corporaciones americanas RCA, CBS, Westing Houseous, los gigantes de la tecnología con sus laboratorios millonarios en Nueva York, sus equipos de cientos de ingenieros y sus conexiones directas con el gobierno. Pero en 1938 algo extraordinario estaba sucediendo.

En un modesto taller en la Ciudad de México, un joven de apenas 21 años trabajaba completamente solo, sin financiamiento, sin laboratorio profesional, sin acceso a las patentes secretas de las corporaciones, estaba a punto de resolver el problema que las empresas más poderosas del mundo no podían descifrar.

Su nombre era Guillermo González Camarena y lo que logró ese año no solo cambió la tecnología, cambió lo que creíamos posible, porque mientras RCA y CBS gastaban millones de dólares, este joven mexicano lo resolvió primero con piezas de radios viejos en su propio taller y dos años después solicitó la patente 10 días antes de que la CBS hiciera su primera demostración pública.

Esta es su historia, la historia que las corporaciones nunca quisieron que conocieras. Para entender lo que Guillermo logró, necesitas entender su mundo. Año 1938. La televisión acababa de nacer. Las primeras transmisiones públicas habían comenzado apenas dos años antes en Alemania.

Y todo se veía en blanco y negro. Imágenes fantasmales parpadeando constantemente. Solo unas pocas miles de familias en Nueva York tenían televisores. Eran carísimos y la calidad era terrible. Pero los ingenieros sabían que el futuro estaba en el color. El problema era que nadie sabía cómo lograrlo. En Nueva York, RCA tenía cientos de ingenieros trabajando en el problema.

presupuesto millones de dólares. En febrero de 1940 hicieron una demostración privada ante la Comisión Federal de Comunicaciones. Fue un desastre. David Sarnov, el poderoso presidente de RCA, canceló la demostración pública de inmediato. Envió a sus ingenieros de vuelta a Princeton con una orden clara, no salgan hasta que funcione.

Pero mientras todo esto sucedía en los laboratorios millonarios de Nueva York, en México, algo diferente estaba pasando. Guillermo González Camarena nació el 17 de febrero de 1917 en Guadalajara. Era el más joven de siete hermanos. Cuando tenía 2 años, su padre murió. La familia se mudó a la ciudad de México buscando oportunidades y fue ahí donde todo comenzó.

Mientras otros niños jugaban en las calles, Guillermo se encerraba en el sótano de su casa. Con apenas 8 años construyó su primer radiotransmisor. ¿Con qué? Con piezas que encontraba en la basura. A los 12 años ya tenía su propia estación de radio amateur funcionando. Sus vecinos lo veían como un niño extraño, obsesionado con cables y circuitos eléctricos.

Pero Guillermo no estaba jugando, estaba aprendiendo. Devoraba libros técnicos sobre radio, electricidad, las nuevas tecnologías, todo de forma autodidacta, porque su familia no tenía dinero para equipos profesionales, así que los fabricaba él mismo. En 1930, con solo 13 años, ingresó a la escuela de ingenieros mecánicos y electricistas.

Y ahí su vida cambió para siempre, porque ahí vio televisión por primera vez. Su profesor había traído equipos experimentales de Estados Unidos. Cuando Guillermo vio esas primeras imágenes en blanco y negro en la pantalla, su mente explotó. Su familia recordaba que solía decir, “Yo sueño en blanco y negro.” Y entonces tomó una decisión.

Si la televisión existe en blanco y negro, debe ser posible verla en colores. Tenía 17 años y acababa de encontrar su obsesión. Pero crear televisión a color no era simplemente agregar colores, era brutalmente complejo. La televisión en blanco y negro transmite un solo canal de información, luz y oscuridad. Simple. Pero el color humano se percibe a través de tres colores primarios: rojo, verde y azul.

Eso significa que necesitas capturar tres imágenes al mismo tiempo. Codificarlas sin que se interfieran, transmitirlas por el aire, sincronizarlas perfectamente en el receptor, reconstruir la imagen a color. Y todo esto con tecnología de 1938, sin computadoras, sin transistores, solo tubos de vacío y componentes mecánicos. Es como hacer malabarismo con tres pelotas mientras corres cuerda floja en medio de una tormenta.

Las corporaciones más poderosas del mundo tenían ejércitos de ingenieros atacando este problema. RCA, millones de dólares en investigación. CBS, laboratorios completos dedicados exclusivamente a esto y ninguno tenía una solución. Guillermo González Camarena tenía 21 años. Trabajaba solo en un taller improvisado, pero tenía algo que ellos no tenían, una idea brillante.

En 1938, mientras experimentaba en su taller, Guillermo tuvo una revelación. Todas las corporaciones estaban intentando transmitir los tres colores simultáneamente. Eso requería tecnología complejísima, costosísima.Guillermo pensó diferente. Y si en lugar de transmitir los tres colores al mismo tiempo, los transmito uno después del otro, tan rápido que el ojo humano no note la diferencia.

Transmisión secuencial y diseñó algo genial para hacerlo. Un disco con tres filtros de colores transparentes, rojo, verde, azul. El disco gira frente a la cámara a alta velocidad. Captura la escena tres veces, una por cada color. Las tres imágenes se transmiten secuencialmente. En el televisor receptor, otro disco idéntico gira al mismo tiempo, perfectamente sincronizado.

Cuando las tres imágenes llegan a la pantalla y pasan por los filtros, el ojo humano las percibe como una sola imagen a todo color. Era simple, era elegante, era económico de construir y lo mejor de todo funcionaba. Guillermo construyó cada pieza con sus propias manos, los discos, los filtros, el sistema de sincronización, todo.

En 1938, con solo 21 años, lo logró. Lo probó en su casa de la calle Abre 74 en la colonia Juárez. Su hermano Jorge, el reconocido pintor y muralista, fue probablemente la primera persona en la historia en ver televisión a color y funcionó. Guillermo había resuelto el problema antes que RCA, antes que CBS, antes que cualquier corporación del mundo.

Pero ahora venía la parte difícil, proteger su invento. El 19 de agosto de 1940, Guillermo caminó hasta la oficina de patentes de México. Llevaba bajo el brazo los planos de su invento. Estaba nervioso. Sabía que lo que estaba a punto de registrar podía cambiar la historia. presentó su solicitud patente número cuatrontaes 235, sistema tricromático secuencial de campos, el nombre técnico de su disco mágico.

10 días después, el 29 de agosto de 1940, en Nueva York, la CBS hizo su primera demostración pública de televisión a color. El ingeniero húngaro Peter Carl Goldmark presentó un sistema que usaba el mismo principio, un disco mecánico giratorio con filtros de colores, pero había una diferencia crucial. Goldmark trabajaba para una corporación con presupuesto ilimitado.

Guillermo trabajaba solo en México y había llegado primero. El 15 de septiembre de 1942 recibió la patente estadounidense US Patent 2 29619. Un joven mexicano de 23 años. Acababa de patentar un sistema de televisión a color en Estados Unidos antes que las corporaciones más poderosas del mundo. Era un triunfo absoluto, pero Guillermo no sabía que su verdadera batalla apenas comenzaba.

Guillermo González Camarena había vencido a los gigantes. Tenía la patente, tenía la tecnología funcional, tenía el reconocimiento oficial. Todo parecía perfecto, pero había un problema que él no vio venir, un problema que no tenía nada que ver con ingeniería y que cambiaría todo. En 1946 hizo demostraciones públicas en México. En 1951 transmitió cirugías a color en el Hospital Juárez.

En 1952 fundó Canal 5. En 1963 realizó la primera transmisión comercial de TV a color en México. Su tecnología funcionaba. era usada, era respetada. Incluso la NASA en 1979 usó un sistema similar en las misiones Voyager para fotografiar Júpiter porque su método secuencial capturaba colores más precisos para propósitos científicos. Guillermo estaba ganando.

Pero mientras todo esto sucedía en México, en Estados Unidos, RCA y CBS peleaban ferozmente por el control del mercado y ahí estaba el problema, porque en el mundo de la tecnología no siempre gana el mejor inventor, gana quien tiene más dinero. En 1950, la Comisión Federal de Comunicaciones aprobó temporalmente el sistema de CBS.

El mismo principio secuencial que Guillermo y Goldmark habían desarrollado. Parecía que el disco giratorio había ganado, pero el sistema de CBS tenía un problema fatal. No era compatible con los millones de televisores en blanco y negro que ya existían en Estados Unidos. La gente tendría que comprar televisores nuevos.

RCA, en cambio, había desarrollado un sistema completamente diferente. El sistema NTSC, electrónico, complejo, costoso, pero compatible con televisores antiguos. Y en 1953 la FCC revirtió su decisión. Adoptó el NTSC de RCA como estándar estadounidense. ¿Por qué? No porque fuera técnicamente superior, sino porque RCA tenía el poder para fabricar millones de televisores, para convencer a las cadenas, para dominar el mercado.

Guillermo recibió ofertas de universidades estadounidenses, de inversores privados, algunas por sumas enormes de dinero. Rechazó todas. ¿Por qué? porque quería que su invento se desarrollara en México. Quería que su país fuera el primero en disfrutar de televisión a color masiva. Era patriotismo puro y le costó el reconocimiento mundial, porque sin el respaldo de una corporación millonaria, los inventores son olvidados, no porque su trabajo no sea importante, sino porque la historia la escriben los que tienen el dinero para contarla. Pero

antes de continuar, ¿usted cree que esto fue valentía o locura? Si lo desea, dejesu opinión en los comentarios. Los leo con mucha atención. Y si esta historia le está interesando, un simple me gusta ayuda mucho a que este video llegue a más personas. Ahora continuemos. Guillermo era mucho más que un inventor, era compositor.

Su canción Río Colorado fue un éxito comercial. con las regalías financió gran parte de su investigación. Era astrónomo aficionado. Pasaba noches enteras observando las estrellas con su propio telescopio. Era un apasionado de la historia y las costumbres mexicanas y sobre todo era un visionario de la educación.

Creía que la televisión no debía ser solo entretenimiento. Debía educar, alfabetizar, llegar a lugares donde no había maestros. trabajó con la Secretaría de Educación Pública para desarrollar el sistema de telesecundaria, educación secundaria transmitida por televisión para comunidades rurales. Hoy, millones de estudiantes en México siguen recibiendo educación gracias a ese sistema.

Por todo esto recibió la orden del Águila Azteca, la más alta con decoración civil de México. Pero su vida terminó abruptamente el 18 de abril de 1965, a los 48 años, accidente automovilístico en el cerro de las Lajas, Veracruz. Había ido a inspeccionar un transmisor de canal 5. Murió haciendo lo que amaba. Apenas 10 días antes había presentado su último invento en la feria mundial de Nueva York, el sistema bicolor simplificado, más económico, más accesible, diseñado para llevar televisión a color a las comunidades más pobres del mundo. Su muerte dejó ese

sueño inconcluso, pero dejó algo mucho más valioso. Un ejemplo. Durante décadas el mundo vio en blanco y negro, no solo en las pantallas, también en su imaginación. creyó que la innovación solo podía venir de ciertos lugares, de ciertas empresas, de ciertos países, de laboratorios con presupuestos millonarios, hasta que un joven mexicano de 21 años demostró lo contrario, trabajando solo en un taller improvisado, con más talento que recursos, más obsesión que presupuesto, más visión que toda una industria.

demostró que el problema nunca fue la tecnología, fue la falta de imaginación, la falta de creer que alguien como él podría resolver lo que los gigantes no podían. Y lo hizo con un disco giratorio, tres filtros de colores y una idea brillante. Guillermo González Camarena no solo creó televisión a color, creó una prueba de que el ingenio humano no tiene fronteras, que la verdadera innovación no nace de presupuestos millonarios, nace de obsesión, de curiosidad, de coraje.

Y esa lección vale más que cualquier patente, porque cada vez que un joven ingeniero piensa, “Esto es imposible sin recursos.” Cada vez que un inventor se enfrenta a corporaciones gigantes, cada vez que alguien duda de que la innovación pueda venir de lugares inesperados, el legado de Guillermo está ahí para recordarnos.

Sí se puede, no porque sea fácil, sino porque alguien ya lo demostró con 21 años en un taller en México. Guillermo González Camarena. 17 de febrero de 1917. 18 de abril de 1965. El joven que le dio color al mundo y nos enseñó que los sueños no entienden de presupuestos, ni de fronteras, ni de imposibles. Yeah.