
“Él instaló la câmera… 6 días después de desaparecer. (CANAIMA, 2019)”
Esto fue recuperado de una cámara trampa en el Parque Nacional Canaima, Venezuela. 6 días después de que el biólogo Diego Salazar fuera reportado como desaparecido. La grabación mostraba a Diego instalando esa misma cámara. El time stamp del equipo confirmó la fecha. Lo que verás no debería existir.
Diego Salazar Mendoza, 34 años, biólogo especializado en fauna de altura del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas. 15 años de expediciones a los Teppuis, esas montañas de cima plana que se elevan como islas en el tiempo sobre la selva venezolana. Si conoces algo sobre Canaima, sabes que es uno de los parques nacionales más remotos de Sudamérica.
30,000 km de selva virgen, ríos que corren entre cañones de piedra arenisca y los Tepuis. Mesetas que tienen hasta 2000 millones de años de antigüedad. Los Tepuis son ecosistemas únicos en el planeta aislados del mundo durante millones de años. evolucionaron formas de vida que no existen en ningún otro lugar.
Plantas carnívoras del tamaño de arbustos, ranas que solo viven en una única cumbre, insectos que la ciencia todavía está catalogando. Diego había pasado casi una década estudiando el aullante Pui, la montaña de donde cae el salto ángel, la cascada más alta del mundo. Conocía cada ruta, cada cueva, cada riesgo que esconde ese terreno.
En marzo de 2019, Diego solicitó permiso para una expedición de tres semanas al sector noreste de La Uyan. Su objetivo era instalar 20 cámaras trampa para documentar el comportamiento nocturno del Puma con Color en altitudes superiores a los 1800 m. Las cámaras trampa son equipos automáticos que se activan con sensores de movimiento, graban video o toman fotografías cada vez que detectan calor corporal.
Los biólogos las usan para estudiar animales sin interferir en su comportamiento natural. Diego llevaba cámaras Bushnel Trophy Cam, equipos profesionales con baterías de litio que duran hasta 8 meses. Cada cámara registra fecha, hora y temperatura en cada grabación. Es imposible alterar esos datos sin dejar rastros digitales.
Dos días antes de partir, Diego cenó con su hermana Valentina en Puerto Hordaz. Ella recuerda que estaba entusiasmado. Había conseguido financiamiento del Fondo Nacional de Ciencia para extender su investigación dos años más. Pero durante la cena, Valentina le mostró algo en su teléfono que la confundía.
Diego, ¿qué significa esto? Era un mensaje de texto del número de Diego recibido esa misma mañana a las 6:15. El mensaje decía, “No dejes que vaya. por favor. Diego revisó su teléfono. No había registro de ese mensaje enviado. Nada en su historial. Ninguna notificación. Yo no mandé eso, pero es tu número. Mira, Diego se rió incómodo.
Debe ser un error de la operadora. O alguien clonó mi SIM. Ya sabes cómo son estas compañías. La semana pasada a un colega le pasó algo parecido. Valentina no parecía convencida. Pero el mensaje, no dejes que vaya, que no deje que quién vaya a dónde. Diego cambió de tema rápidamente. Empezó a hablar sobre el equipo que llevaba, sobre las rutas que planeaba tomar, pero Valentina notó algo.
Cuando Diego leyó el mensaje, por un segundo su expresión cambió como si reconociera algo, como si supiera exactamente qué significaba. Pero no dijo nada más. Valentina guardó el mensaje, no lo borró. Algo en ella le decía que era importante. Diego también mencionó otra cosa esa noche. En su última expedición, dos meses antes, había encontrado algo extraño en uno de los senderos que planeaba usar.
marcas en los árboles, cortes profundos en la corteza, a más de 3 m de altura, como si algo había trepado o arañado desde arriba. Los guardaparques le dijeron que probablemente era un oso frontino, una especie en peligro crítico que todavía habita los tepuis. Pero Diego había visto marcas de oso frontino antes.
No son de oso, le dijo a su hermana. Son demasiado profundas. Y el patrón es vertical, como si algo hubiera bajado del árbol, no subido. ¿Debería preocuparme? Preguntó Valentina. Diego sonrió. Es solo un misterio más para resolver. El 18 de marzo, Diego entró al parque acompañado por dos guías pemones, los pueblos indígenas que conocen Canaima como nadie más en el mundo.
Los Pemones tienen un nombre para el aullante pui. Lo llaman la montaña del tiempo roto. Cuando les preguntan por qué, siempre responden lo mismo. Porque allá arriba el tiempo no camina derecho, da vueltas, se dobla. Y si entras en el momento equivocado, puedes quedarte atrapado caminando en círculos para siempre.
Diego debía regresar el 8 de abril, nunca lo hizo. El 9 de abril, Valentina llamó a la oficina del parque. Le dijeron que Diego no había reportado su salida. Activaron el protocolo de búsqueda al día siguiente. Un equipo de rescate de 12 personas, incluyendocuatro guías pemones. entró al sector noreste de Lauyán, siguiendo la ruta que Diego había registrado en su plan de expedición.
El terreno allá arriba es traicionero. Niebla densa que aparece en minutos. Grietas ocultas bajo la vegetación, acantilados de 200 m que no ves hasta que estás a un paso del borde. Pero el equipo de rescate conocía los riesgos y conocían a Diego. Sabían dónde buscar. El tercer día de búsqueda encontraron su campamento base, una tienda de campaña montada en un claro cerca del borde occidental de la meseta.
Todo estaba en orden. La tienda cerrada correctamente, provisiones organizadas, equipo de escalada revisado y colgado. Dentro de la tienda, el diario de Campo de Diego, su saco de dormir extendido, ropa limpia doblada. Todo indicaba que había salido para una jornada de trabajo normal y planeaba regresar esa misma noche, pero Diego no estaba.
Revisaron el diario de campo. La última entrada estaba fechada el 2 de abril, 7 días antes del rescate. Diego escribió que había instalado 16 de las 20 cámaras. Le faltaban cuatro. planeaba terminar al día siguiente y comenzar el descenso el 4 de abril. Eso significaba que debía haber regresado 5 días antes de la fecha acordada.
Entonces, ¿por qué no lo hizo? El equipo de rescate amplió la búsqueda. Siguieron las coordenadas GPS que Diego había anotado en su diario para cada cámara instalada. Una por una encontraron 15 cámaras funcionando perfectamente, montadas en árboles, grabando la fauna nocturna del Tepui, pero la cámara número 16, esa era diferente.
Carlos Medina, jefe del equipo de rescate, fue quien la encontró. Estaba montada en un árbol de panza a 1 kmetro y medio del campamento de Diego, exactamente donde las coordenadas del diario indicaban. La cámara estaba encendida, la luz del sensor de movimiento parpadeaba en verde. Funcionamiento normal. Carlos revisó la tarjeta de memoria.
Contenía 237 grabaciones, videos cortos de venados, paujiles, un puma joven, ardillas de monte, todo normal, hasta que llegó al archivo 238 grabado el 8 de abril, 6 días después de la última entrada en el diario de Diego, dos días después de que debía haber salido del parque, un día antes de que Valentina reportara su desaparición.
El video duraba 43 segundos. Mostraba a Diego Salazar instalando esa cámara. Carlos lo reprodujo tres veces antes de llamar al resto del equipo. Cuando llegaron, nadie podía explicar lo que estaban viendo. En el video, Diego aparece de frente ajustando el ángulo de la cámara hacia el sendero. Está usando su chaqueta verde de expedición, la misma que llevaba cuando entró al parque.
Gorra de Livic, guantes de trabajo. Se ve concentrado. Revisa el visor de la cámara, hace ajustes, retrocede unos pasos para verificar el encuadre. Todo completamente normal, excepto por tres detalles. Primero, su barba. Diego siempre mantenía barba corta, recortada. En el video, la barba le cubre medio rostro, al menos dos semanas de crecimiento.
Segundo, su chaqueta está rasgada en el hombro izquierdo, un desgarro largo que expone el interno. Tercero, sus movimientos. Diego trabaja lento, como si cada gesto le costara esfuerzo. Se detiene varias veces mirando hacia la izquierda del encuadre, hacia algo fuera de cámara, como si algo lo estuviera observando.
En el segundo 32 del video, Diego termina de ajustar la cámara, se queda inmóvil mirando directamente al lente y entonces hace algo extraño. levanta la mano derecha y saluda. No es un saludo casual, es deliberado, lento, como si supiera que alguien estaría viendo esta grabación, como si supiera que estaría muerto o desaparecido.
Luego sale del encuadre. El video termina. Carlos Medina revisó el time stamp del archivo. No había errores. El sistema interno de la cámara registró la grabación el 8 de abril a las 4:17 de la tarde, 6 días después de la última entrada en el diario. Pero había un problema más grande. El equipo de rescate había llegado a ese mismo árbol el 12 de abril, 4 días después de la grabación.
La cámara estaba funcionando, pero no había rastros de Diego en el área, ninguna huella, ningún indicio de que hubiera estado allí recientemente. Y más extraño aún, la vegetación alrededor del árbol estaba intacta, sin pisadas, sin ramas rotas, sin marcas de que alguien hubiera caminado por allí en días. ¿Cómo instaló Diego esa cámara sin dejar rastro? El equipo de rescate llevó la cámara de vuelta al campamento base.
Esa noche revisaron todas las grabaciones de las 15 cámaras que Diego había instalado y encontraron algo que hizo que dos miembros del equipo abandonaran la búsqueda al día siguiente. Las cámaras estaban distribuidas en un perímetro de 5 km. Diego las había instalado en fechas diferentes según su diario.
Cámara 1, 28 de marzo. Cámara 2, 29 de marzo y así sucesivamente.Pero cuando revisaron las grabaciones con atención notaron algo imposible. En la cámara 3, instalada el 30 de marzo, según el diario, había una grabación del 31 de marzo a las 7 de la mañana. Mostraba a un venado cruzando el sendero.
Y detrás del venado, apenas visible entre los árboles, había una figura humana, Diego. Pero según su diario, Diego estaba a 3 km de distancia ese día. instalando la cámara 5. En la cámara 7, instalada el primero de abril había una grabación del 2 de abril al mediodía. mostraba el sendero vacío. Pero si pausabas el video en el segundo 18, podías ver una sombra proyectada en el suelo, la sombra de un hombre con mochila, Diego.
Pero según su diario, Diego estaba ese día en su campamento escribiendo notas de campo. En la cámara 11, instalada el 30 de marzo, había una grabación del primero de abril a las 4 de la tarde. Mostraba a Diego caminando directamente frente a la cámara. Miraba hacia adelante como si no supiera que la cámara estaba allí, pero eso era imposible.
Diego había instalado esa cámara dos días antes. Sabía exactamente dónde estaba. A menos que cuando pasó frente a ella el primero de abril, todavía no la hubiera instalado, a menos que el tiempo estuviera funcionando al revés para él. Carlos Medina hizo los cálculos, revisó las fechas, las coordenadas, los time stamps de cada cámara.
Diego aparecía en grabaciones de días posteriores a cuando supuestamente instaló cámaras. aparecía en múltiples lugares al mismo tiempo. Aparecía caminando por senderos que, según su diario, no había recorrido. Era como si hubiera múltiples dieegos, todos moviéndose por el tepui al mismo tiempo, todos atrapados en días diferentes.
Uno de los guías Pemones, un hombre llamado Antonio Martínez, vio las grabaciones y se negó a continuar la búsqueda. Él encontró un camino roto. Dijo, “Allá arriba hay lugares donde el tiempo se dobla. Si entras, puedes quedarte atrapado caminando el mismo día una y otra vez o caminar hacia atrás o caminar en todos los días al mismo tiempo.
Mi abuelo me contó de un cazador que entró a Lauyaná hace 50 años. Tres semanas después lo encontraron caminando en círculos. Decía que solo había pasado un día. Decía que seguía viendo versiones de sí mismo caminando adelante en el sendero, versiones que todavía no había vivido. El cazador murió dos meses después, pero antes de morir dijo que todavía estaba allá arriba, que una parte de él nunca salió, que seguía caminando en círculos para siempre.
Antonio se negó a explicar más. Solo dijo, “Si Diego entró en un camino roto, no lo van a encontrar, porque él está en un tiempo que ya no existe o que todavía no existe o que existe todo al mismo tiempo.” La búsqueda continuó durante 11 días más. Helicóptero con cámara térmica, drones, perros de rastreo traídos desde Caracas.
40 personas peinando cada metro cuadrado en un radio de 5 km del último campamento de Diego. Nada. No encontraron su cuerpo, no encontraron más equipo. No encontraron señales de lucha, de accidente, de ataque animal. Diego Salazar simplemente dejó de existir, pero las cámaras seguían grabando. La cámara número 16, la que lo capturó instalándola, continuó registrando actividad durante los días siguientes.
Archivo 239. Un venado cruza el sendero. Normal. Archivo 240. Dos horas después, el sensor detecta movimiento, pero no hay nada en el encuadre, solo vegetación moviéndose levemente, como si alguien invisible acabara de pasar. Archivo 241. 4 horas después. De nuevo, movimiento detectado. De nuevo, nada visible.
Archivo 242, medianoche del 8 de abril. El sensor se activa. Esta vez algo cruza rápidamente por el borde izquierdo del encuadre. Demasiado rápido para identificar, pero era grande, más alto que un hombre. Archivo 243, 2 de la madrugada del 9 de abril. Este video hizo que Carlos Medina solicitara traslado inmediato después de terminar la búsqueda.
El sensor detecta movimiento. La cámara graba. Durante los primeros 10 segundos nada, solo el sendero vacío bajo la luz infrarroja. Entonces, desde fuera del encuadre aparece una mano, una mano humana válida en la luz infrarroja. Dedos largos, toca el lente de la cámara y se queda ahí inmóvil, presionada contra el vidrio durante 18 segundos.
Los dedos están sucios, hay algo oscuro bajo las uñas, la piel está arrugada como si hubiera estado mojada durante mucho tiempo. Luego la mano se retira lentamente y en el último segundo antes de que desaparezca del encuadre, los dedos se mueven como saludando. El mismo gesto que Diego había hecho en el video del 8 de abril.
El caso fue oficialmente cerrado en agosto de 2019. Causa de desaparición, accidente en terreno de altacomplejidad, cuerpo no recuperado. Los técnicos del IBIC analizaron todas las tarjetas de memoria durante tres semanas. Buscaron señales de manipulación digital, de adulteración de estamps, de cualquier indicio de que los archivos hubieran sido alterados.
No encontraron nada. Los datos eran auténticos. El video de Diego instalando la cámara fue grabado el 8 de abril a las 4:17 de la tarde. Las apariciones de Diego en otras cámaras eran reales, los time stamps eran correctos. Los expertos no pudieron explicarlo. Posiblemente Diego anotó mal las fechas en su diario, pero el diario mostraba entradas diarias, consistentes, sin saltos.
Y Diego era meticuloso con sus registros. Tal vez los relojes internos de las cámaras estaban mal configurados, pero todas las cámaras habían sido calibradas el mismo día y todas mostrabanestamps consistentes entre sí. Podría ser un fenómeno atmosférico o magnético que afectó los equipos, pero las cámaras Bushnel Profy Cam son equipos blindados contra interferencias electromagnéticas y ningún fenómeno conocido puede alterar datos digitales de esa manera.
Ninguna explicación encajaba. Tres semanas después del cierre oficial del caso, Valentina estaba revisando su teléfono cuando encontró el mensaje que Diego supuestamente le había enviado antes de partir. No dejes que vaya, por favor. Lo leyó de nuevo y de nuevo y entonces entendió. No era un error de operadora, no era alguien que había clonado el número de Diego.
Era Diego desde algún lugar en el Auyán, desde algún momento donde estaba atrapado, intentando advertirse a sí mismo, intentando evitar lo que ya había pasado o lo que todavía estaba pasando. Valentina revisó los detalles del mensaje. Hora de recepción, 6:15 de la mañana del 16 de marzo, dos días antes de que Diego entrara al parte. Pero cuando revisó la información de la red, vio algo más.
El mensaje había sido enviado desde una torre de telefonía cercana al Parque Nacional Canaima. Diego ya estaba en Canaima cuando envió ese mensaje. Oh, todavía estaba en Canaima cuando lo envió. atrapado en un tiempo que ya había sucedido o que todavía no había sucedido o que estaba sucediendo todo al mismo tiempo. En diciembre de 2019, un grupo de turistas alemanes contrató un sobrevuelo en helicóptero sobre el aullante Pui.
Uno de ellos, un fotógrafo llamado Klaus Benner, estaba documentando el viaje con una cámara de alta resolución. Cuando revisó las fotos en su hotel esa noche, notó algo extraño en una de las imágenes tomadas sobre el sector noreste de la meseta. En el borde de un acantilado, apenas visible entre la vegetación, había una figura humana.
Klaus amplió la imagen. La figura llevaba lo que parecía ser ropa de expedición, chaqueta verde, gorra. estaba de pie, completamente inmóvil, mirando hacia el cielo, hacia el helicóptero. Klaus reportó la imagen a las autoridades del parque. Organizaron una expedición de verificación. Llegaron al acantilado de la foto tres días después.
No había nadie, no había huellas, no había equipo, pero encontraron algo más. En el tronco de un árbol cercano, alguien había tallado algo con un objeto afilado. Letras irregulares, profundas, hechas con urgencia, decían, “No regresen, estoy en todos los días.” El análisis forense determinó que las marcas fueron hechas con un cuchillo de supervivencia, el tipo de cuchillo que Diego llevaba en su expedición.
Y las marcas tenían aproximadamente 6 meses de antigüedad hechas alrededor de abril de 2019. Pero ese acantilado estaba a 4 km de la ruta de Diego. No estaba cerca de ninguna de sus cámaras. No tenía sentido que hubiera ido allí, a menos que no hubiera ido deliberadamente, a menos que estuviera perdido, caminando en círculos, intentando salir, intentando encontrar el camino de vuelta a un tiempo que funcionara correctamente y dejando mensajes para sí mismo, para quien lo encontrara, advertencias de alguien que sabía que
estaba atrapado para siempre. Han pasado 5 años desde aquella expedición. El Parque Nacional Canaima sigue abierto. Miles de turistas visitan el salto Ángel cada año. Los guías pemones siguen llevando grupos a los Tepuis, pero ningún investigador del Libic ha solicitado permiso para trabajar en el sector noreste de La Uyan desde 2019.
Las 16 cámaras trampa que Diego instaló fueron retiradas en 2020, todas, excepto una. La cámara número 16 sigue allí. Los guardaparques la encontraron en el mismo árbol durante una inspección rutinaria en 2021. Seguía funcionando, seguía grabando. Revisaron la tarjeta de memoria. Contenía 2 años de grabaciones de fauna normal del Tepui y un video más.
Grabado el 2 de abril de 2021, exactamente 2 años después de la última entrada en el diario de Diego. El video muestra el sendero vacío, 3 de la madrugada, luz infrarroja.Y entonces durante 4 segundos, alguien cruza el encuadre caminando despacio de izquierda a derecha, arrastrando los pies como si llevara días o años sin dormir.
Los guardaparques vieron el video una sola vez, luego sellaron la tarjeta de memoria y la enviaron a Caracas. Cuando se les preguntó qué habían visto, ninguno quiso dar detalles. Solo dijeron, “Se parecía a Diego Salazar, pero mayor, como si hubieran pasado 10 años, y seguía usando la misma ropa del 2019. La cámara fue retirada oficialmente en junio de 2021.
La tarjeta de memoria está archivada en el IBIC, clasificada como material sensible. Valentina intentó obtener acceso. Su solicitud fue denegada. Le dijeron, “Es mejor que no lo vea.” Valentina Salazar sigue viviendo en Puerto Hordaz. No ha vuelto a Canaima, no habla del caso. Pero hace 3 meses, en agosto de 2024, recibió un mensaje de texto del número de Diego enviado a las 6:15 de la mañana.
El mensaje decía, “No dejes que vaya, por favor.” El mismo mensaje que había recibido 5 años antes, palabra por palabra. Valentina no respondió, bloqueó el número, cambió su teléfono, pero el mensaje sigue allí en su bandeja de entrada con el time stamp de agosto de 2024, 5 años después de la desaparición de Diego, como si él siguiera intentando advertirse, como si siguiera atrapado en el aán caminando en círculos.
entre días que ya pasaron y días que todavía no llegan. Como si el tiempo para Diego Salazar nunca hubiera avanzado o nunca dejara de avanzar o avanzara en todas las direcciones al mismo tiempo para siempre. Diego Salazar sigue oficialmente desaparecido. Su cuerpo nunca fue encontrado. Las cámaras que instaló capturaron algo que la ciencia no puede explicar.
un hombre apareciendo en múltiples lugares, en múltiples tiempos, como si estuviera viviendo todos los días de su expedición simultáneamente. Y el mensaje que envió antes de entrar al parque o desde dentro del parque o desde algún lugar fuera del tiempo sigue sin respuesta. ¿Qué le pasó realmente a Diego Salazar en el Auyán? encontró un lugar donde el tiempo funciona diferente.
¿Sigue allá arriba atrapado en un loop que se repite una y otra vez? ¿Y si eso es verdad? ¿Cuántas versiones de Diego Salazar siguen caminando por ese Tepui? Déjame tu teoría en los comentarios. Nos vemos en el próximo caso. No dejes que vaya. No dejes que vaya.















