
Cielo sobre el Golfo de Suez, 30 de julio de 1970, 140 horas. Los radares de la Fuerza Aérea Egipcia detectan una formación de aviones israelíes vulnerables. Parecen ser dos bombarderos ligeros A4 Skyhawk y un avión de reconocimiento volando alto y lento. Una presa fácil. En una base aérea cercana la alarma suena, pero los pilotos que corren hacia los casas MIG 21, los más avanzados de la época, no son egipcios, son rubios, tienen ojos azules y sus órdenes vienen directamente de Moscú. Son la élite de la Fuerza
Aérea Soviética VBS, enviados en secreto por Leonid Bresnev para aplastar a la arrogante aviación israelí. Llevan meses derribando aviones israelíes y burlándose de ellos por la radio. Se sienten invencibles. Despegan 24 cazas MIG21. Los soviéticos huelen sangre. Creen que van a cazar patos. Se acercan a la formación israelí.
Se preparan para disparar sus misiles entonces ocurre lo impensable. Los bombarderos vulnerables israelíes de repente rompen la formación, giran bruscamente y aceleran. No son skyhawks, son F4 Phantoms estadounidenses. Los pesos pesados del combate, disfrazados electrónicamente y no están solos. Desde abajo, ocultos en el cláter, ruido del radar y volando a ras de las olas, surgen cuatro mirage de 13 israelíes como tiburones saliendo del agua y desde arriba caen otros cuatro phantoms en picado. Es una trampa perfecta. La presa
se ha convertido en una manada de lobos. Los pilotos soviéticos, acostumbrados a ejercicios teóricos rígidos, entran en pánico. Sus radios se llenan de gritos en ruso. Están por todas partes. Romped, romped. Lo que sigue es la batalla de la Texas, como la llamaron los israelíes. En menos de 3 minutos, el cielo del desierto se llena de paracaídas y humo negro.
5 MIG21 soviéticos son derribados. Cero aviones israelíes son alcanzados. El resultado es 5, una humillación total. Esa tarde no hubo brindis con bodca en las bases de Egipto, hubo silencio. El Mossat había diseñado una operación no para ganar territorio, sino para destrozar el ego de una superpotencia. Y funcionó tan bien que la Unión Soviética mantuvo el incidente en secreto durante 20 años para ocultar la vergüenza.
Bienvenidos a la sombra de la historia. Hoy nos abrochamos el cinturón en la cabina de Un Phantom. En este documental de larga duración reconstruiremos la operación Rimont 20. Viajaremos a El Cairo en 1970. Veremos cómo el presidente Ner, desesperado por las derrotas en la guerra de desgaste, viajó a Moscú para suplicar ayuda.
Entenderemos cómo la URS, en un movimiento sin precedentes, envió una fuerza expedicionaria completa, la operación Cafcas, con sus propios pilotos y misiles, cambiando el equilibrio de poder en Oriente Medio. Entraremos en la sala de guerra de Tela Aviv. Veremos la tensión entre el ministro de defensa, Moshe Dayan, y los generales de la Fuerza Aérea.
Dayan temía provocar al oso ruso y desatar una guerra mundial, pero los pilotos israelíes, cansados de ser acosados por los rusos, exigían permiso para contraatacar. Escucharemos cómo se planeó la trampa. Usar un cebo irresistible para atraer a los rusos a una zona de muerte. Viviremos el combate aéreo, analizaremos las tácticas, la rigidez de la doctrina soviética contra la flexibilidad creativa de los pilotos israelíes.
Veremos como Ases, como Aser Snir y Abiju Ben Nun maniobraron sus Mirage y Phantom para ponerse a la cola de los MIG 21, pilotados por veteranos rusos y el momento exacto en que apretaron el gatillo. Y finalmente veremos las consecuencias. globales, la furia en el Kremlín, la decisión de Egipto de expulsar a los soviéticos poco después y como esta batalla, aunque pequeña en números, fue decisiva para terminar la guerra de desgaste.
Esta es la historia de cómo David no solo venció a Goliat, sino que le dio una patada en los dientes y lo mandó a casa. Para entender este combate, necesitas reflejos de piloto de caza. Si te apasionan la historia militar, la guerra fría y los duelos aéreos, suscríbete al canal ahora mismo y activa la campana.
Ayúdanos a fijar el blanco, dale un me gusta, like a este vídeo y dinos en los comentarios, ¿crees que Israel se arriesgó demasiado al atacar directamente a la URS? Los post quemadores están encendidos. Fox 2. Fox 2. El Cairo, Egipto. Enero de 1970. La desesperación de un líder. Para entender por qué los cielos del canal de Suz se convirtieron en el tablero de ajedrez más peligroso de la Guerra Fría, primero debemos mirar hacia abajo, hacia la tierra quemada del Sinaí.
Habían pasado 3 años desde la guerra de los 6 días de 1967, donde Israel había humillado a los ejércitos árabes en menos de una semana, pero la paz no había llegado. En su lugar había surgido un conflicto brutal, estático y sangriento, conocido como la guerra de desgaste, War ofrition. El presidente egipcio Gamal Abdel Naser se negaba a aceptar la derrota.
Su estrategia era simple, bombardear lasposiciones israelíes en el lado este del canal de Suez día y noche, infligir bajas constantes y esperar que la moral de la sociedad israelí se quebrara. Pero nacer calculó mal. Israel no se quedó en las trincheras. La fuerza aérea israelí IAF, armada con sus nuevos juguetes estadounidenses, los poderosos casabombarderos F4 Phantom Sounds, lanzó una contraofensiva devastadora llamada operación Prija, floración.
Ya no se limitaban a atacar la artillería en el canal. Los phantoms israelíes volaban profundo en territorio egipcio. Bombardeaban fábricas, depósitos de municiones y bases militares a las puertas del Cairo. La humillación era total. Los ciudadanos de El Cairo podían escuchar los estampidos sónicos de los aviones israelíes sobre sus cabezas mientras tomaban café.
Naser estaba perdiendo el control. Su régimen estaba al borde del colapso. El 22 de enero de 1970, Naser tomó una decisión que cambiaría la historia. Voló en secreto a Moscú. En una reunión tensa en el Kremlin con Leonid Bresnev, el líder soviético, Naser lanzó un ultimátum desesperado. Mis defensas aéreas son inútiles.
Mis pilotos no están a la altura. Los judíos vuelan sobre mi dormitorio. Si la Unión Soviética no me da una defensa aérea integral ahora mismo, renunciaré y entregaré Egipto a un presidente proamericano. Era un chantaje geopolítico brillante. Moscú no podía permitirse perder a Egipto, su joya en el Mediterráneo y su puerta de entrada a África y Oriente Medio.
Perder Egipto significaba perder la guerra fría en la región. Bresnev, superando las reticencias de sus generales que temían una confrontación directa con Estados Unidos, dio luz verde a la operación Capcas, Cáucaso. No sería solo un envío de armas, sería una intervención militar directa. La URSS enviaría sus sistemas de misiles más avanzados, el S125 Neva Pechora, conocido por la OTAN como SA3 Goa, diseñados para derribar aviones a baja cota, donde los phants israelíes solían operar impunemente.
Pero los misiles necesitan operadores expertos y los egipcios tardarían meses en entrenarse. Así que Bresnev envió a los operadores soviéticos y para proteger las baterías de misiles envió algo aún más letal, cazas MIG 21 MF de última generación, pilotados no por árabes, sino por la élite de la Fuerza Aérea Soviética.
BBS fue una invasión silenciosa. En marzo de 1970, barcos de carga soviéticos empezaron a llegar al puerto de Alejandría. En los manifiestos de carga se leía maquinaria agrícola y equipos de riego. De las bodegas salieron radares, lanzadores de misiles y aviones desmontados en cajas. Desembarcaron 32 series setas efectivos soviéticos.
Para mantener el secreto se les ordenó vivir una mentira. Se les confiscaron sus pasaportes y documentos rusos. Se les prohibió hablar ruso en público y lo más humillante para el orgullo militar, tuvieron que vestir uniformes del ejército egipcio sin insignias. Eran fantasmas. La presencia soviética cambió el equilibrio de poder de la noche a la mañana.
Los israelíes, que hasta entonces dominaban los cielos con arrogancia, se encontraron de repente con un muro de misiles impenetrable. El sistema SA3 era letal. Los aviones israelíes empezaron a caer. Pero lo que realmente preocupaba al ministro de defensa israelí Mosé Dayan, y a la primera ministra Goldameir eran los aviones.
Los servicios de inteligencia israelíes, Amán y Mossad, empezaron a interceptar comunicaciones de radio extrañas. Los pilotos de los MIG2 que patrullaban el Nilo no hablaban árabe, hablaban ruso. Sus distintivos de llamada eran nombres como Cafás o numerales rusos. Israel confirmó lo peor. Estaban luchando contra una superpotencia nuclear.
La orden inicial del gobierno israelí fue de cautela extrema. Se le llamó la orden de Mordecha por el comandante de la Fuerza Aérea Motihod. Si veis un MIG pilotado por rusos, no ataquéis, romped el contacto y volved a casa. Israel tenía pánico de derribar un avión soviético y provocar que la URS declarara la guerra abierta, o peor que atacara Televiv con misiles balísticos.
Los pilotos israelíes, acostumbrados a ser los depredadores, tuvieron que tragarse su orgullo. Veían a los mix rusos en sus radares y tenían que huir. Los pilotos soviéticos, por su parte, olieron el miedo. Se volvieron arrogantes. Al principio, su misión era solo defensiva, proteger el Cairo y la presa de Asuán.
Pero poco a poco empezaron a empujar la línea. Se movieron hacia el este, hacia el canal de Suez, la zona de combate activa. Empezaron a cazar activamente a los aviones israelíes. Se burlaban por la radio. Hacían maniobras agresivas. Se sentían intocables. Sabían que los israelíes tenían prohibido dispararles. La tensión llegó al punto de ruptura en julio de 1970.
El día 25 de julio, dos A4 Skyhawk israelíes estaban en una misión de ataque a tierra rutinaria sobre el canal. De repente, dos Mig21 soviéticosaparecieron de la nada rompiendo los protocolos de zona defensiva. Los rusos atacaron, dispararon un misil aire aire K13, Atol. El misil explotó cerca de la cola de uno de los Skyhawk.
El avión israelí quedó gravemente dañado con el motor humeando y el sistema hidráulico fallando. El piloto milagrosamente logró cojear de vuelta a la base en el Sinaí y aterrizar de emergencia. Fue la gota que colmó el vaso. Los rusos no solo estaban defendiendo, estaban atacando y habían estado a punto de matar a un piloto israelí en el cuartel general de la IAF en Telviv.
El comandante Motiod estaba furioso. Fue a ver a Goldameir y Moshe Dayan. Señora primera ministra, los rusos están aquí para quedarse. Si no les paramos los pies ahora, mañana bombardearán nuestras bases en el Sinaí y pasado mañana Tela Aviv. Creen que somos débiles, creen que les tenemos miedo. Dian, con su parche en el ojo y su pragmatismo habitual, preguntó, “¿Qué propones, Moti?” “Propongo una emboscada, no un encuentro casual, una trampa deliberada. Quiero derribarlos.
Quiero que Moscú vea fotos de sus aviones ardiendo en el desierto. Quiero enseñarles que en este barrio nosotros somos los dueños.” El debate en el gabinete fue intenso. Los riesgos eran apocalípticos. Atacar deliberadamente a la URS era una locura. Estados Unidos, el aliado de Israel, advirtió contra la escalada.
Pero Goldameir, con su instinto de acero, comprendió la psicología del enemigo. Si dejamos que nos intimiden, hemos perdido la guerra sin disparar. Hazlo, Moti, pero hazlo bien. No quiero una batalla igualada. Quiero una masacre. Quiero que les duela tanto que no vuelvan a despegar. Así nació la operación Rimon 20, Granada 20.
No sería una batalla improvisada, sería una obra de teatro coreografiada. La IAF seleccionó a sus mejores pilotos, los ases de ases. Prepararon los mejores aviones, los F4 Phantom Dus para la fuerza bruta y los Mirage 3 para el combate cerrado. Necesitaban un cebo, algo tan tentador que los pilotos rusos en su arrogancia no pudieran resistir.
Necesitaban hablar ruso. reclutaron inmigrantes soviéticos para que monitorearan las radios en tiempo real y tradujeran cada maldición y cada orden de los pilotos enemigos. A finales de julio, la trampa estaba lista. En las bases aéreas de Egipto, los pilotos soviéticos bebían té, jugaban al ajedrez y escribían cartas a sus familias en Leningrado y Kiev, quejándose del calor del desierto, sin saber que al otro lado del canal, los ingenieros israelíes estaban cargando misiles sidewinder y sparrow en los aviones y pintando
mentalmente estrellas rojas en sus fuselajes. El oso había entrado en la cueva del león y el león estaba a punto de cerrar la salida. La diplomacia había terminado. Ahora hablarían los misiles y la conversación iba a ser muy corta y muy ruidosa. Base aérea de Telnov y Ramat David. Israel. 30 de julio de 1970.
10 cébro de la mañana. En la sala de reuniones del escuadrón 69 los martillos. La atmófera no era la de una misión rutinaria. Se podía cortar la tensión con un cuchillo. Los pilotos seleccionados para volar ese día no eran los novatos de turno, eran la aristocracia de la Fuerza Aérea Israelí IAF.
Allí estaban Abiju Ben Nun, comandante del escuadrón, y aser Snir, uno de los ases más letales de la historia de la aviación. Hombres con miles de horas de vuelo y nervios de hielo. El comandante de la Fuerza Aérea, el general Motihot, entró en la sala. No dio un discurso patriótico sobre la defensa de la nación. Fue directo a la táctica.
Caballeros, hoy vamos a cazar, pero no vamos a cazar egipcios. Hoy vamos a derribar rusos. El objetivo no es bombardear una posición, el objetivo es destruir su confianza. Queremos que Moscú reciba una llamada esta noche diciendo que han perdido sus mejores aviones. El plan bautizado Rimon 20 era una obra maestra de engaño táctico.
Se basaba en explotar la arrogancia soviética. La inteligencia israelí sabía que los rusos estaban ansiosos por combatir. Cada vez que detectaban una incursión israelí fácil, despegaban en masa para interceptarla. Así que Israel les daría exactamente lo que querían, una presa fácil, o al menos eso es lo que verían en sus pantallas de radar.
La trampa tenía tres capas como una cebolla mortal. Uno, el cebo, los skywks falsos. 4F4 Phantom 2 del escuadrón 69 despegarían primero. Su misión era atacar una estación de radar egipcia en Shabramit, en el sector sur del canal de Su. Pero no volarían como phantoms. El F4 es un interceptor pesado, rápido y potente.
Para la trampa volarían simulando ser A4 Skyhawks. Los Skyhawks eran aviones de ataque a tierra, subsónicos, pequeños y vulnerables sin escolta. Eran la carne de cañón favorita de los MIG 21. Para lograr el disfraz, los cuatro phantoms volarían en dos parejas muy apretadas, casi ala con ala. En las pantallas de radar soviéticas de baja resolución de la época, dosphantoms pegados aparecerían como un solo blip, punto, grande y lento, imitando la firma de radar de un skyhawk cargado de bombas.
Además, utilizarían patrones de vuelo perezosos y comunicaciones de radio falsas para reforzar la ilusión. Dos, el martillo, los mirajes invisibles. Mientras el cebo atraía la atención, cuatro Mirage 13 del Escuadrón 119 despegarían y volarían a una altitud extremadamente baja, rozando las dunas del desierto del Sinaí y las olas del Golfo de Su.
volarían por debajo de la cobertura de radar egipcia soviética. Serían invisibles hasta que decidieran ascender. Su trabajo era esperar en la sombra y atacar desde abajo, cortando la retirada de los rusos. Tres, la reserva, el seguro, otros cuatro miraes del escuadrón 117 estarían en alerta máxima en la pista, listos para despegar y llegar a la zona de combate en cuestión de minutos si la situación se salía de control.
Era un plan arriesgado. Si los soviéticos detectaban la trampa antes de tiempo, podrían rodear a los israelíes con su superioridad numérica. Pero la apuesta estaba hecha. 140 horas, el cielo sobre suez. El sol estaba en su senit creando espejismos de calor sobre la arena. Los 4 F4 Phantoms del escuadrón Cebo cruzaron el canal de Suez.
Atención, formación, mantengan la posición cerrada, ordenó el líder por la radio. Llegaron al objetivo en Shabramit. Soltaron sus bombas sobre el radar egipcio. Las explosiones levantaron columnas de humo y arena. Era el toque de atención. Era como tocar el timbre de la puerta del enemigo y salir corriendo. En los centros de mando soviéticos en Egipto, las pantallas se iluminaron.
Los operadores de radar soviéticos vieron lo que esperaban ver. Cuatro aviones lentos, probablemente Skyhawks, atacando una posición y dando la vuelta para volver a casa, vulnerables, solos, sin escolta. El comandante soviético en tierra mordió el anzuelo hasta el fondo. No ordenó el despegue de una patrulla estándar de dos o cuatro aviones.
Quería una victoria aplastante. Quería una masacre. ordenó un scramble masivo desde tres bases diferentes, Benisueev, Com, Aushim y Cotamilla, los postquemadores de la Fuerza Aérea Soviética rugieron. Despegaron 24 casas, Mig2, 24 contra cuatro, una proporción de 6 a un. Los pilotos rusos con nombres como Capitán Kamenev, capitán Yurchenko y Capitán Shurablev, subieron a la cabina con la adrenalina a tope.
Se sentían invencibles. Iban a enseñarles una lección a esos judíos insolentes. Los controladores aéreos soviéticos GCI, dirigieron a los Mig hacia los Skyhawks. Objetivos a 30 km. Acérquense y destruyan los mix. Ascendieron rápidamente, buscando la ventaja de altura para picar sobre sus presas. 141 horas, el momento de la verdad.
Los 4 F4 phantoms israelíes vieron en sus propios radares la nube de enemigos que se acercaba. 24 mix. Era una fuerza abrumadora. Cualquier piloto normal habría sentido pánico, pero los israelíes sintieron satisfacción. La trampa había funcionado mejor de lo esperado. Aquí, líder, los tenemos. Preparaos para la fiesta.
En el centro de mando de la IAF en Telviv, Motijod dio la orden clave. Quitadse los disfraces. En el cielo la transformación fue instantánea y dramática. Los cuatro phantoms israelíes hicieron tres cosas simultáneamente. Lanzaron sus tanques de combustible externos, aligeraron el peso para el combate maniobrero doc, rompieron la formación apretada, se separaron violentamente convirtiendo dos blips de radar en cuatro interceptores agresivos.
Encendieron los postquemadores. Los motores J79 rugieron inyectando combustible crudo en los escapes. Los aviones pasaron de ser bombarderos lentos a interceptores match 2 en segundos. Giraron 180 gr. Dejaron de huir y encararon directamente a la nube de Mix que venía tras ellos. Al mismo tiempo, la trampa se cerró desde abajo.
Los cuatro Mirahzés, que volaban a ras de suelo, recibieron la orden y arriba, arriba, arriba. Tiraron de la palanca hacia atrás. Los deltas franceses ascendieron como cohetes, apareciendo de la nada en los radares soviéticos, justo debajo y detrás de la formación rusa, y desde la base en Israel, la reserva de otros cuatro miraes despegó a toda potencia la confusión soviética.
Imagina ser un piloto ruso en ese momento. Hace 30 segundos tu radar te decía que ibas a cazar a cuatro aviones lentos e indefensos. Ahora, de repente tu pantalla es un caos. Los cuatro aviones lentos se han convertido en cuatro monstruos rápidos que vienen de frente lanzando misiles y tu radar de cola te avisa de que otros cuatro aviones han aparecido mágicamente debajo de ti y tu controlador en tierra está gritando en ruso, confundido, porque la situación táctica ha cambiado tan rápido que no pueden procesarla. Las radios soviéticas
se llenaron de caos. El equipo de inteligencia de señales israelí Sigint, escuchando en tiempo real, oyó el cambio de tono en las voces rusas. Pasaron dela arrogancia depredadora al pánico defensivo. No son Skyhawks, son phantoms. Tengo un Mirage en la cola, rompo a la izquierda. Hay demasiados. Están por todas partes.
Los soviéticos cometieron su primer error fatal. se aferraron a su rígida doctrina. La doctrina aérea soviética dependía totalmente del control desde tierra, GCI. Los pilotos no tenían autonomía para tomar decisiones creativas. esperaban órdenes del controlador, pero el controlador estaba saturado.
Los israelíes, en cambio, operaban con una doctrina de iniciativa del piloto. Una vez que empezaba el combate, el piloto era el rey. Improvisaban, se adaptaban, cazaban. Los 24 mix rompieron la formación en un desorden total. El cielo se convirtió en una bola de pelos. Furbol, el término técnico para un combate aéreo, cercano, masivo y caótico.
Aviones cruzándose a velocidades supersónicas, misiles volando, bengalas, giros de altas GS. Era el escenario de pesadilla para el que los soviéticos no estaban preparados. habían venido a ejecutar una ejecución, no a luchar por sus vidas contra los pilotos más experimentados del mundo. A las 14:20, el primer misil israelí salió del raí.
El capitán Ashernir, volando un Mirage, fijó su radar en un MIG que intentaba ganar altura desesperadamente. “Fox 2”, anunció SN con calma. El misil AM9D Sidewinder, guiado por calor, dibujó una estela de humo blanco en el cielo azul. Buscó el escape caliente del motor Tumanski del MIG. El piloto ruso intentó girar, pero fue demasiado tarde.
Boom. El misil impactó directamente en el fuselaje trasero. El MIG se desintegró en una bola de fuego naranja y negra. El primer soviético estaba cayendo, pero la batalla acababa de empezar. Quedaban 23 mix y aunque estaban confundidos, seguían armados y eran letales. El cielo sobre Su se convirtió en una arena de gladiadores AMAC 1, Cielo sobre el Golfo de Su 30 de julio de 1970, 1421 horas.
El combate aéreo moderno es un caos tridimensional que ocurre a velocidades que el cerebro humano apenas puede procesar. En las películas, los aviones vuelan cerca unos de otros para que quepan en el plano de la cámara. En la realidad, un combate aéreo. Doc es una danza mortal que abarca kilómetros de cielo vertical y horizontal. Pero esa tarde sobre Su la densidad de aviones era tan alta, 24 mix soviéticos contra 12 aviones israelíes, ocho iniciales más cuatro de reserva que el cielo parecía literalmente congestionado.
Los rusos estaban en estado de shock. Su doctrina de control de intercepción desde Tierra, Gsi, se había colapsado. Los controladores rusos en las bases de Egipto gritaban órdenes contradictorias, o peor aún, se quedaban en silencio al ver cómo sus pantallas de radar se convertían en una maraña de puntos indistinguibles, sin la voz de Dios en sus auriculares diciéndoles qué hacer.
Los pilotos soviéticos se encontraron solos. Eran técnicamente competentes. Sabían volar sus máquinas, pero carecían de la flexibilidad táctica para improvisar en una emboscada. Los israelíes, en cambio, estaban en su elemento. Entrenados para la agresividad individual, se lanzaron sobre la formación soviética desmembrada como tiburones en un banco de atunes.
El primer derribo, la furia de Asher Snir. El capitán Asher Snir, pilotando un Mirage Terceri, fue el primero en dibujar sangre. Snir era un piloto instintivo. Vio a dos MIG21 intentando ganar altitud desesperadamente para escapar de la trampa. El MIG 21 es un avión ligero y rápido, pero tiene una debilidad.
Su visibilidad trasera es terrible. Snir se deslizó en la zona ciega del líder de la pareja soviética. El piloto ruso, dándose cuenta tarde de que tenía un Mirage en la cola, cometió un error de novato provocado por el pánico. Rompió el giro bruscamente hacia abajo perdiendo energía. Snir no dudó. Conectó el tono de su misil9d Sidewinder. Oh, tengo tono. Disparando.
El misil salió del raíquierdo con un rugido. En menos de 2 segundos cubrió la distancia. impactó en el fuselaje trasero del MIG. La explosión partió el avión soviético por la mitad. El piloto ruso se eyectó. Su paracaídas blanco floreció en el cielo azul marcando el inicio de la cuenta, 1-0 para Israel. El segundo derribo, el phantom pesado.
Mientras tanto, el comandante de escuadrón Abijuen Nun, a los mandos de un pesado F4 Phantom, se enfrentaba a un desafío diferente. El Phantom es un camión de bombas supersónico, poderoso y rápido, pero no está diseñado para girar cerrado contra un ágil MIG 21. Si intentas pelear a baja velocidad con un MIG, pierdes. Ben Nun lo sabía.
Utilizó la fuerza bruta de sus dos motores J69. Vio un MIG cruzando frente a él. Ben Nun encendió los postquemadores y trepó verticalmente, usando la potencia pura para ganar ventaja de energía. En la cima de su parábola invirtió el avión y cayó en picado sobre el MIG desprevenido. Lanzó un misil Aim 7 Sparrow, guiado por radar.
El misil,famoso por fallar en la guerra de Vietnam, falló también aquí. se desvió inofensivamente hacia el desierto. “Maldita sea, cambiando a calor”, gritó su oficial de sistemas de armas, “Wo desde el asiento trasero.” Bennun cambió al Seedwinder, se acercó peligrosamente, disparó. El misil entró directamente por la tobera del motor del MIG.
El avión soviético se desintegró instantáneamente. 2-0 para Israel. El caos en la radio soviética. En tierra, los operadores de inteligencia israelíes, la unidad de escuchas Ychida Ochon 200, no daban crédito a lo que oían. Las radios soviéticas eran un pandemonium. La disciplina férrea de la BBS había desaparecido. Me están dando.
Me están dando. Iván, rompe a la izquierda. No, a la otra izquierda. ¿Quién me dispara? No veo nada. Los pilotos rusos estaban tan aterrorizados y desorientados que empezaron a disparar sus misiles sin fijar bien los blancos. Un misil soviético pasó rozando a otro MIG21. Estuvieron a punto de derribarse entre ellos.
La emboscada psicológica había funcionado mejor que la táctica. Los rusos no estaban luchando para ganar, estaban luchando para sobrevivir y huir. El tercer derribo, la maniobra de tijeras. El capitán Aviam Sela, otro piloto de Phantom, se encontró en una situación clásica de tijeras, Sissors, con un piloto ruso veterano, el capitán Yurchenko.
En esta maniobra, dos aviones cruzan sus trayectorias repetidamente, intentando frenar más que el otro para que el enemigo pase de largo y quede delante en la mira. El piloto ruso era bueno. Manejó su MIG al límite de la entrada en pérdida, Stal, intentando forzar a Cela a pasarse, pero Cela conocía su phantom.
Bajó los flaps, abrió los aerofrenos y mantuvo el control del mastodonte de metal a una velocidad peligrosamente baja. Finalmente, el ruso cometió el error. Intentó acelerar para escapar hacia arriba. Cela metió potencia y se colocó debajo y detrás. Disparó un misil a quemarropa. La explosión arrancó la cola del MIC.
El capitán Yurchenko se eyectó a muy baja altura, sobreviviendo de milagro. 3-0 para Israel. El cuarto y quinto derribo. La cacería, a ras de suelo. Quedaban dos. Los soviéticos restantes intentaron huir hacia el oeste, hacia la seguridad de sus bases en el Cairo, rompieron el contacto y se lanzaron en picado hacia el suelo para esconderse en el ruido del radar terrestre.
Pero los israelíes con la sangre caliente los persiguieron. Fue una carrera de velocidad pura a 30 met sobre las dunas del desierto. Un piloto israelí, algunas fuentes dicen que fue Ifouch Spector, otro as legendario, persiguió a un MIG2 que volaba tan bajo que levantaba polvo del suelo. El piloto ruso estaba haciendo maniobras evasivas violentas de izquierda a derecha.
El israelí lanzó un misil Sidewinder. El misil impactó, pero no destruyó el avión inmediatamente. El MIC, dañado, perdió el control y se estrelló contra el desierto en una bola de fuego gigantesca. 4-0 para Israel. El último derribo fue compartido. Un piloto ruso, el capitán Jacoblev, se vio rodeado por dos Miraes.
Intentó una maniobra desesperada de giro cerrado. La presión G fue demasiada o quizás recibió un impacto de cañón de 30 m que no fue registrado en cámara. Su avión entró en Barrena y se estrelló. 5-0 para Israel. El silencio. Tan rápido como había empezado, terminó. El reloj marcaba las 14:24. Solo habían pasado 3 minutos desde el primer disparo.
El cielo, antes, lleno de estelas de vapor y explosiones, quedó inquietantemente vacío. Cinco columnas de humo negro se elevaban desde el desierto del Sinaí y la orilla oeste del Canal. Varios paracaídas blancos descendían lentamente hacia la arena caliente. Los líderes de escuadrón israelíes hicieron el recuento por radio. Martillo uno, check.
Martillo 2, check. Reserva check. Todos los aviones israelíes estaban en el aire. Algunos tenían poco combustible, algunos habían disparado todos sus misiles, pero todos estaban intactos. No hubo celebraciones eufóricas por la radio. La disciplina profesional volvió inmediatamente. Aquí líder, todos a casa, formación de combate. No bajéis la guardia.
Aterrizaron en la base aérea de Refidim. Cuando los pilotos bajaron de sus cabinas empapados en sudor, con las piernas temblando por la tensión y la adrenalina. Fueron recibidos por el personal de tierra. Moti, el comandante de la Fuerza Aérea, estaba esperando al teléfono. ¿Cuál es el resultado?, preguntó.
5 a cero, señor. Cinco rusos abajo, cero nuestros. En el Cairo el ambiente era fúnebre. Los pilotos soviéticos supervivientes aterrizaron en sus bases. Algunos salieron de sus aviones y tiraron sus cascos contra el suelo. Otros lloraban de rabia y humillación. Habían llegado como los salvadores imperiales, la fuerza aérea más poderosa del mundo.
Y en 3 minutos un grupo de pilotos de un país minúsculo los había despedazado como si fueran novatos en su primer díade escuela de vuelo. Bresnev recibió la noticia en Moscú esa misma noche. No hubo respuesta oficial inmediata, solo un silencio frío y aterrador. tipo de silencio que precede a una guerra nuclear o a una retirada vergonzosa.
La batalla táctica había terminado. Israel había ganado por goleada, pero ahora empezaba la batalla estratégica. ¿Cómo reaccionaría el oso herido? ¿Lanzarían misiles nucleares o entenderían el mensaje? El Cairo, Egipto, 31 de julio de 1970. La mañana siguiente, el amanecer sobre el Nilo trajo consigo una calma extraña y pesada.
En las bases aéreas soviéticas de Benisev y Com Aushim, los hangares estaban cerrados. Los mecánicos caminaban en silencio. No había rastro de la arrogancia imperial que había caracterizado a las fuerzas soviéticas durante los meses anteriores. La noticia de la masacre aérea no apareció en el Pabda ni en Alhram. Oficialmente el evento no había existido, pero en los círculos de poder el impacto fue sísmico.
El comandante en jefe de la Fuerza Aérea Soviética, el mariscal Pavel Kutakov, voló de urgencia a El Cairo. Su misión no era organizar una contraofensiva, sino contener el daño. Se reunió con sus pilotos supervivientes. No hubo palabras de aliento, hubo gritos, hubo amenazas de consejos de guerra. Kutahov, un veterano de la Segunda Guerra Mundial, entendió inmediatamente lo que había sucedido.
Sus hombres, entrenados en una doctrina rígida y burocrática, habían sido superados por una fuerza aérea más flexible, creativa y tecnológicamente superior en tácticas de guerra electrónica. Su orden final fue humillante, pero necesaria para evitar una tercera guerra mundial. A partir de este momento, ningún piloto soviético despegará para interceptar aviones israelíes. Se acabaron las cacerías.
Nos limitaremos a defender las baterías de misiles. No quiero perder ni un solo avión más. En Moscú, Leonid Bresnev estaba lívido. La Unión Soviética había invertido miles de millones de rublos y su prestigio global en la defensa de Egipto. Habían enviado sus mejores aviones y sus mejores hombres solo para verlos caer como moscas ante un país del tamaño de una provincia rusa.
Sin embargo, la reacción del Kremlin fue el silencio. admitían la derrota, tendrían que tomar represalias masivas para salvar el honor, lo que significaba una guerra directa con Israel y por extensión con Estados Unidos. Si lo ocultaban, podrían lamerse las heridas en privado. Optaron por lo segundo. La URS clasificó el incidente como secreto de estado.
A las familias de los cuatro pilotos muertos. Tres murieron en el combate. Uno más tarde, por las heridas se les dijo que habían muerto en accidentes de entrenamiento o cumpliendo su deber internacionalista, sin especificar dónde ni cómo. El fin de la guerra de desgaste. Para el presidente egipcio Gamal Abdel Naser, la batalla del 30 de julio fue el último clavo en su ataúd político y físico.
Había traído a los rusos para proteger sus cielos y los israelíes acababan de demostrar que podían derribar a los rusos con la misma facilidad con la que derribaban a los egipcios. Su estrategia de desgaste había fracasado. Apenas una semana después de la batalla, el 7 de agosto de 1970, Egipto e Israel firmaron un alto el fuego.
La guerra de desgaste terminó oficialmente. La operación Rimon 20 había logrado su objetivo estratégico, forzar a Egipto a la mesa de negociaciones, demostrando que la opción militar era un callejón sin salida, incluso con ayuda soviética. Naser, enfermo y con el corazón roto por la humillación continua, murió de un ataque cardíaco apenas dos meses después, en septiembre de 1970.
Su sucesor, Anuar el Sadat, heredó un país ocupado por miles de asesores soviéticos que ahora parecían menos invencibles y más arrogantes que nunca. La expulsión y el legado. La batalla tuvo un epílogo irónico dos años después. Sadat, un líder astuto y pragmático, observó a los soviéticos con creciente desdén.
Los veía como una fuerza neocolonial que trataba a los oficiales egipcios con desprecio, pero que había demostrado ser incompetente en el combate real contra Israel. En julio de 1972, Sadad dio un golpe de timón espectacular. Expulsó a los 20,000 asesores militares soviéticos de Egipto. Les dio una semana para irse.
Los rusos empaquetaron sus radares, sus misiles y sus Mig 21 y se marcharon con el rabo entre las piernas. Sadat recuperó el control de su ejército y comenzó a planificar la guerra de Yom Kipur, 1973. esta vez bajo sus propios términos y estrategias, sin la interferencia de Moscú. Para la Fuerza Aérea Israelí, Rimón X convirtió en leyenda.
Se estudia en las academias militares occidentales como el ejemplo perfecto de una trampa aérea. Validó la doctrina israelí de calidad sobre cantidad. demostró que el factor humano, la iniciativa del piloto, la agresividad controlada y el pensamiento táctico es superior a latecnología rígida y el control centralizado.
Los pilotos que volaron ese día, Bennun, SN, Sela, Spector, se convirtieron en los líderes de la IAF en las décadas siguientes, inculcando ese espíritu en las nuevas generaciones. Sin embargo, hubo una lección oscura que Israel tardó en aprender. La victoria fue tan aplastante, tan fácil, 5-0 en 3 minutos, que sembró una semilla peligrosa en la mente de los generales israelíes, la arrogancia.
Llegaron a creer que eran invencibles. Creyeron que la fuerza aérea por sí sola podía ganar cualquier guerra. Esa arrogancia, la concepción les costaría muy caro 3 años después, en 1973, cuando Egipto y Siria atacaron por sorpresa en Yom Kipur, y las defensas antiaéreas, ahora operadas por egipcios bien entrenados y no por rusos confiados, derribaron docenas de aviones israelíes en los primeros días de la guerra.
Conclusión, el fantasma de los Mig. Hoy el desierto del Sinaí es un lugar silencioso. El viento ha borrado los cráteres de las bombas y los restos de aluminio quemado de los MIG2 soviéticos. Hace tiempo que fueron cubiertos por la arena o recogidos por chatarreros beduinos. Pero la historia recuerda el 30 de julio de 1970 como el día en que la Guerra Fría se calentó al máximo y paradójicamente se enfrió al instante.
Fue el día en que Israel miró a los ojos a una superpotencia nuclear y no parpadeó. En Moscú, los archivos sobre la operación CAPAS se abrieron parcialmente tras la caída de la URCS en los años 90. Solo entonces los viejos pilotos rusos pudieron contar la verdad a sus nietos. No fueron derribados por un accidente ni por un fallo mecánico.
Fueron derribados por los fantasmas de la estrella de David en una emboscada tan perfecta que 50 años después todavía duele en el orgullo de la madre Rusia. A veces la mejor manera de evitar una guerra mundial no es la diplomacia, sino derribar cinco aviones en 3 minutos y dejar que el silencio haga el resto. La historia la escriben los vencedores, pero la leen los supervivientes.
Los rusos aprendieron la lección, los egipcios cambiaron de bando y los israelíes, bueno, los israelíes siguieron volando, sabiendo que el cielo siempre tiene un precio. Esta fue la historia de la batalla aérea más secreta y decisiva de Oriente Medio.















