
Londrés, 5 de octubre de 1973, 11:30 de la noche. En una casa segura y oscura en el barrio de Kenshington, el jefe del Mossad, Sbi Samir, espera nervioso. Ha volado de urgencia desde Israel esa misma tarde. Su mejor agente, el hombre clave, ha activado la alarma roja. La puerta se abre. Entra un hombre elegante vestido con un traje italiano impecable, oliendo a colonia cara y tabaco. Es Ashraf Marwan para el mundo.
Marwan es un playboy egipcio, un magnate de los negocios y lo más importante, el yerno del fallecido Gamal Abdel Naser y el asesor de confianza del actual presidente, Anwar el Sadat. Tiene acceso a los secretos más oscuros del Cairo. Para el Mossad, su nombre en clave es el ángel. Samir lo mira a los ojos. ¿Qué está pasando? Marwan no duda.
Su voz es fría, carente de emoción. Guerra, mañana. Samir siente un escalofrío. Israel está a punto de celebrar el Yom Kipur, el día más sagrado del calendario judío. El país está paralizado. Los soldados están en sus casas ayunando y rezando. Las fronteras están apenas vigiladas. La inteligencia militar israelí ha jurado que los árabes no atacarán.
¿Estás seguro? Insiste Samir. Mañana al atardecer un ataque coordinado en dos frentes, Siria por el norte, Egipto por el sur. Va a ser una masacre. Esa conversación en la medianoche de Londres cambió el curso de la historia. Gracias a esa advertencia, Israel movilizó sus reservas a la desesperada pocas horas antes de que cayeran las primeras bombas.
Si Marwan no hubiera hablado, el estado de Israel probablemente habría dejado de existir en 1973, pero la historia tiene un reverso oscuro. 34 años después, ese mismo hombre, Ashraf Marwan, caería desde el balcón de su apartamento en un quinto piso en Londres. se suicidó, lo empujó el Mossat, lo empujó la inteligencia egipcia.
Y la pregunta más inquietante de todas, ¿esa advertencia de 1973 fue una traición a Egipto o fue parte del plan maestro de Sadat para engañar a Israel una vez más? Bienvenidos a La sombra de la historia. Hoy desclasificamos el enigma del ángel. En este documental de larga duración investigaremos la vida y la muerte de Ashraf Marwan.
Viajaremos a los años 60 en el Cairo. Veremos como un joven ambicioso se casó con Mona Naser, la hija del líder más poderoso del mundo árabe, y cómo la humillación que sufrió a manos de su suegro lo empujó a entrar en una embajada israelí en Londres para ofrecer sus servicios. Entraremos en el corazón del Mossad. Analizaremos los documentos secretos que Marwan entregó durante años.
Actas de reuniones con los soviéticos, planos de batalla, códigos de misiles. Veremos cómo Israel se volvió adicto a su información, creando una dependencia tan ciega que les impidió ver que la guerra se acercaba hasta que fue casi demasiado tarde. Viviremos el drama del Yom Kipur, la carrera contra el tiempo de Goldamir, el caos en los búnkeres y como la información de Marwan salvó los altos del Golán, pero condenó su alma al secreto eterno.
Y finalmente exploraremos el misterio del doble agente. Examinaremos la teoría de que Marwan nunca traicionó a Egipto, sino que fue un peón de Sadatad para alimentar a Israel con información falsa y confianza excesiva. Y veremos cómo una disputa de egos entre generales israelíes reveló su nombre a la prensa décadas después, firmando su sentencia de muerte.
Esta es la historia de un hombre que caminó sobre la cuerda floja entre dos naciones enemigas, se hizo millonario con la guerra y terminó muerto en una acera de Londres, llevándose la verdad a la tumba. Para entender este juego de espejos, no confíes en nadie. Si te apasionan los thrillers de espionaje donde nada es lo que parece, suscríbete al canal ahora mismo y activa la campana.
Ayúdanos a descifrar el código, dale un me gusta, like a este vídeo y dinos en los comentarios, ¿crees que fue un traidor o un patriota egipcio? El teléfono rojo está sonando. Contestemos. El Cairo, 1966. La boda del siglo. Bajo las luces de los candelabros y ante la mirada de la élite política de Egipto, un joven de 22 años llamado Ashraf Marwan sonríe nerviosamente.
Acaba de casarse con Mona Naser, la hija favorita de Gamal Abdel Naser, el presidente de Egipto y el líder indiscutible del panarabismo. Para el mundo exterior, Marwan parece haber ganado la lotería. Es guapo, tiene un título en química y ahora es parte de la familia real de facto de Egipto. Pero detrás de las sonrisas para las cámaras hay una tensión gélida.
El suegro, el poderoso Naser, odia a Ashraf Marwan. Naser es un hombre austero, un militar que desprecia el lujo y vive para la revolución. Ve a Marwan como lo que es. Un joven ambicioso, amante del dinero fácil, un trepa que se ha casado con su hija no por amor, sino por acceso. Naser intentó impedir la boda, pero Mona estaba enamorada, así que Naser decidió hacerle la vida imposible a su nuevo yerno. En lugar de darle un puesto depoder, Naser lo puso bajo vigilancia.
ordenó a su jefe de inteligencia, Sami Sharaf, que monitoreara cada movimiento de Marwan. Controlaban sus gastos, sus amistades y sus llamadas. Marwan, que soñaba con ser un magnate internacional, se encontró viviendo con una asignación mensual modesta, humillado constantemente en las cenas familiares, tratado como un niño irresponsable por el hombre más poderoso de África.
La humillación se profundizó cuando la pareja se mudó a Londres en 1968. Marwan supuestamente iba a estudiar un máster, pero su verdadero interés era la buena vida. Londres en los años 60 era el patio de recreo de los millonarios árabes. Los jeques de Kuwait y los príncipes saudíes gastaban fortunas en los casinos de Mayfir y en los clubes nocturnos.
Marwan quería ser parte de ese mundo. Quería impresionar a su esposa, pero no tenía dinero. Naser mantenía el grifo cerrado. Cuando Marwan acumuló deudas de juego, tuvo que pedir ayuda a su suegro. Naser pagó las deudas para evitar un escándalo, pero la reprimenda fue brutal.
Amenazó a Marwan con el divorcio forzado si no se comportaba. fue en ese momento consumido por el resentimiento y la necesidad desesperada de dinero para mantener su estilo de vida. Cuando Ashraf Marwan tomó una decisión impensable, tenía algo que valía más que el oro, acceso. Aunque Naser lo despreciaba, Marwan vivía en la casa del presidente cuando estaba en el Cairo.
Veía quién entraba y quién salía. Escuchaba conversaciones, tenía acceso a documentos olvidados en escritorios. En la primavera de 1970, Ashraf Marwan hizo una llamada telefónica. No llamó a un banco, no llamó a un amigo. Marcó el número de la embajada de Israel en Londres. Quiero hablar con el departamento de inteligencia, dijo en inglés.
La operadora israelí, confundida o sospechando una broma, lo pasó con el agregado militar. Tengo información importante. Soy de Egipto. Quiero ofrecer mis servicios, insistió Marwan. El agregado militar israelí cometió un error histórico. Lo ignoró. Pensó que era una trampa o un loco. Le colgó. Marwan.
Herido en su orgullo, pero decidido, no se rindió. Lo intentó de nuevo. Esta vez dejó su nombre. Cuando el mensaje llegó finalmente al cuartel general del Mossad en Telab, las alarmas sonaron. Ashraf Marwan, el yerno de Naser, imposible. Es una trampa de la inteligencia egipcia, pero la curiosidad pudo más.
El Mossat envió a uno de sus mejores hombres en Europa, Shmuel Goren, para reunirse con él en un hotel de Londres. La reunión fue tensa. Marwan llegó vestido impecablemente con un maletín. No parecía un espía nervioso, parecía un hombre de negocios cerrando un trato. No quiero ideologías, dijo Marwan. Quiero dinero, mucho dinero. Abrió el maletín.
Lo que había dentro dejó a los israelíes sin aliento. No eran rumores, eran documentos oficiales del Estado Mayor egipcio, eran transcripciones de las reuniones privadas de Náser con los líderes soviéticos en Moscú, detallando exactamente cuántas armas Rusia estaba dispuesta y no dispuesta a dar a Egipto. Ese maletín era el Santo Grial.
revelaba que Egipto no estaba listo para la guerra y que los soviéticos se negaban a enviar bombarderos de largo alcance. El Mossad aceptó el trato. Le dieron un nombre en clave inicial, el yerno. Más tarde, cuando su importancia creció, se convirtió en el ángel. Pero el destino tenía un giro irónico preparado. En septiembre de 1970, pocos meses después de que Marwan comenzara su traición, Gamal Abdel Naser murió de un ataque al corazón repentino.
Para Marwan esto podría haber sido el fin de su acceso. Sin su suegro, ¿quién era él? Sin embargo, ocurrió lo contrario. El vicepresidente Anwar el Sadat asumió el poder. Sadat. Era visto como un hombre débil, una figura de transición. Sus rivales políticos, los hombres de Naser, planeaban derrocarlo. Ashraf Marwan, con un instinto político afilado, apostó por Sadat.
le entregó a Sadat pruebas de que sus propios ministros estaban conspirando contra él, información que quizás obtuvo gracias a sus nuevas habilidades de espionaje o incluso con ayuda indirecta del Mossad, que prefería a Sadat antes que a los radicales prosoviéticos. Sadat, agradecido, purgó a sus enemigos en la famosa revolución correctiva de 1971 y como recompensa nombró a Ashraf Marwan como su jefe de gabinete y secretario de información.
De repente, el espía de Israel ya no era solo el yerno despreciado, ahora era la mano derecha del nuevo presidente. Tenía las llaves de la caja fuerte presidencial. Estaba en todas las reuniones de alto nivel. Coordinaba la alianza militar con Siria y Libia. Para el Mossad era un sueño hecho realidad. Tenían un micrófono humano en el despacho del presidente enemigo.
Durante los siguientes 3 años, Marwan se reunió regularmente con su controlador del Mossad, un hombre llamado Dubi, en pisos francos de Londres, París y Ginebra. Cada reunióncostaba a Israel entre 50,000 y $00,000 en efectivo. Marwan usaba el dinero para financiar su vida de Playboy, comprar acciones y convertirse en un hombre poderoso por derecho propio en Londres.
entregó todo. Los planos de batalla del ejército egipcio, los ejercicios militares, las especificaciones de los misiles Scad que Egipto había recibido y lo más importante, el concepto. El concepto era la doctrina militar egipcia que decía, “No iremos a la guerra para recuperar el Sinaí hasta que tengamos aviones de largo alcance y misiles scud capaces de atacarte la VIV.
” Israel se enamoró de este documento. Se convirtió en su Biblia mientras Egipto no tuviera esos bombarderos. Y el Mossad sabía gracias a Maruán que los rusos no los enviaban. Israel asumía que estaba a salvo. Marwan les vendió seguridad, les vendió la certeza de que no habría guerra. Pero aquí empieza la duda que atormenta a los historiadores.
Marwan estaba vendiendo secretos reales para ayudar a Israel. Osadat, un zorro astuto, estaba usando a Marwan para alimentar a Israel con la idea de que Egipto no puede atacar, adormeciéndolos hasta el momento preciso. Marwan avisó de la guerra dos veces antes de 1973. En ambas ocasiones, Israel movilizó al ejército gastando millones de dólares y en ambas ocasiones no pasó nada.
Sadat canceló las maniobras o eran falsas alarmas. En el Mossad empezaron a llamarlo el lobo que viene. Algunos analistas decían, “Nos está arruinando con falsas alarmas.” Pero Svi, Samir, el jefe, confiaba ciegamente en él. Hasta que llegó la noche del 5 de octubre de 1973. El ángel llamó de nuevo. El código era productos químicos, significaba guerra inminente.
Samir voló a Londres, se encontraron en la casa segura. Marwan dijo, “Es mañana.” Pero hubo un detalle crucial. Marwan dijo que el ataque sería al atardecer. En realidad, el ataque comenzó a las 14:00 horas. Esa diferencia de 4 horas fue vital. Israel esperaba el ataque más tarde y fue sorprendido con los pantalones abajo. ¿Fue un error de Marwan o fue una manipulación final para asegurar que Egipto tuviera la ventaja inicial? Sea como fuere, esa noche en Londres, Ashraf Marwan vendió a su país por última vez, o quizás lo salvó, porque gracias a su
aviso, Israel movilizó las reservas. Si no lo hubieran hecho, las tropas sirias habrían llegado a Jaifa y las egipcias a Telaviv. El yerno humillado se había convertido en el árbitro de la vida y la muerte en Oriente Medio tenía el mundo a sus pies y dos naciones comiendo de su mano.
Pero caminar sobre la cuerda floja tiene un precio, un paso en falso. Y la caída no sería al suelo, sería a los libros de historia o a la acera de abajo, Londres. Madrugada del 6 de octubre de 1973. Zamir, el jefe del Mossad, salió de la casa segura en Kensington con el corazón en un puño. Corrió al teléfono seguro más cercano en la embajada israelí.
Marcó el número directo del jefe de gabinete de la primera ministra en Tel Aviv. “El ángel ha hablado”, dijo Samir usando un código preestablecido. “Habrá guerra hoy al atardecer.” En Israel eran las 0400 de la mañana. Era el día de Yom Kipur. Las calles estaban desiertas. No había radio, no había televisión, no había transporte público.
El país estaba sumido en un silencio sagrado, ayunando y pidiendo perdón por sus pecados. La llamada de Londres rompió ese silencio como un martillazo. Goldameir fue despertada. convocó a su gabinete de cocina de emergencia. La atmósfera en la sala era de incredulidad. Moshe Dayan, el héroe de la guerra de los seis días y ministro de defensa, estaba escéptico.
“Marwan nos ha avisado dos veces antes y no pasó nada”, argumentó Dayan. Si movilizamos a 200,000 reservistas en Yom Kipur y resulta ser otra falsa alarma, la economía colapsará y quedaremos como tontos ante el mundo. Pero el jefe del Estado Mayor, David dado el azar, no estaba dispuesto a arriesgarse. Si atacan y no estamos listos, será el fin del tercer templo, dijo.
Refiriéndose a la destrucción de Israel. Goldamir tuvo que tomar la decisión más difícil de su vida. Miró a sus generales. Movilizad a los reservistas, pero no haremos un ataque preventivo. Esta decisión fue crucial. En 1967, Israel había ganado la guerra atacando primero a los aviones egipcios en tierra.
Pero en 1973, Golda sabía que si Israel disparaba primero, Estados Unidos, liderado por Nixon y Kissinger, no los apoyaría. Necesitaban ser las víctimas para recibir ayuda americana. La orden de movilización salió a las 10:0 de la mañana. Los mensajeros del ejército corrieron a las sinagogas. Entraron envueltos en sus chales de oración, susurrando nombres al oído de los hombres.
Uri, tienes que irte. David a la base. En silencio. Miles de hombres dejaron sus rezos, subieron a sus coches y condujeron hacia el frente. Israel se preparaba para un ataque al atardecer, alrededor de las 18 horas, tal como había dicho Marwan. Pero Marwan, o quienle dio la información había mentido en un detalle vital. 140 horas. 12 pm.
En el canal de Su alto. Los soldados israelíes en la línea Barlev, una cadena de fortificaciones supuestamente inexpugnable, miraban al otro lado del canal. Veían actividad, pero pensaban que tenían 4 horas más. Estaban relajados, algunos en pijama, jugando al Bacgamon. De repente, el cielo se rompió.
2,000 cañones egipcios abrieron fuego al unísono. 200 aviones egipcios cruzaron el canal volando bajo. En el norte, 800 tanques sirios se lanzaron contra los altos del Golán. La guerra no empezó al atardecer, empezó a plena luz del día. Esas 4 horas de diferencia fueron devastadoras. Las reservas israelíes todavía estaban en los autobuses a kilómetros del frente.
Los tanques en la línea del frente no tenían munición completa. Egipto cruzó el canal con una brillantez táctica que sorprendió al mundo. Usaron cañones de agua a alta presión para derribar los muros de arena israelíes. En pocas horas, la bandera egipcia ondeaba en el lado israelí. La línea Barlev había caído.
En Telviv el pánico era real. Moshe Dayan, el hombre de hierro, estaba destrozado. Se dice que murmuró sobre la caída del tercer templo. Se habló de preparar las armas nucleares de Israel, la opción de Sansón como último recurso. Sin embargo, a medida que pasaban las horas, la importancia del aviso de Marwan se hizo evidente. A pesar del error de la hora, el hecho de que Israel hubiera empezado a movilizarse 6 horas antes del ataque gracias a la reunión de Londres, fue la diferencia entre la derrota y la aniquilación. Los reservistas llegaron
al Golán justo a tiempo para frenar la marea de tanques sirios cuando estaban a punto de romper hacia el mar de Galilea. Si Marwan no hubiera hablado, los sirios habrían estado en Jaifa en 24 horas. Israel sobrevivió por los pelos. Tras dos semanas de combates brutales, lograron dar la vuelta a la guerra, cruzar el canal hacia África y rodear al tercer ejército egipcio.
La guerra terminó con un alto, el fuego impuesto por la ONU. Militarmente Israel ganó. Llegaron a 100 km de El Cairo, pero políticamente Egipto ganó. Sadad había demostrado que Israel no era invencible. había restaurado el honor árabe perdido en 1967 y eso le dio la fuerza política para hacerlo impensable, negociar la paz.
Y aquí es donde la figura de Ashraf Marwan se vuelve un caleidoscopio indescifrable. Después de la guerra, el Mossad hizo una autopsia del fallo de inteligencia. ¿Por qué fallaron? Porque confiaron ciegamente en el concepto que Marwan les había vendido. ¿Por qué Marwan dijo atardecer en lugar de las 1400? Teoría A. El espía fiel.
Marwan no sabía la hora exacta. Sadatad cambió la hora en el último momento para engañar a sus propios generales y Marwan simplemente transmitió lo que sabía. salvó a Israel al darles al menos unas horas de ventaja. Teoría B. El doble agente maestro. Todo fue parte del plan de Sadat. Sadat sabía que Marwan trabajaba para Israel.
Lo usó para alimentarles información falsa durante años. No atacaremos sin misiles. Y el día de la guerra, Sadat le ordenó a Marwan que avisara a Israel, pero demasiado tarde para un ataque preventivo y con la hora equivocada para maximizar la sorpresa táctica. ¿Por qué avisarles? Porque Sadad no quería destruir a Israel. Sabía que no podía.
Quería una guerra limitada para forzar a Estados Unidos a intervenir y negociar. Necesitaba que Israel sobreviviera, pero sangrando. El aviso de Marwan garantizó exactamente ese resultado, una guerra dura que terminó en empate técnico. Lo increíble es que después de la guerra, Marwan siguió siendo un héroe en ambos lados.
En Israel, Sbisamir lo defendió a capa y espada. Nos salvó. Sin él no estaríamos aquí. El Mossad le pagó un bono de $100,000 como agradecimiento. En Egipto, Angar el Sadatad lo condecoró. Marwan siguió siendo el secretario de la presidencia. Organizó el viaje histórico de Sadad a Jerusalén en 1977. Estuvo allí cuando se firmaron los acuerdos de Camp David.
Marwan se convirtió en un hombre inmensamente rico. Dejó el gobierno a finales de los 70 y se mudó a Londres permanentemente. Compró acciones del club de fútbol Chelsea. Era dueño del 3% de las empresas más grandes de Gran Bretaña. Se codeaba con magnates como Mohamed Alfayed y traficantes de armas internacionales.
Vivía en un apartamento de lujo en Cton House Terras. una de las calles más caras de Londres. Tenía el mundo a sus pies. Israel guardaba su secreto. Egipto guardaba su secreto o fingía no saberlo. Pero los secretos tienen fecha de caducidad. En los años 90 y 2000, una guerra de egos estalló en Israel. El exjefe de la inteligencia militar, Elira, el hombre que falló al predecir la guerra, quería limpiar su nombre.
empezó a filtrar a la prensa que la culpa no fue suya, sino del superespía que los engañó. Empezó a insinuar que el ángel era un dobleagente. Poco a poco los periodistas empezaron a atar cabos. En 2002, un historiador israelí afincado en Londres, Aaron Bregman, publicó un libro y en ese libro por primera vez puso nombre y apellido al espía más grande del siglo XX. El espía era Ashraf Marwan.
La bomba había estallado. Marwan, ya un anciano millonario en Londres, se vio de repente expuesto. Los periodistas acampaban en su puerta. La inteligencia egipcia, ahora bajo el mando de Josni Mubarak, quien también odiaba a Marwan por rivalidades antiguas, observaba. Marwan intentó mantener la calma. Se reunió con el historiador Bregman.
le dijo, “Has puesto una diana en mi espalda.” Pero extrañamente siguió viviendo en Londres. No huyó. Quizás pensó que era demasiado famoso, demasiado conectado para que lo tocaran. Se equivocaba. En el mundo del espionaje la traición no prescribe y la venganza es un plato que se sirve frío incluso 30 años después.
El 27 de junio de 2007, Ashraf Marwan tenía una reunión programada. Estaba nervioso. Le dijo a su esposa que alguien lo seguía. A las 130 horas estaba solo en su apartamento del quinto piso. Lo que sucedió en los siguientes minutos es un misterio que la Scotland Yard nunca pudo o quiso resolver.
Había sobrevivido a la ira de Náser, a la astucia de Sadad y a la paranoia del Mossad. Había jugado con fuego durante 40 años sin quemarse. Pero en el balcón de su casa, Ashraf Marwan estaba a punto de descubrir que la gravedad es la única ley que no se puede sobornar. Londres. 27 de junio de 2007. Carlton House Terras es una de las direcciones más exclusivas de Londres.
A un lado, el palacio de St James. Al otro el parque y la avenida de Mall, que lleva al palacio de Buckingham. Es un lugar donde reina el silencio, el dinero antiguo y la discreción absoluta. En el apartamento número 24, en el quinto piso, Ashraf Marwan estaba solo. Tenía 63 años. En las últimas semanas su paranoia había alcanzado niveles febriles.
Le había confesado a su esposa Mona, que estaba en el Cairo ese día, que temía por su vida. Había descubierto que sus memorias, tres cintas de cassete donde grababa su versión de la historia para un libro explosivo, habían desaparecido de su escritorio. Alguien había estado en su casa. A las 13:30, Marwan tenía una cita programada con dos socios de negocios.
Los hombres llegaron al edificio y esperaron en la calle. Llamaron al timbre, nadie contestó. Miraron hacia arriba, hacia el balcón del quinto piso. Vieron a Marwan asomarse brevemente. Les hizo un gesto con la mano indicando que esperaran. Parecía normal. vivo. Los socios se quedaron en la acera charlando.
Minutos después escucharon un grito desgarrador. No era un grito de alguien que salta voluntariamente, era el grito de alguien que ve venir la muerte. Tud. El cuerpo de Ashraf Marwan impactó contra el jardín de rosas privado del edificio. Murió al instante. La causa oficial, rotura de la horta traumática. La policía metropolitana de Londres, Scotland Yard, llegó y acordonó la zona.
Lo que encontraron y lo que no encontraron convertiría esta muerte en uno de los grandes misterios criminales del siglo XXI. Para empezar, Marwan cayó desde su balcón. Cayó desde el balcón de su vecino o desde una cornisa intermedia. Pero el detalle más escalofriante, el que los detectives llaman la pista de Cenicienta, fueron sus zapatos.
El cuerpo de Marwan estaba descalzo. Si alguien se suicida saltando desde un edificio, normalmente lleva los zapatos puestos o los deja ordenados cuidadosamente en el borde antes de saltar. Un ritual común. Los zapatos de Maruán no estaban en sus pies, no estaban en el balcón, no estaban en el jardín. Sus zapatos habían desaparecido.
La hipótesis de los expertos forenses es inquietante. Si dos hombres fuertes agarran a una persona que se resiste y la levantan para tirarla por la varandilla, es muy probable que en el forcejeo y el pataleo frenético de la víctima, los zapatos, mocacines sueltos salgan volando o se caigan dentro del apartamento.
que los zapatos no aparecieran. Sugiere que alguien limpió la escena del crimen y se los llevó por error o para no dejar huellas. Y hubo testigos. Cuatro personas que estaban en una oficina cercana en el tercer piso del edificio de enfrente dijeron a la policía que justo después de ver caer el cuerpo, miraron hacia el balcón.
Vieron a dos hombres con trajes oscuros y apariencia mediterránea, asomarse por la varandilla, mirar el cuerpo abajo y luego volver a entrar en el apartamento con calma. A pesar de esto, la investigación de Scotland Yard fue extrañamente chapucera, perdieron los zapatos, si es que los encontraron. No tomaron huellas dactilares en el balcón hasta días después, cuando la lluvia ya lo había lavado todo.
No interrogaron a fondo a los testigos de los hombres de traje. Y lo más importante, las cintas con las memorias de Marwan nunca aparecieron. El único objeto de valor que faltaba en la casaeran esas grabaciones. El veredicto del forense William Dolman, años después fue un clásico eufemismo británico, veredicto abierto.
No hay pruebas suficientes para decir que fue un suicidio y no hay pruebas suficientes para decir que fue un asesinato, concluyó el juez. Pero en el mundo del espionaje las coincidencias no existen. Ashraf Marwan fue el tercer egipcio vinculado a la política y la inteligencia que murió cayendo de un balcón en Londres en esa época.
Los otros fueron la actriz Soad Hosni y el jefe de la guardia republicana Alisy Nasf. En Londres, esa maniobra tiene un nombre siniestro, el método egipcio. ¿Quién lo mató? La teoría principal apunta a la inteligencia egipcia. Mukabarat. Odni Mubarak, el presidente de Egipto en 2007, estaba furioso porque el nombre de Marwan había salido a la luz en Israel como un traidor.
Egipto no podía permitirse que Marwan publicara sus memorias y confirmara que vendió secretos al Mossad. Sería una humillación nacional insoportable. Había que silenciarlo. La teoría secundaria apunta al Mossad. Algunos creen que Marwan se había convertido en un problema, o peor, que elementos radicales dentro de Israel querían castigarlo por el doble juego de 1973.
Sin embargo, esta teoría choca con la reacción de Svir. El exjefe del Mossad estaba devastado. Lloró públicamente la muerte de Marwan. era un héroe y nosotros, Israel, lo matamos al filtrar su nombre”, dijo Samir culpando a su rival Eliseira por exponerlo a la prensa. Lo que sucedió después de su muerte es aún más surrealista que su caída.
El cuerpo de Ashraf Marwan fue repatriado a Egipto. Si fuera un traidor, lo habrían enterrado en una tumba anónima o ignorado, pero no. El 1 de julio de 2007, el Cairo se paralizó para un funeral de estado. El ataúd, envuelto en la bandera egipcia, fue llevado a hombros por soldados de la guardia de honor. Miles de personas salieron a la calle gritando Allah Akbar! En primera fila del funeral estaba Gamal Mubarak, el hijo del presidente y heredero aparente.
Estaba el jefe de los servicios de inteligencia, Omar Suleimán. Estaban los generales más altos del ejército. El presidente Josni Mubarak emitió un comunicado oficial. Ashraf Marwan fue un verdadero patriota de Egipto. Realizó actos heroicos que no se pueden revelar todavía, pero que la historia recordará. Fue la jugada maestra final de la negación.
Al enterrarlo como un héroe, Egipto le dijo al mundo, “No nos importa lo que diga Israel. Él era nuestro. Él os engañó a vosotros, no a nosotros.” Mientras tanto, en Telviv, la comunidad de inteligencia también le rendía homenaje. Sbi Zamir y los veteranos del Mossad lo recordaban como el ángel, el hombre que salvó el tercer templo.
Escribieron obituarios alabando su valentía. Asraf Marwan logró lo imposible, ser el único espía en la historia de la humanidad que es considerado un héroe nacional simultáneo por dos países enemigos que se odian a muerte. ¿Cómo es posible? Es la belleza de la ambigüedad. Israel necesita creer que Marwan era su espía para justificar su éxito en 1973.
Egipto necesita creer que Marwan era un agente doble para ocultar su vergüenza de haber sido penetrados tan profundamente. Ambos lados mienten o ambos dicen la verdad. La realidad probablemente murió con él en ese pavimento de Londres. Ashraf Marwan vivió en una zona gris donde la lealtad se compraba con dólares y la información era la moneda de cambio.
Quizás no era leal a Israel, quizás no era leal a Egipto, quizás, como dijo una vez un analista de la CIA, Ashraf Marwan, solo era leal a Ashraf Marwan. Pero hay un epílogo inquietante. La esposa de Maruan, Mona Naser, sigue viva. Ella cree firmemente que el Mossad lo mató. Sin embargo, los amigos cercanos de Marwan en Londres dicen que en sus últimos días él sabía que venían a por él desde el Cairo. Un detalle final.
El día de su muerte, la cámara de seguridad CCTV, que apuntaba a la entrada de su edificio en Cton House, Terras, estaba misteriosamente apagada por mantenimiento. En una de las zonas más vigiladas de Londres, nadie grabó a los asesinos entrar ni salir. El ángel había caído del cielo, pero los demonios que lo empujaron se marcharon caminando tranquilamente, protegidos por la oscuridad del poder.
En el juego de espías hay tres formas de salir. En un intercambio en un puente, en una celda oscura o en una caja de pino. Marwan eligió la cuarta opción, convertirse en una leyenda que nadie puede descifrar. Ashraf Marwan está enterrado en el Cairo, pero su fantasma sigue rondando los pasillos del Mossad en Telabiv.
Casi dos décadas después de su muerte, la pregunta sigue sin respuesta definitiva. ¿De qué lado estaba realmente? Para entender al ángel tenemos que dejar de pensar en términos de blanco o negro, lealtad o traición. Tenemos que entrar en la psicología del narcisismo. Los perfiles psicológicos realizados porla CIA y el Mossad, años después de los hechos, pintan a Marwan no como un ideólogo, sino como un adicto al riesgo y al reconocimiento.
Era un hombre que se sentía intelectualmente superior a todos los que le rodeaban. Naser lo despreciaba, Sadat lo usaba. Los generales israelíes lo necesitaban. Al manipularlos a todos, Marwan recuperó el poder que sentía que le habían negado. Cada vez que pasaba un sobre con secretos en un café de Londres, no solo estaba ganando dinero, que le encantaba, estaba demostrando que era el titiritero de Oriente Medio.
Pero analicemos las pruebas frías sobre la teoría de la gente doble. Los defensores de la teoría de que Marwan engañó a Israel, liderados por el general Eliseira, señalan tres hechos condenatorios: la supervivencia milagrosa. Marwan entregó secretos nucleares y militares durante años. Es estadísticamente improbable que la contrainteligencia egipcia no lo detectara a menos que quisieran que lo hiciera.
El aviso tardío si realmente quería salvar a Israel. ¿Por qué esperó hasta la noche anterior para avisar de la guerra del Yom Kipur cuando los planes egipcios estaban listos desde hacía semanas? Ese retraso garantizó que Israel no pudiera lanzar un ataque preventivo. La riqueza inexplicable. Marwan murió siendo multimillonario. El dinero del Mossad era mucho, pero no tanto.
Se sospecha que Sadad le permitía enriquecerse con el tráfico de armas como pago por sus servicios secretos. Por otro lado, los defensores de que Marwan fue el mejor espía de Israel, liderados por Svamir, tienen un argumento imbatible, la calidad de la información. Un agente doble da caramelos, información buena, pero no vital, mezclados con veneno.
Marwan dio oro puro. Entregó los planos completos de la defensa aérea egipcia. Si Egipto hubiera querido engañar a Israel, no habría entregado los mapas exactos de sus bases de misiles. Eso es suicida, el resultado de la guerra. Gracias a Maruan, Israel ganó. Si no hubiera avisado, Siria habría tomado el norte de Israel.
Ningún líder árabe, Sadad, arriesgaría una derrota total solo para jugar un juego de espías. Quizás la verdad sea una tercera opción más cínica. Maruan empezó como espía de Israel por dinero y venganza contra Nascer. Cuando Sadat subió al poder, Marwán le confesó, o Sadat lo descubrió, que tenía contacto con los israelíes. En lugar de ejecutarlo, Sadat, un genio maquiabélico, decidió usar ese canal.
le permitió seguir pasando información real para ganar la confianza ciega del Mossat, guardándose la carta del engaño para el día D de 1973. Si esto es cierto, Ashraf Marwan logró la hazaña de ser leal a ambos y traidor a ambos al mismo tiempo. Hoy su historia ha sido inmortalizada en libros y en la película de Netflix, The Angel, pero incluso la ficción se queda corta ante la realidad.
El legado de Maruan es una advertencia sobre la inteligencia humana. El Mossad cayó en lo que se llama la trampa de la miel de la información. Estaban tan enamorados de su fuente estelar que dejaron de verificar los datos. Mark J Wan se convirtió en su oráculo y cuando confías en un oráculo dejas de pensar por ti mismo. Para Egipto el legado es el orgullo herido.
En los cafés de El Cairo, la gente prefiere creer la versión oficial del héroe. Admitir que el yerno de Náser vendió al país es admitir que la corrupción estaba en el corazón mismo de la revolución. Y para la familia Marwan el legado es el dolor. Su esposa Mona vivió con un hombre que no conocía. Sus hijos crecieron entre secretos y su muerte en Londres sigue siendo un caso abierto, un recordatorio de que en este juego nadie se jubila realmente.
La última imagen que tenemos de él es la de un hombre solo en un balcón mirando el cielo gris de Londres, sabiendo que los fantasmas del pasado finalmente habían subido por las escaleras para cobrar la deuda. Ashraf Marwan no fue un ángel. Fue un hombre que caminó entre las gotas de lluvia de la historia sin mojarse hasta que resbaló.
La verdad es un espejo roto. Cada uno recoge el pedazo que le conviene y se corta con él. Gracias por mirar en el espejo con nosotros. Si quieres más historias donde la realidad supera a la mejor ficción, suscríbete a la sombra de la historia. Comparte este vídeo para que el misterio del ángel siga volando.
Hasta la próxima misión.















