Así Fue la Trágica Y Legendaria Vida de Pancho Villa, el ícono de la Revolución Mexicana

31 cosas trágicas y curiosidades sobre Pancho Villa, el ícono de la Revolución Mexicana. Uno de los máximos íconos mexicanos fue un hombre rudo que odiaba el alcohol y disfrutaba, como un chiquillo, de una malteada de fresa. Mujeriego como pocos, tuvo tantas esposas que siete se llamaban María y tres tenían por nombre Guadalupe. Sembró los pueblos y haciendas mexicanas con decenas de hijos. Compensó su falta de educación con una astucia elemental y una osadía en el combate que lo convirtieron en uno de los principales comandantes de la Revolución Mexicana. Fue una especie de Robin Hood mexicano que disfrutaba cuando veía los mercados populares repletos de carne de las reses que confiscaba a los hacendados adversarios, mientras la gente compraba con los billetes que él mismo imprimía, al margen de preocupaciones de inflación y de política monetaria. Murió acribillado a balazos en el año de 1923, a los 45 años, en Hidalgo del Parral, convirtiéndose en una leyenda. Vamos a repasar la vida del mítico Pancho Villa en 31 cosas trágicas y curiosas que marcaron su existencia.

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Número 1: Su verdadero nombre no era Francisco Villa. El icónico personaje de la Revolución Mexicana nació como José Doroteo Arango Arámbula en San Juan del Río, Durango, el 5 de junio de 1878. Un hombre que nunca usó su nombre real después de adoptar su seudónimo de Francisco Villa, y su más familiar, Pancho Villa. Se sabe poco de su vida temprana; su padre fue un parcero llamado Agustín Arango y su madre era una humilde mujer de nombre Micaela Arámbula. Ya adulto, mató a un hombre y escapó, uniéndose a una pandilla de bandidos liderada por un bandolero llamado Francisco Villa. El líder de la banda cayó herido y designó como sustituto a Arango, que fue persuadido por sus demás compañeros para que utilizara el mismo nombre de Francisco Villa.

Número 2: Era semi analfabeto. El llamado Centauro del Norte gozó de gran popularidad, especialmente entre los desposeídos del norte de México, por su actitud tipo Robin Hood de quitar a los ricos para dar a los pobres. Sin embargo, Villa no recibió jamás ningún tipo de formación y en una ocasión dijo: “No he ido ni un solo día de mi vida a la escuela”. Se cree que aprendió algo de lectura durante una estadía en la cárcel. Entre 1894 y 1910 hizo vida de bandolero después de matar a Agustín López, un hijo del hacendado Laureano López Negrete, que había violado a su hermana mayor. La infancia y la juventud de Villa murieron muy lejos de la escuela.

Número 3: Cometió su primer delito a los 14 años. Lo más parecido a una educación que recibió Villa fue su asistencia a una escuela informal de una iglesia, donde recibió unos rudimentos alfabéticos. Tras la muerte de su padre, trabajó como parcero, carnicero, arriero y obrero de la construcción. Cometió su primer delito registrado a los 14 años; tras perder en un juego de cartas, molesto por la derrota, robó las monturas de los otros jugadores como venganza y las vendió. Poco después se arrepintió de su acción y recompró los animales, devolviéndolos a los dueños y evitándose posibles represalias.

Número 4: Fue un torero aficionado. México es el país latinoamericano con mayor afición por la fiesta brava, llevada a América por los españoles, y Pancho Villa fue uno de sus grandes amantes. Villa sentía una particular debilidad por el mundo de los toros, y aunque nunca toreó de manera formal, le gustaba tomar el capote y enfrentar a una que otra vaquilla o un ovillo. En más de una ocasión, su falta de pericia le provocó un buen susto, pero él lo disfrutaba como un deporte de aventura que, además, aumentaba su prestigio de hombre valiente frente a la tropa.

Número 5: No fue más violento que otros militares de su tiempo. Haciendo honor a su apellido adoptivo, Villa ha pasado a la historia como un gran villano para muchas personas, un juicio en el que se mezcla su innegable conducta violenta y su actitud de mujeriego empedernido. Sin embargo, aunque no pueda considerarse un modelo a seguir, algunos historiadores creen que la posición de presentarlo solo como un criminal sediento de sangre es inexacta. Villa era igual de violento en batalla y en la ejecución de sus venganzas que otros generales revolucionarios de su tiempo, como Venustiano Carranza y Álvaro Obregón, quienes, sin embargo, no quedaron marcados por el desprestigio.

Número 6: El FBI intentó envenenarlo. Tras la osadía y la violencia exhibida durante el ataque a Columbus en marzo de 1916, Villa se convirtió en el hombre más buscado por parte del gobierno estadounidense. En el verano de 1916, la oficina de investigación de Estados Unidos, antecesora del Buró Federal de Investigaciones, urdió un plan para capturar a Villa. Aprovechando que el guerrillero simpatizaba con los japoneses y de hecho tenía al nipón Gemmichi Tatematsu como uno de sus sirvientes, dos hombres de esa nacionalidad, mucho y otro de apellido Fusita y nombre desconocido, se alistaron en el ejército villista para envenenar al mexicano. Los japoneses le dieron el veneno a Villa en un café, y el mexicano dio a beber la mitad a uno de sus asistentes.

Número 7: Odiaba el alcohol. Villa consideraba que todo lo relacionado con el alcohol tenía connotaciones negativas y responsabilizaba a las bebidas alcohólicas de la mayoría de las desgracias. Siendo gobernador de Chihuahua, implantó la ley seca en el ejército, entre los contentos de la tropa gran bebedora de pulque y tequila. Para ayudarse a pasar las duras campañas militares y el frío norteño, se tomó tan en serio su misión anti alcohólica que amenazó con fusilar a los bebedores y llegó a matar a fabricantes de alcohol y a destruir cantinas. La bebida favorita de Villa era la malteada de fresa, y a veces cruzaba la frontera solo por el placer de beber una en Texas.

Número 8: Se sentó en la silla. El 6 de diciembre de 1914 llegaron a Ciudad de México la División del Norte, al mando de Pancho Villa, y la División del Sur, comandada por Emiliano Zapata. En el centro de Ciudad de México, los dos comandantes militares fueron recibidos por el presidente interino Eulalio Gutiérrez y por Eufemio Zapata, hermano del Caudillo del Sur. Eufemio le recomendó a su hermano que, cuando llegara al Palacio Nacional, por nada del mundo se sentara en la silla presidencial, ya que estaba el Caudillo del Sur. Le comentó el asunto al Centauro del Norte, y Villa, haciéndose caso omiso de la superstición, se sentó en la primera silla nacional, un momento que fue inmortalizado en una foto por el fotógrafo Agustín Víctor Casasola.

Número 9: Se distinguió por su astucia y audacia. A pesar de no haber recibido una educación formal, ni civil ni militar, Villa era astuto, audaz y sabía organizar sus tropas. En 1910, se unió al movimiento de Francisco Madero, cuando solo era una especie de bandido social que intentaba combatir las históricas injusticias en las haciendas mexicanas, robando a los ricos y regalando a los pobres. Ya en plena lucha revolucionaria, Villa engañó a las tropas gubernamentales del General Juan Navarro en El Tecolote, al colocar sombreros a una serie de estacas para simular una tropa más numerosa de la que tenía.

Número 10: Participó en la toma de Ciudad Juárez. La Revolución Mexicana comenzó como un proceso muy voluntarista, pero con unos mandos superiores no siempre obedecidos de forma disciplinada por todos los comandantes revolucionarios. Entre el 8 y el 10 de mayo se llevó a cabo la toma de Ciudad Juárez, en Chihuahua, un evento que sería decisivo para la revolución, pero que fue realizado por Pascual Orozco, Pancho Villa y Pepino Garibaldi, destacando una orden de Francisco Madero. Madero consideraba que Ciudad Juárez no era un objetivo estratégico para la revolución, por lo que no pensaba atacarla. Tras la victoria revolucionaria, Villa intentó fusilar a Juan Navarro, el general derrotado, desobedeciendo también una orden de Madero.

Número 11: Estuvo a punto de ser fusilado por Victoriano Huerta. Después de la toma de Ciudad Juárez, Villa se incorporó a la División del Norte Federal, que comandaba Victoriano Huerta, participando en varias batallas bajo el mando del futuro traidor de Madero. Huerta recelaba del talento militar de Villa, a pesar de que no era un oficial de carrera, y además le molestaba la actitud de independencia del chihuahuense, no muy dado a obedecer órdenes. Huerta resolvió juzgar a Villa por insubordinación y por el supuesto robo de una yegua, condenándolo al paredón de fusilamiento. Madero salvó a Villa de la muerte, comisionando a su hermano Raúl Madero para que se lo llevara a Ciudad de México a cumplir una pena sustitutiva de cárcel.

Número 12: Se fugó de la prisión y se unió al movimiento constitucionalista. A finales de 1912, Villa se fugó de su cárcel mejiqueña con la ayuda del escribiente Carlos Jáuregui. Se dirigió a Guadalajara y Manzanillo, y tras varias jornadas logró llegar al Paso, Texas. Tras la semana trágica que culminó con el asesinato de Francisco y Gustavo Madero y la toma del poder por Victoriano Huerta, Villa se sumó al movimiento constitucionalista encabezado por el gobernador de Coahuila, Venustiano Carranza, que sería la segunda fase de la Revolución Mexicana.

Número 13: Imprimió sus propios billetes. Villa cruzó la frontera en dirección a México y se internó en Chihuahua con solo 9 hombres. Tras organizar una tropa mayor, obtuvo victorias en Casas Grandes y Chihuahua, y fue designado general de la célebre División del Norte del ejército constitucionalista. Con su victoria en Ojinaga en enero de 1914, pasó a controlar todo el noroeste de Chihuahua y fue designado gobernador provisional del estado, mandando a imprimir su propio dinero fiduciario.

Número 14: Inundó los mercados de carne con las reses apropiadas a los hacendados. Como gobernador de Chihuahua, Villa embargó tiendas y confiscó rebaños y cosechas a los hacendados enemigos. Inundó los mercados populares de carne, frijoles y maíz a precios bajos. La gente compraba con los billetes impresos por el mismo Villa, llamados popularmente “las sábanas” y “las dos caritas”. Expulsó a muchos miembros de la colonia española, acusándolos de ser partidarios de Huerta, y fundó unas 50 escuelas, asistiendo él mismo ocasionalmente a una de ellas para avanzar en el aprendizaje de la lectura y la escritura.

Número 15: Carranza lo despreciaba por su fama de bandolero. Desobedeciendo las órdenes de Carranza, en junio de 1914, Villa movilizó la División del Norte y obtuvo una decisiva victoria sobre el ejército huertista en la batalla de Zacatecas, que abrió el camino de las fuerzas revolucionarias hacia Ciudad de México. Los enfrentados mandos revolucionarios llegaron a un acuerdo en Torreón, en el que Carranza seguiría al frente del movimiento constitucionalista y Villa recibiría el grado de General de División. Sin embargo, Carranza despreciaba al Centauro del Norte por su reputación de bandolero y nunca le otorgó a la División del Norte el rango de ejército, tal como aspiraba Villa.

Número 16: Ordenó fusilar a Álvaro Obregón. Obregón ocupó Ciudad de México en agosto de 1914, después de que el ejército federal que respaldaba a Huerta fue disuelto. Según los tratados de Teoloyucan, Obregón inició entonces un doble juego con Villa, que estuvo a punto de costarle la vida. Cuando simulaba buscar un acuerdo con él, mientras se preparaba para atacarlo, Villa se dio cuenta de la maniobra y mandó a fusilar a Obregón, que fue salvado por la intervención de Raúl Madero y Francisco Serrano. Villa aceptó que Obregón se trasladara a Chihuahua, pero después recibió una orden de Carranza de perseguirlo, lo que motivó la ruptura entre los dos líderes revolucionarios.

Número 17: Lloró desconsoladamente en la tumba de Madero. Carranza convocó una convención de jefes revolucionarios en Ciudad de México, a cuyas primeras deliberaciones no acudieron ni Villa ni Zapata. Hasta que fue trasladada a Aguascalientes, la convención de Aguascalientes no alcanzó el objetivo de Carranza de reunificar los mandos revolucionarios. Villa y Zapata forjaron una alianza a través del pacto de Xochimilco y entraron juntos a Ciudad de México en diciembre del año 1914. Durante su estadía en la capital de México, Villa visitó la tumba de Madero y lloró desconsoladamente.

Número 18: Fue derrotado por Obregón en Celaya. Carranza rechazó plegarse al acuerdo de Villa y Zapata y huyó a Veracruz para preparar una contraofensiva, contando con el apoyo de Obregón. Entre el 6 y el 15 de abril de 1915, Villa y Obregón se enfrentaron en Celaya, con victoria para el aliado de Carranza. La temible caballería de Villa no pudo hacer nada contra el ejército carrancista de artillería y ametralladoras. Además, el ejército villista fue engañado con un lote de municiones dañadas y, además, el terreno no era propicio para las cargas de caballería. Un derrotado Villa tuvo que retirarse a León, Guanajuato.

Número 19: Encadenó varias derrotas hasta llegar a Chihuahua. Después de Celaya, Villa fue derrotado por Plutarco Elías Calles y Jacinto Treviño en otros enfrentamientos y comenzó una peregrinación para escapar de sus enemigos. Acompañado por un puñado de jefes leales, rechazó asilarse en Estados Unidos, Europa y Japón. Sufrió nuevas derrotas a manos de Obregón y otros comandantes carrancistas hasta que pudo llegar al norte de México. Fue derrotado en Sonora y se replegó a Chihuahua, comenzando sus planes para vengarse de Estados Unidos.

Número 20: Ardía en deseos de venganza contra Estados Unidos. Villa tenía varias cuentas pendientes que quería cobrar a Estados Unidos, que apoyaba a Venustiano Carranza en su contra. En Celaya, había combatido con un lote de municiones defectuosas vendidas por un emisario del gobierno estadounidense, y la artillería y las ametralladoras proporcionadas a Obregón fueron decisivas en la derrota villista. Para colmo, cuando sus fuerzas atacaron sorpresivamente por la noche en Aguapireta, Sonora, el campo se iluminó con unos potentes faros alimentados con electricidad estadounidense, y fue derrotado.

Número 21: Ha sido la única persona que ha invadido a Estados Unidos. En un evento conocido como la batalla de Columbus, en la madrugada del 9 de marzo de 1916, Villa atacó el pueblo de Columbus, Nuevo México, con una fuerza de 589 hombres. Iba expoliado por capturar al comerciante Samuel Ravel, que le había vendido el lote de municiones dañadas. Ravel se encontraba en El Paso, viéndose una muela que le dolía, pero un hermano suyo fue fusilado por Villa en el enfrentamiento de Columbus. Murieron 57 estadounidenses, 37 militares y 20 civiles, y Villa robó 300 fusiles, 80 caballos y 30 mulas. Los villistas arrasaron parte del pueblo y retornaron a México sin más novedades.

Número 22: Su ataque a Estados Unidos movilizó 10,000 soldados. El osado ataque de Villa en territorio estadounidense condujo a la llamada expedición punitiva, ordenada por el presidente Woodrow Wilson. Una fuerza de 10,000 soldados, al mando del General John Black Jackson, se adentró 600 kilómetros en territorio mexicano en busca de Villa, en una de las más grandes cacerías de un solo hombre que recuerda la historia. Sin embargo, Villa desapareció en Chihuahua y el ejército de Estados Unidos fracasó en su expedición.

Número 23: El asesinato de Carranza lo dejó sin motivo para guerrear. Tras la fallida búsqueda estadounidense, Villa retornó poco a poco a su actividad guerrillera, aunque tenía dificultades para comprar armas. Venustiano Carranza fue acribillado a balazos mientras dormía en Calantongo, Puebla, el 21 de mayo de 1920. Muerto su último gran enemigo, Villa se quedó repentinamente sin motivos para luchar. Adolfo de la Huerta asumió como presidente interino y promovió un proceso de paz con el que Villa depuso las armas.

Número 24: Llevó una vida pacífica hasta su asesinato. En su acuerdo de deposición de las armas, Villa recibió en propiedad la hacienda de Canutillo, en las afueras de Hidalgo del Parral, con una superficie de más de 10,000 hectáreas. Con él se instalaron en la hacienda 200 guerrilleros de última milicia, todos beneficiados con pensiones de guerra del gobierno. En sus últimos años de vida, Villa se dedicó a sembrar cereales y a promover la construcción de escuelas.

Número 25: Firmó un contrato con Hollywood. Al final de su vida, a Villa le encantaba hacerse acompañar por personas de los periódicos e intelectuales. El escritor Martín Luis Guzmán, uno de los pioneros de la novela mexicana de la época de la revolución, fue su secretario durante un tiempo. Villa también entendió el potencial que tenía en sus aventuras para la naciente industria del cine y firmó un contrato con Hollywood. Sus hombres recibieron unos nuevos y vistosos uniformes para las actuaciones. Sin embargo, la película que acordó filmar sobre su vida finalmente no se realizó porque Álvaro Obregón lo impidió.

Número 26: Las últimas palabras que escuchó fueron “Viva Villa”. El 20 de julio de 1923, día de su muerte, Villa se trasladó de su hacienda a Parral en su automóvil Ford 1919 para realizar trámites bancarios y otras diligencias, algo que hacía a menudo. Cuando circulaba por la ciudad rumbo a su hacienda, un vendedor de semillas que estaba frente a una escuela se acercó al automóvil gritando “Viva Villa”, era la señal que esperaba el comando asesino para entrar en acción.

Número 27: Recibió el impacto de 9 balas dum dum. Se cree que Villa fue asesinado por órdenes de Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles. Después de pacificarse, Villa había afirmado que, de todas formas, seguía siendo el único mexicano capaz de levantar un ejército de 40,000 hombres en media hora, y probablemente no mentía. Villa constituía una amenaza para Obregón y Calles, y esa fue seguramente la causa de su muerte. El comando de siete fusileros que lo mató disparó más de 40 proyectiles contra el automóvil, y Villa fue impactado en la cabeza y otras partes del cuerpo por nueve balas dum dum. El automóvil en el que murió Villa exhibe actualmente en el Museo Histórico de la Revolución Mexicana de Chihuahua.

Número 28: Su cabeza sigue desaparecida. Tras ser asesinado en Parral en 1923, Villa fue enterrado en el cementerio de la localidad chihuahuense. Casi tres años después, en 1926, su tumba fue profanada y la cabeza del cadáver desapareció. Se afirma que la cabeza de Villa fue robada por un grupo liderado por el General Francisco Durazo Ruiz, supuestamente para entregarla al magnate estadounidense William Randolph, quien habría pagado 5,000 dólares por el macabro trofeo. A finales de los años 1920, circuló la versión de que el circo estadounidense Ringling Brothers exhibía la cabeza de Villa, cobrando un cuarto de dólar por echarle un vistazo.

Número 29: Tuvo al menos 26 hijos. El propio Villa reconoció que tuvo 26 hijos y en algún momento aseguró que se encargaría de todos, proporcionándoles la educación y las oportunidades que él no había tenido. Algunos historiadores señalan que envió algunos de sus hijos a estudiar en Estados Unidos para darles la mejor instrucción al alcance. En ese momento, se afirma que, estando en Ciudad de México, adoptó a 300 niños huérfanos que vivían en las calles y los llevó a Chihuahua, donde les dio casa y sustento, y los puso a aprender diferentes oficios como mecánica, electricidad, carpintería y hojalatería.

Número 30: Tuvo 75 esposas. Pancho Villa tuvo tantas esposas que siete se llamaban María y tres Guadalupe. Se desconoce con exactitud cuántas esposas tuvo el célebre combatiente, pero se afirma que se casó legalmente con 75. Después de su asesinato, pocas mujeres reclamaron haber sido sus legítimas cónyuges. Tuvo sus 26 hijos con 20 de sus mujeres, casi siempre uno o máximo dos con cada esposa. Al parecer, con ninguna estuvo suficiente tiempo para embarazarla tres veces. Incluso tuvo gemelos con Esther Cardona, que murieron recién nacidos. En 1946, el Congreso mexicano dictaminó que su legítima esposa había sido Soledad Saeña, con quien Villa se casó en 1919 en Valle de Allende, Chihuahua, el primero de mayo de 1919.

Número 31: Nunca se preocupó por los engorrosos trámites de divorcio. En lo último que pensaba Pancho Villa cuando quería casarse era en divorciarse de sus esposas previas. Y así fue acumulando mujeres. Su último hijo vivo, Ernesto Nava, murió en 2009 a los 94 años de edad en Castro Valley, California, después de haber aparecido en varios festivales en el norte de México, disfrutando de su condición de celebridad. A Villa también se le atribuyen algunas violaciones, pero no se sabe si fueron reales o si se trató de inventos para aumentar su fama de persona malvada.

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