Así fue la MUY EXTRAÑA VIDA de Rodolfo Fierro, el carnicero de Pancho Villa

Así fue la MUY EXTRAÑA VIDA de Rodolfo Fierro, el carnicero de Pancho Villa

31 cosas escalofriantes de Rodolfo Fierro, el carnicero de Pancho Villa. Se afirma que Rodolfo Fierro era tan cruel y sanguinario que a su lado su jefe, Pancho Villa, parecía un hombre tolerante. La infancia y vida temprana de Fierro no invitaban al optimismo sobre su futuro. Padeció el infortunio de ser abandonado siendo un bebé por sus padres biológicos y, a pesar de que fue criado buenamente por una familia que le dio su apellido, estos traumas a menudo marcan negativamente a las personas para siempre. Sin embargo, todo parecía que iría bien para él a los 20 y tantos años, cuando se casó con una joven de buena familia y tuvo una hija. Su vida se desplomó cuando, en menos de cuatro meses, su esposa y su hija murieron, y Fierro cayó en el desespero y el alcoholismo.

Cuando estalló la Revolución Mexicana, era un animal herido que o buscaba ahogar en sangre su resentimiento recién adquirido o quería desencadenar una impiedad innata con su incomparable audacia. Durante la Revolución Mexicana, Fierro realizó actos de valor de esos que solo se ven en las películas, pero cometió crímenes atroces que lo dejaron marcado como un símbolo de la brutalidad durante el periodo revolucionario.

¿De dónde salió Rodolfo Fierro? ¿Cómo entró a la temida División del Norte de Pancho Villa? ¿Cuál fue el acto de valor que realizó que hizo que el mismo Centauro del Norte se inclinara ante él? ¿Cuáles fueron las principales atrocidades que cometió? ¿Cómo fue su temeraria e increíble muerte? Conozcamos en este video todo sobre Rodolfo Fierro, ícono de la crueldad durante la Revolución Mexicana.

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Por qué decían que era raro: Las descripciones del General Fierro suelen destacar su rareza y brutalidad, y alguien lo calificó de “tipo rarísimo”. Era de piel morena, escaso, alto y corpulento, con una cara redonda de niño grande en la que sobresalían unos ojos claros que miraban con insolencia y con un intimidante toque eléctrico. El escritor Zacatecano Ramón Puente dijo que Fierro era un perro fiel, pero un perro injertado de lobo. Su feroz arrojo impresionó de tal manera a Pancho Villa durante la captura de un tren que se ganó un puesto de mando en la División del Norte. En esa ocasión, Fierro, un consumado jinete, alcanzó una locomotora al galope y la abordó, asesinando a los operadores, lo que permitió a los rebeldes masacrar a los soldados federales que iban en los vagones.

Masacró a un grupo de desertores de la División del Norte: Ya encumbrado como hombre de confianza de Pancho Villa, Fierro protagonizó los actos más bárbaros que consternaron a la población y a sus tropas, menos embrutecidas por la guerra. Entre estos hechos destaca la masacre que ordenó cometer contra centenares de desertores de la División del Norte que fueron capturados y asesinados. Según informes, en esta matanza perecieron unos 300 soldados sin ser sometidos a juicio. Sus soldados agredían sexualmente a las mujeres durante sus incursiones en pueblos y ciudades y era conocido por sus ataques de ira que le granjearon muchos enemigos entre la oficialidad y la tropa revolucionaria.

Qué hizo Fierro con William Benton: Fierro es conocido también por el asesinato del terrateniente inglés William Benton, a quien el ejército de Pancho Villa le había confiscado sus tierras. Existen varias versiones sobre las circunstancias de la muerte del británico. Se afirma que el 17 de febrero de 1914, Benton irrumpió en la oficina de Villa en Ciudad Juárez para exigir la devolución de sus tierras, a lo que el jefe revolucionario se negó. El propio Villa sostuvo que, en medio de la discusión, el inglés intentó sacar una pistola de seis tiros, pero fue neutralizado por sus escoltas y sometido a un consejo de guerra que lo declaró culpable de asesinato, siendo ejecutado y enterrado.

Fue abandonado por sus padres biológicos: Si bien se desconoce la fecha de nacimiento de Rodolfo Fierro, su acta de defunción dice que cuando murió en 1915 tenía 30 años, lo que ha llevado a suponer que nació en 1885. De lo que sí existe certeza es sobre su lugar de nacimiento en la localidad de Charay, el municipio El Fuerte del estado de Sinaloa. Su padre, de nombre Víctor Félix, y su madre, una humilde mujer llamada Rosa López Castro, trabajaba como criada en la casa de Gumercindo Fierro y su esposa Venancia. El niño fue abandonado recién nacido, y la familia Fierro se encargó de su crianza. Creció sin grandes carencias materiales en el seno de su familia adoptiva e incluso se dice que era el más mimado de los siete hijos de la familia. Fierro fue a la escuela primaria, donde destacó en matemáticas, y años más tarde su padre adoptivo le regaló su primer caballo, al que llamó Pinto.

En Sonora se aficionó al whisky: Los juegos de baraja, las peleas de gallos y las carreras de caballos. En el teatro escolar, Fierro interpretó a Benito Juárez y dirigió el pelotón de fusilamiento que ejecutó al emperador Maximiliano de Habsburgo en el Cerro de las Campanas de Querétaro. Se afirma que en ese tiempo le decían a menudo la frase “cuando seas general”.

En 1900, cuando Rodolfo tenía unos 15 años, murió su padre adoptivo, Gumercindo Fierro. Dos años después, el adolescente viajó a Cananea, Sonora, en busca de empleo. Se aficionó a los juegos de naipes, las riñas de gallos, el baile y las carreras de caballos.

Se trasladó a Hermosillo e ingresó en la Guardia Rural: Hacia 1905, Fierro se movió 300 km al sur, instalándose en Hermosillo, la capital de Sonora, donde había mejores perspectivas para un joven. En torno a los 20 años, en Hermosillo se enroló en el cuerpo de Rurales, la policía federal montada de México. En el cuerpo, al mando de Luis Medina Barrón, Fierro sobresalió por su astucia, valor y destrezas como jinete, cumpliendo satisfactoriamente todas las misiones asignadas.

En 1905, el vicepresidente de México, Ramón Corral, nativo de Sonora, viajó a Hermosillo. Siendo organizado en el Palacio de Gobierno un baile que marcaría la vida de Fierro.

Comenzó un matrimonio feliz: En 1906, en el baile en honor al vicepresidente, Fierro conoció a Luis Dessens Peralta, hija del acomodado sonorense Don Pedro Dessens. Un guardia raso no pintaba nada para convertirse en pretendiente de una chica de familia, y Don José María Paredes volvió a intervenir como valedor de Fierro, rogándoles a sus superiores en la Guardia Rural que ascendieran al joven a teniente. Con su nuevo grado, Fierro se sintió en posibilidades de cortejar a Luz, y el 22 de noviembre de 1906, la pareja se casó. Con el respaldo económico de la familia de su esposa, Fierro abandonó la Guardia Rural, y el 28 de agosto de 1907 nació María de la Luz Agustín, su primera hija. La niña recibió como tercer nombre de pila el de su abuelo, debido al día de San Agustín, el 28 de agosto.

La muerte de su esposa y de su hija lo dejaron devastado: El mundo se desplomó para Rodolfo Fierro el 18 de diciembre de 1907, menos de cuatro meses después del nacimiento de su hija, cuando su esposa Luz murió por complicaciones de salud que eran frecuentes en los partos y postpartos de la época. Fierro no había terminado de llorar a su esposa cuando el infortunio se abatió nuevamente sobre él, esta vez con la muerte de su pequeña hija el 19 de octubre de 1908. La muerte de su hija enloqueció a Fierro, quien la lloraba constantemente mientras intentaba disipar su pena bebiendo whisky en grandes cantidades.

En medio del dolor de las pérdidas, Fierro entró a trabajar en el Ferrocarril del Pacífico Sur: Primero como guardafrenos y después como maquinista.

Trasladó a Pancho Villa a Ciudad de México sin conocerlo: En 1912, celoso por la habilidad militar y la independencia de Villa, Victoriano Huerta lo acusó del robo de una yegua y lo sometió a un proceso que terminó con una decisión de fusilamiento. Escandalizado con la medida de Huerta, Madero intervino y se llegó a la solución de compromiso de enviar a Villa a Ciudad de México a pasar una temporada encarcelado en la penitenciaría de Lecumberri. Villa viajó a Ciudad de México como reo el 4 de junio de 1912, y el maquinista de la locomotora del tren que lo condujo era Rodolfo Fierro, quien en ese momento no conocía al feroz líder al que serviría con mayor ferocidad.

Cimentó su fama en noviembre de 1913: En la batalla de Tierra Blanca, Fierro abandonó su cargo de maquinista de ferrocarril y se sumó a la Revolución Mexicana en septiembre de 1913, siendo adscrito a la fuerza del General mestizo taraumara Tomás Urbina. Dentro de la División del Norte, comenzó como pagador, pero pronto participó en sus primeros hechos de armas, destacándose por su intrepidez en una unidad a la que le asignaban las tareas más arriesgadas.

Fierro cimentó su fama el 23 de noviembre de 1913: En la batalla de Tierra Blanca, que enfrentó a 5500 soldados de la División del Norte contra 7000 federales. Antes del inicio de la batalla, fue enviado al sur a destruir las vías del ferrocarril para obligar al ejército federal a detenerse.

Realizó una acción de película en la batalla de Tierra Blanca: La actuación de Fierro obligó a las fuerzas federales a detenerse, y entonces los rebeldes lanzaron una locomotora llena de dinamita con cápsulas fulminantes contra el tren enemigo estático. Con el choque se produjo una explosión que mató a un número no especificado de federales, mientras que los supervivientes escapaban hacia los vagones no destruidos por la detonación. Los maquinistas pusieron en marcha una locomotora para escapar, y Fierro cabalgó hacia el tren. Lo alcanzó, subió al techo, corrió por encima de los vagones y mató al calderero y al conductor, haciendo detener la máquina por completo. Los soldados federales supervivientes fueron ejecutados en el lugar, y Villa conquistó en la batalla cuatro locomotoras, siete ametralladoras, un lote de rifles y armas pequeñas con 400,000 cartuchos de munición y decenas de caballos. Murieron cerca de 1000 soldados federales y unos 300 villistas.

La captura de los 300 soldados de Pascual Orozco: La acción de Tierra Blanca hizo de Fierro una figura en la División del Norte, en la que alcanzó el grado de General, mientras se convertía en el carnicero, un verdugo de confianza al que Pancho Villa le encargaba las misiones sangrientas. El águila y la serpiente, novela de 1928 del escritor chihuahuense Martín Luis Guzmán, narra en la ficción los hechos posteriores a la captura de 300 soldados de Pascual Orozco, general revolucionario que después se alineó con el gobierno de Victoriano Huerta. Los tres centenares de soldados fueron llevados a un gran campo con una pared en uno de sus extremos, y a los prisioneros se les informó que quienes lograran llegar al muro y trepar, salvarían la vida.

El juego macabro de Fierro: Los prisioneros fueron divididos en grupos de 10, y Fierro se dispuso a disfrutar del macabro juego que había ideado para exterminarlos. Mientras los prisioneros corrían hacia la pared, el general villista les disparaba solo con pistolas que sus ayudantes le iban reponiendo, cargadas de manera que nunca se quedaría sin acción. Según la leyenda, solo se salvó un soldado orosquita gracias a que Fierro tuvo que dejar de disparar para masajear el dedo adolorido con el que apretaba el gatillo.

Asesinó a traición al general Benjamín L. Camacho: El propio escritor Martín Luis Guzmán reconoció que la historia que circulaba entre la tropa sobre el fin de los soldados de Orozco seguramente era exagerada, pero reflejaba la reputación de verdadero carnicero que tenía Fierro. Algunos de los vicios del General de Sinaloa disgustaban a Villa, pero no existen indicios de que el carnicero le fuera infiel en algún momento, y siempre se comportó como uno de sus hombres más leales. En noviembre de 1914, siguiendo órdenes de Villa, Fierro asesinó a traición de un balazo en la cabeza al general Benjamín L. Camacho cuando salía de una barbería.

El año 1915 no entró con buen pie para Fierro: En enero fue derrotado en Guadalajara junto con Calixto Contreras cuando combatía contra las fuerzas de Venustiano Carranza.

Se distinguió en la batalla de Celaya: Aunque quedó en el bando perdedor en la batalla de Celaya, peleada entre el 8 y el 15 de abril de 1915, Fierro demostró una vez más sus actitudes de gran guerrillero para acciones tácticas cuando logró interceptar en buena medida las líneas de comunicación del ejército constitucionalista de Álvaro Obregón. Sin embargo, la batalla terminó con la derrota de la División del Norte y 5800 villistas muertos, perdiendo Villa también un avión en Blot que fue derribado y gran cantidad de armas y municiones. En Celaya, el comandante constitucionalista Álvaro Obregón, que sería presidente de México entre 1920 y 1924, perdió su brazo derecho por una granada.

Villa estuvo a punto de fusilarlo: Por una acción en la batalla de León el 3 de junio de 1915 fue librada la batalla de León, en el estado de Guanajuato, en la que la División del Norte, comandada por Villa, Fierro y Felipe Ángeles, fue derrotada por el ejército constitucionalista al mando del General Álvaro Obregón, con Francisco Murguía, Benjamín Gile y Joaquín Amaro Domínguez como principales lugartenientes. Esta batalla se saldó con 26,000 muertos villistas y poco más de 10,000 constitucionalistas. Al verse derrotado, Villa huyó a Aguascalientes, abandonando gran cantidad de armas y municiones, y la pérdida fue decisiva para la derrota definitiva del constitucionalismo.

Durante la batalla de León, Fierro intentó temerariamente la toma del Cerro de la Cruz: Sin consultar a Villa, y la acción resultó en una masacre para la División del Norte. Colérico contra Fierro, Villa ordenó arrestarlo y poco faltó para que lo fusilara.

Fue readmitido en la decadente División del Norte: Las heridas sufridas durante la batalla de León salvaron a Fierro del pelotón de fusilamiento, siendo enviado a Chihuahua en calidad de prisionero. Cuando se recuperó de las heridas, la División del Norte estaba en decadencia, con una pésima situación en cuanto a moral, armamento, oficiales y dinero, y a Fierro no le costó mucho ser readmitido en sus filas.

Pancho Villa se había quedado sin opciones: Frente a Venustiano Carranza y Álvaro Obregón, y tuvo que mantenerse replegado en el norte del país, donde fue derrotado en Agua Prieta por Plutarco Elías Calles, lugar teniente de Obregón.

Fue un verdugo al servicio de Villa: Parece increíble que aquel hombre que había llorado desconsoladamente por la muerte de su esposa y su pequeña hija hubiera desarrollado en tan poco tiempo una disposición tan acentuada de verdugo. Fierro desempeñaba sin complejos la función de verdugo que le había encomendado Villa, como cuando mató al terrateniente inglés William Benton y asumió con una pasmosa naturalidad el rol de dar muerte a prisioneros indefensos.

Fue el verdugo de Tomás Urbina: Quien había sido su primer jefe en la División del Norte, un general que era temido por los constitucionalistas por la superstición de que siempre tenía la suerte de su lado para ganar las batallas.

La caída en desgracia de Tomás Urbina: En julio de 1915, el general villista mestizo Tomás Urbina, compadre y amigo cercano de Pancho Villa, fue acusado de traicionar a la División del Norte al haber recibido un soborno del general constitucionalista Pablo González y del secretario de guerra y marina del gobierno de Carranza, Jacinto B. Treviño, para rendirse en la batalla del Ébano, ganada por el constitucionalismo en mayo de 1915. El propio Villa, acompañado de Fierro y del General Pablo Seañez, se dirigió a la casa de Urbina para pedirle explicaciones. Al llegar, había una fiesta en la residencia de Urbina, y se desencadenó un tiroteo entre los escoltas, en el que Urbina recibió un balazo en un brazo.

Asesinó a Tomás Urbina a sangre fría: Villa no estaba totalmente seguro de que las acusaciones contra Urbina fueran ciertas, aunque contaba con indicios creíbles. Mientras debatía entre arrestarlo o fusilarlo de forma sumaria, consultó a Fierro, quien ratificó que el caso era de alta traición. Villa había permitido minutos antes que Urbina saliera en compañía de Martín López para curar la herida en el brazo y le ordenó a Fierro que fuera en su busca y lo ejecutara. Fierro alcanzó el automóvil de Urbina y le ordenó que saliera. Urbina intentó defenderse, pero Fierro lo asesinó de un disparo en la nuca y lo mandó a enterrar por allí mismo.

Antes del desayuno ya tenía que haber matado al menos a tres prisioneros: Se afirma que Fierro era capaz de matar al que osara contradecirlo, y varias fuentes lo ponen a encabezar el ranking de los personajes más despiadados y sanguinarios de la Revolución Mexicana. Otra leyenda en torno suyo señala que se hacía el firme propósito de haber matado al menos a tres prisioneros antes de desayunar, probablemente huevos rancheros con los chiles más picantes. Algunos estudiosos opinan que las muertes prematuras de su esposa y su hija le provocaron desórdenes mentales que lo convirtieron en un sistemático ejecutor de crímenes horrorosos y demenciales.

Su último acto fue de una gran temeridad: Las leyendas en torno a la vida de Fierro son muchas, algunas falsas y otras exageradas. Pero sin duda, uno de los mitos más populares entre los mexicanos es el relacionado con su muerte. La noche del 13 de octubre de 1915, el general villista se dirigía a Casas Grandes, para lo cual tenía que cruzar o rodear la Laguna de los Mormones, un cuerpo de agua de 5 m de profundidad. Lo más sensato, aunque llevara más tiempo, era rodear la laguna, pero Fierro decidió tentar al destino atravesándolo. Cruzó en un caballo que se hundió en el agua helada, pero el jinete pudo regresar a la orilla nadando, donde pidió otra montura para un nuevo intento

Cómo fue su muerte: Se cuenta que sus hombres le suplicaron a Fierro que no pusiera en riesgo su vida y desistiera de su propósito. Sin embargo, lo que Fierro menos tenía era paciencia, y desoyendo a sus oficiales, se lanzó de nuevo a la temeraria tarea de cruzar la laguna que ahora lleva su nombre. Se lo oyó gritar: “Si otros pudieron, ¿cómo no he de poder yo?” Y esas fueron sus últimas palabras. La leyenda y el relato de Rafael F. Muñoz, “Oro, caballo y hombre”, cuentan que Fierro se hundió junto con su caballo debido a la gran cantidad de oro que llevaba encima. Se presume que pudo haber quedado aturdido, lo que le impidió salir y terminó ahogado en el lodo del lecho de la laguna. La versión del oro es puesta en duda debido a que la División del Norte no pasaba por sus mejores momentos.