
🚨 MADONNA y su VERDAD OSCURA: SECRETOS PROHIBIDOS que la REINA del POP ocultó
Educada en el seno de una familia numerosa católica y sin madre, Madonna Louisa Ciccone, o Madonna a secas, siempre demostró tener un talento especial para la provocación. Ella no se ha adaptado a los cambios; ella los ha provocado. Rubia, morena, con crucifijos, medias de rejilla y corpiños en punta, no ha habido mayor influencer que ella, figurando en el libro Guinness de Récords con 300 millones de discos vendidos. Pero romper las estructuras del mundo conservador a los 20 años no ha sido fácil. Madonna ha juntado una larga lista de enemigos, desde exparejas y periodistas hasta el propio Papa Juan Pablo II. La reina del pop, la bruja, la satánica, la blasfema, no la ha tenido fácil, y si hoy está donde está es porque nunca se dejó influenciar y se mantuvo fiel a sí misma.
Hoy hablaremos de algunos sucesos de su extensa carrera que la han marcado para bien y para mal. Es sabido que toda biografía de éxito tiene su lado oscuro, y la vida de Madonna no es la excepción a esta regla. A los 19 años, la joven se encontraba estudiando en Michigan, pero si bien era una excelente alumna, la vida universitaria no era lo que ella había imaginado. Y es que Madonna necesitaba más velocidad y más vértigo; quería comerse el mundo, brillar, ser vista, y ella sabía que el centro del mundo estaba en Nueva York. Sin dudarlo, abandonó los estudios y fue hacia allí. Esa fue la primera vez que subió a un avión y la primera vez que tomó un taxi. Llegó ilusionada a Times Square con tan solo $5 en la mano, pero no le importó; ella sabía que se iba a arreglar.
No obstante, fueron tiempos duros. La ciudad de las oportunidades no la recibió precisamente con los brazos abiertos. En esos tiempos turbulentos, en los que trataba de sobrevivir mientras buscaba cuál sería su destino, la robaron en su departamento hasta en tres ocasiones. Destrozándole, crítico fue una noche en la que volvía a su habitación muy tarde después de un ensayo. En la oscuridad de la calle poco transitada, dos hombres se abalanzaron sobre ella y la amenazaron, le pusieron un cuchillo en la garganta y la obligaron a practicarles sexo oral en una azotea. Este suceso fue una experiencia muy traumática y, pese a su imagen de chica dura y autosuficiente, jamás lo pudo olvidar. Pero tuvo que seguir adelante.
Y una vez más, años después, vivió una experiencia igual de incómoda. Madonna conoció al productor Harvey Weinstein a raíz de la creación de “A la cama con Madonna”, el documental del año 1991 que trata sobre la vida de la artista y que fue producido por Mayamax, propiedad de Weinstein. La artista confesó que Harvey cruzó algunas líneas y límites y se le insinuó sexualmente. Ella era consciente de que hacía lo mismo con muchas otras mujeres que conocía en el negocio, pero todos sabían que el productor podía hacer eso porque en esos tiempos tenía mucho poder y sus películas eran tan exitosas que todos querían trabajar con él, por lo que muchos soportaban sus acosos.
Cuando comenzó la caída de Harvey Weinstein en octubre de 2017, acusado de acoso sexual por cientos de mujeres en la ola del #MeToo, Madonna se alegró de que finalmente se hiciera justicia. La diva del pop no solo tuvo que soportar el abuso cuando era una joven indefensa y sin rumbo. Además del acoso de varios hombres de poder, los abusos también sucedieron dentro de las puertas de su hogar. Su matrimonio con Sean Penn, que sucedió en 1985, fue una montaña rusa de emociones, celos y reacciones agresivas por parte del hombre. En una ocasión, el actor dejó un boquete en la pared de un puñetazo tras un ataque de celos por la estrecha relación de su mujer y Prince, y en otra ocasión, lanzó a su esposa a una piscina al verla hablando con su ex. Sin embargo, para la joven enamorada, estos ataques de ira eran simplemente demostraciones de amor.
Lo cierto es que las actitudes peligrosas de Sean Penn estuvieron desde el principio de su matrimonio. Sin ir muy lejos, el día de su boda, la pareja protagonizó uno de los momentos más impactantes en la historia de la prensa. El novio empuñó un arma y disparó contra los paparazzi que sobrevolaban el banquete en helicóptero. Ese fue el principio del fin para la famosa pareja. El 28 de diciembre de 1987, Madonna se refugió en una mansión de Malibú para huir del triángulo amoroso que había empezado con la actriz Sandra Bernhard y, de paso, prepararse para el rodaje de “Dick Tracy”. Cuando Sean Penn supo que su mujer iba a trabajar con Warren Beatty, el mayor seductor de Hollywood, hirvió en cólera. La maniató a una silla, la amordazó y abusó de ella mientras bebía. Esta pesadilla duró 8 horas y dejó a la estrella con heridas en las muñecas y el labio partido. Apenas pudo liberarse, puso una denuncia, pero tan solo un día después la retiró. Sin embargo, ya no hubo reconciliación; el divorcio se hizo realidad el 25 de enero de 1989.
A pesar de todo el abuso que tuvo que soportar por parte del actor, Madonna sigue asegurando que Sean Penn es el amor de su vida y no ha dudado en conservar una relación cordial, sobre todo en los actos de sus respectivas ONGs, dejando atrás el pasado y la turbulenta relación tóxica. A Madonna la llamaron “la novia desatada” y de esa forma comenzó el mito.
En el año 1984, se celebró la primera edición de los MTV Video Music Awards y lo hizo a lo grande. La actuación más sonada de la gala fue la de una Madonna que aún no había despuntado del todo y que aprovechó la oportunidad para salir del cascarón y hacerse conocida mundialmente. Vestida de novia, con liga en el muslo incluida y un cinturón con las palabras “Boy Toy”, interpretó su éxito “Like a Virgin”, con una coreografía en la que se arrastraba por el suelo mientras hacía movimientos sexualmente explícitos. Como ella esperaba, su espectáculo la puso en boca de todos, para bien y para mal.
Y fue así que los sectores conservadores de los Estados Unidos pusieron el grito en el cielo y la acusaron de pervertida, depravada y de promover el sexo antes del matrimonio. Desde ese momento, la rubia hizo de la provocación su arma definitiva para que se hablara de ella, pero también para poner un espejo delante de la sociedad que se vestía de moderna mientras marginaba a los homosexuales y a las mujeres, negándoles la igualdad de derechos.
En los años 90, Madonna convirtió a sus bailarines de su gira “Blond Ambition” en un ícono gay, desconocido hasta el momento, ya que los homosexuales estaban mediáticamente escondidos. Fue ella quien los escogió en un casting, y seis de los siete elegidos representaban al colectivo LGBT, cada uno provenía de un estrato diferente: dos latinos, un afroamericano y un inmigrante belga, convirtiéndolos no solo en su séquito, sino en estrellas y en héroes para la gente que necesitaba verse representada en algún sitio.
La “Blond Ambition Tour” fue una de las giras más escandalosas de la historia. La lujuria impregnaba sobre todo sobre las tablas. Muchos vieron a dos hombres besándose por primera vez. La diva y sus bailarines se mostraban totalmente desinhibidos en un momento en el que pocos se atrevían a salir del armario. Fue tanta esa fama que sus bailarines se convirtieron en personajes públicos, pero muchos no guardan un buen recuerdo. Tres de los bailarines demandaron a la cantante por invasión a su privacidad, conflicto que provocó que ninguno volviera a actuar con la diva y algunos cayeron en el alcoholismo y las drogas. Uno de ellos bebía una botella de vodka cada día durante los shows; otro había contraído SIDA. Para ese entonces, había pocas esperanzas de vida, por lo que fingió estar bien mientras batallaba contra la enfermedad en silencio.
Era la época del SIDA, del desconocimiento, de los ataques conservadores, pero a Madonna eso le daba igual. La reina del pop contaba cómo eran esas personas fuera del escenario y la familia en la que se convirtieron. En su documental, habló de sexo, de libertad y puso a todo el mundo a hablar de ella. Puede que solo fuera una estrategia promocional, pero nunca una gira y un documental habían normalizado tanto la homosexualidad, convirtiéndose en un punto de inflexión en la percepción del colectivo.
Todo ello habla “Strike a Pose”, el documental de Netflix que reúne a todos los bailarines de aquella emblemática gira para que cuenten lo que significó para ellos. Todos menos uno, Gabriel, que murió de SIDA en 1995. Él había sido el protagonista del beso icónico. Sin embargo, Gabriel no quería que esa escena saliera en el documental porque nadie sabía que él era gay, ni siquiera su familia. Pero Madonna dijo que no se avergonzara de sí mismo y optó por mantenerla, y el bailarín la demandó. Sin embargo, no fue el único que la llevó a juicio. Oliver y Kevin, otros dos bailarines, la demandaron por incumplimiento de contrato. Querían el dinero que les correspondía y aseguraban que intentaron conseguirlo por las buenas, pero que la artista se negó y los amenazó con ponerlos en su lista negra. Ninguno de ellos, obviamente, volvió a actuar con Madonna.
En el año 2024, las controversias con los shows de Madonna no se acaban. En junio, tras los conciertos que realizó en los Estados Unidos, se conocieron denuncias realizadas por parte del público que aseguran que la reina del pop mostró pornografía en sus conciertos. La demanda fue presentada por un seguidor cuyo nombre es Justin Lipes en un tribunal de California y la denuncia remite a escenas de alto voltaje sexual con sus videoclips de fondo, coreografías y hasta el desnudo de sus bailarinas, mujeres en topless, simulando actos sexuales en el escenario. Fueron la parte más provocadora del show. A todo esto, acusó a la producción de que la presentación arrancó con más de una hora y media de retraso y que la cantante hacía playback durante partes del set. Además, en plena temporada de primavera, con altas temperaturas, Madonna había pedido apagar el aire acondicionado y, si la gente tenía calor, podía sacarse la ropa. El supuesto fan de Madonna exigió un juicio conjurado y reclamó compensaciones por daños, además de la devolución del dinero gastado en las entradas y las ganancias obtenidas por el concierto. Por el momento, la cantante no se pronunció ante estas acusaciones.
Si bien Madonna tuvo muchos enemigos durante su extensa carrera, se puede decir que la Iglesia Católica ha sido el mayor y más persistente de todos. El 7 de mayo de 1990, varios agentes de policía se acercaron al Skydome de Toronto para advertirle a Madonna que, si volvía a simular una masturbación durante la canción “Like a Virgin” ante 80,251 personas, sería arrestada por escándalo público. No hace falta aclarar que la reacción de Madonna fue masturbarse con más empeño en su siguiente función, porque ella no le tenía miedo a nada, excepto a una cosa: a pasar desapercibida.
En aquel momento, Madonna era la mujer más famosa, más exitosa y más controvertida de todo el planeta, y su nombre, Madonna, que durante siglos había sido usado para referirse a la Virgen María, ya solo le pertenecía a ella. Su canción del año 1986 “Papa Don’t Preach” cuenta la historia de una adolescente que le explica a su progenitor que ha quedado embarazada y le pide comprensión. Este tema causó un gran revuelo, especialmente en los grupos pro-vida y en las altas esferas de la Iglesia Católica. De hecho, ahí comenzó su turbulenta relación con el Papa Juan Pablo II.
Concretamente, cuando en las pantallas de los conciertos de su gira “Blonde Ambition Tour” de 1987, la imagen del sumo pontífice se proyectaba intercalada con mensajes a favor del sexo seguro. Pero las controversias con la iglesia no terminaron allí. Tan solo un día después de un controvertido comercial de Pepsi, el 3 de marzo de 1989, MTV emitió el videoclip “Like a Prayer” en su versión no autorizada para menores de 12 años. Quien haya podido ver ese videoclip, siquiera una sola vez en la vida, recordará perfectamente todo lo que ocurre en él. Pero para los que no hayan tenido el placer, esto es básicamente lo que sucede: la historia comienza con Madonna siendo testigo de un abuso sexual perpetrado por una manada de hombres blancos contra una mujer, a la que además acuchillan en el costado como Jesucristo. Sin embargo, la policía detiene a una persona de color que solo estaba intentando socorrer a la víctima.
Luego, Madonna se refugia en una iglesia para rezar. Allí se acerca a la estatua de un santo que está entre rejas, la misma persona que fue arrestada, y Madonna obra el milagro de tocarle y hacer que cobre vida. Mientras ella canta: “Me pongo de rodillas, quiero llevarte ahí”. A continuación, toma un cuchillo y se provoca unos estigmas como los de Jesucristo. Como si todo esto no fuera suficiente sacrilegio, Madonna decide irse al campo para bailar rodeada de cruces en llamas, siendo este el icono más reconocible del Ku Klux Klan. Madonna se contonea junto a las cruces, dejando caer el tirante de su vestido de terciopelo y encaje.
De repente aparece un coro gospel y Madonna termina acostada con el santo. Luego decide ir a la policía a contar su testimonio y el agente libera al detenido sin dudar. Al final del video musical, resulta que estaban en un teatro y Madonna y los actores saludan mientras baja el telón. Estos fueron 5 minutos y 37 segundos de erotismo, iconografía cristiana, denuncia de abuso sexual y denuncia al racismo y las fuerzas de la autoridad norteamericana. Según la crítica, fue la mejor canción de toda su carrera, pero no lo fue para todos. El reverendo Donald Wildmon, líder de la Asociación de la Familia Americana, hizo un boicot con la ayuda de 380,000 suscriptores de su revista, diciendo que Madonna ridiculizaba el cristianismo.
Pero la cosa no terminó en el reverendo. Luego llegó el Papa Juan Pablo II, quien contaba con la simpatía de la opinión pública y emitió un comunicado en el que prohibía la entrada a Madonna, su música y sus imágenes a Italia, al considerar el videoclip de “Like a Prayer” uno de los espectáculos más satánicos de la historia de la humanidad. Ante las presiones del Vaticano, la televisión nacional italiana y la discográfica WEA ignoraron toda referencia al lanzamiento del disco “Like a Prayer”. Mientras tanto, la canción, como el single, llegaba al número uno en 30 países, e irónicamente, Italia fue uno de ellos.
Pero la censura de su música y la presión de la iglesia católica no hicieron que la reina del pop se ablandara. En el año 2006, volvió a desafiar su paciencia al aparecer en el escenario crucificada en neones, una blasfemia de luz y color en su gira “Confessions Tour”. En el año 2008, fueron los nervios de Benedicto los que se crisparon cuando la italo-norteamericana le dedicó “Like a Virgin” en su show “Sticky & Sweet”. Y en 2015, le envió un saludo al actual Papa Francisco en su gira “MDNA”. Aunque este mensaje fue un poco más cordial, en total, la cantante ha sido excomulgada en tres ocasiones del catolicismo.
Para los católicos más conservadores, Madonna es una bruja que, en sí, es idolatrada como sacerdotisa mesiánica por millones de herejes que no solo descubrieron lo que era la brutalidad policial con el videoclip “Like a Virgin”, sino que movían las caderas con himnos a la promiscuidad en “Like a Virgin”, al capitalismo en “Material Girl” y a la fluidez de género en “Vogue”, todas cosas que hacen hervir a la iglesia que hasta el día de hoy lucha por eliminarla.
Si bien han intentado bajarla a piedrazos durante años, Madonna utilizó la atención y el odio del planeta entero para sacar a bailar a las mujeres, a los homosexuales y a cualquiera que se sintiera oprimido, animándolos a que siguieran sus pasos e hicieran exactamente lo que les diera la gana, sin importar las críticas de aquellos que no se animan a bailar. Madonna se ha convertido en una leyenda, mirando siempre hacia adelante, tratando de ser siempre actual e innovadora.
Al escuchar una compilación de sus grandes éxitos en su carrera, se puede trazar una historia de las últimas cuatro décadas del pop. Todo empezó con ese disco sin título y su cara hermosa y radiante ocupando toda la portada, sin saber que sería un ícono disruptivo que rompería con los estándares de cada una de las épocas. A sus 66 años, Madonna está lejos de pensar en la jubilación. Ha sacado un nuevo disco llamado “Under the Covers” y está produciendo una película sobre su vida que será interpretada por la actriz Julia Garner. Esto nos demuestra que Madonna no para y que tiene cuerda para rato.
La diva del pop siempre supo lo que quería ser: una estrella. A fines de 1983, apareció por primera vez en un programa de gran audiencia en la televisión norteamericana, un clásico musical llamado “American Bandstand”. Su disco todavía no había despegado, no era conocida, pero a ella y a su determinación eso no les importaba. Cuando el conductor le preguntó qué pretendía para su carrera, Madonna miró a cámara y respondió: “Voy a conquistar el mundo”.
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