Sicario Del CJNG Intentó Abusarse De Una Mujer — No Sabía Que Era Comandante Del Ejército 

Sicario Del CJNG Intentó Abusarse De Una Mujer — No Sabía Que Era Comandante Del Ejército 

 

 

  No me toques. No sabes con quién te estás metiendo. Tres sicarios del CJNG me bloquearon el camino en esa carretera rural de Jalisco, creyendo que era una mujer indefensa viajando sola. No tenían idea de que acababan de cometer el error más grande de sus vidas al intentar abusar de una comandante del ejército mexicano.

Sicario del CJNG intentó abusarse de una mujer. No sabía que era comandante del ejército. Mi nombre es comandante Ana Martínez. Soy comandante del ejército mexicano. Esto es lo que pasó cuando aquellos sicarios del CJNG cometieron el error de abordarme en la carretera. Era miércoles por la tarde.

 Manejaba mi carro blanco por una carretera rural cerca de Guadalajara, vestida completamente de civil como parte de una misión de reconocimiento. Llevaba una blusa naranja y pantalones de mezclilla, aparentando ser una mujer común y corriente. La carretera estaba completamente desierta, solo árboles, pastizales y cerros a ambos lados.

 Era el tipo de lugar perfecto para que los criminales operaran sin testigos. Llevaba 15 años sirviendo en el ejército, los últimos cinco especializándome en operaciones encubiertas contra el crimen organizado. Mi trabajo consistía en infiltrarme en territorio controlado por los cárteles, reunir inteligencia y coordinar operaciones militares.

 Pero ese día la inteligencia llegó directamente a mí. Vi la camioneta negra bloqueando la carretera antes de llegar a ella. Una suburban con vidrios polarizados estacionada, atravesada, impidiendo completamente el paso. Mi entrenamiento militar se activó inmediatamente. Evalué la situación. Una camioneta, probablemente tres o cuatro ocupantes, carretera desierta, sin cobertura cercana, pero tenía que mantener mi disfraz.

 Si actuaba como militar, arruinaría meses de trabajo de inteligencia. Reduje la velocidad y me detuve a unos 20 m de la camioneta. Inmediatamente tres hombres salieron del vehículo. Todos vestían playeras negras con las letras CJNG estampadas en blanco. Llevaban armas visibles, pistolas en los cinturones y uno de ellos cargaba una K47.

El que parecía ser el líder era un tipo moreno de unos 35 años con tatuajes cubriendo sus brazos. tenía esa mirada arrogante, típica de los sicarios, que creen que controlan todo. Los otros dos eran más jóvenes. Uno era delgado, con cara de niño, pero ojos fríos. El otro era más corpulento, con una cicatriz visible en el cuello.

 Se acercaron a mi carro con la confianza de predadores que han hecho esto muchas veces antes. El líder se dirigió directamente a mi ventana y golpeó el vidrio con los nudillos. Oye, herita, gritó. Bájate del carro ahorita mismo. Yo mantuve mi actuación perfecta. Bajé la ventana con manos temblorosas, fingiendo estar aterrorizada.

 Por favor, señor, dije con voz quebrada. No traigo dinero, solo déjenme pasar. Dinero. Se burló el sicario delgado. ¿Quién dijo algo de dinero? El líder sonrió de manera perturbadora. No queremos tu dinero, bonita. Queremos otra cosa. ¿Qué? ¿Qué quieren?, pregunté fingiendo no entender. “Sales del carro ahora mismo”, ordenó el líder apuntándome con su pistola. “Y no hagas movimientos raros.

” Abrí la puerta del carro lentamente, manteniendo las manos visibles. Salí del vehículo aparentando estar completamente indefensa. “Por favor”, rogué. “Tengo hijos en casa, solo quiero llegar a mi casa.” “Tus hijos van a tener que esperar”, dijo el sicario corpulento riéndose. El líder se acercó más a mí.

 podía sentir su aliento con olor a alcohol y cigarrillos. ¿Sabes qué, me dijo? Eres demasiado bonita para estar manejando sola por estos rumbos. Yo solo solo iba de regreso a casa murmuré manteniendo mi actuación. “Pues ahora vas a venir con nosotros”, declaró. “Te vamos a enseñar por qué las mujeres no deben andar solas por territorio del CJNG”.

 El sicario delgado se posicionó detrás de mí mientras el corpulento vigilaba los alrededores. “Camina hacia la camioneta”, me ordenó el líder. “Por favor”, supliqué. “No me lastimen. Haré lo que quieran.” “Claro que vas a hacer lo que queramos”, respondió el líder con una sonrisa siniestra. “Pero primero te vamos a revisar.

” “Revisar para asegurarnos de que no traigas nada escondido,”, explicó acercándose más. Pon las manos en el capo del carro. Esta era la parte más difícil de mi actuación. Tenía que permitir que me tocaran sin revelar que llevaba una pistola escondida bajo mi blusa y un cuchillo táctico en mi bota. Me incliné sobre el capó del carro blanco, colocando las palmas de mis manos en el metal caliente.

“Así me gusta”, dijo el líder colocándose detrás de mí. Una mujer obediente. Comenzó a pasarme las manos por los brazos, revisando si llevaba algo escondido. “Sus movimientos eran deliberadamente lentos e invasivos. “No traes nada aquí”, murmuró tocando mis hombros. Luego pasó sus manos por mi espalda, fingiendo buscar armas, pero claramenteaprovechándose de la situación.

 “Tampoco aquí”, dijo llegando a mi cintura. Ahí fue cuando puso su mano directamente en mi cintura, donde tenía escondida mi pistola militar bajo la blusa, pero la había colocado de tal manera que no era detectable con una revisión superficial. “Órale”, murmuró el sicario delgado. “¡Qué buena está esta gerita! “Cállate, pendejo!”, le gritó el líder.

 “Déjame trabajar”, continuó con su nchan en revisión, bajando hacia mis piernas. Era obvio que no buscaba armas. estaba aprovechándose de una mujer que creía completamente indefensa. “Por favor”, gemí manteniendo mi actuación. “Ya terminaron de revisar. Déjenme ir.” “¿Dejarte ir?”, se rió el líder. Apenas estamos empezando, bonita.

Sus manos llegaron a mis tobillos, pasando peligrosamente cerca de donde tenía escondido mi cuchillo táctico en la bota. Pero mi entrenamiento militar me había enseñado a esconder armas de manera que fueran indetectables. Está limpia, anunció finalmente. Se enderezó y se colocó muy cerca de mí, presionando su cuerpo contra mi espalda mientras yo seguía inclinada sobre el capó. “Ahora”, me susurró al oído.

 “te vamos a llevar a un lugar donde podamos conocerte mejor”. “No, por favor”, supliqué. “Tengo familia, tengo hijos pequeños. Tus hijos van a tener que acostumbrarse a no verte por un tiempo”, dijo el sicario corpulento. El líder puso su mano en mi nuca, presionando mi cabeza hacia abajo contra el capó del carro.

 “Escúchame bien, Gererita”, me dijo con voz amenazante. “Vas a hacer exactamente lo que te digamos, ni gritos, ni resistencia, ni nada. ¿Entendido?” Sí, señor”, murmuré sumisamente. “Perfecto,”, dijo satisfecho. “Ya entendiste cómo funcionan las cosas aquí.” Se alejó unos pasos para hablar con sus compañeros, creyendo que ya tenía todo bajo control.

 “Órale, jefe”, dijo el sicario delgado. “¿Nos la llevamos a la casa segura?” “Sí”, respondió el líder. “Ahí podemos tomarnos nuestro tiempo con ella.” “¿Y después qué hacemos?”, preguntó el corpulento. Después de que terminemos con ella, ya veremos, respondió el líder con una sonrisa cruel. Yo seguía inclinada sobre el capó del carro, aparentando estar aterrorizada, pero en mi mente militar estaba calculando distancias, ángulos de ataque y formas de neutralizar a los tres sicarios.

 También estaba esperando la señal que sabía que llegaría pronto, porque lo que estos criminales no sabían era que yo no estaba sola en esa carretera. A 500 m de distancia, oculto entre los árboles, un escuadrón de 15 soldados del ejército mexicano me había estado siguiendo durante toda la misión. soldados entrenados específicamente para este tipo de operaciones.

Y el líder del escuadrón, el sargento Rodríguez, estaba observando toda la escena a través de binoculares militares, esperando mi señal para intervenir. “Órale, bonita,”, me dijo el líder acercándose nuevamente. “Ya es hora de que conozcas por qué las mujeres no deben meterse en territorio del CGNG.

” Puso su mano en mi espalda baja, preparándose para lo que obviamente tenía planeado hacer. Y ahí fue cuando decidí que ya había obtenido suficiente información. Era hora de que estos sicarios conocieran la diferencia entre una víctima indefensa y una comandante del ejército mexicano. Era hora de mostrarles que habían elegido a la mujer equivocada.

 Si quieres saber cómo una comandante militar acaba con tres sicarios del CJNG, quédate hasta el final. El líder del CJNG puso su mano en mi espalda baja, creyendo que tenía control total sobre una mujer indefensa. Ese fue el momento exacto en que decidí terminar con esta farsa y mostrarle a estos criminales con quién se habían metido realmente.

 Me giré bruscamente, tomándolo completamente por sorpresa. Con un movimiento militar preciso, le agarré la muñeca con mi mano izquierda y la torcí hacia atrás, mientras con mi mano derecha lo empujé violentamente en el pecho. El sicario salió disparado hacia atrás, perdiendo el equilibrio y cayendo de espalda sobre el asfalto.

 “No me toques”, grité con voz completamente diferente, ahora firme y autoritaria. “No sabes con quién te estás metiendo.” Los tres sicarios me miraron con shock absoluto. La transformación había sido instantánea, de mujer aterrorizada a combatiente militar en cuestión de segundos. “¿Qué chingados?”, murmuró el sicario delgado, confundido por mi cambio de actitud.

El líder se levantó rápidamente del suelo con una mezcla de sorpresa y furia en su rostro. “¿Qué te pasa, loca?”, gritó alcanzando su pistola. “¿Crees que te pusieras valiente vas a salvarte?” “No me voy a salvar”, respondí con una sonrisa fría, “porque no necesito salvarme.” Mi postura corporal había cambiado completamente.

Ya no estaba encorbada como víctima asustada. Ahora me mantenía erguida con los pies separados a la anchura de mis hombros en posición de combate militar.¿De qué hablas, [ __ ] loca? Preguntó el sicario corpulento acercándose con su AK47. “Hablo de que ustedes acaban de cometer el error más grande de sus patéticas vidas”, les dije mirándolos directamente a los ojos.

 Levanté mi blusa naranja lo suficiente para revelar las insignias militares que llevaba pegadas a mi piel con cinta adhesiva especial. El escudo del ejército mexicano y mis galones de comandante eran perfectamente visibles. “Soy la comandante Ana Martínez del Ejército Mexicano”, declaré con voz de mando.

 “Y ustedes acaban de intentar agredir sexualmente a una oficial militar en servicio activo. Los tres sicarios intercambiaron miradas de pánico absoluto.” “No, no [ __ ] tartamudió el líder. Eres militar. En serio, respondí sarcásticamente. ¿Qué los hizo darse cuenta? ¿Las insignias o el hecho de que ya no estoy temblando como una niña asustada? El sicario delgado comenzó a retroceder lentamente.

 Jefe, esto está mal, muy mal. Cállate, [ __ ] le gritó el líder, aunque era obvio que él también estaba asustado. ¿Saben qué es lo más divertido de todo esto?, les pregunté caminando lentamente hacia ellos. que vinieron a cazar lo que creían era una víctima indefensa. Me detuve a 2 metros de distancia, lo suficientemente cerca para atacar si era necesario.

 Pero en lugar de eso, continué, se encontraron con alguien que lleva 15 años entrenada específicamente para eliminar criminales como ustedes. “¿Estás mintiendo?”, gritó el líder apuntándome con su pistola. “Las mujeres no son comandantes del ejército.” “¿En serio?”, pregunté riéndome. Esa es tu excusa para tu ignorancia, machismo le mostré otra insignia que llevaba oculta en mi cinturón.

Esta es de operaciones especiales contra el crimen organizado. ¿Sabes lo que significa? No me importa lo que signifique, masculó el sicario corpulento. Sigue siendo solo una mujer. Solo una mujer, repetía sintiendo. Una mujer que ha participado en 43 operaciones contra cárteles como el suyo.

 Comencé a caminar en círculo alrededor de ellos como un depredador evaluando a su presa. Una mujer que ha capturado personalmente a 72 sicarios en los últimos 5 años. Continué. Sicarios, “Exactamente como ustedes.” “¡Cállate!”, gritó el líder. “No nos importan tus pinches historias, ¿no?”, pregunté deteniéndome frente a él.

 “Pues debería importarles, porque esas pinches historias son la razón por la que ustedes van a terminar en prisión militar.” El sicario delgado había palidecido completamente. “Jefe, vámonos. Esto no está bien. No se van a ir a ningún lado, les informé. Porque su pequeña aventura criminal acaba de terminar. Así, se burló el líder tratando de recuperar su brabuconería.

¿Y qué vas a hacer? Arrestarnos tú sola. ¿Quién dijo que estoy sola? Pregunté con una sonrisa. Los tres sicarios miraron nerviosamente a su alrededor, pero no vieron nada más que la carretera desierta y los árboles. “No veo a nadie”, dijo el corpulento tratando de sonar confiado. “Porque no saben dónde buscar”, respondí.

 “Pero están ahí y han estado observando cada movimiento que ustedes han hecho durante los últimos 15 minutos.” “¿Estás blufeando?”, murmuró el líder, aunque su voz sonaba menos segura. En serio creen que una comandante del ejército vendría sola a territorio controlado por el CJ TNG? Pregunté sin respaldo, sin apoyo. Saqué un pequeño dispositivo de comunicación que tenía escondido en mi bolsillo.

 Esta es una radio militar de corto alcance, les expliqué. ¿Saben para qué la he estado usando? ¿Para qué? preguntó el sicario delgado con voz temblorosa. Para transmitir en vivo todo lo que ustedes me han hecho respondí sonriendo. Cada palabra que dijeron, cada movimiento que hicieron, cada amenaza que me lanzaron, los ojos del líder se abrieron como platos.

Todo este tiempo, todo este tiempo, confirmé, han estado confesando sus crímenes directamente a una unidad de inteligencia militar. Imposible. gritó el corpulento. Te revisamos. No tenías nada. Me revisaron como civiles amat, los corregí. No como profesionales. Si hubieran tenido entrenamiento militar, habrían encontrado mi radio, mi arma, mi cuchillo y mis dispositivos de rastreo.

Dispositivos de rastreo. Preguntó el líder con creciente pánico. GPS militar de alta precisión, expliqué. Mis hombres saben exactamente dónde estoy en todo momento. Presioné un botón en mi radio. Alcón base aquí Águila 1. Dije claramente. Confirmo identidad de objetivos. Tres sicarios del CJNG. Amenazas directas confirmadas.

 Solicito apoyo inmediato. La respuesta llegó inmediatamente a través del altavoz de la radio. Águila 1 aquí al convase apoyo en posición esperando su señal para intervenir. Los tres sicarios se quedaron helados al escuchar la voz militar respondiendo. No puede ser, murmuró el sicario delgado. No puede ser real.

 Es muy real, les aseguré. Y ahora van a descubrir loque pasa cuando criminales como ustedes atacan al ejército mexicano. “Estás loca si crees que nos vamos a entregar”, gritó el líder levantando su pistola. “No tienen que entregarse”, respondí calmadamente, “pero van a desear haberlo hecho.

” Levanté mi mano derecha por encima de mi cabeza con el puño cerrado. “¿Saben qué es esto?”, pregunté. “¿Qué?”, preguntó el corpulento nerviosamente. “Es la señal”, respondí. y entonces bajé mi puño bruscamente. En ese momento, el sonido de motores militares comenzó a escucharse en la distancia, vehículos acercándose a alta velocidad desde múltiples direcciones.

“¡Mierda!”, gritó el líder, mirando desesperadamente hacia todos lados. Son los soldados”, chilló el delgado. “Nos están rodeando.” El sonido se hacía más fuerte cada segundo. No era un solo vehículo, eran varios, acercándose coordinadamente. “Felicidades”, les dije con satisfacción. “Acaban de ser los protagonistas de la operación militar más fácil del año.

 “Esto no puede estar pasando”, gritó el corpulento. “Solo eras una mujer sola en la carretera.” Era una comandante del ejército mexicano ejecutando una operación de inteligencia. Los corregí. Y ustedes cayeron directamente en la trampa. Los vehículos militares aparecieron en el horizonte. Tres beis con soldados completamente armados acercándose en formación táctica perfecta.

 “Trampa”, preguntó el líder con horror creciente. “¿En serio creen que fue casualidad que me encontraran aquí?”, pregunté riéndome. “¿En esta carretera específica? A esta hora específica. ¿Qué quieres decir?” Quiero decir que llevamos semanas monitoreando las actividades del CJNG en esta zona”, expliqué. “Sabíamos que ustedes operaban en esta carretera.

” Los humbiis se acercaban rápidamente levantando nubes de polvo. “Sabíamos que paraban mujeres solas para abusar de ellas”, continué. “Así que decidimos darles exactamente lo que esperaban. “Una mujer sola”, murmuró el sicario delgado, comprendiendo finalmente. “Una mujer sola confirmé.” Solo que esta vez esa mujer era yo.

 Los vehículos militares llegaron al área y se posicionaron estratégicamente, bloqueando todas las rutas de escape posibles. Las puertas se abrieron y soldados completamente equipados comenzaron a salir con sus rifles apuntando directamente hacia los tres sicarios. Y ahora, les dije, mientras mis hombres tomaban posiciones, van a pagar por cada mujer que han lastimado en esta carretera.

El terror en los rostros de los tres sicarios era absoluto. Su día de casa había terminado y ellos se habían convertido en la presa. Los tres han militares se posicionaron formando un triángulo perfecto alrededor de nosotros. De cada vehículo bajaron cinco soldados completamente equipados, todos vestidos con uniformes verde oliva y portando rifles AR15 con miras telescópicas.

 “Sicarios del Señ!”, gritó el sargento Rodríguez a través de un megáfono. Están completamente rodeados. Arrojen sus armas al suelo inmediatamente. Los 15 soldados se dispersaron en posiciones tácticas perfectas, creando un círculo impenetrable alrededor de los tres criminales. Era una demostración de entrenamiento militar profesional que contrastaba brutalmente con la torpeza amateur de los sicarios.

 Esto no puede estar pasando”, gritó el líder del CKNG mirando desesperadamente en todas direcciones. “No puede estar pasando. Te aseguro que está pasando”, le respondí calmadamente. Y apenas está empezando. El sicario delgado comenzó a temblar visiblemente con su pistola colgando inútilmente en su mano temblorosa. “Comandante”, me dijo dirigiéndose a mí.

“Nosotros nosotros no sabíamos que usted era militar. Claro que no sabían, respondí, porque son criminales ignorantes que solo saben atacar víctimas indefensas. El sargento Rodríguez se acercó manteniendo su rifle apuntando hacia el grupo de sicarios. Comandante Martínez, me saludó militarmente. Se encuentra bien, señora.

Perfectamente, sargento. Respondí. Estos tres proporcionaron exactamente la información que necesitábamos. ¿Inmación? Preguntó el sicario corpulento confundido. ¿Qué información? Todo lo que dijeron durante los últimos 20 minutos expliqué sus métodos, sus amenazas, su forma de operar, su desprecio total por las mujeres civiles.

Pero nosotros no dijimos nada importante”, protestó el líder. “¿En serio?”, pregunté riéndome. “Dijeron que me iban a llevar a una casa segura, que iban a tomarse su tiempo conmigo, que las mujeres no deberían andar solas por territorio del CJ. El sargento Rodríguez anotaba cada palabra en una libreta militar.

También confirmaron que operan regularmente en esta carretera continué. Que han atacado a otras mujeres antes, que tienen una casa segura en la zona. Eso no es suficiente, gritó el corpulento desesperadamente. No dijimos nada específico. Dijeron más que suficiente para justificar una operación militar completa contra su célula. Le informé.

Uno de los soldados más jóvenes se acercó al sargento. Sargento Rodríguez, reportó. Perímetro completamente asegurado. No hay rutas de escape disponibles. Perfecto, soldado, respondió el sargento. Mantenga posiciones. Los tres sicarios se dieron cuenta de que estaban completamente atrapados. 15 soldados profesionales los rodeaban con armas superiores y entrenamiento militar.

Última advertencia”, gritó nuevamente el sargento por el megáfono. “Venarrojen sus armas al suelo y colóquense boca abajo con las manos detrás de la cabeza.” El sicario delgado fue el primero en ceder. Dejó caer su pistola al asfalto y levantó las manos temblorosamente. “¡No disparen!”, gritó. “Me rindo, me rindo, [ __ ] cobarde”, le gruñó el líder.

 “¿Así te vas a rendir?” Estamos rodeados por el ejército”, respondió el delgado desesperadamente. “No tenemos oportunidad.” “Siempre hay oportunidad”, murmuró el líder apretando su pistola. “¿En serio?”, pregunté. “¿Cuál es tu plan genial?” “Enfrentar a 15 soldados entrenados tú solo?” “Si voy a morir, me llevo a alguien conmigo,”, respondió el líder con los ojos inyectados de sangre.

 “Nadie tiene que morir”, le dijo el sargento Rodríguez. Si se entregan ahora, van a ser tratados conforme a la ley. La ley militar no es para nosotros, gritó el corpulento. Nosotros somos CJNG. El CJNG no puede hacer nada por ustedes aquí, les informé. Están completamente aislados. Era cierto. La carretera había sido bloqueada en ambas direcciones por más soldados.

 No había forma de que llegara refuerzo del cartel. Además, agregué, ¿realmente creen que el CJNG va a arriesgar a más sicarios para rescatar a tres perdedores que se metieron con el ejército? El líder me miró con odio puro. Tú nos tendiste una trampa. Exacto. Admití sinvergüenza. Y ustedes cayeron perfectamente. Esto es ilegal. Protestó el corpulento.

 No pueden usar civiles como carnada. No usé a ningún civil como carnada. Lo corregí. Soy una oficial militar en una operación autorizada. El sargento Rodríguez confirmó mis palabras. Esta operación fue aprobada por el alto mando del ejército mexicano declaró oficialmente. Todo lo que ha ocurrido está dentro de los parámetros legales.

 Bullshit, gritó el líder en inglés. El idioma que uses no cambia tu situación, le respondí. Sigue siendo un criminal rodeado por soldados. De repente, el sicario corpulento hizo un movimiento desesperado. Levantó su AK47 tratando de apuntar hacia los soldados. La reacción militar fue instantánea. “Amenaza activa!”, gritó uno de los soldados.

Cinco rifles AR15 se concentraron inmediatamente en el corpulento. Los láseres rojos de las miras aparecieron como puntos brillantes en su pecho. “Baje el arma inmediatamente”, ordenó el sargento. El corpulento se dio cuenta de su error. Tenía cinco soldados apuntándole directamente al corazón. Un movimiento en falso y estaría muerto.

“¡Báas, hermano!”, le gritó el delgado. “Nos van a matar a todos. Ya estamos muertos. respondió el corpulento, pero lentamente comenzó a bajar su rifle. “Muy inteligente”, dije. “Por primera vez en el día tomaste una decisión inteligente.” El corpulento arrojó su AK47 al suelo con frustración evidente. “Esto no termina aquí”, gritó.

 “El CX va a venir por nosotros. El CH va a tener problemas más grandes que preocuparse por ustedes.” Le informé. “¿Qué quieres decir?”, preguntó el líder con recelo. Quiero decir que la información que obtuvimos hoy va a resultar en operaciones contra todo el CKNG en Jalisco. Expliqué sonriendo. No les dijimos nada, protestó el delgado.

Me dijeron suficiente para localizar su casa segura. Los contradije. Mencionaron que operan regularmente en esta zona. Confirmaron que tienen una base de operaciones cerca. El sargento Rodríguez se acercó a mí. Comandante, me informó discretamente. Los drones de reconocimiento ya identificaron tres posibles ubicaciones dentro de un radio de 10 km.

 Los tres sicarios no pudieron escuchar la información específica, pero era obvio que estábamos coordinando operaciones adicionales basadas en su captura. “No pueden hacer eso”, gritó el líder. “Nosotros tenemos derechos.” “Tienen el derecho a permanecer callados”, le respondí. y van a ejercer ese derecho durante el interrogatorio militar.

Interrogatorio militar? Preguntó el delgado con pánico creciente. Por supuesto, confirmé. Realmente pensaban que íbamos a capturar sicarios del CJNG y simplemente los íbamos a soltar. “Queremos abogados”, demandó el corpulento. Los criminales capturados en operaciones militares no tienen derecho inmediato a abogados civiles le informó el sargento Rodríguez.

 serán procesados bajo jurisdicción militar. El terror en sus rostros era evidente ahora. Habían pasado de ser depredadores confiados a prisioneros aterrorizados en cuestión de minutos. “Por favor”, rogó el delgado. “Nosotros cooperamos, no resistimos. Tienen quedarnos un trato justo.” “Un trato justo, repetí incrédula.

 ¿Cómo el trato justo que me iban a dar a mí?” “Eso eso, eso fue diferente”, murmuró. Diferente como pregunté acercándome a él porque pensaban que era una víctima indefensa. Nosotros no íbamos a lastimar a nadie, mintió el líder. Claro que no respondí sarcásticamente. Solo me iban a llevar a su casa segura para tomarme su tiempo conmigo.

Completamente inofensivo. El sargento Rodríguez hizo una señal a sus hombres. Procedan con la detención, ordenó. Los soldados se acercaron coordinadamente a los tres sicarios. Cada criminal fue rodeado por tres soldados, mientras otro les colocaba esposas militares de plástico. “Carlos Mendoza”, gritó uno de los soldados identificando al líder.

 “Tienes cinco órdenes de aprensión pendientes, Miguel Torres”, gritó otro identificando al delgado. “Buscado por secuestro y extorsión. José Ramírez!”, gritó un tercero identificando al corpulento. “Múltiples cargos por tráfico de drogas.” Los tres sicarios fueron esposados y colocados boca abajo en el asfalto caliente.

 Comandante Martínez, me informó el sargento. Los tres objetivos están asegurados. Órden eso, señora. Transfiéralos a la base militar de Guadalajara. Ordené. Interrogatorio inmediato. Sí, señora. Mientras los soldados cargaban a los prisioneros en los Hambies, me acerqué a Carlos Mendoza, el líder. ¿Sabes qué es lo más irónico de toda esta situación? Le pregunté.

 Me miró con odio, pero no respondió. Vinieron a cazar una mujer indefensa. Continué. Pero terminaron entregándose directamente al ejército. Esto no termina aquí, murmuró. Para ustedes sí, le respondí. Pero para nosotros apenas comienza. Los Hambis arrancaron llevándose a los tres sicarios hacia su nuevo destino, celdas militares donde iban a pagar por años de terrorizar mujeres inocentes.

 La operación había sido un éxito completo. Los tres llegaron a la base militar de Guadalajara cuando el sol comenzaba a ocultarse. El convoy se dirigió directamente al área de detención y procesamiento, donde esperaba un equipo completo de interrogadores militares. Los tres sicarios fueron bajados de los vehículos con las esposas puestas y escoltados por soldados armados hacia el interior de la instalación militar.

“Comandante Martínez”, me saludó el coronel Ramírez, oficial a cargo de la base. “Excelente operación. El alto mando está muy satisfecho con los resultados.” “Gracias, señor”, respondí. Los tres objetivos proporcionaron información valiosa antes de su captura. ¿Qué tipo de información? Confirman que el CJNG opera regularmente en esa carretera específica. Reporte.

Tienen una casa segura en la zona y han atacado múltiples víctimas civiles usando el mismo método. El coronel asintió satisfecho. Perfecto. Eso nos da base legal para operaciones adicionales en el área. Los sicarios fueron llevados a celdas individuales para procesamiento inicial.

 Cada uno sería interrogado por separado para evitar que coordinaran sus historias. ¿Quién interroga primero? Comandante, preguntó el sargento Rodríguez. Al líder decidí. Carlos Mendoza es el más arrogante, así que probablemente sea el más fácil de provocar para que hable. Entendido, señora. Media hora después, Carlos Mendoza fue llevado a la sala de interrogatorios.

 Era un cuarto pequeño con paredes blancas, una mesa metálica y dos sillas. Una cámara de video registraba todo desde una esquina. Yo me senté del lado opuesto de la mesa con una carpeta militar frente a mí. El sicario fue colocado en la silla de enfrente, todavía esposado. ¿Cómodo?, le pregunté sarcásticamente. “Vete a la chingada”, murmuró sin mirarme a los ojos.

 “Mala actitud para alguien que está en tanta mierda.” Observé abriendo la carpeta. Dentro tenía fotos aéreas de la zona donde habían sido capturados, mapas de rutas del CJNG y reportes de víctimas anteriores. Carlos Mendoza. Leí en voz alta, 34 años. Miembro del CJ durante 6 años. Cinco órdenes de aprensión por secuestro, extorsión y homicidio.

 ¿Todo eso es mentira, protestó débilmente. “Mentira, pregunté mostrándole una foto. Esta eres tú hace tres meses atacando a otra mujer en la misma carretera donde me encontraste hoy. La foto era de una cámara de seguridad oculta que habíamos instalado después de recibir reportes de ataques en esa zona.

 Esa foto puede estar editada”, gritó, pero su voz sonaba menos convencida. “¿Y esta?”, pregunté mostrándole otra foto donde aparecía claramente con sus dos compañeros junto a su suburban negra. “¿También puede ser falsa?” ¿Y este video? Pregunté reproduciendo una grabación en una tablet. En la pantalla se veía claramente a Carlos Mendoza y su grupo parando a una mujer mayor en la misma carretera, forzándola a salir de su vehículo y robándole sus pertenencias.

No pueden usar eso contra mí”, gritó desesperadamente. “No tenían autorización para grabar. Tenemosautorización completa para operaciones de vigilancia contra el crimen organizado.” Le informé. Todo esto es evidencia legal. Quiero un abogado. Ya te expliqué que bajo jurisdicción militar no tienes derecho inmediato a abogado civil. Le recordé.

 “Pero puedes cooperar conmigo ahora para reducir tus cargos. No voy a cooperar con nada.” “¿En serio?”, pregunté mostrándole otra foto. “Porque tus compañeros ya empezaron a hablar.” Era mentira, por supuesto. Todavía no habían sido interrogados, pero los criminales siempre creen que sus cómplices los van a traicionar.

 ¿Qué dijeron?, preguntó inmediatamente, cayendo en la trampa. Miguel Torres, tu amigo delgado, ya confirmó que ustedes tienen una casa segura a 15 km de donde los capturamos. Mentí convincentemente. Ese [ __ ] gritó Carlos. Siempre supe que no se podía confiar en él. También confirmó que han atacado al menos a 20 mujeres en esa carretera durante los últimos 6 meses. Continué inventando.

Mentira, protestó Carlos. No han sido 20, han sido como como se detuvo abruptamente, dándose cuenta de que acababa de confesar. ¿Como cuántas? pregunté inclinándome hacia adelante. Yo no dije nada, murmuró tratando de retractarse. Dijiste, no han sido 20, han sido como lo presioné. ¿Como cuántas, Carlos? No voy a decir nada más. 12, 15. Seguí presionando.

 Cállate, José Ramírez, tu amigo corpulento, dijo que fueron 14. Mentí nuevamente. José también es un mentiroso gritó Carlos. Fueron 11, solo 11. Y ahí estaba. Otra confesión completa. 11 mujeres. Repetí escribiendo en mi libreta. ¿Y qué les hicieron a esas 11 mujeres? Nada. Mintió. Solo las asustamos un poco. ¿Las asustaron? Pregunté mostrándole una foto de una mujer con la cara golpeada.

Nenasí asustaron a María González hace dos meses. Carlos se puso pálido al ver la foto. Esa esa mujer se resistió, admitió. Tuvimos que controlarla. ¿Controlarla cómo? Pregunté. La empujamos un poco. Nada serio. ¿Y después qué le hicieron? Solo le quitamos su dinero y la dejamos ir. Eso fue todo.

 Carlos dudó sudando visiblemente. Eso fue todo, murmuró finalmente. ¿Seguro?, pregunté mostrándole otra foto. Porque María González reportó que la violaron los tres. Eso es mentira, gritó Carlos desesperadamente. Nosotros nunca, nunca, ¿qué? Lo interrumpí. Nunca, nunca hicimos eso”, murmuró débilmente. “Pero sí lo intentaron conmigo hoy. Lo confronté.

 Me dijeron que me iban a llevar a su casa segura para tomarse su tiempo conmigo. Eso era solo para asustarte. En serio, pregunté. Porque cuando me pusiste las manos encima no parecía que solo querías asustarme. Carlos no pudo responder a eso. ¿Dónde está exactamente esa casa segura? Pregunté cambiando de táctica.

No voy a decirte. Tus compañeros ya nos dijeron que está en un rancho abandonado cerca de la carretera federal. Mentí otra vez. Si ya saben dónde está, ¿para qué me preguntan? Gritó frustrado. Queremos confirmar la información, expliqué, y ver si eres tan leal al CJNG como dice Sir. Claro que soy leal. Entonces, ¿no te importará ir a prisión militar por 20 años mientras tus jefes del CJNG siguen libres ganando dinero? Observé casualmente.

20 años mínimo. Confirmé. Secuestro, extorsión, intento de agresión sexual a una oficial militar, resistencia al arresto. Porte ilegal de armas. Carlos tragó saliva nerviosamente. Pero si cooperas, continué, podríamos reducir eso a 10 años. ¿Qué tipo de cooperación? preguntó cautelosamente. Información sobre las operaciones del ZNG en Jalisco.

 Especifiqué rutas, casas seguras, líderes locales, métodos de operación. Si hablo, me matan murmuró. Si no hablas pasas 20 años en prisión militar, le recordé. Y cuando salgas, si es que sales vivo, el CG TNG ya no va a existir. ¿Por qué dices eso? Porque operaciones como la de hoy van a continuar hasta que desmantelemos completamente al cartel en esta región, le expliqué. No pueden hacer eso.

 No podemos, pregunté sonriendo. Ya capturamos a tres de sus sicarios sin disparar un solo tiro. ¿Qué te hace pensar que no podemos hacer más? Carlos se quedó callado, considerando sus opciones. ¿Qué garantías tengo si coopero?, preguntó finalmente. Reducción de sentencia y protección en prisión. Ofrecí.

 serías trasladado a una prisión federal alejada del territorio del CJNG. ¿Y mis compañeros? Eso depende de cuánto cooperen ellos también. Carlos suspiró profundamente. La casa segura está a 12 km al este de donde nos capturaron, admitió finalmente. Es un rancho con una casa blanca y un corral para caballos. ¿Quién más la usa? Otras células del CJNG, respondió. Rotan cada semana.

 ¿Cuántas personas operan desde ahí? Entre 8 y 15, dependiendo de las operaciones. ¿Qué tipo de operaciones? Secuestros, cobro de piso, tráfico de drogas, en número, todo lo que hace el cartel. ¿Quién es el líder de esa célula? Un tipo que le dicen el lobo,respondió. es el jefe de toda la región norte de Jalisco.

 Esa información era oro puro. El lobo era uno de los objetivos prioritarios del ejército en la región. ¿Dónde podemos encontrar a el lobo? Se mueve constantemente, explicó Carlos, pero siempre está en la casa segura los viernes por la noche. Miré mi reloj. Era miércoles. Teníamos dos días para planear una operación. ¿Cuántos hombres tiene el lobo? como 20 sicarios bajo su mando.

 Respondió armamento AK47, AR15, granadas, chalecos antibalas, enumero. Están bien equipados. ¿Alguna otra información importante? Carlos dudó por un momento. El lobo está planeando un secuestro grande, admitió finalmente un empresario importante de Guadalajara. ¿Cuándo, Sir? El próximo lunes. ¿Dónde? en su empresa.

 Van a entrar con un grupo grande y se lo van a llevar. Esa información podía salvar una vida y desmantelar una operación criminal importante. Muy bien, Carlos, dije cerrando mi libreta. Ha sido muy cooperativo. Eso significa que van a reducir mi sentencia. Significa que vamos a considerar tu cooperación. Respondí. Pero primero tenemos que verificar toda la información que nos diste.

 Y si la información es correcta, entonces tal vez veas la libertad antes de cumplir 60 años, le dije levantándome de la silla. Carlos se veía aliviado por primera vez desde que había sido capturado. Salí de la sala de interrogatorios con información suficiente para desmantelar una célula completa del CJNG y prevenir un secuestro.

La operación había sido más exitosa de lo que habíamos imaginado y así terminó. Los sicarios fueron capturados e interrogados. La operación fue un suceso. Fim da historia. M.