Caminante desaparece en Florida — 4 años después, llega arrastrándose a un hospital

La enfermera de urgencias del Hospital Jackson Memorial en Miami levantó la vista cuando las puertas automáticas se abrieron con un zumbido electrónico. Era las 2 de la madrugada del 15 de abril de 2002, un turno de noche tranquilo que estaba a punto de cambiar dramáticamente. Al principio no vio nada, luego escuchó un sonido, algo arrastrándose por el suelo pulido.
La enfermera Karen Rodríguez se levantó de su escritorio y rodeó el mostrador. Lo que vio la hizo gritar. Una mujer se arrastraba por el suelo de la entrada, dejando un rastro de suciedad y sangre seca detrás de ella. Estaba descalsa, vestida con harapos sucios que apenas cubrían su cuerpo. Su cabello largo y enmarañado caía sobre su rostro, pero lo más impactante era su vientre hinchado, obviamente embarazada de varios meses.
“Dios mío.” Karen corrió hacia ella, arrodillándose en el suelo. Necesito ayuda aquí ahora. La mujer levantó su rostro y Karen vio ojos hundidos en un rostro demacrado. Sus labios estaban agrietados y sangrando. Cuando habló, su voz era apenas un susurro ronco. Por favor, ayúdenme. Estuve encerrada. Dos médicos residentes aparecieron corriendo con una camilla. El Dr.
Carlos Méndez, un veterano de 45 años en el departamento de emergencias, evaluó la situación en segundos. Paciente femenina, embarazada, severamente deshidratada y desnutrida. Llamen a Obstetricia. Necesitamos sueros a Persto inmediatamente. Levantaron a la mujer con cuidado extremo. Era tan ligera que los dos hombres la alzaron sin esfuerzo.
En la camilla, bajo las luces brillantes de la sala de trauma, la magnitud de su condición se volvió aún más evidente. Tenía marcas de ataduras alrededor de sus muñecas y tobillos, cicatrices antiguas y nuevas. Sus pies estaban destrozados, las plantas cortadas y sangrando como si hubiera caminado o se hubiera arrastrado sobre terreno áspero durante días.
Su piel estaba cubierta de moretones en diferentes etapas de curación. “¿Cómo se llama?”, preguntó el doctor Méndez mientras insertaba una vía intravenosa en su brazo. La mujer tragó saliva con dificultad. “Amanda.” Amanda Torres. Karen Rodríguez sintió que algo en ese nombre le resultaba familiar, pero no podía ubicarlo.
Continuó tomando los signos vitales mientras otros miembros del equipo médico evaluaban las heridas de Amanda. Presión arterial 90 sobre 60, pulso 110, temperatura 35.8º, reportó Karen. Está hipotérmica. Traigan mantas térmicas, ordenó el Dr. Méndez. se inclinó hacia Amanda su voz suave pero urgente. Amanda, ¿puedes decirme de cuántos meses estás embarazada? Los ojos de Amanda se llenaron de lágrimas.
No sé, tal vez 7 meses. El doctor Méndez intercambió una mirada preocupada con la residente de obstetricia que acababa de llegar, la dotocora Lisa Chen. Necesitamos un ultrasonido ahora y llamen a la policía. La policía. Amanda intentó incorporarse pánico cruzando su rostro. Él vino está aquí. Tranquila, tranquila.
El doctor Méndez la calmó suavemente. Nadie va a hacerte daño. Estás a salvo ahora, pero necesitamos saber qué te pasó. Amanda comenzó a sollyosar su cuerpo frágil temblando. Él me tuvo encerrada 4 años en un sótano. Derek. Derek Mos. Karen sintió que su corazón se aceleraba. Ahora recordaba porque el nombre Amanda Torres le sonaba familiar.
Había sido un caso grande hace años. Una instructora de yoga que desapareció durante una caminata en los Everglades. Karen había visto los carteles de persona desaparecida por toda la ciudad. “Necesito hacer una llamada”, Karen dijo al Dr. Méndez, quien asintió mientras continuaba evaluando a Amanda. 10 minutos después, mientras Amanda estaba siendo sometida a un ultrasonido que confirmó un embarazo de aproximadamente 28 semanas con un feto que parecía sorprendentemente saludable dadas las circunstancias, dos detectives del Departamento de Policía de Miami
llegaron al hospital. La detective María Santos, una mujer de 38 años con 15 años en el departamento, entró a la sala de trauma con su compañero, el detective Tom Rivera. María había trabajado en casos de personas desaparecidas durante años y reconoció el nombre Amanda Torres inmediatamente. ¿Es ella? María preguntó a Karen en voz baja.
Amanda Torres, que desapareció en 1998. Eso dice, Karen confirmó. Y dice que estuvo cautiva durante 4 años. María se acercó a la camilla donde Amanda estaba siendo tratada. La doctora Chen estaba explicando que el bebé parecía estar bien, aunque pequeño para la edad gestacional, probablemente debido a la desnutrición de la madre.
Amanda María dijo suavemente mostrando su placa. Soy la detective Santos. Sé que has pasado por un trauma terrible, pero necesito hacerte algunas preguntas. ¿Puedes decirme dónde has estado estos 4 años? Amanda cerró los ojos, lágrimas corriendo por sus mejillas en un sótano bajo su casa. Derek Moss, él me secuestró cuando estaba caminando en losEverglades.
¿Dónde está Derek Moss ahora? Preguntó Tom Rivera, su mano moviéndose instintivamente hacia su arma. Amanda abrió los ojos y había algo salvaje en su mirada. Está muerto. Murió hace tres semanas. Ataque al corazón. Lo encontré muerto cuando bajó al sótano con mi comida. María y Tom intercambiaron miradas. ¿Y cómo escapaste? Busqué en sus bolsillos.
Encontré la llave. Me llevó días reunir el valor para abrir la puerta y salir. Pensé que era una trampa, que él me estaba probando. La voz de Amanda se quebró. Cuando finalmente salí, no sabía dónde estaba. Caminé, me arrastré. No sé por cuánto tiempo, días creo. ¿Puedes decirnos dónde está esta casa? María preguntó.
Amanda sacudió la cabeza débilmente. No sé. Nunca vi el exterior hasta que escapé. Es hay árboles por todas partes. Agua, pájaros. Los Everglades. Tom murmuró. El Dr. Méndez interrumpió. Detectives, ella necesita estabilizarse. Está gravemente deshidratada y desnutrida. El bebé está en riesgo. ¿Pueden continuar este interrogatorio después? María asintió.
Por supuesto, Amanda. Vamos a encontrar ese lugar y vamos a averiguar exactamente qué te pasó. Mientras los médicos continuaban tratando a Amanda, María salió al pasillo y llamó a la estación. Necesito todas las unidades disponibles. Tenemos una sobreviviente de secuestro que estuvo cautiva durante 4 años.
El perpetrador está muerto, pero necesitamos encontrar la ubicación. inicia una búsqueda en áreas remotas de los Everglades, propiedades registradas a nombre de Derek Moss. Elena Torres estaba en su cocina en Miami preparando café cuando sonó el teléfono. Era temprano las 6 de la mañana del 15 de marzo de 1998, un domingo tranquilo. Su hija Amanda había prometido llamarla después de su caminata matutina en los Everglades, pero no era Amanda, era la policía.
Señora Torres, habla el oficial James Cooper del departamento de policía de Miami Date. Es usted la madre de Amanda Torres. El corazón de Elena se detuvo. Sí, soy yo. ¿Qué pasó? ¿Está bien, Amanda? Su hija fue reportada como desaparecida esta mañana. Su vehículo fue encontrado en el estacionamiento del sendero Anjinga en los Everglades. ¿Cuándo fue la última vez que habló con ella? Elena sintió que sus rodillas se debilitaban. se dejó caer en una silla.
Anoche ella dijo que iba a hacer una caminata temprano esta mañana. Siempre camina los domingos. ¿Qué quiere decir con desaparecida? El oficial Cooper explicó que otro excursionista había notado el Honda Civic azul de Amanda estacionado en el mismo lugar desde las 7 de la mañana. Cuando el vehículo seguía allí a las 3 de la tarde, el excursionista alertó a un guardabosques.
Encontraron el auto cerrado con llave, la billetera de Amanda dentro, su teléfono celular también dentro. Pero ningún signo de ella. Tenemos equipos de búsqueda peinando el área ahora. Cooper dijo. Pero los Everglades son vastos. Necesitamos que venga a la estación para darnos más información sobre su hija.
Amanda Torres tenía 26 años, instructora de yoga en un estudio popular en Coral Gables. Era conocida por su amor por la naturaleza y frecuentemente hacía caminata sola en los Everglades, algo que siempre preocupaba a su madre. Le dije 1 veces que no fuera sola. Elena soyzaba más tarde en la estación de policía mientras daba una foto reciente de Amanda a los oficiales, pero ella decía que la soledad era parte de la experiencia, que se conectaba con la naturaleza.
La detective María Santos, entonces una detective junior de 34 años, fue asignada al caso, revisó la información que tenían. Amanda era una joven saludable, atlética, experimentada en caminatas. No había señales de lucha en su vehículo. Su billetera contenía efectivo y tarjetas de crédito, descartando robo como motivo. “Amanda tenía enemigos.
” María preguntó a Elena, “¿Alguien que pudiera querer hacerle daño?” Elena sacudió la cabeza vehemente. Todos amaban a Amanda. Era dulce, amable. Enseñaba yoga gratis a personas de bajos recursos los sábados. No puedo imaginar que alguien quisiera lastimarla. novio, exnovio problemático. Terminó con alguien hace 6 meses, pero fue amistoso.
Él se mudó a California por trabajo. Ya verifiqué, está allá. Durante los siguientes días, equipos de búsqueda con perros rastreadores peinaron el área del sendero Anjinga. Helicópteros sobrevolaron los Everglades. Cientos de voluntarios se unieron a la búsqueda. Los carteles con la foto de Amanda aparecieron por toda la ciudad.
Ayuden a encontrar a Amanda Torres, 26 años, desaparecida en los Everglades. Cabello castaño, Ojos cafés, 1.65 m, 55 kg. Si tiene información, llame al Departamento de Policía de Miami Date. La búsqueda continuó durante dos semanas. encontraron algunas huellas que coincidían con las botas de Amanda, siguiendo el sendero durante aproximadamente 1 kilómetro antes de desaparecer completamente en un áreapantanosa.
Es como si se hubiera desvanecido en el aire”, comentó uno de los guardabosques a María. La teoría oficial era que Amanda se había perdido en el pantano, posiblemente cayendo en aguas profundas o siendo atacada por un caimán. Los Everglades eran peligrosos, incluso para excursionistas experimentados. Cada año personas desaparecían en el vasto ecosistema de humedales, pero Elena se negaba a aceptar eso.
Mi hija conocía estos senderos. Ella no se habría perdido. Algo más pasó. María tendía a estar de acuerdo, pero sin evidencia el caso eventualmente se enfrió. Después de tres meses, la búsqueda activa se suspendió. Amanda Torres se unió a la larga lista de personas que habían desaparecido en los Everglades, presumiblemente víctimas del entorno hostil.
Lo que nadie sabía era que Amanda no se había perdido en el pantano. Aproximadamente un kilómetro dentro del sendero había encontrado a un hombre que parecía estar en problemas. Él estaba agachado junto al camino sosteniendo su tobillo. ¿Está bien? Amanda había preguntado acercándose con preocupación. El hombre de unos cuarent y tantos años con cabello gris y una sonrisa amable había levantado la vista.
Creo que me torcí el tobillo. Qué tonto de mi parte. ¿Podrías ayudarme a llegar hasta mi camioneta? Está justo por ese camino. Amanda, siempre dispuesta a ayudar, no había dudado. Claro, apóyate en mí. Derek Moss había planeado este momento durante meses. Conocía el horario de Amanda. Sabía que caminaba sola cada domingo.
La había estado observando, siguiendo, aprendiendo todo sobre ella. Cuando Amanda lo ayudó a levantarse, Derek usó su peso para empujarla fuera del sendero principal hacia la vegetación densa. Antes de que ella pudiera gritar, él presionó un trapo con cloroformo contra su cara. Lo último que Amanda recordaba de esa mañana era el olor dulce y químico y luego la oscuridad.
Derek Moss nació en 1950 en una granja aislada cerca de los Everglades. Su infancia fue marcada por el aislamiento y el abuso. Su padre, un cazador de caimanes alcohólico y su madre, una mujer mentalmente inestable, criaron a Derek en un ambiente de negligencia y violencia. A los 18 años, Derek escapó de su hogar disfuncional y se unió al servicio de parques nacionales.
Durante 20 años trabajó como guardabosques en los Everglades, un trabajo que le permitía estar solo en la naturaleza, lejos de las complicaciones de la interacción humana normal. Pero Derek tenía un secreto. Desde joven había desarrollado obsesiones intensas con mujeres específicas. En la escuela secundaria había acosado a una compañera durante meses hasta que la familia de ella obtuvo una orden de restricción.
En su veintena había sido despedido de un trabajo anterior por comportamiento inapropiado hacia una colega. En el servicio de parques, Derek aprendió a controlar mejor sus impulsos o al menos a esconderlos, pero las obsesiones nunca desaparecieron, simplemente se volvieron más privadas, más secretas. En 1995, Derek se jubiló anticipadamente a los 45 años después de una evaluación psicológica que sugería que no era apto para interactuar con el público.
Usó sus ahorros para comprar una propiedad aislada en el borde de los Everglades, una vieja casa de madera construida sobre pilotes con 40 acresantos alrededor. La propiedad era perfecta para alguien que quería privacidad absoluta. La casa más cercana estaba a 8 km de distancia, accesible solo por un camino de tierra que se inundaba durante la temporada de lluvias.
Derek pasaba días sin ver a otro ser humano. Durante los dos años siguientes a su jubilación, Derek comenzó a transformar su casa. En el sótano, que normalmente se usaría solo para almacenamiento elevado sobre el nivel del agua, Derek construyó algo diferente. Instaló paredes de concreto reforzado, una puerta de acero con múltiples cerraduras, ventilación limitada.
Lo diseñó meticulosamente como una prisión. No lo hizo por impulso. Derek sabía exactamente lo que estaba planeando. Llevaría tiempo encontrar a la persona correcta, la persona perfecta para su visión de compañía forzada. Fue en 1997 cuando Derek vio a Amanda por primera vez. Estaba haciendo su caminata dominical habitual por el sendero Anjinga cuando ella pasó corriendo, su cabello castaño brillando bajo el sol, auriculares en sus oídos completamente en su elemento.
Derek, que estaba fotografiando aves como pretexto para estar en el área, quedó inmediatamente cautivado. Comenzó a visitar el sendero cada domingo. Aprendió el horario de Amanda, sus rutas favoritas, sus hábitos. La fotografiaba desde lejos con su lente telefoto llenando álbumes con imágenes de ella caminando, estirándose, bebiendo agua en los puntos de descanso.
Derek justificaba su comportamiento en su mente distorsionada. No estaba acosándola, se decía a sí mismo. Simplemente la admiraba. Era tan hermosa, tan libre, y ella estabasiempre sola, lo que significaba que estaba disponible, que lo necesitaba, aunque no lo supiera todavía. Pasó meses planificando el secuestro.
Estudió los patrones de los guardabosques. Identificó áreas del sendero que tenían poca vigilancia. practicó su actuación de ser un excursionista lesionado. Compró suministros, cadenas, candados, comida enlatada suficiente para meses, un generador silencioso. En su diario que la policía encontraría años después, Derek había escrito: “Febrero 1998, ya casi es tiempo. He preparado todo.
” Ella no lo sabe todavía, pero va a amarme. Con el tiempo suficiente, sin las distracciones del mundo exterior, verá que estamos destinados a estar juntos. El plan funcionó perfectamente. El 15 de marzo de 1998, Amanda cayó en su trampa. La transportó inconsciente en su camioneta cubierta con una lona a su propiedad remota.
Nadie lo vio. Los Everglades eran vastos y Derek conocía cada camino secreto, cada ruta no marcada. Cuando Amanda despertó horas después, estaba en el sótano. Cadenas alrededor de sus tobillos la conectaban a la pared con suficiente longitud para moverse por la habitación pequeña, pero no para alcanzar la puerta.
Había un catre, un balde, una jarra de agua nada más. Derek bajó las escaleras cuando escuchó sus gritos. “Tranquila”, dijo con una voz que él creía tranquilizadora, pero que solo aterrorizó más a Amanda. “No voy a lastimarte. Solo necesitas tiempo para adaptarte. Con el tiempo entenderás que esto es mejor.
Estaremos juntos sin interrupciones, sin el mundo tratando de separarnos. ¿Estás loco? Amanda gritó tirando de las cadenas. Déjame ir. Mi familia me está buscando. Derek sonrió pacientemente. Pensarán que te perdiste en el pantano. Nadie vendrá aquí. Esta es nuestra nueva vida ahora. Los primeros meses fueron los peores.
Amanda pasó de la negación a la furia, luego a la desesperación y finalmente a una especie de entumecimiento emocional que era la única forma de sobrevivir mentalmente. El sótano tenía aproximadamente 4 por 5 m con un techo bajo de 2 m de altura. Una bombilla desnuda colgaba del centro, controlada por un interruptor que Derek operaba desde arriba.
A veces la dejaba encendida durante días, otras veces la apagaba durante días enteros, dejando a Amanda en oscuridad total. Derek bajaba dos veces al día. Por la mañana traía desayuno, usualmente avena fría o cereal seco con agua. Por la noche traía una comida simple, sopa enlatada, arroz, a veces un sándwich.
La cantidad era suficiente para mantenerla viva, pero no más. Buenos días, Derek decía cada vez, como si fueran una pareja normal compartiendo un desayuno. ¿Cómo dormiste? Al principio Amanda gritaba, suplicaba, maldecía. Derek simplemente esperaba pacientemente hasta que ella se cansara. Luego dejaba la comida y se iba sin decir nada más.
Con el tiempo, Amanda aprendió que las explosiones emocionales solo resultaban en menos comida o en castigos como días de oscuridad total. El baño era un balde en el rincón. Derek lo vaciaba cada dos días. Un ritual humillante que nunca dejaba de hacer que Amanda sintiera que su dignidad se erosionaba un poco más. Una vez por semana, Derek traía una cubeta de agua tibia y jabón, permitiéndole lavarse mientras él observaba desde las escaleras.
Tienes que mantener la higiene, Derek decía, como si estuviera siendo benevolente. Los meses se convirtieron en un año. Amanda intentó llevar un registro de los días rayando la pared con una piedra que había encontrado en el concreto, pero Derek descubrió sus marcas y cubrió las paredes con pintura lisa, sin ventanas, sin reloj, sin forma de medir el tiempo.
Amanda comenzó a perder su sentido de la realidad temporal. Derek comenzó a traer libros. Todos cuidadosamente seleccionados, romances, historias de parejas superando obstáculos para estar juntos. Él creía que esto la condicionaría a aceptar su situación como algún tipo de historia de amor retorcida. “Mira, Derek”, le dijo una vez sosteniendo un libro de Nicolas Sparks.
Ellos enfrentaron muchos desafíos, pero el amor prevaleció como nosotros. “Esto no es amor.” Amanda respondió. Su voz apagada por meses de resignación. Esto es prisión. Derek fruncía el ceño cuando ella decía cosas así, pero nunca la golpeaba físicamente. Su abuso era completamente psicológico, lo que de alguna manera lo hacía más insidioso.
Él genuinamente creía que estaba cortejándola, que eventualmente ella correspondería a sus sentimientos. A finales de 1999, Amanda había estado cautiva durante casi 2 años. Había perdido peso dramáticamente. Su cabello había crecido largo y descuidado, y su espíritu estaba casi quebrado. Había intentado suicidarse dos veces.
Una vez tratando de estrangularse con su propia camisa. Otra vez intentando ahogarse en el balde de agua. Derek la había salvado ambas veces, pareciendo genuinamente angustiado. ¿Por qué harías eso? Derekhabía llorado después del segundo intento. Yo te amo, estoy cuidándote. Fue en el año 2000, dos años después de su captura, cuando Derek comenzó a volverse más físicamente invasivo.
Hasta ese punto había mantenido su distancia física, excepto para encadenarla o desencadenarla cuando era necesario, pero su paciencia se estaba agotando. Amanda había temido este momento desde el principio. Cuando Derek bajó las escaleras una noche de octubre de 2000 y comenzó a desabrocharse el cinturón, ella supo que su pesadilla estaba entrando en una nueva fase de horror.
“Por favor, no”, Amanda suplicó retrocediendo tanto como las cadenas le permitían. “Por favor, Derek, no hagas esto.” “Sh, Derek”, dijo su voz supuestamente tranquilizadora. Las parejas hacen esto, es natural, es amor. No había escape. Amanda cerró los ojos y se disoció mentalmente, una técnica de supervivencia que había leído en uno de los libros de psicología que Derek irónicamente le había traído.
Ella se imaginó en algún otro lugar, en cualquier otro lugar menos aquí. Esto se convirtió en un patrón horrible. Derek la visitaba sexualmente varias veces por semana. En su mente retorcida estaban teniendo una relación. Para Amanda cada vez era una violación, pero había aprendido que resistirse solo lo hacía más insistente y prolongaba la agonía.
En marzo de 2001, Amanda se dio cuenta de que su periodo se había [ __ ] Al principio lo atribuyó al estrés y la desnutrición, que ya habían interrumpido su ciclo varias veces. Pero cuando pasaron dos meses más, la horrible verdad se hizo innegable. Estaba embarazada. Cuando se lo dijo a Derek, su reacción fue de júbilo puro.
Un bebé. Vamos a tener un bebé. Esto es maravilloso, Amanda. Ahora realmente somos una familia. Amanda sintió náuseas que no tenían nada que ver con el embarazo matutino. Esto no podía estar pasando. No podía traer un niño a este infierno. Derek comenzó a traer vitaminas prenatales y mejor comida. instaló un colchón más cómodo.
Parecía genuinamente preocupado por el bienestar del bebé, sino por Amanda. Pero en junio de 2001, Amanda comenzó a sangrar. Días después perdió el embarazo. Derek estaba devastado culpándola a ella por no cuidarse suficientemente. La castigó dejándola en oscuridad completa durante una semana. El segundo embarazo ocurrió a finales de 2001.
Esta vez Amanda no le dijo a Derek inmediatamente quería tiempo para procesar el horror de estar embarazada nuevamente del hombre que la había mantenido cautiva durante casi 4 años, pero eventualmente no pudo ocultar los síntomas. Derek notó su náusea matutina y su vientre en crecimiento. Su reacción fue la misma euforia perturbadora.
Esta vez será diferente, Derek prometió. Voy a cuidarte mejor. Nuestro hijo será perfecto. Amanda apenas podía mirar su propio reflejo en el pequeño espejo agrietado que Derek le había traído. No reconocía a la mujer que miraba hacia atrás, delgada, pálida, con ojos muertos. Los meses pasaron. El embarazo progresó.
Amanda tenía aproximadamente 7 meses cuando algo inesperado sucedió. Era una tarde de marzo de 2002. Derek bajó las escaleras como siempre para traer la comida de la tarde, pero esta vez algo estaba mal. Estaba pálido, sudando profusamente, sosteniendo su pecho con una mano mientras llevaba la bandeja con la otra. “Derek, ¿estás bien?”, Amanda preguntó casi por reflejo después de años de conversaciones forzadas.
“Solo solo un poco de indigestión.” Derek jadeó, dejó la bandeja en el suelo y se sentó pesadamente en las escaleras. Estaré bien en un minuto. Pero no estuvo bien. Amanda observó sin saber si sentir esperanza o miedo mientras Derek se agarraba el pecho con más fuerza. Su respiración se volvió laboriosa. Su rostro se puso de un color gris enfermizo.
Amanda Derek dijo su voz débil. Llama. Necesito luego colapsó rodando por las escaleras y aterrizando en el piso del sótano con un ruido sordo. No se movió. Amanda se quedó congelada mirando el cuerpo inmóvil de su captor. Era una trampa, algún tipo de prueba retorcida. Esperó conteniendo la respiración. Minutos pasaron. Derek no se movió.
No respiró. Lentamente, tan lejos como sus cadenas le permitían, Amanda se estiró hacia él con su pie. Lo empujó suavemente. Nada. Empujó más fuerte. Su cuerpo se movió lánguidamente sin resistencia. estaba muerto. La realización la golpeó como un rayo. Derek estaba muerto. Su captor, su torturador, durante cuatro años estaba muerto y ella estaba encadenada, embarazada de 7 meses sin forma de escapar.
Amanda miró el cuerpo durante horas esperando que se moviera, que esto fuera algún tipo de truco cruel. Pero Derek permaneció inmóvil, su cara congelada en una expresión de sorpresa y dolor. Eventualmente, el hambre y la desesperación superaron su cautela. Amanda se estiró tanto como pudo, pero las cadenas no le permitían alcanzar los bolsillos de Derek, dondesabía que guardaba las llaves.
Estaba a solo centímetros de distancia, pero podría haber sido kilómetros. Pasaron días. El cuerpo de Derek comenzó a descomponerse, el olor volviéndose insoportable. Amanda sabía que si no encontraba una manera de escapar pronto, ella y su bebé morirían aquí, encadenados junto al cadáver de su captor.
Fue entonces cuando tuvo una idea. Usando su camisa, Amanda hizo un lazo improvisado. Después de innumerables intentos durante tres días, finalmente logró enganchar la camisa alrededor del brazo de Derek. Lentamente, dolorosamente, lo jaló hacia ella, centímetro por centímetro. Cuando finalmente pudo alcanzar sus bolsillos, sus manos temblaban tanto que casi no podía funcionar.
Pero ahí estaban las llaves, varias llaves en un anillo. Le tomó 15 minutos de probar diferentes llaves con manos temblorosas antes de encontrar la correcta. Cuando el candado finalmente se abrió y las cadenas cayeron de sus tobillos, Amanda se quedó ahí sentada, aturdida. Estaba libre, pero libre. ¿Para dónde? subió las escaleras lentamente, sus piernas débiles después de años de uso limitado.
La puerta del sótano no estaba cerrada con llave desde el interior. Derek nunca había anticipado necesitar eso. Amanda emergió a la casa de Derek por primera vez en 4 años. Era una cabaña simple, polvorienta y desordenada, ventanas con cortinas cerradas. El mundo exterior estaba ahí, al otro lado del vidrio.
Encontró el teléfono de Derek, pero no tenía tono. La electricidad funcionaba, pero él claramente no tenía servicio telefónico. Buscó un vehículo esperando encontrar las llaves de su camioneta, pero no estaban por ningún lado. Amanda sabía que tenía que caminar. Pero, ¿en qué dirección? Y en su condición embarazada de 7 meses, desnutrida, débil después de años de confinamiento, ¿podría llegar a algún lado? Encontró algo de ropa de Derek y se vistió.
Los pantalones caían de su cuerpo demacrado. Encontró botas viejas que le quedaban grandes, pero eran mejor que nada. Bebió tanta agua como pudo y llenó una botella. No había comida que pudiera comer fácilmente. Todo requería preparación que no tenía tiempo de hacer. Amanda salió por la puerta principal.
El sol era cegador después de años en el sótano oscuro. Lágrimas corrieron por su rostro mientras respiraba aire fresco por primera vez en 4 años. Pero no había tiempo para saborear la libertad. Tenía que encontrar ayuda antes de que su cuerpo se diera completamente. Eligió una dirección hacia donde pensó que vio lo que podría ser un camino distante y comenzó a caminar.
Amanda caminó durante lo que parecieron horas, pero probablemente fueron solo 30 minutos antes de que sus piernas se dieran. cayó al suelo jadeando su vientre hinchado, haciendo que cada movimiento fuera un esfuerzo monumental. Se dio cuenta de que no podía caminar. Sus músculos atrofiados después de años de movimiento limitado, simplemente no podían sostenerla, pero podía arrastrarse y eso es exactamente lo que hizo.
Amanda se arrastró sobre sus manos y rodillas, luego sobre su estómago, cuando incluso eso se volvió demasiado, arrastrándose centímetro a centímetro a través del paisaje pantanoso de los Everglades. El primer día logró avanzar tal vez 1 kilómetro. Cuando oscureció, se colapsó bajo un árbol demasiado agotada para continuar.
Bebió el resto de su agua y rezó para que lloviera durante la noche. No llovió. El segundo día amaneció brutalmente caluroso. Amanda continuó arrastrándose, su piel raspándose contra raíces y piedras, sus manos sangrando, cada movimiento agonía pura. El bebé en su vientre pateaba recordándole que no podía rendirse.
Estaba alucinando por deshidratación cuando finalmente vio algo al final del segundo día. Luces, edificios, civilización. Con cada gramo de fuerza que le quedaba, Amanda se arrastró hacia esas luces. Eran las 2 de la madrugada cuando finalmente alcanzó el estacionamiento del hospital Jackson Memorial. Las puertas automáticas parecían un portál a otro mundo.
Todo lo que pasó después fue un borrón de voces, luces brillantes, manos gentiles. Estaba a salvo. Después de 4 años de infierno, finalmente estaba a salvo. Mientras Amanda se recuperaba en el hospital durante los días siguientes, la detective María Santos lideró un equipo a la propiedad de Derek Moss. Encontraron la casa exactamente como Amanda la describió y encontraron el cuerpo de Derek, ahora en avanzado estado de descomposición en el sótano.
Pero también encontraron evidencia, montones de evidencia, álbumes de fotos de Amanda tomadas en secreto durante meses antes de su secuestro, diarios detallando cada día de su cautiverio. Un archivo en su computadora con cientos de imágenes que Derek había descargado de otras mujeres, revelando un patrón de acoso que se remontaba décadas.
Este tipo era un depredador en serie. Maríadijo a Tom Rivera mientras revisaban el material. Amanda tuvo suerte de que su corazón se diera cuando lo hizo. Quién sabe cuánto tiempo más habría continuado esto. En el hospital, Amanda enfrentaba una decisión imposible. Estaba embarazada de 7 meses del hijo de su violador.
Los médicos le explicaron sus opciones, pero a esta etapa del embarazo estaba demasiado avanzado para una terminación segura. Elena Torres visitaba a su hija todos los días, sosteniéndola mientras Amanda lloraba. Lo que sea que decida sobre el bebé, Elena susurraba, “te apoyo. No tienes que quedarte con él si no quieres. Podemos buscar adopción.
” Amanda tocó su vientre sintiendo al bebé moverse. No es su culpa, dijo finalmente. El bebé no es culpable de lo que su padre hizo. Seis semanas después, en mayo de 2002, Amanda dio a luz a un niño sano. Lloró cuando lo sostuvieron por primera vez. Una mezcla compleja de emociones que ni siquiera podía comenzar a clasificar.
amor, resentimiento, esperanza, trauma, todo mezclado. ¿Cómo lo vas a llamar?, preguntó la enfermera suavemente. Amanda miró al bebé, sus ojitos cerrados, completamente inocente de las circunstancias horribles de su concepción. Daniel, dijo finalmente, se llamará Daniel. Significa Dios es mi juez. Parece apropiado.
La recuperación de Amanda fue lenta. Físicamente le tomó meses recuperar su peso y fuerza. Psicológicamente, los doctores le dijeron que sería un proceso de por vida. Ella sufría de TPT severo, ataques de pánico, pesadillas. Los espacios cerrados la aterrorizaban. La oscuridad la paralizaba de miedo, pero ella tenía a su madre, quien se mudó con ella y ayudó con el bebé.
Tenía terapia intensiva 5co días a la semana y tenía una razón para seguir adelante. Daniel necesitaba una madre. El caso atrajo atención nacional. Las noticias cubrieron extensamente la historia de la instructora de yoga, que sobrevivió 4 años de cautiverio y se arrastró 8 km mientras estaba embarazada para alcanzar la libertad.
Amanda se convirtió en un símbolo de supervivencia y resiliencia. Muchas personas le preguntaron cómo podía quedarse con el bebé que resultó de su violación. Amanda tenía una respuesta preparada. Daniel no es producto de violación, es producto de supervivencia. Es la prueba de que seguí viviendo cuando Derek quería quitarme mi humanidad.
Él representa mi futuro, no mi pasado. Pero en privado, en sesiones de terapia, Amanda admitía que era más complicado que eso. Algunos días miraba a Daniel y veía a Derek en sus rasgos. Otros días veía solo a un niño inocente que merecía amor. No tienes que tener todas las respuestas ahora. Su terapeuta, la docora Patricia Ruiz, le dijo, “La curación no es lineal.
Algunos días serán mejores que otros. Lo importante es que estás aquí, estás viva y estás tratando. 3 años después del rescate, en 2005, Amanda dio una entrevista a 60 minutes. Tenía 33 años, Daniel tenía tres. Ella había recuperado peso. Su sonrisa había vuelto, aunque no alcanzaba sus ojos, de la misma manera que antes.
¿Qué quieres que la gente sepa?, preguntó el entrevistador. Amanda pensó cuidadosamente antes de responder. Quiero que sepan que la supervivencia es posible incluso en las circunstancias más oscuras, que hay vida después del trauma, aunque nunca será la misma vida que tenías antes. Y quiero que otras sobrevivientes sepan que no tienen que tener todo resuelto.
Está bien estar rota y estar sanando al mismo tiempo. Cuando le preguntaron sobre Derek Moss, la expresión de Amanda se endureció. Agradezco que está muerto. No tengo que testificar. No tengo que verlo en la corte. No tengo que temer que escape de prisión algún día. murió solo en ese sótano, exactamente donde me mantuvo.









