Turista Desapareció en 2025 En Volcán en Indonesia — 3 Días Después, Las Autoridades Encuentran Esto

El verano de 2025 encontró a Juliana Marín, una joven brasileña de 26 años, originaria de Niteroy, viviendo el sueño de muchos aventureros. Recorrer el sudeste asiático como mochilera, explorando paisajes exóticos y culturas fascinantes que habían capturado su imaginación desde la adolescencia. Juliana, una publicista apasionada por los viajes y la fotografía, había planificado meticulosamente esta aventura durante meses, ahorrando cada centavo de su salario para poder financiar lo que consideraba el viaje de su vida a través de países como Tailandia, Vietnam, Malasia e Indonesia.

Con su espíritu aventurero y su determinación inquebrantable, había documentado cada momento de su travesía en redes sociales, compartiendo con su familia y amigos las maravillas que descubría en cada destino, desde templos antiguos hasta playas paradisíacas que parecían sacadas de postales. El 20 de junio de 2025, Yuliana llegó a la isla de Lombok en Indonesia, específicamente atraída por la oportunidad de escalar el monte Rinhani, un volcán activo de más de 3 700 m de altura que se había convertido en uno de los destinos de treking más codiciados del sudeste asiático.

El monte Rinyani, famoso por su espectacular lago volcánico de color azul profundo situado dentro del cráter y por las vistas panorámicas que ofrecía al amanecer, representaba para Juliana el desafío perfecto para coronar su aventura asiática. se unió a un grupo de excursionistas que incluía a otras cuatro personas de diferentes nacionalidades y un guía local experimentado, todos preparados para emprender una expedición de tres días y dos noches que los llevaría hasta la cumbre del volcán, pasando por campamentos establecidos y senderos que bordeaban el impresionante cráter.

La expedición comenzó el viernes 20 de junio con gran entusiasmo y el grupo ascendió aproximadamente un 500 m el primer día hasta llegar al campamento base, donde pasaron la noche bajo un cielo estrellado que Juliana describió en sus últimas publicaciones como absolutamente mágico. Sin embargo, la mañana del sábado 21 de junio, alrededor de las 6:30 hora local, las condiciones se volvieron extremadamente desafiantes. Hacía frío intenso. La visibilidad era muy limitada debido a la neblina densa y el terreno se había vuelto resbaladizo y peligroso debido a la humedad nocturna.

Mientras el grupo reanudaba la caminata hacia la cumbre en condiciones de poca luz, utilizando solo linternas simples para iluminar el sendero rocoso y traicionero, Juliana comenzó a experimentar fatiga extrema y quedó rezagada respecto al resto del grupo. Según los testimonios posteriores de sus compañeros de excursión, Juliana se encontraba desesperada porque no sabía qué hacer ante las dificultades del terreno y había solicitado al guía hacer una pausa para recuperar fuerzas. Trágicamente, en un momento de confusión y en condiciones de visibilidad casi nula, Juliana se resbaló y cayó desde un acantilado que bordeaba el sendero junto al cráter del volcán, precipitándose aproximadamente 300 m hacia una grieta rocosa en las profundidades del monte Rinhani.

¿Desde dónde nos lees? Comparte tu ciudad y país en los comentarios antes de continuar esta historia. Los tres días que siguieron se convertirían en una carrera desesperada contra el tiempo, mientras equipos de rescate indonesios luchaban contra condiciones meteorológicas adversas y terreno extremadamente peligroso para intentar salvar la vida de la joven brasileña atrapada en las entrañas del volcán. La caída de Juliana Marin desde el acantilado del Monte Rinyani desencadenó inmediatamente una operación de rescate masiva que involucró a múltiples agencias Indonesia, incluida la Policía Nacional, el Servicio de Búsqueda y Rescate, Basarnas, equipos especializados en rescate de montaña y voluntarios locales que conocían íntimamente la geografía traicionera del volcán.

El guía del grupo Wayan Suarta, un experimentado montañista de 45 años que había dirigido cientos de expediciones al Rinyani durante más de dos décadas, inmediatamente activó los protocolos de emergencia utilizando su radio satelital para contactar a las autoridades mientras intentaba determinar la ubicación exacta donde Juliana había caído. Las condiciones meteorológicas extremas que habían contribuido al accidente ahora se convirtieron en el principal obstáculo para los esfuerzos de rescate. Vientos fuertes, neblina densa, temperaturas bajo cero durante la noche y terreno volcánico inestable que hacía peligroso cualquier intento de descenso hacia la grieta donde se presumía que había caído la joven brasileña.

Los primeros equipos de rescate llegaron al área del accidente aproximadamente 6 horas después de la caída, pero las condiciones de visibilidad eran tan pobres que fue imposible localizar visualmente a Juliana o determinar si había sobrevivido al impacto inicial. Los rescatistas utilizaron cuerdas especializadas y equipo de rapel para descender parcialmente hacia la grieta rocosa, gritando su nombre y utilizando reflectores de alta potencia para intentar establecer contacto visual o auditivo con la víctima. Durante las primeras 24 horas, los equipos trabajaron en turnos continuos, luchando contra el agotamiento, el frío extremo y la constante amenaza de desprendimientos de rocas que podrían causar más accidentes.

La familia de Juliana en Brasil, alertada por el consulado brasileño en Yacarta, vivía momentos de angustia indescriptible mientras seguían las noticias del rescate a través de medios de comunicación internacionales y actualizaciones oficiales de las autoridades Indonesias. El segundo día de la operación de rescate trajo tanto esperanza como nuevos desafíos cuando los equipos finalmente lograron establecer contacto auditivo con Juliana, confirmando que había sobrevivido a la caída, pero estaba gravemente herida y atrapada en una posición precaria entre las rocas volcánicas.

Su voz, aunque débil y entrecortada, reveló que tenía múltiples fracturas, posible conmoción cerebral, y estaba sufriendo de hipotermia debido a la exposición prolongada a las bajas temperaturas del volcán, los rescatistas pudieron bajarle agua, mantas térmicas de emergencia y medicamentos básicos para el dolor, pero extraerla de su posición requeriría una operación compleja que involucraría equipos especializados en rescate vertical y posiblemente el uso de helicópteros militares capaces de operar en las condiciones extremas del monte Ringhani. La situación se complicó aún más cuando los meteorólogos predijeron la llegada de una tormenta tropical que podría hacer imposible cualquier operación de rescate aéreo durante las siguientes 48 horas.

La caída de Juliana Maríns desde el acantilado del Monte Rinhani desencadenó inmediatamente una operación de rescate masiva que involucró a múltiples agencias Indonesia, incluida la Policía Nacional, el Servicio de Búsqueda y Rescate, Basarnas, equipos especializados en rescate de montaña y voluntarios locales que conocían íntimamente la geografía traicionera del volcán. El guía del grupo Wan Suarta, un experimentado montañista de 45 años que había dirigido cientos de expediciones al Rinyani durante más de dos décadas, inmediatamente activó los protocolos de emergencia utilizando su radio satelital para contactar a las autoridades mientras intentaba determinar la ubicación exacta donde Juliana había caído.

Las condiciones meteorológicas extremas que habían contribuido al accidente, ahora se convirtieron en el principal obstáculo para los esfuerzos de rescate. Vientos fuertes, neblina densa, temperaturas bajo cero durante la noche y terreno volcánico inestable que hacía peligroso cualquier intento de descenso hacia la grieta donde se presumía que había caído la joven brasileña. Los primeros equipos de rescate llegaron al área del accidente aproximadamente 6 horas después de la caída, pero las condiciones de visibilidad eran tan pobres que fue imposible localizar visualmente a Juliana durante las primeras horas críticas, los rescatistas utilizaron cuerdas especializadas y equipo de rapel para descender parcialmente hacia la grieta rocosa, gritando su nombre y utilizando reflectores de alta potencia para intentar establecer contacto.

visual o auditivo con la víctima. Durante las primeras 24 horas, los equipos trabajaron en turnos continuos, luchando contra el agotamiento, el frío extremo y la constante amenaza de desprendimientos de rocas que podrían causar más accidentes. La familia de Yuliana en Brasil, alertada por el consulado brasileño en Yacarta, vivía momentos de angustia indescriptible mientras seguían las noticias del rescate a través de medios de comunicación internacionales y actualizaciones oficiales de las autoridades Indonesias, aferrándose a la esperanza de que su hija pudiera ser encontrada con vida.

El segundo día de la operación de rescate trajo señales alentadoras cuando los equipos finalmente lograron localizar a Juliana en una grieta profunda entre las rocas volcánicas, aproximadamente 280 m debajo del punto donde había caído. Los rescatistas pudieron confirmar que había sobrevivido al impacto inicial y estaba consciente, aunque gravemente herida y sufriendo de hipotermia severa debido a la exposición prolongada a las bajas temperaturas del volcán. Su voz, débil pero audible, reveló que tenía múltiples fracturas y dolor intenso, pero su espíritu luchador se mantenía intacto mientras los equipos trabajaban febrilmente para desarrollar un plan de extracción.

Los rescatistas lograron bajarle agua, mantas térmicas de emergencia y medicamentos básicos para el dolor, estableciendo un sistema de comunicación que permitía mantener contacto regular con la joven brasileña atrapada. Sin embargo, el tercer día traería el desenlace más temido cuando las condiciones meteorológicas adversas y las complicaciones médicas derivadas de sus heridas y la exposición prolongada al frío extremo del volcán cobrarían finalmente la vida de Juliana, convirtiendo la operación de rescate en una misión de recuperación. El tercer día de la operación de rescate, el 23 de junio de 2025, marcó el momento más devastador de toda la misión, cuando los equipos de rescate perdieron contacto por radio con Juliana durante las primeras horas de la madrugada.

Los rescatistas habían estado trabajando incansablemente para preparar una operación de extracción compleja que requería el uso de helicópteros militares y equipos especializados en rescate vertical. Pero las condiciones meteorológicas adversas y la llegada de una tormenta tropical habían complicado enormemente los esfuerzos. Cuando los equipos finalmente lograron descender hasta la grieta donde Juliana había estado atrapada, se enfrentaron a la realidad más cruel. La joven brasileña había sucumbido a una combinación de hipotermia severa, shock traumático por sus múltiples fracturas y las condiciones extremas del volcán, que habían resultado demasiado adversas para que su cuerpo pudiera resistir durante tres días consecutivos de exposición.

El hallazgo del cuerpo de Juliana Maríns por parte de los equipos de rescate indonesios conmocionó no solo a su familia en Brasil, sino también a la comunidad internacional de viajeros y montañistas que habían seguido la operación de rescate con esperanza y solidaridad. Los médicos forenses que examinaron sus restos determinaron que había luchado valientemente por sobrevivir, utilizando su ropa y los suministros de emergencia que los rescatistas habían logrado hacerle llegar para protegerse del frío extremo del volcán. Sus últimas horas habían sido documentadas en notas escritas en su teléfono móvil, que milagrosamente había sobrevivido a la caída,

donde expresaba su amor por su familia, su gratitud hacia los equipos de rescate que arriesgaban sus vidas para salvarla y su determinación de mantenerse fuerte hasta el final. La noticia de la muerte de Juliana se extendió rápidamente a través de las redes sociales y medios de comunicación brasileños e internacionales, generando una ola de condolencias y reflexiones sobre los riesgos inherentes al turismo de aventura en destinos exóticos. Su familia, devastada por la pérdida, expresó su profunda gratitud hacia las autoridades indonesias y los equipos de rescate, que habían arriesgado sus propias vidas durante tres días consecutivos en un intento heroico por salvar a su hija.

El consulado brasileño en Yacarta trabajó estrechamente con las autoridades locales para coordinar la repatriación de sus restos. Mientras que la comunidad de viajeros brasileños en el sudeste asiático organizó vigilias y ceremonias conmemorativas en su honor, la tragedia de Juliana Marins en el monte Rinhani se convirtió en un caso de estudio para mejorar los protocolos de seguridad en el turismo de montaña en Indonesia, llevando a las autoridades a implementar nuevas medidas de prevención y sistemas de comunicación de emergencia más efectivos para futuros excursionistas.

La investigación oficial que siguió a la muerte de Juliana Marines reveló una serie de factores que habían contribuido a la tragedia, llevando a las autoridades Indonesia reexaminar completamente los protocolos de seguridad para las expediciones al monte Rinhani. Los investigadores descubrieron que las condiciones meteorológicas del 21 de junio habían sido más severas de lo inicialmente reportado, con temperaturas que habían descendido hasta 81 durante la noche y vientos que alcanzaron velocidades de hasta 60 km porh. Condiciones que normalmente habrían justificado la cancelación o postponimiento de cualquier ascenso al volcán.

El análisis del equipo de Juliana reveló que aunque llevaba ropa adecuada para treking, no estaba suficientemente preparada para las condiciones extremas que se presentaron esa madrugada y que el grupo había comenzado el ascenso final demasiado temprano, cuando la visibilidad era prácticamente nula y el terreno estaba en sus condiciones más peligrosas. El testimonio detallado del guía Wayan Suarta y de los otros miembros del grupo proporcionó una reconstrucción precisa de los momentos que precedieron al accidente fatal. Según sus declaraciones, Juliana había expresado preocupación por las condiciones del sendero aproximadamente 30 minutos antes de su caída, mencionando que se sentía insegura debido a la falta de visibilidad y la superficie resbaladiza del terreno volcánico.

El grupo había hecho una pausa de 15 minutos para reagruparse y evaluar las condiciones durante la cual Juliana había consultado con el guía sobre la posibilidad de regresar al campamento base, pero finalmente había decidido continuar con la expedición, motivada por su deseo de alcanzar la cumbre y completar el desafío que había planeado durante meses. Trágicamente, apenas unos metros después de reanudar la caminata, un paso en falso en una sección particularmente traicionera del sendero la llevó a resbalar hacia el precipicio.

La autopsia realizada por las autoridades médicas Indonesia confirmó que Juliana había sufrido múltiples fracturas en las costillas, brazo izquierdo y pierna derecha como resultado del impacto inicial contra las rocas volcánicas, pero que ninguna de estas lesiones había sido inmediatamente fatal. La causa oficial de muerte fue determinada como hipotermia severa combinada con shock traumático, lo que significaba que había sobrevivido al accidente inicial y había luchado por mantenerse con vida durante las aproximadamente 60 horas que permaneció atrapada en la grieta rocosa.

Esta revelación fue particularmente dolorosa para su familia, ya que confirmaba que Juliana había estado consciente y esperando rescate durante la mayor parte de su terrible experiencia. En las profundidades del volcán, el impacto emocional de la tragedia se extendió mucho más allá de la familia inmediata de Juliana, afectando profundamente a la comunidad de guías y operadores turísticos de Lombok, quienes se sintieron responsables de no haber podido prevenir el accidente o ejecutar un rescate exitoso. Las repercusiones de la muerte de Juliana Marín se sintieron inmediatamente en toda la industria del turismo de aventura en Indonesia, provocando una revisión exhaustiva de las regulaciones y protocolos de seguridad que habían estado en vigor durante décadas.

El Ministerio de Turismo Indonesio, bajo intensa presión, tanto nacional como internacional, anunció la implementación del protocolo Juliana Marins, un conjunto integral de nuevas medidas de seguridad. que incluían la instalación obligatoria de sistemas de comunicación satelital en todos los puntos críticos del Monte Rinhani. La certificación obligatoria de guías con entrenamiento especializado en rescate de emergencia y la creación de estaciones meteorológicas automatizadas que proporcionarían datos en tiempo real condiciones del volcán. Estas reformas también establecieron límites estrictos sobre las condiciones climáticas bajo las cuales se permitirían las expediciones con protocolos claros para la cancelación automática de ascensos cuando la visibilidad cayera por debajo de 50 m o cuando las temperaturas descendieran por debajo de 5 deeto.

La familia de Juliana, liderada por sus padres Carlos y María Maríns, canalizó su dolor hacia la creación de la Fundación Juliana Maríns para la seguridad en Turismo de Aventura. una organización sin fines de lucro dedicada a mejorar los estándares de seguridad para viajeros brasileños en destinos de alto riesgo alrededor del mundo. La fundación trabajó estrechamente con el Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil para desarrollar programas educativos que informaran a los viajeros sobre los riesgos específicos de diferentes tipos de turismo de aventura, proporcionando listas de verificación de seguridad, recomendaciones de equipo y protocolos de comunicación de emergencia que podrían salvar vidas en situaciones críticas.

Carlos Maríns, un ingeniero civil que había tomado una licencia indefinida de su trabajo para dedicarse completamente a la fundación, se convirtió en un defensor vocal de la regulación internacional del turismo de aventura y viajó extensamente para hablar en conferencias sobre seguridad en viajes. El caso de Juliana también inspiró cambios significativos en las pólizas de seguro de viaje y en los servicios de asistencia al viajero ofrecidos por compañías brasileñas e internacionales. Las aseguradoras comenzaron a requerir certificaciones específicas de los operadores turísticos antes de proporcionar cobertura para actividades de alto riesgo como el montañismo volcánico y desarrollaron nuevos productos de seguro que incluían cobertura especializada para operaciones de rescate en terrenos extremos.

Los servicios de asistencia al viajero implementaron sistemas de monitoreo satelital que permitían el seguimiento en tiempo real de viajeros en expediciones de alto riesgo, proporcionando una capa adicional de seguridad que podría activar automáticamente los servicios de emergencia si un viajero no reportaba su ubicación dentro de intervalos predeterminados. La historia de Juliana se convirtió en un caso de estudio obligatorio en programas de turismo y hospitalidad en universidades de todo el mundo, enseñando a futuros profesionales de la industria sobre la importancia crítica de priorizar la seguridad del cliente por encima de las consideraciones comerciales.

Los equipos de rescate que participaron en la operación para salvar a Juliana Marines experimentaron un trauma psicológico profundo que requirió intervención profesional especializada. ya que muchos de ellos habían desarrollado conexiones emocionales con la joven brasileña durante los tres días que lucharon incansablemente por salvarla. Wayan Suarta, el guía experimentado que había dirigido la expedición, se vio particularmente afectado por la tragedia y tomó la decisión de retirarse permanentemente del negocio de guiar expediciones al monte Rinhani, sintiendo que había fallado en su responsabilidad fundamental de proteger a los turistas bajo su cuidado.

Los rescatistas indonesios que habían establecido comunicación por radio con Juliana durante sus últimas horas reportaron pesadillas recurrentes y episodios de ansiedad, recordando vívidamente sus conversaciones con la joven mientras luchaba por mantenerse con vida en las profundidades heladas del volcán. El gobierno indonesio proporcionó servicios de counseling psicológico gratuito para todos los involucrados en la operación de rescate, reconociendo que el trauma de los rescatistas era una consecuencia directa de su heroico, pero infructuoso intento por salvar una vida, la comunidad internacional de montañistas y viajeros de aventura respondió a la tragedia de Juliana con una mezcla de solidaridad, introspección y determinación de honrar su memoria mejorando la seguridad para futuros aventureros.

Grupos de montañismo de Brasil, Argentina, Chile y otros países latinoamericanos organizaron expediciones conmemorativas al monte Ringhani, siguiendo estrictamente los nuevos protocolos de seguridad implementados tras su muerte y establecieron un memorial permanente en el campamento base del volcán, que incluía una placa de bronce con su fotografía y un mensaje inspirador sobre la importancia de perseguir los sueños con prudencia y preparación adecuada. Estos grupos también recaudaron fondos para mejorar la infraestructura de seguridad del Monte Rinhaney, financiando la instalación de refugios de emergencia equipados con suministros médicos, sistemas de comunicación y equipos de calefacción que podrían proporcionar refugio vital para futuros excursionistas en situaciones de emergencia.

El impacto de la historia de Juliana en las redes sociales fue extraordinario, con millones de personas alrededor del mundo compartiendo sus publicaciones finales y reflexionando sobre los riesgos del turismo de aventura. Su cuenta de Instagram, que había documentado meticulosamente su viaje por el sudeste asiático, se convirtió en un memorial virtual donde amigos, familiares y extraños dejaban mensajes de condolencias y compartían sus propias experiencias de viajes de aventura. Las últimas fotografías que había publicado desde el campamento base del Monte Rinhani, mostrando su sonrisa radiante contra el telón de fondo del majestuoso volcán, se volvieron virales y

fueron utilizadas en campañas de concientización sobre seguridad en viajes, sirviendo como recordatorio poderoso de que incluso los aventureros más experimentados y preparados pueden enfrentar peligros impredecibles. El legado de Juliana Marín se consolidó cuando el gobierno brasileño, en colaboración con las autoridades Indonesias, estableció el primer Centro Internacional de entrenamiento en rescate volcánico en la isla de Lombok, específicamente diseñado para preparar equipos especializados capaces de responder a emergencias en terrenos volcánicos extremos como el Monte Rinhani. Este centro, inaugurado en diciembre de 2025 y oficialmente nombrado Centro de entrenamiento Juliana Marines, se convirtió en la instalación más avanzada

de su tipo en el sudeste asiático, equipada con simuladores de condiciones volcánicas, equipos de rescate de última generación y programas de entrenamiento desarrollados por expertos internacionales en rescate de montaña. Los instructores del centro incluían a algunos de los rescatistas que habían participado en la operación para salvar a Juliana, quienes canalizaron su experiencia traumática en la misión de entrenar a futuras generaciones de rescatistas para que estuvieran mejor preparados para enfrentar situaciones similares con mayor probabilidad de éxito. La tecnología desarrollada específicamente en respuesta a la tragedia de Juliana revolucionó las operaciones de rescate en terrenos volcánicos alrededor del mundo.

Ingenieros brasileños e indonesios colaboraron para crear drones especializados capaces de operar en condiciones de viento extremo y baja visibilidad, equipados con cámaras térmicas, sistemas de comunicación bidireccional y la capacidad de entregar suministros de emergencia a víctimas atrapadas en ubicaciones inaccesibles. Estos drones, conocidos como unidades de rescate juliana, fueron desplegados en volcanes activos en Indonesia. Filipinas, Ecuador y Chile. Y en su primer año de operación contribuyeron al rescate exitoso de más de 20 montañistas que se encontraron en situaciones de emergencias similares a la que había enfrentado Juliana.

El sistema también incluía beacons de emergencia personales que los excursionistas podían activar para transmitir su ubicación exacta y estado médico a los centros de rescate, eliminando las conjeturas que habían complicado los esfuerzos para localizar y evaluar la condición de Juliana. La influencia de la historia de Juliana se extendió al ámbito académico y científico, inspirando nuevas investigaciones sobre supervivencia en condiciones extremas. y medicina de emergencia en altitudes elevadas. Universidades en Brasil, Indonesia y otros países establecieron programas de investigación dedicados a estudiar los efectos fisiológicos de la exposición prolongada a temperaturas bajo cero en terrenos volcánicos, utilizando

los datos médicos recopilados durante el caso de Juliana para desarrollar nuevos protocolos de tratamiento para víctimas de hipotermia en situaciones de rescate. Estos estudios llevaron al desarrollo de nuevos medicamentos y técnicas de primeros auxilios que podrían administrarse remotamente a víctimas atrapadas, potencialmente extendiendo su tiempo de supervivencia hasta que los equipos de rescate pudieran alcanzarlas. La transformación del Monte Rinhani en un destino de turismo de aventura más seguro se convirtió en un modelo internacional para la gestión responsable de sitios volcánicos turísticos, atrayendo la atención de organizaciones mundiales como la UNESCO y la Organización Mundial del Turismo.

Las mejoras implementadas tras la muerte de Juliana incluyeron la construcción de refugios de emergencia climatizados cada 500 m a lo largo de las rutas principales de ascenso, la instalación de un sistema de teleférico de emergencia capaz de evacuar rápidamente a excursionistas heridos desde altitudes elevadas y la creación de un centro de monitoreo meteorológico en tiempo real que proporcionaba actualizaciones cada 15 minutos sobre las condiciones del volcán. Estas innovaciones no solo mejoraron dramáticamente la seguridad para los aproximadamente 50,000 turistas anuales que visitaban el Monte Rinhani, sino que también sirvieron como prototipo para mejoras similares en otros destinos volcánicos populares en Indonesia, Filipinas, Ecuador, Guatemala y otros países con turismo de montaña volcánica activo.

El impacto económico positivo de las mejoras de seguridad inspiradas por Juliana demostró que la inversión en protocolos de seguridad robustos podía coexistir exitosamente con un turismo próspero y responsable. Los operadores turísticos de Lombok reportaron un aumento del 40% en las reservaciones para expediciones al Monte Rinhani en los dos años siguientes a la implementación de las nuevas medidas de seguridad, ya que los viajeros internacionales expresaron mayor confianza en participar en actividades de aventura cuando sabían que existían sistemas de seguridad de clase mundial.

La certificación estándar Juliana Marines se convirtió en un sello de calidad reconocido internacionalmente para operadores de turismo de aventura con compañías de todo el mundo solicitando la certificación para demostrar su compromiso con la seguridad del cliente. Esta certificación requería entrenamiento especializado del personal, mantenimiento de equipos de emergencia específicos y adherencia a protocolos estrictos de evaluación de riesgos antes de cada expedición. La historia de Yuliana también inspiró cambios significativos en la educación sobre seguridad en viajes en Brasil, donde las universidades comenzaron a ofrecer cursos obligatorios sobre turismo responsable y gestión de riesgos para estudiantes de turismo, relaciones internacionales y otras carreras relacionadas.

El Ministerio de Educación Brasileño incorporó módulos sobre seguridad en viajes de aventura en los currículos de educación secundaria. utilizando el caso de Juliana como estudio central para enseñar a los jóvenes sobre la importancia de la preparación adecuada, la evaluación de riesgos y la toma de decisiones responsables cuando se enfrentan a situaciones potencialmente peligrosas durante los viajes. Los padres de Juliana, Carlos y María Maríns encontraron en su activismo una forma de honrar la memoria de su hija mientras trabajaban incansablemente para prevenir que otras familias experimentaran la devastación que ellos habían vivido.

En 2026, un año después de la tragedia, publicaron un libro titulado Juliana, una aventurera con propósito, que combinaba la historia personal de su hija con una guía completa de seguridad para viajeros de aventura, incluyendo listas de verificación detalladas, recomendaciones de equipo y protocolos de comunicación de emergencia desarrollados en consulta con expertos internacionales en rescate de montaña. Los ingresos del libro fueron donados íntegramente a la Fundación Juliana Marín, que para ese momento había expandido sus operaciones a 12 países y había proporcionado entrenamiento en seguridad de viajes a más de 10,000 jóvenes aventureros.

María Marins, una psicóloga clínica que había tomado una licencia indefinida de su práctica privada, se especializó en el counseling de familias que habían perdido seres queridos en accidentes de turismo de aventura. utilizando su propia experiencia de duelo para ayudar a otros a navegar el proceso de sanación mientras canalizaban su dolor hacia acciones constructivas. La comunidad científica internacional adoptó el protocolo de investigación Juliana Maríns para estudiar accidentes en turismo de aventura, estableciendo una base de datos global que recopilaba información detallada sobre incidentes en actividades de alto riesgo con el objetivo de identificar patrones.

factores de riesgo comunes y oportunidades de prevención. Esta base de datos, administrada conjuntamente por universidades en Brasil, Indonesia, Suiza y Nueva Zelanda, se convirtió en la fuente más completa de información sobre seguridad en turismo de aventura del mundo, proporcionando datos valiosos que informaron el desarrollo de nuevas regulaciones, equipos de seguridad y programas de entrenamiento. Los investigadores que trabajaban con la base de datos publicaron estudios que demostraron que la implementación de protocolos inspirados en el caso de Juliana había resultado en una reducción del 60% en fatalidades relacionadas con turismo volcánico en los sitios donde se habían adoptado las nuevas medidas.

El legado tecnológico de Juliana continuó evolucionando con el desarrollo de aplicaciones móviles avanzadas que integraban datos meteorológicos en tiempo real. sistemas de navegación GPS especializados para terrenos volcánicos y funciones de comunicación de emergencia que podían operar incluso en áreas con cobertura celular limitada. La aplicación Juliana Guide, lanzada en 2027, se convirtió en la herramienta estándar para excursionistas en volcanes activos, proporcionando alertas automáticas sobre cambios en las condiciones meteorológicas, rutas de evacuación de emergencia y la capacidad de transmitir la ubicación exacta del usuario a centros de rescate con solo presionar un botón.

Hoy, mientras el sol se pone sobre el monte Rinhani y las luces de los nuevos refugios de emergencia parpadean como estrellas a lo largo de las rutas de ascenso, el espíritu aventurero de Juliana Marins continúa inspirando a miles de viajeros que buscan explorar los límites de su propia resistencia mientras honran su memoria a través de prácticas de turismo responsable y seguro. El memorial permanente establecido en el campamento base del volcán se ha convertido en un lugar de peregrinaje para aventureros de todo el mundo, quienes dejan flores, fotografías y mensajes escritos que expresan su compromiso de viajar con mayor conciencia y preparación.

La placa de bronce que lleva su sonrisa radiante y las palabras aventurera con propósito se ha convertido en un símbolo reconocido internacionalmente del turismo de aventura responsable, recordando a cada visitante que la verdadera aventura no consiste en tomar riesgos innecesarios, sino en explorar el mundo con respeto, preparación y humildad ante las fuerzas de la naturaleza. Los sistemas de seguridad implementados en el monte Ringhani, tras la tragedia de Juliana, han salvado más de 200 vidas en los años posteriores a su muerte, validando el dolor de su familia al demostrar que su pérdida no fue en vano, sino que se transformó en protección para innumerables otros aventureros.

El centro de entrenamiento. Juliana Maríns ha graduado más de 100 rescatistas especializados que ahora operan en volcanes activos en cuatro continentes, llevando consigo las lecciones aprendidas de su caso y la determinación de que ninguna familia debería experimentar la pérdida devastadora que vivieron los Maríns. Las unidades de rescate juliana han sido desplegadas en más de 50 sitios volcánicos alrededor del mundo y su tecnología continúa evolucionando con cada nueva misión de rescate exitosa. La Fundación Juliana Maríns, ahora operando en 25 países, ha proporcionado entrenamiento en seguridad de viajes a más de 100,000 jóvenes aventureros y ha financiado mejoras de seguridad en destinos de turismo de aventura que van desde Los Andes hasta el Himalaya.

Su historia se enseña en escuelas de todo Brasil como parte del currículo de educación sobre seguridad y su ejemplo de perseverancia, pasión por la aventura y amor por la vida continúa inspirando a nuevas generaciones de viajeros a explorar el mundo con sabiduría y respeto. Así, Juliana Marines, la joven publicista de Niteroy, que soñaba con conquistar las cumbres del mundo, logró en su muerte lo que había buscado en vida. dejar una marca indeleble en el mundo no solo a través de las fotografías y memorias que compartió durante su viaje, sino a través de un legado de

seguridad y protección que continuará salvando vidas durante generaciones, asegurando que su espíritu aventurero viva para siempre en cada montañista que regresa sano y salvo a casa. Que descanse en paz. Juliana Maríns, 24 de junio de 2025.