La estación de esquide Vaqueira, Ber estaba en su momento más concurrido. Familias de toda España habían llegado para las vacaciones de Navidad. La nieve era perfecta ese año, más de metro y medio de polvorienta blanca cubriendo las pistas. Elena Martos, de 34 años, había alquilado un chalé en la zona de Ruda para pasar la semana con sus dos hijas, Claudia de 8 años y Sofía de 5. Era viaje especial, primer invierno sin el padre de las niñas.
Divorcio había sido finalizado en octubre. Elena quería crear nuevos recuerdos felices. “Mamá, mira cuánta nieve!” Sofía gritó emocionada, presionando nariz contra ventana del coche mientras subían por carretera serpenteante. Es preciosa, cariño. Elena sonrió, aunque por dentro sentía vacío que aún no había sanado. El chalet era acogedor. Dos dormitorios, chimenea de piedra, cocina pequeña, ventanas enormes con vistas a montañas que parecían tocar el cielo. Pasaron tarde instalándose. Claudia, siempre la responsable, ayudó a desempacar. Sofía jugaba con muñeca que había traído.
Lucía nunca iba a ningún lado sin ella. “Mañana iremos a las pistas”, Elena prometió mientras preparaba cena. “Clases de esquí para vosotras dos. ¿Tú también vas a esquiar, mamá?”, Claudia preguntó. “Puede. Hace años que no esquío desde antes de que nacierais. Esa noche cenaron junto al fuego. Chocolate caliente, risas, historias. Por primera vez en meses, Elena sintió que tal vez estarían bien, que podrían ser felices las tres solas. No sabía que apenas les quedaban 18 horas juntas.
El 29 de diciembre amaneció brillante y frío, -10 gr, pero cielo despejado, azul perfecto. Se vistieron con ropa de squí. Elena con anorac rojo, Claudia con chaqueta azul, Sofía con mono rosa que hacía juego con su gorro. Sofía insistió en meter a Lucía en su mochila pequeña. Ella también quiere ver la nieve. Llegaron a Vaqueira, 1500, estación principal, a las 10:30. Miles de esquiadores llenaban pistas. Música alegre sonaba por altavoces. Olor a chocolate y churros flotaba desde cafeterías.
“Recordad, Elena”, les dijo mientras hacían cola para alquilar esquí. “Nos mantenemos juntas siempre. No os alejéis de mamá.” Las niñas asintieron solemnemente. Clase de esquí para principiantes comenzó a las 11 de0. Instructor, hombre joven llamado Mark, era paciente con principiantes. Grupo pequeño, solo Elena y sus hijas, más familia francesa con niño. Durante primera hora practicaron en pista para principiantes. Claudia era natural. Cogió equilibrio rápidamente. Sofía caía más, pero reía cada vez, levantándose determinada. A las 12:30, Mark sugirió pausa.

Vamos a tomar algo caliente. Después, si os sentís preparadas, podemos subir telescilla a pista verde arriba. Fueron a cafetería envase, chocolate caliente para las niñas, café para Elena. Mientras bebían, Elena notó que Sofía estaba callada. ¿Estás bien, cariño? Me duele barriga. Elena palpó frente de Sofía ligeramente caliente. ¿Quieres volver al chal? No. Sofía protestó. Quiero esquiar más. ¿Estás segura? Sí, mamá, estoy bien. Decisión que Elena lamentaría para siempre. Subieron Telecilla a Cota 18. Vista era espectacular. Picos nevados extendiéndose en todas direcciones.
Mark les llevó a pista verde llamada La Perdw. Muy suave, explicó. Pendiente baja, perfecta para vosotras. Comenzaron descenso. Claudia iba adelante, después Elena. Sofía detrás con Mark supervisando. A mitad de bajada alrededor de las 1400, niebla comenzó a rodar montaña abajo, rápida, densa, inesperada. Parad, Mark, gritó. Quedaos donde estáis. Esto pasará. Pero niebla no pasó. Se espesó. En minutos visibilidad era menos de 2 m. Elena podía ver a Claudia justo delante. Sofía llamó detrás. Estoy aquí, mamá.
VZ pequeña en niebla. Mark, ¿tú estás con ella? Sí, la tengo. Justo. Pausa. Espera. Sofía, ¿dónde estás? Aquí. Voz de Sofía, pero sonaba más distante. No te muevas, cariño. Elena gritó. Comenzó a moverse hacia atrás, hacia donde había escuchado voz. Claudia la siguió. No os mováis. Mark gritó en niebla. Fácil desorientarse. Quedaos. Pero Elena no podía quedarse quieta. Su bebé estaba ahí fuera en niebla, asustada. Sofía, sigue hablando para que mamá pueda encontrarte. Mamá, voz era débil ahora.
Más lejos. Elena esquió en dirección de vos. Claudia justo detrás. Sofía, estamos viniendo. La niebla las tragó. Mark esperó llamando. Elena, Claudia, Sofía. Silencio, solo viento aullando. Activó radio. Emergencia en la perdiu. Tres esquiadoras perdidas en niebla, madre y dos niñas. Envíen patrulla de rescate. Búsqueda comenzó inmediatamente. Patrulla de squí llegó en minutos, pero Niebla era tan densa que búsqueda era casi imposible. A las 16:0, Niebla finalmente se disipó. Patrulla peinó toda la perdiu y áreas circundantes.
No encontraron nada, ni rastro de Elena, Claudia o Sofía. Sus esquís fueron encontrados, abandonados en pista, pero las tres habían desaparecido como si tierra las hubiera tragado. A las 18:00, búsqueda se expandió. Guardia Civil fue alertada. Helicópteros equipados con cámaras térmicas despegaron. Nada. Cuando oscureció, temperatura cayó a -20 gr. Patrulla sabía que si estaban heridas en montaña, hipotermia las mataría en horas. Búsqueda continuó toda la noche con focos. 200 voluntarios, perros rastreadores, equipos expertos, no encontraron nada.
Al amanecer del 30 de diciembre, búsqueda se intensificó aún más. Familiares llegaron. Padres de Elena desde Valencia, hermana desde Madrid, exmarido Pablo voló desde Barcelona, donde ahora vivía. ¿Cómo desaparecen tres personas en pista de esquí concurrida? Pablo gritó al coordinador de rescate. Señor Martos, estamos haciendo todo. No es suficiente. Mis hijas están ahí fuera. Pero búsqueda, a pesar de intensidad, no producía resultados. Era como si Elena y las niñas se hubieran evaporado. El 31 de diciembre, después de tr días, búsqueda activa fue reducida.
Guardia Civil admitió que probabilidad de encontrarlas vivas era casi cero. Pero seguiremos buscando, capitán García prometió a familia. No las abandonaremos. Vaqueira Veret cerró temporalmente sector donde desaparecieron. Investigación completa fue lanzada. ¿Había alguien más en montaña? Secuestro, accidente, no había respuestas. Solo preguntas y silencio de montaña. El caso se volvió nacional. Madre y dos hijas desaparecen misteriosamente en Pirineos. Teorías abundaban. Cayeron en grieta oculta por nieve. Fueron secuestradas. Sufrieron amnesia y vagaron perdidas. Ninguna explicación satisfacía completamente.
Meses pasaron, primavera llegó, nieve se derritió, búsquedas se reanudaron, nada. Verano, otoño, otro invierno. Carteles con fotos de Elena, Claudia y Sofía permanecían en Vaqueira. Desaparecidas 2912 1994. Cualquier información, contactar Guardia Civil. Familia nunca dejó de buscar. Pablo vendió todo. Dedicó vida a encontrarlas. Padres de Elena envejecieron décadas en meses, pero Montaña guardaba su secreto hasta 5 años después, cuando Esquiador experimentado se desvió de pista marcada y encontró algo que cambiaría todo. Javier Ortega, esquiador experto de 42 años, conocía a Vaqueira como palma de su mano.
Había esquiado allí durante 20 años. Le gustaba explorar, encontrar zonas vírgenes fuera de pistas marcadas. Ese día había decidido esquiar por zona llamada El Bosque, área boscosa entre pistas oficiales, técnicamente no prohibida, pero tampoco recomendada. Árboles densos, terreno irregular. Era mediodía, cielo despejado, visibilidad perfecta. Javier había esquiado por parte alta de bosque cuando vio algo extraño. Mancha de color entre árboles, rojo brillante, no natural. Curiosidad lo llevó más cerca. esquió cuidadosamente entre pinos hasta alcanzar objeto. Su sangre se congeló.
Era Anorac, Anorac, rojo de esquí. Y todavía había alguien dentro. Cuerpo estaba apoyado contra árbol, medio enterrado en nieve, congelado, sólido. Mujer. Javier sacó radio con manos temblorosas. Base, habla Ortega. Necesito patrulla de rescate en el bosque, sector norte. He encontrado, he encontrado cuerpo. Cuerpo está seguro completamente seguro. Mujer congelada. Parece, parece que lleva aquí mucho tiempo. Patrulla llegó en 15 minutos. Cuando vieron cuerpo, inmediatamente llamaron guardia civil. Capitán García, mismo que había coordinado búsqueda 5 años antes, llegó en helicóptero con equipo forense.
Se acercó al cuerpo cuidadosamente. Nieve lo había cubierto parcialmente, pero congelación lo había preservado notablemente. Mujer joven, treint y tantos. Anorac rojo, pantalones de esquin negros, botas aún puestas y su cara. García reconoció inmediatamente de miles de veces que había visto foto. Elena Martos. Dios mío, susurró. Es ella después de 5 años. Examinó área más cuidadosamente y entonces vio algo más. A 3 m otra mancha de color azul. Se acercó. Segundo cuerpo. Niña pequeña. Chaqueta azul. Claudia, ¿hay más aquí?
Uno de patrulleros gritó desde 20 metros distancia. Había encontrado tercer cuerpo más pequeño. Mono rosa, Sofía. Las tres después de 5 años perdidas en montaña, encontradas finalmente. Pero, ¿cómo? ¿Por qué aquí? Esta área había sido buscada. No exhaustivamente, era zona difícil, pero había sido revisada. García ordenó perímetro completo. Fotógrafos forenses documentaron todo, cada ángulo, cada detalle. Los cuerpos estaban extraordinariamente preservados. congelación a temperaturas bajo cero durante años los había momificado naturalmente como si estuvieran dormidas. Elena estaba apoyada contra árbol, brazos extendidos como si hubiera estado tratando de proteger algo.
Su cara mostraba expresión de terror y determinación mezclados. Claudia estaba a pocos metros como si hubiera estado gateando hacia su madre. Y Sofía, la más pequeña, estaba más lejos. En su mochila congelada todavía estaba Lucía, muñeca conservada perfectamente. ¿Qué pasó aquí? García se preguntó en voz alta. Médico forense Dr. Ramos examinó cuerpos in situantes de remoción. Causa probable de muerte. Hipotermia. Todas tres. El 29 de diciembre de 1994, si desaparecieron ese día, temperatura nocturna fue -25 ºC.
Sin refugio habrían muerto en horas. ¿Pero por qué se separaron? Elena está contra árbol. Claudia a 3 met, Sofía a 6 met. Tal vez se desorientaron en niebla, cada una tratando de encontrar a las otras, sucumbiendo una por una. O García miró alrededor o algo la separó. ¿Qué quiere decir? García señaló patrones en nieve. Difícil de ver después de 5 años, pero si mirabas cuidadosamente, mire cómo están posicionadas como si hubieran estado corriendo, huyendo. ¿De qué? No lo sé, pero no estaban simplemente perdidas, estaban asustadas.
Familia fue notificada. Pablo Martos llegó en horas. Cuando vio cuerpos, sus hijas, su exesposa, colapsó. Mis bebés, mis bebés pequeños le permitieron acercarse a Sofía. Tocó su mano congelada. Lo siento mucho, cariño. Papá buscó. Busqué tanto. Padres de Elena llegaron después. Madre de Elena, Carmen, apenas podía mirar. Mi niña y mis nietas. ¿Por qué? Porque ellas. Cuerpos fueron removidos cuidadosamente y transportados a morgue en biela. Autopsias completas serían realizadas. Pero mientras equipo forense trabajaba, uno de ellos encontró algo más.
En bolsillo de la Norc de Elena. Sobre, sellado. Dentro carta. García lo abrió con manos enguantadas. Papel estaba húmedo, pero legible. Escrita a mano, letra de Elena reconocible de documentos previos. Decía, “Si alguien encuentra esto, por favor digan a mi familia que las quiero. Digan a Pablo que no fue su culpa. Digan a mis padres que lo siento. Nos perdimos en niebla. Traté de encontrar camino de vuelta, pero todo era blanco. Claudia está conmigo. Sofía. Sofía corrió.
Gritó que veía algo. Corrió hacia árboles. La seguimos. Pero entonces él estaba allí, hombre, viejo, en medio del bosque. Nos miraba, sonreía, pero sonrisa era incorrecta. Traté de hablar con él, pedirle ayuda, pero él solo miraba y después empezó a caminar hacia nosotros. Algo en forma que se movía. No era normal. Corrimos. No sé cuánto tiempo hemos estado corriendo. Hace tanto frío. Claudia no puede continuar. Sofía está adelante. No puedo verla. Él todavía está detrás. Puedo oírlo moviéndose entre árboles.
No creo que salgamos de aquí. Pero necesito que sepan, luchamos. Luché por mis hijas y él, quien quiera que sea, está. La carta terminaba abruptamente, como si Elena hubiera dejado de escribir de repente. García leyó carta tres veces. Hombre viejo entre árboles las persiguió. ¿Cree que había alguien más? Dr. Ramos preguntó. No lo sé. Alucinación de hipotermia. ¿O realmente había alguien? Si había alguien, ¿dónde está ahora? Buena pregunta. búsqueda se expandió nuevamente. No solo cuerpo, sino evidencia de otra persona, rastros, refugio, cualquier cosa.
Encontraron algo más a 50 m de donde Sofía fue hallada. Cabaña vieja, medio colapsada, escondida entre árboles densos. interior era espeluznante, decrépito, húmedo, pero había señales de ocupación reciente, latas de comida, algunas de años 90, otras más nuevas, manta raída y en pared tallados en madera, marcas, docenas de marcas, como prisionero contando días, pero estas no eran días, eran caras, rostros tallados crudamente, algunos pequeños como niños. ¿Qué diablos es esto? Uno de guardias susurró. García contó marcas.
17 rostros. 17. Necesitamos verificar todos casos de personas desaparecidas en Pirineos en últimas décadas, García ordenó. Investigación reveló algo aterrador. En los últimos 30 años 17 personas habían desaparecido en área de Vaqueira, Beret y valles circundantes. Algunas durante esquí, otras haciendo senderismo, nunca encontradas. 17 personas. 17 caras en pared de cabaña. Alguien ha estado aquí durante décadas, García concluyó, viviendo en montaña y y tal vez llevándose personas. Secuestrador, asesino en serie. No lo sé, pero necesitamos encontrar quién está viviendo en esa cabaña.
Búsqueda se lanzó por ocupante de cabaña. Perros rastreadores, helicópteros con térmica, expertos de montaña. No encontraron nadie como si quien había vivido allí se hubiera desvanecido o nunca hubiera existido. La historia explotó en medios nacionales. Familia encontrada después de 5 años. asesinato o accidente. Carta de Elena fue analizada por expertos. Escrita bajo delirio de hipotermia o testimonio de encuentro real. Nunca se supo con certeza, pero una cosa era clara. Elena, Claudia y Sofía Martos habían muerto en el bosque en diciembre de 1994 y tal vez, solo tal vez, no habían estado solas.
Autopsias de Elena, Claudia y Sofía fueron realizadas por Dr. Ramos y equipo completo de forenses. Resultados confirmaron hipotermia como causa de muerte. Las tres habían muerto probablemente entre las 20 cero y 23 del 29 de diciembre de 1994, entre 6 y 9 horas después de perderse. Pero había detalles extraños. Sofía tenía marcas en muñecas, pequeñas, circulares, como si algo o alguien la hubiera agarrado con fuerza. Claudia tenía contusión en costado, consistente con caída, pero también podría ser empujón.
Y Elena. Elena tenía fibras bajo uñas, no de su propia ropa ni de las niñas. fibras de lana áspera antigua, como si hubiera arañado a alguien o algo. Estas fibras, Dr. Ramos explicó a García, son de fabricación artesanal, lana sin procesar industrialmente, tipo que se usaba en Pirineos hace 50, 60 años, de ropa de alguien, posiblemente, o manta, algo viejo. Fibras fueron enviadas a laboratorio en Barcelona para análisis completo. Mientras tanto, Guardia Civil revisó cada caso de persona desaparecida en Pirineos desde 1960.
La lista era inquietante. 1962. Martín Solzona, 45 años, desaparecido durante tormenta de nieve. 1967, familia Vidal, padre, madre, hijo de 9 años. Nunca encontrados. 1973, Teresa Campos, 28 años. Desapareció haciendo senderismo. 1978, dos montañistas franceses. Rastro perdido en zona del bosque. 1985, niño de 12 años, Roberto Pujol. Separado de grupo escolar. 1989, pareja joven y últimos vistos cerca de Cabaña Abandonada. Y más, 17 en total contando a Elena y las niñas. Todos en misma área general. García señaló mapa.
Radio de 10 km centrado en Aquí. marcó punto, exactamente donde Cabaña fue encontrada. ¿Cree que una persona es responsable de todos? Su segundo teniente Mora preguntó, “No lo sé, pero patrón es innegable.” Investigación de cabaña reveló más detalles. Era antigua, construida probablemente en años 40 o 50, estilo tradicional pirenaico. Había sido refugio de pastor una vez. Registros de propiedad mostraban que había pertenecido a familia llamada Iváñez. Último propietario registrado. Murió en 1958, después abandonada. “¿Familia Iváñez tenía herederos?”, García preguntó.
Investigación mostró que sí. hijo llamado Tomás Iváñez, nacido en 1935. Después de muerte de padre en 1958, Tomás había desaparecido sin registros, como si se hubiera evaporado. Edad de Tomás ahora, 65 años. Si vive hombre viejo, García Cito Carta de Elena. Ella vio Hombre Viejo. Cree que Tomás Ibáñez ha estado viviendo en cabaña durante 40 años. Es posible. Aislado, sobreviviendo en montaña. Buscar a Tomás Ibáñez se convirtió en prioridad. Foto vieja fue encontrada de 1955. Tomás a los 20 años.
Cara delgada, ojos oscuros, expresión extraña, como si no estuviera completamente presente. Investigadores hablaron con residentes antiguos de Biela y pueblos cercanos. Algunos recordaban familia Iváñez. El padre Joaquín era pastor, anciano de 80 años recordó. hombre duro y el hijo Tomás había algo raro en él. No hablaba mucho. Pasaba tiempo solo en montañas. ¿Qué pasó con él? Después que padre murió, dejó de venir al pueblo. Pensamos que había marchado a ciudad, pero tal vez nunca se fue. Tal vez solo se quedó arriba.
Patrulla de montaña intensificó búsqueda. Si Tomás estaba vivo y en montañas encontrarían rastros, campamentos, huellas, algo. Pero montaña era vasta. Miles de hectáreas de bosque, rocas, cuevas. Persona que conocía terreno podría esconderse indefinidamente. Mientras tanto, familia de Elena celebró funeral. 5 años después de desaparición, finalmente tenían cuerpos para enterrar. Fue ceremonia devastadora. Pablo apenas podía mantenerse en pie. Colocó muñeca Lucía en ataú pequeño de Sofía para que no esté sola, susurró. Iglesia en Biela estaba llena. Cientos vinieron.
Caso había tocado corazón de España, madre y dos hijas perdidas en nieve, encontradas años después. Padre Lucas dio eulogia. Elena, Claudia y Sofía están ahora en paz. en brazos de Dios ya no sienten frío, ya no tienen miedo. Pero algunos no estaban convencidos de paz porque la pregunta permanecía. ¿Qué realmente les pasó en esas últimas horas? Psicóloga forense, Dra. Núñez fue consultada. Leyó carta de Elena cuidadosamente. Descripción de hombre viejo podría ser alucinación, explicó. Hipotermia severa causa confusión, delirio.
Cerebro crea imágenes que no existen. Pero las marcas en muñecas de Sofía podrían ser de ramas rocas si corrían en pánico por bosque denso y fibras bajo uñas de Elena. Doctora Núñez no tenía respuesta fácil. Eso es más difícil de explicar. Resultados de laboratorio regresaron en marzo. Fibras eran definitivamente lanas sin procesar. Edad estimada, 50 a 70 años. Consistente con ropa artesanal de mediados de siglo XX, exactamente tipo que Tomás Ibáñez habría usado. Él estaba allí. García, concluyó.
No sé qué hizo exactamente, pero estaba allí. Elena lo vio, interactuó con él y después, después, no lo sé, las asustó, intentó ayudar, pero ellas huyeron pensando que era amenaza o realmente las persiguió con intención de daño. Síntomas para interrogar, nunca sabrían, pero búsqueda de él continuaba. Y en abril hubo avance. Excursionista reportó haber visto figura en bosque cerca de donde Cabaña estaba. Hombre viejo, barba larga, se movía rápido por árboles. Cuando me vio, desapareció. Patrulla fue enviada inmediatamente.
Rastrearon área y encontraron rastros, huellas frescas, fogata reciente. Alguien había estado allí días antes, pero para cuando llegaron se había ido. “Sabe que lo buscamos”, Mora dijo. Está huyendo o jugando. García respondió. Conoce estas montañas mejor que nosotros. podría estar observándonos ahora mismo. Búsqueda se convirtió en obsesión para García. Caso le consumía. Cada noche estudiaba mapas, reportes, evidencia. Su esposa Ana estaba preocupada. Javier, necesitas descansar. Este caso te está destruyendo. No puedo parar. Tres personas murieron, tal vez 17.
Ironsable está allá afuera. O murieron por accidente y estás persiguiendo fantasma. García no podía aceptar eso. No con fibras, no con marcas, no con cabaña llena de caras talladas. Había alguien, tenía que haberlo y no descansaría hasta encontrarlo. Patrulla de Guardia Civil había establecido vigilancia permanente en área del bosque, rotaciones de equipos, cámaras trampa, sensores de movimiento. Si Tomás Ibáñez o quien fuera estaba allí, lo atraparían. El 15 de mayo, sensor se activó. 3:47 de madrugada, sector este de bosque.
Equipo de respuesta rápida fue despachado. Seis guardias equipados con visión nocturna, GPS, radios llegaron al punto en 20 minutos, área donde sensor había detectado movimiento. Buscaron inicialmente nada, después uno vio rastros, huellas frescas en tierra húmeda, pie descalzo grande, callosidades evidentes. Alguien acaba de pasar por aquí, líder del equipo, sargento Vila, susurró. siguieron rastro conducía más profundo en bosque hasta que llegaron a Pequeño Claro. Y allí, sentado en piedra grande, estaba hombre anciano, 70 y tantos quizá.
Barba gris larga, pelo enmarañado, ropa hecha de pieles y tejido tosco, pies descalzos, endurecidos como cuero. Miraba directamente a ellos como si hubiera estado esperando. Tomás Ibáñez, vila preguntó avanzando con manos levantadas, mostrando no amenaza. Hombre no respondió. Solo miraba. Soy sargento Vila de Guardia Civil. Necesitamos hablar con usted sobre sé por qué están aquí. Voz de hombre era áspera, poco usada. Familia, madre y dos pequeñas. Sí, las conoció. Vinieron a mi bosque en niebla, perdidas. ¿Qué pasó?
Hombre miró a cielo. Traté de ayudar, señalarles camino de vuelta, pero tuvieron miedo de mí. Siempre tienen miedo. ¿Quiénes tienen miedo? Todos los que vienen ven mi cara y corren como si fuera monstruo. ¿Qué hizo cuando corrieron? La seguí tratando de explicar, pero más seguía, más corrían. La pequeña cayó. Quise levantarla, pero madre gritó. Pensó que iba a hacerle daño. Y después ellas corrieron más. Yo cio, me rendí. Regresé a mi cabaña. Pensé que encontrarían camino, pero no lo encontraron.
Lágrimas corrieron por mejillas sucias de hombre. Lo sé. Encontré cuerpos días después congeladas, muertas por mi culpa. ¿Por qué no reportó? ¿A quién? No he hablado con personas en 40 años. No sé cómo regresar a Mundo. Montaña es mi hogar ahora. Vila activó radio. Capitán García, lo tenemos. Tomás Iváñez confesó encuentro con familia Martos. García llegó en helicóptero en hora. Cuando vio a Tomás, hombre salvaje que había vivido en montañas durante décadas, sintió mezcla de alivio y tristeza.
No era asesino, solo hombre roto que había huído de mundo. Tomás García habló suavemente. Necesito que me cuentes todo sobre esa noche y sobre otros. Otros 17 caras en pared de tu cabaña. ¿Quiénes eran? Tomás cerró ojos. personas que vi en montañas a lo largo de años, algunos perdidos, algunos heridos. Traté de ayudar, pero no siempre llegué a tiempo y todos murieron. La mayoría. Tallé sus caras para recordar, para no olvidar que no pude salvarlos. Ibas a tallar cara de Elena y las niñas.
No podía. Dolía demasiado, especialmente las pequeñas. García sintió algo que no esperaba. Compasión. Este hombre no era criminal. Era alma perdida que había intentado ayudar, pero cuyos esfuerzos solo habían causado más miedo. Tomás, ¿necesitas venir conmigo? Responder preguntas oficialmente. ¿Me encerrarán? Eso depende de lo que descubramos, pero necesitamos entender qué pasó con todos esos desaparecidos. Tomás asintió lentamente. He estado solo demasiado tiempo. Tal vez es hora. Fue llevado a cuartel en Biela. Durante días fue interrogado. Historia emergió lentamente.
Tomás había huído a montañas en 1958 después de muerte de padre. No encajaba con gente, explicó. Siempre fui diferente. Montaña me aceptó. Durante décadas vivió solo. Casaba, pescaba, sobrevivía y ocasionalmente encontraba personas perdidas. Quería ayudar, pero mi apariencia los asustaba. Así que a veces solo observaba desde distancia, asegurándome que encontraran camino, pero algunos no lo encontraron. Algunos estaban heridos demasiado gravemente o hipotérmicos. Para cuando llegaba era tarde. ¿Por qué no buscaste ayuda para ellos? Al principio intenté, pero cuando bajé al pueblo en 1962 con hombre herido, me llamaron loco.
Dijeron que lo había atacado. Yo escapé antes que pudieran arrestarme. Nunca volví. Y psiquiatra evaluó a Tomás. Diagnóstico. Trastorno esquisoide de personalidad. Ansiedad social severa, pero no psicosis. No era peligroso, solo profundamente desconectado. ¿Qué hacemos con él? Mora preguntó a García. No cometió crimen. Intentó ayudar. Falló, sí, pero no mató a nadie. Familia de Elena fue informada. Pablo vino a ver a Tomás. Encuentro fue tenso. Pablo miraba al hombre que había visto últimas horas de su familia.
Sufrieron. Pablo preguntó finalmente. No lo sé. Tomás respondió honestamente. Corrían cuando las vi por última vez. Asustadas. Lo siento. ¿Por qué no las ayudo mejor? Lo intenté. Pero soy no soy bueno con personas. Nunca fui. Pablo no sabía si perdonar, pero veía que Tomás también sufría. Había vivido con culpa durante 5 años. Solo quiero que sepas, Pablo dijo, mis hijas eran especiales. Claudia era inteligente, amable. Sofía era alegre, amaba a todos. Y Elena era buena madre, la mejor.
Lo sé. Tomás susurró. Pude verlo. Incluso en terror, madre protegía pequeñas. Es por eso que duele. Tomás fue eventualmente liberado. No hubo cargos, no había cometido delito, pero no podía volver a montañas. Fue colocado en centro de reinserción social en Biela. Adaptación fue difícil. 40 años en soledad no se deshacían fácilmente, pero con ayuda lentamente aprendió a estar entre personas otra vez. Y cada año en 29 de diciembre visitaba tumba de Elena, Claudia y Sofía. dejaba flores silvestres de montaña.
Su forma de disculpa, su forma de recordar. Caso de familia Martos fue cerrado oficialmente en junio de 2000. Causa de muerte, hipotermia tras desorientarse en niebla. Tomás Ibáñez no fue considerado responsable criminalmente, aunque su presencia había contribuido a pánico que llevó a huida fatal. Otros 16 casos de desaparecidos fueron revisados uno por uno. Gracias a información de Tomás, varios fueron resueltos. Familia Vidal de 1967. Cayeron en grieta oculta por nieve. Encontré cuerpos en primavera, pero ya no podía ayudar.
Los enterré allí. Equipo forense fue enviado a ubicación que Tomás indicó. Restos fueron encontrados confirmando historia. Montañistas franceses de 1978. Avalanche los atrapó. No había nada que hacer. Restos fueron localizados en glaciar. Otros casos permanecieron sin resolver. Tomás no los había encontrado o no recordaba detalles suficientes. Para familia Cierre llegó lentamente. Pablo intentó reconstruir vida. Se volvió a casar en 2003. Tuvo otro hijo, pero parte de él siempre permanecería en montañas de Vaqueira con Claudia y Sofía.
Padres de Elena nunca se recuperaron completamente. Carmen murió en 2002. Amigos dijeron que murió de corazón roto. Padre de Elena Miguel vivió hasta 2008 visitando tumba de su hija y nieta semanalmente. Tomás Ibáñez se adaptó gradualmente a vida en sociedad. Encontró trabajo en refugio de animales. Le era más fácil con animales que personas. Vivió en apartamento pequeño, simple, pero nunca olvidó. Su apartamento tenía foto única que poseía. de Elena, Claudia y Sofía. Cortada de periódico. Recordatorio de por qué había dejado montañas finalmente.
Vaqueira Beret instaló Memorial en 2001, placa en base de Telecilla a Cota 1800 en memoria de Elena Martos, Claudia Martos y Sofía Martidas en niebla 291994 encontradas 15012000. Que descansen en paz. Estación también mejoró protocolos de seguridad. Mejor sistema de alerta de niebla, radios obligatorios para todos esquiadores en ciertas áreas. Patrulla más frecuente. No queremos que otra familia experimente esto. Director de estación declaró. Pero montaña siempre tiene peligros y cada invierno alguien se pierde. Generalmente son encontrados.
A veces no. Capitán García se retiró en 2004. Caso Martos lo había marcado profundamente. “Algunos casos resuelves”, dijo en entrevista de despedida. Este fue resuelto, pero nunca se siente como Victoria cuando son niños. Mark, instructor de ski que estaba con familia cuando se perdieron, dejó Keira. No podía esquiar allí sin recordar. Se mudó a Alpes franceses, pero Pesadilla lo seguía. Niebla tragando estudiantes, sus gritos desvaneciéndose. Javier Ortega, quien encontró cuerpos, también fue afectado. Ver eso, cuerpos congelados de niñas es algo que no olvidas.
desarrolló ansiedad, dejó de esquiar en áreas remotas. La historia se convirtió en leyenda local. Esquiadores hablaban en voz baja sobre fantasmas del bosque. Se decía que en días de niebla podías escuchar niña llorando entre árboles. “Son tonterías”, lugareños decían. Pero algunos juraban haberlo escuchado. En 2005, documentalista hizo películas sobre caso, Congeladas, Tragedia en Vaqueira. entrevistó a familia investigadores. Tomás. Tomás, ahora 70 años, apareció frágil en cámara. Solo quiero que sepan, dijo directamente al lente, que lo siento.
Siento no haber sido mejor. Siento que mi ayuda causó miedo y siento cada día que tres vidas se perdieron. Película fue controversia. Algunos pensaron que explotaba tragedia, otros dijeron que era tributo necesario, recordatorio de fragilidad de vida. Pablo Martos vio documental una vez. Lloró durante todo, pero también sintió algo de paz. Ahora sé, dijo a su nueva esposa. Sé que pasó en últimas horas. Sé que Elena luchó por protegerlas. Y sé que no fue malicia, solo miedo y frío y mala suerte.
¿Perdonas a Tomás? Pablo pensó largo rato. No lo sé, pero entiendo que también sufre y odio no cambiará nada. 20 años después de la tragedia, Vaqueira Beret ha cambiado. Modernizada, expandida, tecnología de seguridad de última generación. Pero Memoria permanece. Memorial ha sido renovado. Ahora incluye banco de piedra donde visitantes pueden sentarse. Vista hacia montañas donde Elena, Claudia y Sofía desaparecieron. Tomás Ibáñez murió en 2015 a los 80 años. En su testamento dejó todo que no era mucho, a fundación en nombre de Martos para seguridad en montaña.
Es lo menos que puedo hacer, carta adjunta decía, nunca podré devolver vidas, pero tal vez puedo ayudar prevenir futuras tragedias. Fue enterrado en Biela, funeral fue pequeño. Trabajadores del refugio, algunos vecinos y sorpresivamente Pablo Martos. ¿Por qué viniste? Alguien preguntó. Porque pasó 30 años solo, después 15 intentando hacer bien. Pablo respondió, merece que alguien esté aquí. Pablo ahora tiene 60 años. Su hijo menor Daniel tiene 20. Nunca conoció a Claudia y Sofía, pero creció escuchando sobre ellas.
Son como hermanas que nunca conocí. Daniel dice, “Mamá y papá me hablan de ellas, de cómo Claudia hubiera sido científica, probablemente de cómo Sofía hacía reír a todos. Pablo lleva a Daniel a Vaqueira cada año. No esquían, demasiados recuerdos, pero visitan memorial, dejan flores. ¿Crees que están en paz? Daniel pregunta un año. Espero que sí, Pablo responde. Espero que estén juntas. Elena cuidando a sus niñas como siempre hizo. La historia sigue siendo contada. Nueva generación de esquiadores escucha advertencias.
No subestimen montaña. No se separen en niebla. Siempre lleven radio y ocasionalmente guías señalan área de el bosque. Allí dicen, es donde familia se perdió en los 90, encontradas 5 años después. Recordatorio de que montaña no perdona errores. La cabaña de Tomás fue demolida en 2008. Demasiado peligrosa, demasiado decrepita, pero antes de demolición, caras talladas fueron documentadas. Ahora están en pequeño museo en Biela dedicado a historia de Valle. Monumento a pérdida, placa, dice, y a hombre que trató de ayudar, aunque no sabía cómo.
El bosque mismo ha cambiado. Senderos fueron marcados mejor, señales instaladas, refugios de emergencia construidos. Si alguien se pierde ahora, tienen mejor chance. Pero en días de niebla densa, que aún ocurren, área es cerrada, condiciones peligrosas, no acceso, porque algunos días montaña recuerda y no quiere más víctimas. En 2023, estudiante universitaria haciendo tesis sobre tragedias de montaña, entrevistó a sobrevivientes y familias. Cuando habló con Pablo, a hora, 63, preguntó, “¿Qué querría que gente supiera?” Pablo pensó cuidadosamente. Quiero que sepan que Elena era más que víctima.
Era madre que amaba fieramente. En últimas horas, protegiéndose de frío, escribió carta, asegurándose que supiéramos que luchó. Eso es quién era y sus hijas. Claudia tenía 8 años. Soñaba con ser veterinaria. Adoraba animales. Sofía tenía cinco. Reía todo el tiempo. Llevaba muñeca llamada Lucía a todas partes. Ojos se llenaron de lágrimas. No eran solo estadísticas, eran personas. Eran mis hijas. La estudiante incluyó esto en tesis, recordatorio de que detrás de cada tragedia hay personas reales, vidas reales, amor real.
Y tal vez eso es el verdadero legado de Elena, Claudia y Sofía Martos. No solo historia de advertencia sobre peligros de montaña, sino historia sobre amor de madre, sobre dos niñas que confiaron en ella hasta el final, sobre familia que permaneció junta incluso en muerte. Sus cuerpos fueron encontrados separados por metros, pero en entierro fueron colocadas juntas. Elena en medio, Claudia a su derecha, Sofía a su izquierda. Muñeca Lucía con Sofía juntas como familia, como debía ser. M.














