El 7 de marzo de 2015, la doctora Valeria Betancur desapareció sin dejar rastro. La médica de 40 años había establecido una rutina inquebrantable durante los últimos 3 años. Cada mañana a las 6:30 salía de su rancho en las afueras de Pachuca, Hidalgo, hacia su consultorio en el centro de la ciudad. Sus pacientes la conocían por su puntualidad y profesionalismo. Sus empleados domésticos la esperaban cada tarde a las 7 para la cena. Esa rutina se quebró el sábado 7 de marzo.
María González, la empleada doméstica que trabajaba en el rancho desde hacía 5 años, esperó hasta las 9 de la noche. Llamó al teléfono celular de la doctora. No hubo respuesta. revisó el consultorio médico. Las puertas estaban cerradas y los pacientes del lunes siguiente tendrían que ser reprogramados sin explicación. La camioneta Toyota Blanca de Valeria no apareció en ninguno de los lugares habituales. Sus hermanas, Ana y Carmen Betancur, recibieron la llamada de María a las 10 de la noche.
Ninguna de ellas había hablado con Valeria ese día, algo inusual, considerando que mantenían contacto diario. El rancho de 3 hectáreas que Valeria había comprado después de su divorcio mostraba signos de una salida apresurada. El café de la mañana seguía en la taza, apenas tocado. Su bolsa de trabajo permanecía sobre la mesa del comedor. Las llaves de la casa colgaban en su lugar habitual. Los investigadores de la Procuraduría General de Justicia del Estado de Hidalgo iniciaron los protocolos de búsqueda inmediata.
El expediente número HG215037 se abrió con la clasificación de persona desaparecida. Las primeras 24 horas fueron cruciales para establecer la última ubicación conocida de la doctora. Santiago García, su exnovio de 37 años, fue localizado en su departamento en la colonia Centro de Pachuca. Durante el interrogatorio inicial declaró no haber tenido contacto con Valeria desde hacía dos semanas. Afirmó haber pasado el día 7 trabajando en una obra de construcción en mineral de la reforma. ¿Qué había sucedido realmente con la doctora Valeria Betancurt en las primeras horas de esa mañana de marzo?
La vida de Valeria Betancurt había encontrado estabilidad después de años turbulentos. Nacida en 1975 en una familia de clase media de Pachuca, había demostrado desde temprana edad una vocación clara hacia la medicina. Sus padres, Roberto Betancur y Esperanza Morales, habían sacrificado recursos familiares para costear sus estudios en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo. La carrera médica de Valeria se desarrolló sin contratiempos. Se especializó en medicina interna y estableció su consultorio privado en 2005. Durante 10 años construyó una clientela sólida y una reputación intachable entre sus colegas.

Su matrimonio con el ingeniero Luis Hernández duró 8 años y terminó en divorcio amistoso en 2012. La separación matrimonial no afectó su estabilidad económica. Valeria mantuvo el consultorio y adquirió el rancho en las afueras de Pachuca como proyecto personal. La propiedad de 3 hectáreas incluía una casa principal, establos y terrenos de cultivo. Allí encontró la paz que buscaba después del divorcio. Los fines de semana, Valeria se dedicaba a supervisar las labores agrícolas y ganaderas. Empleaba a tres trabajadores de medio tiempo y una empleada doméstica de planta.
Sus ingresos como médica le permitían mantener la propiedad sin dificultades financieras. La rutina de Valeria era conocida por todos en su círculo. Despertaba a las 5:30, desayunaba mientras revisaba los pendientes del rancho, partía hacia el consultorio a las 6:30. Atendía pacientes hasta las 6 de la tarde y regresaba para cenar a las 7:30. Los sábados dedicaba la mañana al rancho y las tardes a actividades sociales con sus hermanas. En octubre de 2013, a través de amigos en común, conoció a Santiago García durante una reunión social en el club Campestre de Pachuca.
Santiago trabajaba como supervisor de obras de construcción y mostró inmediato interés por la vida rural que llevaba Valeria. Los primeros meses de la relación transcurrieron sin problemas aparentes. Santiago visitaba el rancho los fines de semana y ocasionalmente se quedaba entre semana. Valeria apreciaba tener compañía después de meses de soledad. Sus hermanas lo consideraban educado y respetuoso, aunque notaron que evitaba hablar sobre su situación laboral y económica. La relación se formalizó en marzo de 2014 cuando Santiago trasladó sus pertenencias al rancho.
Valeria interpretó este paso como compromiso serio y madurez emocional. Durante los siguientes meses, sin embargo, comenzaron a surgir las primeras tensiones. Las investigaciones iniciales se centraron en reconstruir las últimas horas conocidas de Valeria Betancurt. El comandante Raúl Mendoza de la Policía Ministerial del Estado, estableció un perímetro de búsqueda de 50 km alrededor del rancho. Los rastreos aéreos y terrestres se iniciaron el 8 de marzo. María González proporcionó información detallada sobre la rutina de la doctora. La empleada doméstica había trabajado en la casa desde las 7 de la mañana del 7 de marzo.
Encontró a Valeria desayunando en la cocina, revisando correspondencia médica. No observó comportamiento inusual ni signos de preocupación. Según el testimonio de María, Valeria recibió una llamada telefónica aproximadamente a las 8 de la mañana. La conversación duró pocos minutos. y la doctora no mencionó el contenido. Después de colgar, Valeria se dirigió a su habitación y cambió la ropa casual del sábado por un vestido azul marino. Los registros telefónicos de la compañía Telsel mostraron que la llamada provenía del número registrado a nombre de Santiago García.
La duración fue de 3 minutos y 40 segundos. Esta sería la última comunicación registrada en el teléfono de Valeria. El análisis de las cámaras de seguridad de la gasolinera ubicada en el kilómetro 15 de la carretera Pachuca, Actopan, mostró el paso de la camioneta Toyota de Valeria a las 8:35 de la mañana. Las imágenes revelaron que viajaba sola y se dirigía hacia el interior del estado. Los investigadores localizaron a Santiago García en su lugar de trabajo declarado.
La constructora edificaciones del centro confirmó que Santiago había faltado al trabajo el 7 de marzo sin justificación previa. El supervisor de obra, ingeniero Carlos Ruiz, declaró que Santiago había mostrado comportamiento errático durante las semanas anteriores. Durante el segundo interrogatorio, Santiago modificó su versión inicial. Admitió haber llamado a Valeria esa mañana para solicitar una reunión. Según su nueva declaración, necesitaba recoger pertenencias personales que había olvidado en el rancho después de la ruptura dos semanas antes. El lugar acordado para el encuentro, según Santiago, había sido un restaurante en la carretera hacia Real del Monte.
Declaró haber esperado una hora sin que Valeria apareciera. Negó conocer el destino real de la doctora y sugirió que podría haber cambiado de opinión sobre la cita. Los empleados del restaurante mencionado no recordaron haber visto a Santiago ese día. Las cámaras del establecimiento habían sido reparadas la semana anterior y no funcionaban el 7 de marzo. Esta circunstancia impidió verificar la cohartada proporcionada por el sospechoso principal. Las investigaciones tomaron un rumbo inesperado cuando apareció información sobre las actividades financieras de Valeria Betancurt.
Los registros bancarios mostraron retiros inusuales durante los meses previos a su desaparición. Entre enero y marzo de 2015 había retirado cantidades importantes de sus cuentas de ahorro. El licenciado Fernando Castillo, contador de Valeria, declaró ante los investigadores que la doctora había mencionado planes de inversión en propiedades adicionales. Los retiros, según esta versión, estaban destinados a la compra de un segundo rancho en el municipio de Mineral del Chico. Anabetanourt, hermana mayor de Valeria, contradijo esta información. declaró que Valeria nunca había mencionado planes de expansión de sus propiedades.
Además, consideraba que su hermana era demasiado cautelosa financieramente para realizar inversiones importantes sin consultarlo con la familia. Los investigadores localizaron al agente inmobiliario mencionado por el contador. Javier Moreno de Inmobiliaria Sierra Hidalgo, confirmó haber mostrado propiedades a Valeria durante febrero. Sin embargo, declaró que ella había perdido interés después de las primeras visitas y no había realizado ningún depósito o compromiso de compra. Esta discrepancia llevó a los investigadores a examinar más detalladamente la situación económica de la relación entre Valeria y Santiago.
María González reveló información que no había mencionado en los interrogatorios iniciales. La empleada doméstica declaró que Santiago había vivido prácticamente como mantenido durante el último año de la relación. No contribuía a los gastos del rancho ni de la casa. Valeria había comenzado a mostrar signos de irritación por esta situación desde diciembre de 2014. Carmen Betancurt, hermana menor de Valeria, proporcionó detalles adicionales sobre los últimos meses de la relación. Valeria se había quejado repetidamente de que Santiago no lograba mantener empleos estables.
Cambiaba de trabajo cada pocos meses, siempre con excusas sobre conflictos con supervisores o condiciones laborales inadecuadas. Los récords laborales de Santiago confirmaron este patrón. Durante 2014 y 2015 había trabajado para seis empresas diferentes. Los empleadores describían problemas de puntualidad, actitud defensiva ante críticas y tendencia a abandonar responsabilidades sin previo aviso. La investigación reveló que Valeria había comenzado a cuestionar públicamente la madurez de Santiago. Durante una reunión familiar en enero de 2015 había comentado que su novio actuaba como un adolescente de 18 años a pesar de tener 37.
Suscríbete al canal y deja tu like para seguir con más casos de investigación. Las semanas siguientes, a la desaparición de Valeria trajeron frustración para los investigadores y desesperación para su familia. Los rastreos terrestres habían cubierto un área de 200 km² sin encontrar rastros de la doctora o su vehículo. Los sobrevuelos en helicóptero tampoco arrojaron resultados positivos. Santiago García había sido interrogado en cinco ocasiones diferentes. Su versión sobre los eventos del 7 de marzo permanecía consistente, pero no podía ser verificada completamente.
Los investigadores no tenían evidencia física que lo vinculara directamente con la desaparición de Valeria. El comandante Mendoza solicitó apoyo de la Procuraduría General de la República para ampliar la búsqueda a estados vecinos. Los reportes de personas desaparecidas se enviaron a las autoridades de Puebla, México y Tlaxcala. Las fotografías de Valeria se distribuyeron en hospitales, clínicas y centros de atención médica de la región central. Las hermanas de Valeria organizaron brigadas de búsqueda voluntaria. Cada fin de semana, grupos de familiares y amigos recorrían caminos rurales, barrancas y zonas boscosas.
Los carteles con la fotografía de la doctora aparecieron en postes y comercios de todo el estado de Hidalgo. María González mantuvo el rancho en condiciones normales durante las primeras semanas, esperando el regreso de su empleadora. A medida que pasaron los meses, la realidad de la situación se volvió evidente. Ana Betancur asumió la administración de los bienes de su hermana desaparecida. El consultorio médico de Valeria fue cerrado temporalmente en junio de 2015. Los pacientes fueron referidos a colegas de confianza.
Los ingresos cesaron, pero los gastos del rancho continuaron generando presión financiera sobre la familia. Santiago García había encontrado empleo en una empresa de Toluca y se había mudado del estado. Los investigadores mantuvieron vigilancia discreta sobre sus actividades, pero no detectaron comportamiento sospechoso. Su rutina laboral era regular y sus relaciones sociales parecían normales. Los medios de comunicación locales cubrieron el caso durante los primeros meses. Las entrevistas con familiares y las actualizaciones policiales mantuvieron la atención pública. Sin embargo, la ausencia de nuevas pistas provocó que el interés mediático disminuyera gradualmente.
En agosto de 2015, 5 meses después de la desaparición, el caso fue reclasificado como investigación de largo plazo. Los recursos asignados se redujeron y las actividades de búsqueda se limitaron a seguimiento de pistas específicas. reportadas por ciudadanos. La familia Betancur contrató los servicios del detective privado Manuel Herrera para continuar la búsqueda independiente. Herrera había trabajado anteriormente con la policía federal y tenía experiencia en casos de personas desaparecidas. Sus honorarios representaban un gasto significativo para las hermanas de Valeria.
El 29 de noviembre de 2015, casi 9 meses después de la desaparición de Valeria Betancurt, un descubrimiento accidental cambió el rumbo de la investigación. Aurelio Ramírez, trabajador del rancho La Esperanza, ubicado a 30 km al oeste de Pachuca, realizó labores rutinarias de mantenimiento en una zona alejada de la propiedad. Ramírez operaba una excavadora para limpiar un área donde se construiría un nuevo corral para ganado. A las 2 de la tarde, las cuchillas de la máquina golpearon algo que no parecía ser piedra o raíz.
Al inspeccionar más de cerca, descubrió fragmentos de tela y lo que parecían ser restos óseos humanos. El trabajador detuvo inmediatamente las labores y notificó al propietario del rancho, don Esteban Villanueva. Villanueva llamó a la Policía Municipal de Mineral de la Reforma, que a su vez alertó a la Procuraduría General de Justicia del Estado. Los peritos llegaron al lugar a las 5 de la tarde. El área fue acordonada en un perímetro de 100 m. Los especialistas en criminalística iniciaron la excavación manual para preservar evidencia.
Los restos estaban enterrados a una profundidad de aproximadamente un metro y medio en un terreno que mostraba signos de haber sido removido meses atrás. Durante las siguientes 6 horas, los peritos recuperaron restos óseos humanos, fragmentos de vestimenta y objetos personales. Entre los hallazgos se encontraba un anillo de oro con iniciales grabadas y restos de un vestido azul marino. La descripción coincidía con la ropa que Valeria había usado el día de su desaparición. Los restos fueron trasladados al servicio médico forense para análisis completos.
Las pruebas de ADN confirmarían la identidad. Pero los objetos personales y características físicas sugerían fuertemente que se trataba de Valeria Betancur. La noticia se mantuvo reservada mientras se completaban los análisis. El comandante Mendoza reactivó inmediatamente la investigación con recursos completos. El equipo forense trabajó durante toda la noche para documentar la escena del crimen y recolectar evidencia adicional. Las fotografías mostraron que el cuerpo había sido colocado en posición fetal y cubierto cuidadosamente con tierra. Los investigadores comenzaron a trazar conexiones entre el lugar del hallazgo y las personas relacionadas con el caso.
El rancho. La esperanza estaba ubicado en una ruta secundaria que conectaba con la carretera principal hacia Actopan. Las cámaras de la gasolinera habían registrado el paso de la camioneta de Valeria en esa dirección. Don Esteban Villanueva fue interrogado sobre posibles vínculos con Valeria o Santiago. El propietario declaró no conocer a ninguno de los dos. Sin embargo, mencionó que durante marzo había notado actividad inusual en la zona donde aparecieron los restos. Los análisis forenses proporcionaron información crucial sobre las circunstancias de la muerte de Valeria Betancurt.
El Dr. Alfonso Pérez, médico forense del estado, determinó que la causa de muerte fueron heridas múltiples por objeto cortante. Los cortes fueron realizados con un instrumento de hoja larga, posiblemente un machete. Las lesiones se concentraban en el cráneo y el cuello, indicando un patrón de violencia extrema. El forense identificó al menos siete impactos directos que habrían causado la muerte instantánea. La ausencia de heridas defensivas sugería que la víctima fue tomada por sorpresa o inmovilizada durante el ataque.
Los restos de vestimenta recuperados confirmaron que Valeria había sido atacada mientras usaba el vestido azul marino que llevaba el día de su desaparición. No se encontraron signos de agresión sexual ni evidencia de robo. Los objetos de valor, incluyendo anillos y una cadena de oro, permanecían con el cuerpo. La excavación reveló también fragmentos de una bolsa plástica negra que había sido utilizada para envolver parcialmente el cuerpo. Los análisis químicos de los residuos podrían proporcionar pistas sobre el origen del material.
La posición y profundidad del entierro indicaban planificación y tiempo suficiente para realizar el trabajo. Santiago García fue localizado en su trabajo en Toluca y trasladado nuevamente a Pachuca para interrogatorio. Esta vez los investigadores tenían evidencia física y podían aplicar mayor presión durante el cuestionamiento. Su coartada del 7 de marzo sería examinada nuevamente con mayor detalle. El detective privado Manuel Herrera había continuado investigando durante los meses anteriores. Sus archivos contenían información sobre los movimientos de Santiago que complementaba la investigación oficial.
Herrera había documentado inconsistencias en las declaraciones del sospechoso que no habían sido exploradas completamente. Los registros telefónicos fueron analizados nuevamente con tecnología más avanzada. Los datos de las torres de comunicación móvil mostraron la ubicación aproximada de los teléfonos de Valeria y Santiago durante las horas críticas del 7 de marzo. Esta información contradecía parcialmente las declaraciones previas de Santiago. Ana y Carmen Betancur fueron notificadas oficialmente sobre el hallazgo de los restos. La confirmación de la muerte de su hermana, aunque esperada después de 9 meses, provocó profundo dolor en la familia.
Sin embargo, también representaba el final de la incertidumbre y el inicio de la búsqueda de justicia. La prensa local retomó el caso con renovado interés. Las conferencias de prensa de la Procuraduría atrajeron atención nacional. El caso de la doctora desaparecida se convirtió en un ejemplo de los peligros que enfrentan las mujeres en relaciones violentas. Los vecinos del rancho La Esperanza fueron interrogados sobre actividad sospechosa durante marzo. Varios mencionaron haber visto vehículos desconocidos en caminos rurales durante las noches de esa época.
Un testimonio mencionó específicamente una camioneta blanca que transitaba por el área después de la medianoche. El interrogatorio de Santiago García del 2 de diciembre de 2015 marcó el punto de quiebre en la investigación. Confrontado con la evidencia física y las inconsistencias en sus declaraciones previas, Santiago comenzó a mostrar signos de nerviosismo que no había exhibido en interrogatorios anteriores. El comandante Mendoza y la fiscal especializada en homicidios, licenciada Patricia Vázquez, condujeron el interrogatorio de manera sistemática. comenzaron revisando la cronología establecida del 7 de marzo, destacando las contradicciones entre la versión de Santiago y la evidencia telefónica y de video disponible.
Los datos de las torres de comunicación móvil ubicaron el teléfono de Santiago en la zona donde fueron encontrados los restos de Valeria, aproximadamente entre las 10 y las 11 de la mañana del día de la desaparición. Esta información contradecía directamente su afirmación de haber estado esperando en un restaurante. Santiago intentó explicar la discrepancia sugiriendo que había decidido buscar a Valeria en otros lugares después de que ella no apareciera en el punto acordado. Sin embargo, no pudo explicar por qué no había mencionado esta búsqueda en interrogatorios anteriores, ni por qué había elegido esa zona específica.
La presión del interrogatorio se intensificó cuando los investigadores presentaron evidencia adicional. Los análisis de la bolsa plástica encontrada con los restos habían revelado huellas dactilares parciales, aunque degradadas por el tiempo y las condiciones del entierro, mostraban patrones compatibles con las huellas de Santiago. Confrontado con esta evidencia, Santiago solicitó un receso de 15 minutos. Al regresar, su actitud había cambiado notablemente, parecía resignado y evitaba el contacto visual directo con los interrogadores. La fiscal Vázquez interpretó estos cambios como indicadores de que el sospechoso estaba considerando modificar su versión.
Los investigadores presentaron entonces el testimonio de María González sobre los problemas económicos y de madurez que Valeria había mencionado respecto a Santiago. También revelaron información sobre el historial laboral inestable y la dependencia económica total de Santiago hacia Valeria. Santiago admitió finalmente que la relación había terminado de manera conflictiva. Valeria le había dado un ultimátum en febrero, conseguir trabajo estable y contribuir a los gastos o terminar la convivencia. Él había interpretado esto como rechazo total y humillación pública de su masculinidad.
La llamada del 7 de marzo, según Santiago, había sido su intento final de reconciliación. Le había dicho a Valeria que necesitaba recoger unos tenis, pero en realidad esperaba convencerla de darle una oportunidad más. Cuando ella se mostró inflexible, había perdido el control. Santiago García comenzó su confesión a las 8 de la noche del 2 de diciembre. La fiscal Vázquez activó el sistema de grabación de video y audio, asegurándose de que todos los procedimientos legales fueran respetados. Santiago había solicitado la presencia de un abogado de oficio antes de continuar.
El licenciado Jorge Ramírez, defensor público asignado, advirtió a Santiago sobre las implicaciones legales de su confesión. Sin embargo, Santiago decidió proceder, aparentemente convencido de que cooperar podría resultar en un tratamiento más favorable durante el proceso judicial. Según la confesión de Santiago, había llamado a Valeria el 7 de marzo con la excusa de recoger unos tenis que supuestamente había olvidado en el armario. En realidad, esperaba tener una conversación final para convencerla de reiniciar la relación. Acordaron encontrarse en un punto intermedio entre el rancho de Valeria y la ciudad.
Valeria llegó al punto de encuentro a las 9 de la mañana conduciendo su camioneta Toyota. Santiago la esperaba con su automóvil sur gris. Inicialmente, la conversación fue civilizada. Valeria le explicó que había tomado la decisión definitiva de terminar la relación y que no cambiaría de opinión. Santiago describió cómo había comenzado a suplicar y argumentar sobre las posibilidades futuras de la relación. prometió conseguir trabajo estable, contribuir económicamente y madurar emocionalmente. Valeria respondió que ya era demasiado tarde y que había perdido la confianza en él.
La situación escaló cuando Santiago sugirió que Valeria había encontrado a otro hombre y que esa era la verdadera razón del rompimiento. Valeria negó rotundamente esta acusación y expresó molestia por la implicación. le dijo que su problema era precisamente su inmadurez e incapacidad para aceptar responsabilidades. Santiago admitió que en ese momento sintió una ira incontrolable. Interpretó las palabras de Valeria como humillación pública de su masculinidad y rechazo total de su valor como hombre. Regresó a su automóvil, tomó un machete que llevaba en el asiento trasero y se dirigió hacia la camioneta de Valeria.
El ataque fue rápido y brutal. Santiago golpeó a Valeria múltiples veces con el machete mientras ella intentaba defenderse dentro del vehículo. Las heridas en el cráneo y cuello causaron la muerte prácticamente instantánea. Santiago describió la escena como algo que ocurrió en segundos sin planeación previa. Después del ataque, Santiago entró en pánico al dimensionar lo que había hecho. Colocó el cuerpo de Valeria en el asiento trasero de la camioneta y condujo sin destino por caminos rurales durante varias horas.
Finalmente encontró el rancho La Esperanza y decidió enterrar el cuerpo en una zona alejada. Suscríbete al canal y deja tu like para seguir con más casos de investigación. La confesión completa de Santiago García fue formalizada durante las primeras horas del 3 de diciembre de 2015. Los detalles proporcionados coincidían con la evidencia física encontrada en el rancho La Esperanza y con los análisis forenses realizados sobre los restos de Valeria Betancurt. Santiago fue formalmente acusado de homicidio, calificado con agravantes de violencia extrema y ensañamiento.
La Procuraduría General de Justicia del Estado de Hidalgo integró el expediente con todas las pruebas recolectadas durante los 9 meses de investigación. El proceso judicial se inició en enero de 2016 ante el juzgado segundo de lo penal del distrito judicial de Pachuca. Santiago se declaró culpable de los cargos durante la primera audiencia, ratificando su confesión ante el juez titular, licenciado Rodrigo Herrera. Las hermanas de Valeria, Ana y Carmen Betancur, participaron en el proceso como coadyubantes de la víctima.
Sus testimonios durante las audiencias describieron el deterioro de la relación entre Valeria y Santiago, así como las preocupaciones que la doctora había expresado sobre el comportamiento de su exnovio. María González testificó sobre la dinámica de convivencia en el rancho y confirmó los problemas económicos y de madurez que Valeria había identificado en Santiago. Su testimonio reforzó la teoría de que el motivo del crimen había sido la incapacidad de Santiago para aceptar el fin de la relación. Los peritos forenses ratificaron sus conclusiones sobre la causa de muerte y las circunstancias del entierro.
El doctor Pérez explicó al tribunal que las heridas habían sido causadas por un objeto cortante compatible con el machete descrito por Santiago en su confesión. El juez Herrera dictó sentencia el 15 de junio de 2016. Santiago García fue condenado a 28 años de prisión por el delito de homicidio calificado. La sentencia consideró como atenuante su confesión voluntaria y cooperación con las autoridades. Santiago no apeló la sentencia y fue trasladado al centro de readaptación social número 1 del estado de Hidalgo para cumplir su condena.
Los bienes de Valeria fueron heredados por sus hermanas, quienes decidieron vender el rancho donde había vivido con Santiago. El consultorio médico de Valeria permaneció cerrado definitivamente. Los pacientes que había atendido durante años recordarían su profesionalismo y dedicación. Sus colegas del sector salud organizaron un reconocimiento póstumo a su trayectoria médica. Los restos de Valeria Betancurt fueron sepultados en el panteón municipal de Pachuca el 25 de junio de 2016. La ceremonia fue privada con asistencia únicamente de familiares cercanos y amigos íntimos.
No hubo declaraciones públicas ni ceremonias adicionales. El caso fue archivado oficialmente el 5 de julio de 2016. Los archivos de la investigación permanecen en los registros de la procuraduría como referencia para casos similares. La doctora Valeria Betancur había sido víctima de feminicidio por no aceptar su expareja el fin de una relación que ella había decidido terminar por razones legítimas y maduras. M.















