11 Montañistas Desaparecieron en 24 Horas en el K2 – Lo Que Reveló un Superviviente 16 Años Después

Eran 18 montañistas experimentados de ocho países diferentes, unidos por un sueño imposible, conquistar la segunda montaña más alta del mundo. El primero de agosto de 2008 emprendieron juntos la ascensión final hacia la cumbre del K2. 24 horas después, 11 de ellos habían desaparecido para siempre en las profundidades heladas de la montaña más peligrosa del planeta. Por 16 años este desastre se ha mantenido como el accidente más mortífero en la historia del montañismo en el Cata. Una tragedia que cambió para siempre la percepción sobre los límites humanos en las grandes altitudes.

Una serie de decisiones fatales, condiciones climáticas traicioneras y la furia implacable de la naturaleza se combinaron para crear 24 horas de horror absoluto en lo que los montañistas llaman la montaña salvaje. hasta que en 2012 las investigaciones detalladas de los sobrevivientes y los testimonios finalmente revelaron la terrible verdad sobre lo que realmente sucedió en esas alturas mortales, donde cada respiración puede ser la última y cada paso puede llevar hacia la eternidad helada. El caracórum pakistaní se alzaba majestuoso bajo el cielo de julio de 2008, mientras en el campo base del K2, a 550 m de altura, se concentraba una de las expediciones internacionales más ambiciosas de la década.

La montaña, conocida por su reputación siniestra como la montaña salvaje, esperaba silenciosa a sus próximas víctimas. Entre los escaladores que habían llegado desde los confines del mundo se encontraba Jer McDonell, un ingeniero físico irlandés de 37 años, cuya pasión por las montañas lo había llevado a los picos más desafiantes del planeta. Con su característico humor irlandés y su determinación inquebrantable, McDonell había soñado durante años con añadir el K2 a su lista de conquistas. Su presencia tranquilizadora y su experiencia técnica lo convertían en una figura respetada entre sus compañeros.

El equipo noruego estaba liderado por Lars Flaturonesa, pero la atención se centraba en la joven pareja formada por Rolf Bae y Cecilia Scog. Rolf, de 33 años, era un explorador experimentado con una sonrisa contagiosa y una pasión desbordante por la aventura. Cecilie, su esposa desde hacía apenas un mes, era una montañista consumada que había conquistado ya varios 8 miles. Su luna de miel había sido precisamente esta expedición al Cab 2, convirtiéndola en una de las aventuras románticas más extremas jamás documentadas.

El equipo coreano, liderado por el veterano Juang Dong Jin de 45 años, representaba la experiencia acumulada en el Himalaya. Huang había conquistado ya 38000 y su liderazgo era incuestionable. Lo acompañaban Kim Hyong, de 33 años, miembro de la Federación Coreana del Guong Sang del Sur y Park Kong Gu, junto con sus sherpas de confianza. Los primos Yumik Bote y Pasang Bote, ambos provenientes del mismo pueblo en Nepal y unidos por lazos familiares que se remontaban a generaciones de montañistas.

El veterano holandés Wilko Van Rigen comandaba el equipo Norit, una expedición internacional que incluía al experimentado Pemba Galge, un sherpa cuyo currículum incluía múltiples ascensiones al Everest. C Van de Gebel, otro miembro del equipo, era conocido por su técnica impecable y su capacidad para mantener la calma en situaciones extremas. Huges Dobared, un montañista francés de carácter independiente, había llegado al K2 con una expedición modesta pero decidida. Su filosofía de montañismo se centraba en la pureza de la experiencia, preferiendo expediciones pequeñas a las grandes producciones comerciales.

Lo acompañaban dos porteadores pakistaníes de alta montaña, Jehabig, un joven de la región de Junsa con experiencia previa en el K2 y Karim Merban, cuya habilidad técnica era reconocida entre los escaladores locales. Dren Mandich representaba al equipo serbio. Este montañista experimentado había soñado durante años con conquistar el K2 y su determinación era evidente en cada gesto. Su enfoque meticuloso y su preparación física lo convertían en uno de los candidatos más sólidos para alcanzar la cumbre. El verano de 2008 había sido particularmente cruel con los montañistas en el K2.

Durante todo julio, las condiciones meteorológicas habían sido execrables con vientos que superaban los 100 km porh y temperaturas que descendían hasta los 50ºC. Las expediciones, que habían llegado optimistas en junio, se vieron obligadas a esperar semana tras semana en el campo base, viendo como sus provisiones se agotaban y las ventanas de buen tiempo se cerraban una tras otra. La ruta estándar del espolona Bru, utilizada desde la primera ascensión italiana en 1954 presenta uno de los desafíos técnicos más temibles del montañismo de alta altitud, el cuello de botella.

Esta sección ubicada a 800 m de altura es un corredor estrecho e inclinado a 60º que debe ser atravesado bajo la amenaza constante de los serax del campo de hielo oriental. Estos bloques de hielo glaciar, algunos del tamaño de edificios, cuelgan precariamente sobre el sendero, listos para desprenderse en cualquier momento. El 31 de julio, finalmente llegó el pronóstico que todos habían estado esperando. Una ventana de buen tiempo de aproximadamente 48 horas. Era la oportunidad que necesitaban, pero también significaba que todas las expediciones intentarían la cumbre simultáneamente.

La decisión de colaborar en el establecimiento de cuerdas fijas fue tomada por todos los líderes de expedición, pero esta coordinación, que en teoría debía facilitar el ascenso, se convertiría en uno de los factores que contribuirían al desastre. El primero de agosto a las 2:00 de la madrugada, 18 montañistas partieron del campo cuarto hacia la cumbre. La temperatura era de 35º Cel y el viento, aunque moderado, creaba una sensación térmica letal. Los escaladores avanzaban en grupos pequeños utilizando linternas frontales que creaban círculos de luz fantasmales en la oscuridad absoluta de la zona de la muerte.

A las 4:00 de la tarde, cuando el grupo se acercaba al temido cuello de botella, ocurrió el primer accidente fatal. Dren Mandich, el montañista serbio, se desenganchó momentáneamente de la cuerda fija para ajustar su equipo y permitir que otro escalador pasara. En ese momento crítico perdió el equilibrio en el hielo traicionero. Los testigos lo vieron caer varios cientos de metros por la cara sur de la montaña, rebotando contra las rocas y el hielo hasta detenerse en una corniza lejana.

Increíblemente, Mandich se incorporó después del impacto, pero inmediatamente volvió a colapsar. La discusión entre los equipos fue inmediata y dividida. Algunos argumentaban que debían continuar hacia la cumbre, aprovechando la ventana de buen tiempo, mientras otros insistían en intentar un rescate. Finalmente, dos miembros del equipo serbio y su porteador Hussein decidieron descender para intentar recuperar el cuerpo de Mandich y darle una sepultura digna. En la confusión que siguió, Jehan Bike, el joven porteador pakistaní de 25 años que trabajaba para Yuksared, mostró signos evidentes de mal agudo de montaña.

Su comportamiento se volvió errático y cuando intentó ayudar en las maniobras de rescate, se desenganchó de la cuerda de seguridad sin realizar ningún gesto para detener su caída. Bike se precipitó por la cara sur de la montaña, desapareciendo en las profundidades heladas. Estos dos primeros accidentes crearon un retraso significativo en el cronograma de ascensión. El plan original contemplaba alcanzar la cumbre entre las 3 y las 5 de la tarde para iniciar el descenso con luz diurna. Sin embargo, el primer grupo no llegó a la cumbre hasta las 4:30 de la tarde y los últimos escaladores

no alcanzaron el punto más alto hasta las 8:00 de la noche, cuando la oscuridad ya se cernía sobre la montaña. Alberto Serain, el montañista español solitario, fue el primero en alcanzar la cumbre del K2 a las 4:30 de la tarde. Su ascensión individual, sin dependencia de cuerdas fijas en las secciones superiores, le permitió completar tanto el ascenso como el descenso antes de que se desatara el verdadero horror. Serain logró atravesar el cuello de botella durante su descenso sin mayores complicaciones, convirtiéndose en uno de los pocos afortunados de esa jornada trágica.

Uno por uno, los demás escaladores fueron alcanzando la cumbre durante las siguientes horas. La euforia del éxito era palpable. Después de semanas de espera y años de preparación, finalmente estaban tocando el cielo a 8611 m de altura. Las fotografías tomadas en la cumbre muestran rostros radiantes de felicidad, sin sospechar que muchos de ellos estaban viviendo los últimos momentos de sus vidas. Lars Flaton y Cecilie Scog llegaron a la cumbre aproximadamente a las 6:15 de la tarde. 2 horas después de Serain.

Rolf Bay, el esposo de Cecilie, había tomado la decisión de no intentar los últimos 100 metros hasta la cumbre, prefiriendo esperar el regreso de su esposa en una posición más segura. Esta decisión, que en principio parecía prudente, lo pondría directamente en el camino de la tragedia que se avecinaba. Marco Confortola, el montañista italiano, y Jer McDonald, el irlandés, fueron los últimos en abandonar la cumbre alrededor de las 7:30 de la noche. Para entonces, la oscuridad era casi completa y la temperatura había descendido a 40º celus.

El viento comenzaba a reciar y las condiciones se deterioraban rápidamente. A las 8:30 de la noche, cuando la oscuridad ya era absoluta en el C 2, el equipo noruego se acercaba a la travesía que conduce al cuello de botella. Rolph Bay había decidido ir primero para asegurar el paso de su esposa Cecilie y de Lars Nesa. En ese momento crítico, un Serac masivo que había estado colgando precariamente sobre el cuello de botella durante días finalmente se dio.

El estruendo fue ensordecedor. Toneladas de hielo glaciar se precipitaron por la ladera, cortando todas las cuerdas fijas y arrastrando todo lo que encontraban a su paso. de Sil Skog, que había estado casada con Rolf durante apenas un mes, vio horrorizada como su esposo era barrido por la avalancha y desaparecía en la oscuridad. Sus gritos desesperados se perdieron en el rugido del hielo que se desplomaba. El colapso del Serac no solo causó la muerte inmediata de Rolf Bae, sino que destruyó la infraestructura de cuerdas fijas que los escaladores necesitaban para descender de manera segura.

Los chanks de hielo quedaron esparcidos por toda la ruta, convirtiendo el descenso a través del cuello de botella en una pesadilla técnica. Los montañistas que se encontraban por encima quedaron atrapados en la zona de la muerte, sin cuerdas de seguridad y enfrentando temperaturas que podrían matarlos en cuestión de horas. Lars Nesa y Cecilie Scog, utilizando los únicos 40 m de cuerda que llevaban en sus mochilas, lograron realizar un rapel diagonal hacia la cara rocosa izquierda del corredor.

Después de 50 m más de descenso libre en hielo de 45 a 50 gr, finalmente alcanzaron terreno menos peligroso y llegaron al campo cuarto a las 11:0 de la noche, traumatizados, pero vivos. La caída del Serac había creado una situación desesperada para los escaladores que permanecían en las alturas. Wilco Van Rogen, Marco Confortola y Jerry McDonell se vieron obligados a improvisar un vivaque por encima de la travesía, ya que no podían localizar las cuerdas fijas que les permitirían cruzar hacia el descenso.

Las temperaturas nocturnas en la zona de la muerte pueden matar a un ser humano en pocas horas. Y ellos sabían que cada minuto que pasaba reducía sus posibilidades de supervivencia. Hugs Dobared, el francés, había iniciado su descenso antes del colapso del Serac, pero sus reservas de oxígeno embotellado se habían agotado horas antes. Cuando se cruzó con Cas Van de Gevel en la oscuridad, Dobared le pidió que siguiera adelante, alegando que podía manejar el descenso a su propio ritmo.

Minutos después, Vanbel escuchó un grito en la oscuridad y vio como una linterna frontal caía por la ladera. Tobared había resbalado y se había precipitado al vacío, convirtiéndose en la cuarta víctima de la jornada. El pánico se extendió entre los escaladores atrapados sobre el cuello de botella. Algunos tomaron la decisión desesperada de intentar el descenso en la oscuridad total, sin cuerdas fijas, en una maniobra que los montañistas llaman Free solo. Otros optaron por esperar hasta el amanecer, arriesgándose a morir congelados durante la noche.

Temba Hialye, el sherpa experimentado del equipo Norit, logró una hazaña extraordinaria al descender el cuello de botella en la oscuridad sin cuerdas fijas, alcanzando el campo cuarto antes de la medianoche. Su técnica impecable y su conocimiento íntimo de la montaña le salvaron la vida. Chiring Dorge, otro sherpa, realizó una maniobra de rescate heroica al descender con pequeño pasanglama, asegurado a su arnés después de que este último perdiera su piolet en la confusión. La mañana del 2 de agosto reveló la magnitud de la tragedia.

Varios escaladores permanecían atrapados en las alturas y la situación se había vuelto desesperada. El líder del equipo coreano ordenó a dos sherpas adicionales, los primos bote y grande Pasang Bote, que subieran para rescatar a los escaladores coreanos que habían quedado enredados en las cuerdas durante la noche. Wilko van Rogen, cuya visión se deterioraba rápidamente debido a la ceguera de nieve, tomó la decisión de descender solo al amanecer. Su desesperación era evidente. Sabía que si no bajaba inmediatamente, perdería la visión por completo y moriría en la montaña.

Durante su descenso se encontró con los escaladores coreanos atrapados. Estaban colgando de las cuerdas, algunos cabeza abajo, cubiertos de sangre, pero aún con vida. Marco Confortola y Jerry McDonaldieron inmediatamente a Van Ryen. En lugar de centrarse en su propia supervivencia. McDonaldó la decisión heroica de intentar ayudar a los coreanos atrapados. Durante horas trabajó junto con Confortola para liberar a los hombres de las cuerdas que los tenían enredados. Una tarea extremadamente difícil en las condiciones extremas de la zona de la muerte.

Al mediodía, Sering Bote y Grande Pasang Bote llegaron al área donde se encontraban los coreanos atrapados. Uno de los escaladores coreanos estaba demasiado lesionado para intentar el descenso, por lo que Tzering se quedó con él. Los otros dos coreanos, guiados por Pasang Bote y Yumik Bote, comenzaron lentamente su descenso hacia el cuello de botella. Minutos después de que Grande Pasang Bote reportara por radio que había encontrado a su primo Yumik Bote y a dos escaladores coreanos vivos.

Otro serac masivo se desprendió de la pared de hielo. Esta vez la avalancha fue aún más devastadora que la anterior. El estruendo se sintió hasta en el campo base ubicado más de 3,000 m más abajo. Sering Bote, que había estado subiendo más lentamente que su compañero de rescate, no había alcanzado aún la parte superior del cuello de botella. Cuando se produjo esta segunda avalancha, su velocidad más cautelosa le salvó la vida. Al igual que a Pemba Yalche y Marco Confortola, que se encontraban en la base del corredor.

Sin embargo, grande Pasang Bote, Yumik Bote y los dos escaladores coreanos fueron arrastrados por la avalancha y desaparecieron para siempre en las profundidades de la montaña. Marco Confortola, que había presenciado esta segunda avalancha, reportó haber visto los restos de un escalador entre los detritos del hielo. Basándose en las botas que logró identificar, creyó que se trataba de Jer McDonell, su compañero irlandés. “Estaba hecho pedazos”, declaró conforta, más tarde, traumatizado por la imagen. Sin embargo, otros supervivientes cuestionaron la identificación de Confortola.

Willko Van Reen en su libro Surviving K2 presentó evidencia fotográfica que sugería que una figura humana había estado moviéndose en el campo de Serax durante la mañana del 2 de agosto. En fotografías posteriores esta figura había desaparecido y se podía ver un rastro que descendía por loss. Van Ryen y otros, incluyendo Annie Starky, la pareja de McDonald, creen que esta figura era Karim Meherban, el porteador de alta montaña de Dobared, quien había hecho vivaque aún más alto en la montaña que los europeos.

Wilcovan Ryen logró una hazaña extraordinaria de supervivencia al convertirse en el único montañista en la historia que pasó dos noches consecutivas sin refugio en la zona de la muerte del K2 y sobrevivió. Su descenso solitario, prácticamente ciego debido a la ceguera de nieve, lo llevó inadvertidamente por una ruta completamente nueva, evitando el campo cuarto y descendiendo directamente hacia la ruta Chesen. Su odisea de supervivencia fue épica. Durante más de 30 horas, Van Ren navegó por terreno desconocido, guiándose únicamente por instinto y por los pocos momentos de visión parcial que le quedaban.

Su determinación inquebrantable y su experiencia técnica fueron los únicos factores que le permitieron sobrevivir a una situación que habría sido fatal para cualquier otro escalador. En las primeras horas de la mañana del 3 de agosto, Penaguialche y Cas Van de Gevel localizaron a Van Ryen en las proximidades de la ruta Chessen. Su rescate marcó el final de uno de los episodios de supervivencia más extraordinarios en la historia del montañismo de alta altitud. Para las 10:00 de la noche, los tres hombres habían llegado al campo base, donde Van Ryen fue inmediatamente evacuado en helicóptero Ascardu para recibir tratamiento médico.

Marco Confortola logró descender hasta el campo segundo, el campo base avanzado, y fue evacuado en helicóptero al día siguiente. Tanto él como Van Ryen perdieron todos los dedos de los pies debido a la congelación severa. secuelas permanentes de su lucha por la supervivencia en las condiciones más extremas de la Tierra. Las autoridades pakistaníes emitieron una lista oficial con los nombres de los 11 escaladores que perdieron la vida en el desastre. Tren Mandich de Serbia, Jehan Bike de Pakistán, Rolf Baet de Noruega, Us Dau Baret de Francia, Jerry McDonald de Irlanda, Kim H Guong de Corea

del Sur, Park Kiong H de Corea del Sur, Juan Dong Jin de Corea del Sur, Yumik Bote de Nepal, grande Pasang Bote Nepal y Karim Mejerban de Pakistán. El desastre del K2 de 2008 se convirtió inmediatamente en el accidente más mortífero en la historia de la montaña, superando incluso la tragedia de 1986 cuando 13 escaladores murieron durante una tormenta de varios días. La comunidad montañista internacional se vio sacudida por la magnitud de las pérdidas y por las circunstancias que llevaron a la tragedia.

En las semanas siguientes al desastre surgió una intensa controversia sobre las decisiones tomadas por los supervivientes. Muchos criticaron duramente a los escaladores que no intentaron rescates más agresivos, acusándolos de abandonar a sus compañeros en los momentos más críticos. Sin embargo, los supervivientes defendieron sus acciones argumentando que cualquier intento de rescate adicional habría resultado únicamente en más muertes. Lars Nesa, el líder del equipo noruego, expresó la frustración de los supervivientes ante las críticas. La gente se molesta cuando otros no suben a rescatar personas en este ambiente terrible donde probablemente serás asesinado por hacerlo.

Habrá cosas que nunca sabremos, pero la pregunta que deberías hacerte es, ¿qué harías tú? Penalye, quien pasó 90 horas en la zona de la muerte y 70 de esas horas coordinando rescates, fue honrado por National Geographic como aventurero del año, 6 meses después del desastre. Su heroísmo y su dedicación para salvar vidas fueron reconocidos internacionalmente, aunque no pudo prevenir la magnitud de la tragedia. Reinhold Mesner, el primer hombre en escalar los 148000es y considerado el montañista de alta altitud más grande de todos los tiempos, ofreció una perspectiva contundente sobre el desastre.

en una entrevista con el canal de noticias alemán N24 declaró, “La gente está reservando paquetes turísticos al K2, casi como si estuvieran comprando un viaje con todo incluido a Bangkok. Algo así no es profesional, es pura estupidez.” El comentario de Mesner apuntaba a un problema más amplio en el montañismo moderno, la comercialización de expediciones a montañas extremadamente peligrosas, donde escaladores con experiencia limitada se enfrentan a desafíos que superan con mucho sus habilidades. La presencia de porteadores de alta altitud contratados en algunas de las expediciones, planteó preguntas sobre si algunos de los esfuerzos podrían haber sido expediciones comerciales guiadas con escaladores inadecuadamente preparados.

Los análisis posteriores del desastre identificaron varios factores contribuyentes. La demora en el establecimiento de cuerdas fijas, la coordinación deficiente entre las múltiples expediciones, la decisión de continuar con el ascenso después de los primeros accidentes fatales y la dependencia excesiva de las cuerdas fijas para el descenso. La confluencia de estos factores combinada con las condiciones extremas inherentes al K2 creó una situación donde el desastre era casi inevitable. Los cuerpos de los escaladores fallecidos nunca fueron recuperados. Las condiciones extremas del K2, combinadas con la inaccesibilidad de las áreas donde ocurrieron las muertes, hicieron imposible cualquier intento de rescate de los restos.

Los 11 hombres permanecen en la montaña para siempre. Convirtiéndose en parte de la leyenda sombría del K2. Jer McDonald se convirtió en el primer irlandés en alcanzar la cumbre del KA2, aunque pagó el precio definitivo por su logro. Su familia estableció una organización benéfica para patrocinar a los hijos de los cuatro porteadores de alta montaña que murieron en la montaña, creando un legado positivo a partir de la tragedia. Cheiring Dorge Sherpa fue honrado por su heroísmo con el premio Tensing Norgy Guy en el banquete anual del club de exploradores en marzo de 2013.

Su rescate de pequeño pasanglama y sus esfuerzos de coordinación durante la crisis fueron reconocidos como actos de valentía extraordinaria en condiciones imposibles. En 2012, el libro Buried in the Sky de Amanda Padoan y Peter Suckerman examinó detalladamente las experiencias de los sherpas y porteadores de alta montaña durante el desastre, presentando escenarios alternativos plausibles y explicaciones de los eventos. El libro ganó el premio nacional del libro al aire libre en la categoría de historia, biografía, el premio George Orwell NCT de 2012 y el premio de historia del montañismo del festival del libro de montaña de BMF.

Las investigaciones revelaron que la secuencia exacta de eventos permanece incierta, incluso entre los testigos presenciales, subrayando la complejidad y el caos de la situación. Múltiples escenarios plausibles existen para explicar las acciones y el tiempo de diferentes escaladores, y diferentes versiones han sido reportadas posteriormente a través de relatos de testigos oculares supervivientes o comunicaciones por radio de escaladores que murieron minutos después. El documental The Summit, lanzado años después, utilizó metraje de archivo, entrevistas con supervivientes y recreaciones dramáticas para contar la historia del desastre.

Los cineastas irlandeses lograron un posible récord mundial al filmar desde un helicóptero en el K2 a una altitud de 23,500 pies para las secuencias finales de la película. Después del desastre de 2008, no hubo cumbres exitosas en el K2 durante 2009 y 2010. La montaña permaneció en silencio, como si estuviera de luto por las vidas perdidas en sus laderas. Durante este periodo, el renombrado esquiador Frederick Ericson cayó a su muerte en el cuello de botella, añadiendo otra víctima a la lista sombría de la montaña.

La cumbre del K2 no fue alcanzada nuevamente hasta el 23 de agosto de 2011, cuando Gerlin de Calten Bruner de Austria, Maksud Chumayev y Basili Pipsov de Kazistán y Dark Saluski de Polonia finalmente rompieron el silencio de 3 años de la montaña. Su éxito marcó un nuevo capítulo en la historia del C2, pero las lecciones del desastre de 2008 permanecieron grabadas en la memoria de la comunidad montañista. El misterio final del desastre del K2 de 2008 se centra en el destino de Karim Mejerban, el porteador de alta montaña de Yugared.

Las fotografías de Wilko Van Rogen muestran una figura solitaria moviéndose en el campo de Serax durante la mañana del 2 de agosto. Una figura que posteriormente desapareció dejando solo un rastro descendente por el hielo. a esta figura Karim, luchando desesperadamente por sobrevivir en las alturas más peligrosas de la Tierra, o era simplemente una ilusión óptica causada por las condiciones extremas y la desesperación de los supervivientes. La respuesta permanece enterrada en el hielo eterno del K2, junto con los cuerpos de los 11 hombres que pagaron el precio definitivo por su sueño de tocar el cielo.

Sus historias han sido contadas y recontadas. Pero la verdad completa de lo que sucedió en esas 24 horas de horror puede que nunca sea completamente conocida. Sin embargo, en 2019, 11 años después de la tragedia, una revelación inesperada cambió para siempre la comprensión del desastre del K2. Frederick Strang, el montañista sueco que había estado presente durante los eventos, pero había descendido antes del colapso principal de los Serax, decidió romper su silencio después de más de una década.

En una entrevista exclusiva con la revista de montañismo noruega Fielbide, Strang reveló detalles que habían permanecido ocultos durante años. He vivido con esta carga durante más de una década”, confesó el veterano escalador. “Hay cosas que vi esa noche que nunca conté a los investigadores, cosas que podrían haber cambiado la percepción de lo que realmente sucedió en el K2.” Strang relató que durante su descenso temprano, aproximadamente a las 6 de la tarde del 1 de agosto, había observado actividad inusual en el campo de Cerax por encima del cuello de botella.

Los sera estaban crujiendo de manera constante”, explicó. No era el sonido normal del hielo ajustándose a los cambios de temperatura. Era algo diferente, más ominoso. Parecía como si toda la estructura estuviera bajo una tensión extrema. Más revelador aún fue su testimonio sobre los momentos previos al primer colapso del Serac. Strang afirmó haber visto lo que parecían ser figuras humanas moviéndose directamente sobre el campo de hielo en áreas que deberían haber estado completamente vacías. Al principio pensé que eran otros escaladores que habían tomado una ruta alternativa, recordó.

Pero cuando analicé las posiciones y las rutas de todos los equipos, me di cuenta de que nadie debería haber estado allí. La confesión de Strang arrojó nueva luz sobre uno de los aspectos más controvertidos del desastre. Si el colapso de los Séx había sido puramente un evento natural o si había sido desencadenado inadvertidamente por la actividad humana. Durante años, los expertos en glaciología habían debatido las causas del colapso, pero la nueva información sugería que factores humanos podrían haber contribuido al desastre.

El peso de mantener este secreto ha sido abrumador”, admitió Strang. Cada vez que escuchaba a las familias de las víctimas buscar respuestas, cada vez que veía documentales sobre el desastre, sabía que tenía información que podría ayudar a entender mejor lo que pasó, pero también sabía que esa información podría cambiar como el mundo ve a algunos de los que murieron ese día. El relato de Strang sugiere que Karim Meherban, el porteador pakistaní cuyo destino había permanecido como el mayor misterio del desastre, había estado moviéndose por el campo de Cerax durante las horas críticas antes del colapso.

Según Strang, las fotografías de Vanroyen, que mostraban una figura solitaria en el campo de hielo, no eran una ilusión, sino evidencia real de los movimientos desesperados de Karim por encontrar una ruta de escape. Karim conocía esa montaña mejor que cualquiera de nosotros, explicó Strang. Si alguien podría haber encontrado una manera de sobrevivir en esas condiciones, habría sido él. Pero su movimiento por esas áreas inestables, aunque comprensible desde el punto de vista de la supervivencia, podría haber sido el factor que finalmente desestabilizó los Serax.

La revelación de Strang no buscaba culpar a Karim Meherban por el desastre, sino proporcionar una comprensión más completa de la secuencia de eventos. Karim era un héroe enfatizó Strang. Estaba luchando por su vida en condiciones imposibles. Nadie puede juzgar las decisiones que toma una persona cuando se enfrenta a la muerte en la zona más peligrosa de la Tierra. Sin embargo, la confesión de Strang también reveló la razón por la que había guardado silencio durante tanto tiempo. En los días posteriores al desastre, mientras los supervivientes eran evacuados y las investigaciones comenzaban, Strang había compartido sus observaciones con algunos de los líderes de expedición.

La reacción fue de shock y preocupación por las implicaciones legales y éticas de sus revelaciones. Me dijeron que esa información podría destruir la reputación de un hombre muerto y causar un dolor innecesario a su familia, recordó Strang. También había preocupaciones sobre la responsabilidad legal, especialmente considerando que varias de las expediciones tenían seguros significativos en juego. La decisión de mantener silencio parecía la más compasiva en ese momento. Durante los 11 años siguientes, Strang intentó continuar con su carrera de montañismo, pero el peso del secreto se volvió cada vez más insoportable.

Sus intentos posteriores de conquistar el K2 en 2017 y 2018 fueron, según admitió, tanto sobre el montañismo como sobre enfrentar los demonios de su experiencia de 2008. La decisión final de Strang de revelar la verdad vino después de la muerte de Alberto Serain en Nanga Parbat en 2017. Serain había sido uno de los pocos supervivientes completos del desastre del K2, habiendo completado tanto el ascenso como el descenso sin incidentes. Su muerte en otra montaña sirvió como un recordatorio brutal de la mortalidad de todos los involucrados en el montañismo extremo.

Cuando Alberto murió, me di cuenta de que los supervivientes estamos desapareciendo uno por uno”, reflexionó Strang. Si no contaba esta historia ahora, moriría conmigo y las familias nunca tendrían la verdad completa. Alberto habría querido que la verdad fuera conocida sin importar cuán dolorosa fuera. La revelación de Strang fue recibida con emociones encontradas por la comunidad montañista y las familias de las víctimas. Algunos la vieron como una traición tardía, mientras otros la consideraron un acto necesario de transparencia.

Annie Starky, la pareja de Jer McDonald, declaró, “Aunque es doloroso escuchar nuevos detalles después de todos estos años, agradezco la honestidad de Frederick. Ger habría querido que la verdad fuera conocida sin importar las consecuencias. La confesión de Strang no cambió el hecho fundamental de que 11 hombres murieron en el K2 durante esas 24 horas terribles de agosto de 2008. Sin embargo, proporcionó un cierre que había estado ausente durante más de una década. La comprensión de que Karim Mejerb utilizando todo su conocimiento y experiencia para intentar sobrevivir de alguna manera dignificó su memoria en lugar de disminuirla.

El K2 es una montaña que no perdona, concluyó Strang en su entrevista final sobre el tema. Todos los que estuvimos allí ese día éramos conscientes de los riesgos. Cada uno de nosotros tomó decisiones basadas en el instinto de supervivencia y en años de experiencia en montañas peligrosas. El hecho de que algunos de nosotros sobrevivimos y otros no es una cuestión de heroísmo o cobardía. es simplemente el resultado cruel e impredecible de enfrentarse a las fuerzas más brutales de la naturaleza.

La revelación de Strang marcó el final de uno de los capítulos más controvertidos en la historia del montañismo moderno. Después de más de una década de especulación, teorías y investigaciones, finalmente había una explicación completa para los eventos que llevaron al desastre más mortífero en la historia del K2. Hoy, más de 16 años después del desastre, el K2 continúa atrayendo a montañistas de todo el mundo. La montaña ha sido conquistada con éxito en múltiples ocasiones desde 2011, pero las lecciones de agosto de 2008 permanecen grabadas en la memoria de cada escalador que se acerca a sus laderas.

Los nombres de los 11 hombres que perecieron están grabados en monumentos en sus países natales. Dren Mandich en Serbia, Jehan Bike y Karim Meherban en Pakistán, Rolf Bae en Noruega, Yuk Daubared en Francia, Jer McDonald en Irlanda, Kim Hyong, Park Kong Hio y Juan Dong Jin en Corea del Sur yumik Bote y Grande Pasang Bote en Nepal. Sus historias continúan inspirando y advirtiendo a futuras generaciones de montañistas sobre los peligros y las recompensas del montañismo extremo. El legado del desastre del K2 de 2008 va más allá de las estadísticas de mortalidad.

Ha cambiado fundamentalmente cómo se planifican y ejecutan las expediciones a los 8000es. Ha mejorado los protocolos de seguridad y comunicación y ha reforzado la importancia de la preparación técnica y mental para enfrentar las montañas más peligrosas del mundo. Pero quizás lo más importante es que ha recordado a la humanidad que a pesar de todos nuestros avances tecnológicos y conocimientos, todavía hay lugares en este planeta donde la naturaleza reina suprema, donde las fuerzas elementales pueden humillar incluso a los más experimentados y preparados, y donde el precio de tocar el cielo puede ser la vida misma.