TÚNEL DE 3 KM CONECTADO DIRECTO A PEMEX REVELA EL ROBO DE COMBUSTIBLE MÁS SOFISTICADO DE LA HISTORIA…

Durante 847 días consecutivos, los sistemas de petróleos mexicanos reportaron exactamente la misma cifra, 2340 barriles diarios de combustible en tránsito por el ducto Salamanca, Guadalajara. Ni un barril más ni un barril menos. una precisión matemática que desafiaba toda lógica operativa en una red de 14,000 km de tuberías, donde las variaciones de presión, temperatura y demanda hacían imposible mantener un flujo idéntico durante más de 2 años. Pero nadie lo notó hasta que un ingeniero de monitoreo nocturno en la estación de bombeo de Celaya detectó algo que no debería existir.

Una caída de presión de 0.8 bares cada madrugada, siempre entre las 2:17 y las 4:33 a, que desaparecía de los registros oficiales antes del turno matutino, lo que comenzó como una curiosidad técnica. Terminó revelando la operación de robo de combustible más sofisticada jamás documentada en América Latina. Un túnel de 3 km excavado 18 m bajo tierra, conectado directamente al ducto principal de Pemex, equipado con tecnología de extracción silenciosa, sistemas de enmascaramiento de datos en tiempo real y una red de distribución clandestina que movía 600,000 L diarios valorados en 42 millones de pesos mensuales.

Pero lo más perturbador no era la ingeniería del crimen, era quien lo había construido desde adentro. Esteban Rivero llevaba 11 años como ingeniero de monitoreo en la estación de bombeo PB09 de Celaya, Guanajuato. Su trabajo consistía en vigilar seis pantallas que mostraban datos en tiempo real presión, temperatura, flujo y viscosidad del combustible que viajaba por el ducto Salamanca, Guadalajara. un trabajo rutinario que la mayoría consideraba aburrido. Pero Esteban tenía un hábito que sus compañeros consideraban obsesivo. Registraba manualmente cada lectura anómala en un cuaderno de pasta dura, incluso cuando los sistemas automatizados las clasificaban como variaciones normales.

La madrugada del 14 de marzo a las 2:17 a la presión en el kilómetro 47 del ducto cayó de 68.4 bares a 67.6 6 bares. Una diferencia mínima, técnicamente insignificante. 8 décimas de bar en una red que manejaba fluctuaciones 10 veces mayores durante operaciones normales. Esteban anotó la lectura, revisó los sensores de temperatura normales, verificó el flujo volumétrico, 2,340 barriles por hora, exactamente lo esperado. A las 4:33 am. La presión regresó a 68.4 bares. Todo volvió a la normalidad.

Pero cuando Esteban revisó el historial del sistema a las 7:00 a, ese registro había desaparecido. No estaba marcado como error, no aparecía en los reportes automáticos, simplemente no existía en el sistema oficial, como si esas 2 horas y 16 minutos nunca hubieran ocurrido. Esteban pensó que podría ser un fallo del software de archivo hasta que revisó su cuaderno y encontró algo que le eló la sangre. La misma caída de 0.8 8 bares, siempre entre 217 y 433 AM.

Documentada en sus notas personales durante los últimos 23 días consecutivos, 23 madrugadas, la misma anomalía, siempre borrada del sistema. Esteban subió al segundo piso donde estaba la oficina de su supervisor, Germán Salcedo, un ingeniero senior con 30 años en Pemex, le mostró el cuaderno. Germán apenas levantó la vista de su café. Son fluctuaciones térmicas nocturnas, Rivero. El combustible se contrae con el frío de la madrugada. Es física básica, pero siempre es 0.8 bares, Germán. Siempre y siempre desaparece del registro oficial.

El sistema limpia datos redundantes. No podemos almacenar cada variación mínima o colapsaríamos los servidores. Esteban insistió, mostró los cálculos. Una caída de 0.8 bares en ese sector específico del ducto durante 136 minutos diarios equivalía a una pérdida de flujo de aproximadamente 47 barriles por noche multiplicado por 23 días, 1081 barriles, más de 171,000 L, casi 3 millones de pesos en combustible que simplemente no aparecían como pérdida en ningún reporte. Germán cerró el cuaderno con un golpe seco.

Escúchame bien, Rivero. En 11 años aquí nunca has causado problemas. No empieces ahora. Si hay una discrepancia, los sistemas de auditoría la detectarán. Tú no eres auditor, eres operador de monitoreo. Haz tu trabajo. Esteban salió de la oficina sabiendo dos cosas con certeza absoluta. Primero, esa pérdida de presión no era un error técnico. Y segundo, alguien estaba borrando evidencia de manera sistemática porque una anomalía perfectamente idéntica durante 23 días consecutivos no era física, era ingeniería. Esteban Rivero sabía que escalar el reporte por los canales normales de Pemex significaba enviarlo directamente a Germán Salcedo, quien ya había dejado claro que no quería saber nada del asunto.

Pero había otro camino, el protocolo de integridad operativa, un mecanismo creado en 2019 después de los escándalos de huachicoleo masivo que permitía a cualquier empleado reportar anomalías directamente a la Unidad de Inteligencia Patrimonial sin pasar por supervisores locales. El 16 de marzo, Esteban llenó el formulario digital encriptado. Adjuntó 47 páginas escaneadas de su cuaderno. Incluyó capturas de pantalla tomadas con su celular que mostraban las lecturas en tiempo real y luego la ausencia de esas mismas lecturas en los reportes oficiales.

Calculó que la pérdida acumulada en 25 días ya superabaes. envió el reporte a las 11:34 pm desde su casa. A las 9 cero am del día siguiente recibió una llamada de un número privado. Ingeniero Rivero, habla la comandante Isabela Ochoa, dirección de protección industrial de Pemex. Recibí su reporte. Necesito verlo hoy. A solas conoce la cafetería Los portales en el centro de Celaya. Esteban llegó a las 2:00 pm. Isabela Ochoa era una mujer de unos 45 años, cabello corto, traje gris oscuro y una mirada que había visto demasiadas cosas.

No perdió tiempo en cortesías. Sus cálculos son correctos, ingeniero, pero están incompletos. Isabela abrió una laptop y giró la pantalla hacia Esteban. Mostró una gráfica de pérdidas de presión en el ducto Salamanca, Guadalajara. Durante los últimos 847 días. Cada noche, sin excepción, aparecía la misma caída de 0.8 8 bares entre las 2:17 y las 4:33 am en el kilómetro 47. 847 días. Esteban sintió que el aire abandonaba sus pulmones. Eso significa que que llevan 2 años y 4 meses robándonos, ingeniero, y que usted es la primera persona en 847 días que lo reporta oficialmente.

Isabela cerró la laptop y bajó la voz. Hice los cálculos completos. 847 días multiplicados por 47 barriles diarios. Son 39,809 barriles, casi 6.3 millones de litros de combustible. A precio promedio de mercado, estamos hablando de 126 millones de pesos. Pero lo preocupante no es solo el volumen. Sacó una carpeta Manila y deslizó tres documentos sobre la mesa. Esto es un análisis de integridad estructural del ducto en ese sector realizado hace 6 meses. Todo normal. Esto es un reporte de auditoría de flujo del mes pasado sin irregularidades.

Y esto es un certificado de inspección con drones del último trimestre. Cero anomalías detectadas. Esteban revisó los documentos. Todos firmados, todos sellados, todos oficiales. Entonces, ¿cómo es posible que nadie haya detectado una pérdida de casi 40,000 barriles? Isabela se inclinó hacia adelante. Porque alguien está manipulando los datos en tiempo real, ingeniero. Los sensores detectan la caída de presión. Pero antes de que se guarde en los servidores centrales, el registro desaparece. Eso requiere acceso de nivel administrativo a los sistemas SK de control industrial.

No es un huachicolero con una manguera y una pipa. Es alguien con credenciales internas. Esteban sintió un escalofrío. ¿Y por qué yo sí vi la anomalía? Porque usted estaba mirando las pantallas en tiempo real a las 2:17 a. El borrado automático ocurre a las 4:45 a. 12 minutos después de que termina la extracción. Usted anotó los datos antes de que los borraran. Por eso su cuaderno es la única evidencia física que existe. Isabela guardó los documentos. Ingeniero Rivero, necesito que siga trabajando normalmente.

No le diga nada a nadie, ni a Germán Salcedo, ni a su esposa, ni a sus compañeros. A partir de este momento, usted está bajo protección de la unidad de inteligencia y yo voy a averiguar quién está detrás de esto. Salió de la cafetería sin despedirse. Esteban se quedó sentado mirando su taza de café frío, comprendiendo que acababa de cruzar una línea invisible, porque si alguien había construido un sistema tan sofisticado para robar 126 millones de pesos sin ser detectado durante 847 días, no iba a permitir que un ingeniero con un cuaderno arruinara todo.

Isabela Ochoa no regresó a las oficinas centrales de Pemex en Ciudad de México. En su lugar condujo 3 horas hasta Querétaro, a un edificio anónimo de cuatro pisos en la zona industrial de San Juan del Río, que oficialmente figuraba como Centro de Capacitación Técnica regional. En realidad era la sede operativa de la Unidad de Inteligencia Patrimonial, una división creada en secreto después de que el huachicoleo le costara a Pemex más de 60,000 millones de pesos en una década.

A las 7:00 pm, Isabela entró a la sala de situación del tercer piso. Cinco personas esperaban alrededor de una mesa de juntas. Ella había seleccionado personalmente a cada uno, no solo por su experiencia técnica, sino por algo más importante. Todos habían perdido algo por culpa de la corrupción interna, confianza, ascensos. En un caso, un hermano Isabela conectó su laptop al proyector y fue directo al punto. Lo que van a ver no existe oficialmente. No hay expediente, no hay orden de investigación.

Si algo sale mal, nadie va a reconocer que esto ocurrió. Proyectó la gráfica de las 847 caídas de presión. El primero en hablar fue Ronaldo Esquivel, ingeniero de petróleos con 22 años en campo, experto en sistemas de ductos, tenía 51 años, barba gris y una cicatriz en la mano izquierda. de un accidente con válvulas en Tabasco. Caídas idénticas durante más de 2 años. Eso es imposible sin un sistema de control automatizado. Quien esté haciendo esto tiene acceso a los parámetros de flujo en tiempo real.

A su lado, Lucía Montiel, analista forense digital, tecleaba rápidamente en su laptop. Había sido parte del equipo que desmanteló una red de fraude interno en 2021 y desde entonces trabajaba exclusivamente en casos de manipulación de datos. Si están borrando registros del sistema ESADA, necesitan credenciales de nivel cuatro o superior. Eso es gerencia de operaciones hacia arriba. Y si lo han hecho 847 veces sin dejar rastro, tienen un script automatizado. Necesito acceso a los servidores del sector Celaya.

Isabela negó con la cabeza. No podemos solicitar acceso oficial. Si hay infiltrados, sabrán que estamos investigando en cuanto aparezca la solicitud en el sistema. Entonces, necesitamos entrar sin que nadie lo sepa. dijo una voz desde el fondo de la sala. Era Damián Uribe, especialista en seguridad física y exmilitar. Había dejado el ejército después de descubrir que su comandante vendía información de operativos antinarcóticos. Ahora trabajaba como asesor de protección de infraestructura crítica. Si van a robar 47 barriles diarios, necesitan infraestructura física.

No puedes sacar esa cantidad con pipas. Estamos hablando de una instalación permanente subterránea probablemente conectada directamente al ducto. “¿Un túnel?”, preguntó Isabela, o una derivación clandestina con válvulas de control remoto, pero para que pase desapercibida durante 2 años tiene que estar muy bien escondida y muy bien construida. El cuarto miembro del equipo, Sebastián Lomelí, geopísico especializado en estudios sísmicos, se levantó y señaló el mapa proyectado. El kilómetro 47 del ducto Salamanca, Guadalajara. pasa por terreno agrícola y zona industrial de baja densidad.

Si hay una estructura subterránea importante, podemos detectarla con georadar o tomografía sísmica, pero necesitamos autorización para entrar a esos terrenos. No la tendremos, interrumpió Isabela. Haremos reconocimiento aéreo con drones térmicos de noche, sin permisos. Si encontramos algo, entonces buscamos la forma legal de investigarlo. La última persona en la mesa era Adriana Solís, auditora financiera forense de la Secretaría de Hacienda en comisión especial con Pemex. Tenía 38 años, títulos en contabilidad y derecho fiscal y una reputación implacable por desentrañar operaciones de lavado de dinero.

Si están moviendo 126 millones de pesos, tienen que blanquearlos. Empresas fachada, transferencias fragmentadas, facturas falsas. Necesito los nombres de todas las empresas que han prestado servicios en ese sector en los últimos 3 años. Proveedores, contratistas, transportistas. Voy a seguir el dinero. Isabela apagó el proyector. Aquí están las reglas. Uno, nadie fuera de esta sala sabe lo que estamos haciendo. Dos, no usan equipos de comunicación oficiales. Les voy a dar teléfonos encriptados. Tres, todo lo que encuentren me lo reportan solo a mí.

Y cuatro, si alguien pregunta qué están investigando, la respuesta oficial es auditoría de rutina de protocolos de seguridad industrial. ¿Entendido? Todos asintieron. Lucía, necesito que hackes los servidores Escada sin dejar rastro. Ronaldo, quiero un análisis completo de la ingeniería necesaria para extraer 47 barriles diarios sin provocar una caída de presión mayor. Sebastián, vas a sobrevolar el kilómetro 47 con drones térmicos cada noche durante una semana. Damián, necesitas identificar todos los accesos posibles a ese tramo del ducto.

Y Adriana, quiero saber quién ha ganado dinero en esa zona en los últimos 3 años. Isabela miró a cada uno a los ojos. El ingeniero que reportó esto se llama Esteban Rivero. Es la única persona fuera de esta sala que sabe que estamos investigando y si algo le pasa, todos los responsables van a saber que ya no pueden ocultar esto. Así que más les vale que encontremos pruebas sólidas antes de que se den cuenta de que los estamos cazando.

Sebastián Lomelí levantó la mano. Y si lo que encontramos es peor de lo que pensamos. Isabela cerró su laptop. Entonces vamos a necesitar un equipo mucho más grande. Salieron de la sala en silencio, cada uno con una misión clara y con la certeza de que habían entrado en una investigación donde los criminales tenían nombres, apellidos y credenciales oficiales. Durante los siguientes 14 días, el equipo trabajó en completo silencio. Lucía Montiel instaló un nodo fantasma en la red de servidores Escada, aprovechando una vulnerabilidad en el sistema de respaldos automáticos.

Cada noche a las 2:00 a su software capturaba los datos en tiempo real antes de que fueran procesados por los filtros oficiales. Lo que descubrió confirmó la pesadilla. Existía un script oculto en el código del sistema que detectaba cualquier caída de presión superior a cero. Cinco bares en el kilómetro 47 y la reemplazaba automáticamente con el valor promedio de las últimas 72 horas. Un parche invisible que había estado activo desde el 11 de septiembre de 2021. exactamente 847 días atrás.

Pero lo más perturbador era el autor del código. El script estaba firmado digitalmente con las credenciales de acceso de Osvaldo Rincón, subgerente de sistemas de control industrial en las oficinas centrales de Pemex, un hombre con 26 años de antigüedad, acceso de nivel cinco y un historial impecable. Lucía verificó los registros de acceso. Rincón había modificado el código fuente del sistema de monitoreo exactamente una vez, el 11 de septiembre de 2021 a las 11:47 p.m. Y nunca más había vuelto a tocarlo, porque no necesitaba hacerlo.

El script se ejecutaba solo cada madrugada, borrando evidencia con precisión quirúrgica. Mientras Lucía desenterraba el rastro digital, Sebastián Lomelí sobrevolaba el kilómetro 47 con un dron equipado con cámara térmica FLIR de última generación. Durante seis noches consecutivas, entre las 2 y las 50 am, escaneó cada metro cuadrado de terreno en un radio de 800 m alrededor del ducto. La mayoría de las lecturas mostraban lo esperado. Campos de cultivo fríos, bodegas industriales sin actividad nocturna, caminos rurales vacíos hasta la séptima noche.

Tras 2:34 am. del 29 de marzo, el dron detectó una anomalía térmica en un terreno valdío ubicado a 340 m al norte del ducto, una firma de calor de aproximadamente 180 m² que emanaba del subsuelo formando un patrón lineal que se extendía en dirección sureste. La temperatura superficial era apenas 2.3ºC, más alta que el terreno circundante, pero la diferencia era constante, como si algo bajo tierra estuviera generando calor de forma continua. Sebastián aterrizó el dron, verificó las coordenadas GPS y llamó a Isabela.

Encontré algo. Km 47, coordenadas 20,52 247 de g N, 100.886 g O. Hay actividad térmica subterránea en un patrón que va desde el terreno valdío directamente hacia el ducto. ¿Qué tan profundo? Imposible saberlo sin georadar, pero por la dispersión térmica calculo entre 15 y 20 m de profundidad. Al día siguiente, Sebastián y Damián Uribe llegaron al terreno disfrazados como técnicos de una empresa de estudios geológicos para construcción. Llevaban un georadar de penetración GPR400 y equipo de sismografía portátil.

El terreno estaba cercado con malla ciclónica oxidada y un letrero desteñido que decía propiedad privada agrícola San Mateo S. DCB. No había guardias, no había cámaras visibles, solo tierra seca y matorrales. Tardaron 4 horas en completar el escaneo. Lo que encontró el geor radar hizo que Sebastián tuviera que verificar los datos tres veces antes de creer lo que estaba viendo. A 18 m de profundidad existía una estructura tubular de aproximadamente 2.4 4 m de diámetro que se extendía en línea recta durante 3127 m, conectando el terreno valdío directamente con el ducto principal de Pemex.

No era una tubería improvisada, era un túnel excavado con precisión profesional, reforzado con estructura metálica y perfectamente alineado con una pendiente descendente de 0.8º que permitía el flujo gravitacional del combustible. Pero eso no era todo. El georadar también detectó tres cámaras subterráneas a lo largo del túnel, una en cada extremo y una en el punto medio. Cada cámara medía aproximadamente 4×6 m, lo suficientemente grandes para albergar equipo de bombeo, tanques de almacenamiento temporal y sistemas de control.

Damián caminó hasta el punto exacto donde el geor radar indicaba la entrada del túnel. No había nada visible en la superficie, solo tierra compactada y algunos arbustos secos. pateó el suelo, sonó hueco, regresó al vehículo y llamó a Isabela. Tienes que ver esto. No es un robo, es ingeniería de nivel industrial. Esa noche el equipo completo se reunió en la sala de situación. Ronaldo Esquivel proyectó un modelo 3D del túnel basado en los datos del georadar. Quien construyó esto sabía exactamente lo que hacía.

La profundidad de 18 m los pone por debajo de cualquier escaneo rutinario de integridad del ducto. El diámetro de 2.4 m permite el paso de personal y equipo pesado y la pendiente de 0.8º es perfecta para flujo por gravedad asistido con bombeo mínimo. Esto no lo hizo un grupo criminal común. Adriana Solís abrió una carpeta con documentos financieros. Investigué la empresa Dueña del terreno agrícola San Mateo SA de CV. Fue constituida el 3 de agosto de 2021, 5 semanas antes de que comenzara el robo.

El representante legal es un tal Mauricio Gaitán Ibarra, sin historial empresarial previo. La empresa nunca ha presentado declaraciones fiscales significativas, no tiene empleados registrados, no tiene actividad comercial real, es una fachada. Lucía Montiel añadió su hallazgo. Y el código que borra los registros fue instalado por Osvaldo Rincón exactamente 39 días después de que se constituyó esa empresa. Demasiada coincidencia. Isabela estudió el modelo 3D proyectado en la pared. Si construyeron un túnel de 3 km a 18 m de profundidad, estamos hablando de maquinaria pesada, ingenieros civiles, topógrafos, electricistas, soldadores.

Eso requiere meses de trabajo y dinero, mucho dinero. Sebastián hizo un cálculo rápido en su laptop. Excavación de 3,127 m a 18 m de profundidad con un diámetro de 2.4 m. Estamos hablando de remover aproximadamente 14,000 m³ de tierra y roca. Con maquinaria tuneladora especializada, eso cuesta entre 80 y 120 millones de pesos, sin contar refuerzo estructural, ventilación, bombeo, instalación eléctrica y sistemas de control. Damián Uribe dejó caer el lápiz sobre la mesa. Invirtieron 100 m,000000 para robar 126 m,000000 y llevan 2 años operando.

Eso significa que ya recuperaron la inversión y ahora todo es ganancia pura. Estamos hablando de 42 millones de pesos mensuales. Isabela se levantó y caminó hacia la ventana. Necesitamos entrar a ese túnel, ver qué hay adentro, documentar todo. Pero si lo hacemos sin una orden judicial, cualquier evidencia será inadmisible. ¿Y si no hacemos nada?, preguntó Ronaldo. Vamos a esperar otros 847 días mientras siguen robando. Isabela se giró. No vamos a esperar. Pero tampoco vamos a entrar como vaqueros.

Primero necesito saber quién más está involucrado porque un subgerente de sistemas no construye un túnel de 3 km. Solo hay alguien más grande detrás de esto. En ese momento, el teléfono encriptado de Lucía vibró, miró la pantalla y palideció. Isabela, creo que encontramos un problema mayor. Giró su laptop hacia el equipo. En la pantalla aparecía un registro de acceso al sistema Escada. Osvaldo Rincón había ingresado al sistema hacía 14 minutos y estaba revisando los registros de acceso no autorizado.

Acababa de detectar el nodo fantasma de Lucía. Isabela cerró los ojos. Saben que los estamos investigando. Lucía Montiel trabajó durante 40 minutos sin levantar la vista de su laptop, los dedos moviéndose frenéticamente sobre el teclado mientras ejecutaba protocolos de borrado profundo. Necesitaba eliminar cualquier rastro de su nodo fantasma antes de que Osvaldo Rincón pudiera rastrearlo hasta su ubicación. Sudaba. El resto del equipo la observaba en silencio. A las 11:47 pm, Lucía exhaló y cerró la laptop. Listo, borré todo.

Pero él sabe que alguien estuvo dentro del sistema. No sabe quién, no sabe desde dónde, pero sabe que alguien vio el script. Van a cambiar su operación. Tal vez cierren el túnel temporalmente o tal vez aceleren todo y saquen lo máximo posible antes de desaparecer. Isabela Ochoa tomó una decisión en 3 segundos. Entramos esta noche. Ahora, antes de que tengan tiempo de reaccionar. Damián Uribe negó con la cabeza. Sin orden judicial. Todo lo que encontremos me importa un la orden judicial, interrumpió Isabela.

Si esperamos, van a borrar evidencia, desmantelar el túnel y quemar documentos. Vamos a documentar todo, video, fotos, mediciones y después buscaremos la forma de legalizarlo. Pero no voy a perder esta oportunidad. A las 12:30 a, tres vehículos sin placas oficiales llegaron al terreno valdío de Agrícola San Mateo. Isabela, Damián, Ronaldo y Sebastián llevaban linternas tácticas. Cámaras con visión nocturna, medidores láser y equipo de respiración. En caso de gases tóxicos, Lucía se quedó en uno de los vehículos monitoreando las comunicaciones y hackeando las cámaras de tráfico de la zona para eliminar cualquier registro de su presencia.

Damián localizó la entrada del túnel exactamente donde el georadar la había indicado. Removió 40 cm de tierra superficial y expuso una compuerta metálica de 1.2 m de diámetro, pintada con anticorrosivo industrial y equipada con un sistema de cierre hermético hidráulico. No tenía candado visible. En su lugar había un panel electrónico con lector de tarjetas RFID. Sebastián escaneó el panel con un analizador de frecuencias. Sistema de acceso por radiofrecuencia. Necesitamos la tarjeta o el código de anulación. Damián sonríó y sacó una pequeña caja negra de su mochila.

O podemos hacer esto. Conectó el dispositivo al panel. Tardó 90 segundos en bypasear el sistema. La compuerta emitió un ciseo hidráulico y se abrió lentamente, revelando una escalera metálica que descendía en un ángulo de 60º hacia la oscuridad absoluta. Isabela fue la primera en bajar. La escalera tenía 47 peldaños de acero galvanizado, perfectamente soldados y equipados con cinta antideslizante. A los 18 m de profundidad llegaron a una plataforma de concreto pulido de aproximadamente 12 m². Las paredes estaban reforzadas con paneles de acero corrugado.

El techo tenía iluminación LED empotrada, actualmente apagada, y frente a ello se extendía un túnel perfectamente cilíndrico de 2.4 m de diámetro, con piso de concreto y paredes revestidas con lámina galvanizada. Ronaldo Esquivel encendió su linterna y dejó escapar un silvido de asombro. Esto no es obra de aficionados. Miren las soldaduras. Miren el refuerzo estructural. Esto es trabajo de ingenieros prof. comenzaron a caminar. El túnel era perfectamente recto con una pendiente descendente apenas perceptible. Cada 50 m había una lámpara LED de emergencia instalada en el techo.

Cada 100 m un extintor de CO2 montado en la pared. A los 400 m de la entrada encontraron la primera cámara subterránea. Era una sala de 4×6 m es excavada en el costado del túnel con techo de bóveda reforzado con vigas de acero. Dentro había tres tanques cilíndricos de almacenamiento de 10,000 L cada uno conectados a un sistema de tuberías de acero inoxidable de 4 pulgadas de diámetro. Junto a los tanques, un panel de control con medidores digitales de flujo, presión y temperatura.

Y en la pared del fondo, un generador diésel de 45 kb que alimentaba todo el sistema. Sebastián tomó fotografías desde todos los ángulos mientras Ronaldo examinaba las conexiones. Estos tanques son de almacenamiento temporal. El combustible llega desde el ducto principal, se acumula aquí y luego es bombeado hacia el otro extremo del túnel. El sistema está diseñado para operar completamente automatizado. Alguien puede controlarlo remotamente sin necesidad de estar físicamente aquí. Damián encontró algo en una mesa metálica plegable, un cuaderno de bitácora con anotaciones manuscritas lo ojeó rápidamente.

Hay registros de mantenimiento, cambios de filtros, calibración de bombas. La última entrada es del 24 de marzo, hace 5 días. Continuaron avanzando por el túnel. A los 1,80 m encontraron la segunda cámara, casi idéntica a la primera, pero con equipamiento adicional, un sistema de filtrado de combustible, medidores de calidad y un escritorio con dos monitores apagados. Isabela encendió uno de los monitores. La pantalla mostró un software de control industrial con lecturas en tiempo real ducto principal de Pemex.

Presión, flujo, temperatura, composición química del combustible. Están monitoreando el ducto oficial”, dijo Isabela. Saben exactamente cuándo aumentar o disminuir la extracción para no provocar alarmas. Ronaldo señaló un diagrama pegado en la pared. Era un plano técnico del ducto Salamanca Guadalajara con anotaciones precisas sobre puntos de presión, válvulas de seguridad y zonas de monitoreo. En el margen superior derecho había una firma Ing. Herriiberto Maldonado. Consultoría operativa. Isabela fotografió el documento. Lucía, ¿puedes investigar quién es Heriberto Maldonado? La voz de Lucía llegó por el radio encriptado.

Ya lo estoy buscando. Aquí está. Heriberto Maldonado Saucedo, 52 años, ingeniero petrolero. Trabajó en Pemex durante 18 años en la división de diseño de ductos. Renunció en 2019. Desde entonces figura como consultor independiente en infraestructura energética. Envíame su dirección”, ordenó Isabela. Siguieron hasta el final del túnel. A los 3,127 m, exactamente donde el georadar había indicado, llegaron a la tercera cámara. Esta era diferente, más grande, aproximadamente 8 por 10 m, y contenía el corazón de toda la operación.

En el centro de la sala había una válvula de derivación de 12 pulgadas de diámetro conectada directamente al ducto principal de Pemex, mediante una tubería de acero al carbono que atravesaba el techo de concreto reforzado. La conexión estaba soldada con precisión milimétrica, sellada con resina epóxica de grado industrial y equipada con tres válvulas de control remoto operadas por servomotores eléctricos. Pero lo más impresionante era el sistema de extracción. Había cuatro bombas centrífugas de alta presión, cada una capaz de mover 50 barriles por hora, conectadas en paralelo a un sistema de tuberías que bajaba por el túnel hacia los tanques de almacenamiento.

Las bombas estaban equipadas con sensores de vibración, medidores de flujo electromagnéticos y válvulas de alivio de presión automáticas, todo diseñado para extraer combustible sin provocar fluctuaciones detectables en el ducto principal. Y en la pared había algo que confirmó la magnitud de la conspiración, un calendario de operaciones. Cada día estaba marcado con horarios precisos 02 17 04 33 47 BBL. Presión 68.4 67.6.4. 847 días de registros manuales, 847 robos perfectamente ejecutados. Isabela sintió que la rabia le quemaba el pecho.

Esto no es solo un robo, es una obra maestra de ingeniería criminal. Ronaldo hizo cálculos mentales rápidos. Con este equipo pueden extraer hasta 200 barriles por hora si quisieran, pero se limitan a 47 porque es el máximo que pueden robar sin activar las alarmas de presión del sistema Escada. Son conservadores, pacientes, metódicos. Sebastián encontró una caja de seguridad empotrada en la pared. Estaba cerrada con combinación electrónica. Damián tardó 5 minutos en abrirla. Dentro había documentos que cambiaron todo.

Contratos de construcción firmados por empresas Fantasma, transferencias bancarias a cuentas en Islas Caimán, planos técnicos del ducto con anotaciones de puño y letra, listas de materiales con proveedores reales y lo más incriminatorio, una memoria USB etiquetada. Respaldos 2021-2024. Isabela la guardó en una bolsa de evidencia sellada. Esto es suficiente. Salimos ahora. Pero cuando regresaron al inicio del túnel y subieron la escalera, encontraron algo que hizo que Damián desenfundara su arma. La compuerta de entrada estaba cerrada desde afuera y afuera se escuchaban voces.

Alguien sabía que estaban allí. Damián Uribe apagó su linterna de inmediato y ordenó silencio absoluto con un gesto. Los cuatro se quedaron inmóviles en la base de la escalera metálica, a 18 m bajo tierra, escuchando las voces amortiguadas que venían de la superficie. Isabela activó su radio encriptado en modo whisper. Lucía, ¿qué está pasando arriba? La respuesta llegó en un susurro urgente. Dos camionetas Ford Lobo sin placas. Llegaron hace 90 segundos. Cuatro hombres no parecen policía. No tienen uniformes.

Están revisando el perímetro con linternas. Uno de ellos acaba de encontrar la compuerta. Isabela maldijo en voz baja. Miró a Damián. ¿Podemos forzar la compuerta desde adentro? Damián examinó el mecanismo de cierre. Era hidráulico, operado electrónicamente desde el panel exterior. Desde dentro solo había una palanca de emergencia, pero estaba bloqueada con un candado industrial de acero templado. Puedo reventarlo con explosivo de breaching, pero haría ruido y ellos sabrían exactamente dónde estamos. Ronaldo señaló hacia el fondo del túnel.

Hay otra salida. La tercera cámara tiene conexión directa con el ducto. Si podemos, no, interrumpió Isabela. Si abrimos esa válvula, activaremos todas las alarmas de Pemex. Tendremos a la Marina aquí en 20 minutos, pero también destruiremos cualquier posibilidad de mantener esta investigación encubierta. Sebastián se acercó a la compuerta y pegó el oído al metal. Están discutiendo. Alguien dice que revisen el sistema de acceso. Otro dice que llamen a el ingeniero. Isabela sintió que se le erizaba la piel.

Lucía, necesito que me digas quiénes son esos hombres. Placas de las camionetas. Cualquier identificación. Las camionetas no tienen placas, pero una tiene un logotipo pequeño en la puerta del conductor. Parece, espera, estoy ampliando la imagen. Es un logotipo de transportes y logística bajío, empresa de servicios de transporte industrial. Adriana Solís, que había estado escuchando por radio desde la base en Querétaro, interrumpió: “Transportes y logística vajío. La tengo en mi base de datos. Es una de las 17 empresas proveedoras que han trabajado en el sector Celaya en los últimos 3 años.

facturó 34,0000 de pesos a Pemex por servicios de transporte de materiales. Pero tiene algo interesante. Su representante legal es el mismo que el de Agrícola San Mateo. Mauricio Gaitán y Barra. Isabela cerró los ojos conectando las piezas. No vinieron por casualidad. Alguien les avisó que estamos aquí. En ese momento, la voz de Lucía sonó con urgencia controlada. Isabela, uno de ellos acaba de hacer una llamada. Está hablando con alguien. No puedo escuchar lo que dice, pero espera, está asintiendo.

Colgó. Los cuatro se están retirando a las camionetas. Se van. No, se están estacionando. Apagaron las luces. Creo que van a esperar. Damián entendió inmediatamente. Nos están sitiando. Saben que no podemos salir sin que los veamos y saben que eventualmente tendremos que salir. Isabela pensó rápido, revisó su reloj. 214 am. Tenían agua, tenían comunicación, pero no tenían una forma de salir sin confrontación. Y si esos hombres estaban armados, Lucía, ¿cuánto tardaría en llegar refuerzo oficial si lo solicito?

Desde la base de la Marina más cercana, 35 minutos. Pero tendrías que explicar qué están haciendo en un terreno privado sin orden judicial a las 2 de la mañana, Isabela sopesó las opciones. Podía llamar refuerzos y arriesgarse a que toda la investigación se hiciera pública antes de tener todos los elementos. o podía esperar y confiar en que esos hombres no iban a hacer nada violento. Decidió apostar por una tercera opción. Lucía, ¿tienes acceso a cámaras de tráfico en un radio de 5 km?

Sí, quiero que rastrees cualquier vehículo que se acerque a esta ubicación en los próximos 30 minutos. Si alguien más viene, me avisas de inmediato y quiero que uses el drone térmico de Sebastián. Necesito saber exactamente dónde están esos cuatro hombres y qué están haciendo. 5 minutos después, Lucía tenía el drone en el aire. La cámara térmica mostró cuatro firmas de calor. Dos hombres dentro de cada camioneta estacionadas a 40 m de la entrada del túnel con vista directa a la compuerta.

Están esperando, confirmó Lucía. Uno de ellos está fumando. Otro revisa su celular. No parecen nerviosos, parecen aburridos. Como si esto fuera rutina. Isabela tomó una decisión. Vamos a darles algo en qué pensar. Sacó su teléfono personal, el no encriptado, y marcó un número que tenía memorizado, la línea directa del almirante Bernardo Castillo, coordinador nacional de protección a instalaciones estratégicas de la Marina. Era las 2:27 a, pero Castillo contestó al segundo timbre. Comandante Ochoa, esto tiene que ser importante.

Almirante, necesito que active un sobrevuelo de rutina en las coordenadas que le voy a enviar. Sector Celaya, Guanajuato. Quiero un helicóptero Black Hawk con reflectores. Pazada de reconocimiento estándar, como si estuvieran patrullando el ducto. Alguna amenaza específica. Prevención. Hemos detectado movimiento sospechoso en la zona. Nada confirmado. Solo necesito presencia disuasiva. Hubo una pausa. ¿Dónde está usted en este momento, comandante? Trabajando. Otra pausa más larga. El helicóptero estará ahí en 18 minutos. Isabela colgó y miró a su equipo.

Vamos a esperar. Cuando escuchen el helicóptero, esos hombres van a decidir si quieren explicarle a la Marina qué hacen aquí a las 3 de la mañana vigilando una compuerta que oficialmente no existe. Ronaldo sonríó. Apuesta arriesgada. Toda esta investigación es una apuesta arriesgada. A las 2:51 a, el sonido inconfundible de las turbinas de un helicóptero Black Hawk comenzó a escucharse en la distancia. Lucía narró lo que veía en tiempo real. El helicóptero viene desde el sur. Los hombres lo escucharon.

Uno salió de la camioneta. Está hablando por teléfono otra vez. El otro arrancó el motor. Espera, la segunda camioneta también arrancó. Se están Sí, se están yendo. Están saliendo del terreno a toda velocidad por el camino norte. El helicóptero pasó sobre el terreno 40 segundos después, barriendo la zona con sus reflectores durante 3 minutos antes de continuar su ruta hacia el este. A las 303 am. Lucía confirmó, “Están lejos, al menos 8 km. No van a regresar esta noche.” Damian colocó explosivo de breaching en el candado de la palanca de emergencia.

La explosión fue sorda, contenida. La compuerta se abrió con un ciseo hidráulico. Salieron del túnel en silencio, subieron a los vehículos y se alejaron del lugar sin encender las luces hasta estar a 2 km de distancia. Dentro del vehículo, Isabela revisó la memoria USB que habían encontrado en la caja de seguridad. la conectó a su laptop y abrió la carpeta principal. Había 847 archivos de video, uno por cada día de operación. Cada video mostraba la misma escena.

La tercera cámara del túnel, la válvula de derivación abriéndose, el combustible fluyendo hacia los tanques de almacenamiento y luego las bombas enviándolo hacia la superficie. Cada video estaba etiquetado con fecha, hora, volumen extraído y una firma digital, pero no era la firma de Osvaldo Rincón, era la firma de alguien mucho más alto en la jerarquía de Pemex. Isabela leyó el nombre en voz alta. Director regional de operaciones Zona Centro, Ronaldo palideció. Eso es nivel Cuit. Eso es alguien que reporta directamente al director general de Pemex.

Isabela cerró la laptop. Ya no estamos casando a un subgerente corrupto y un ingeniero consultor. Estamos cazando a alguien que tiene poder para destruir esta investigación con una sola llamada telefónica. Durante las siguientes 72 horas, el equipo trabajó sin dormir más de 4 horas diarias. Adriana Solís construyó un mapa financiero forense que conectaba 23 empresas diferentes en una red perfectamente orquestada. No eran empresas reales, eran instrumentos legales diseñados para fragmentar el dinero del combustible robado en cientos de transacciones aparentemente legítimas que luego se consolidaban en cuentas offshore en Panamá y las Islas Caimán.

El esquema era brillante en su complejidad. Transportes y logística Bajío. Facturaba servicios de transporte a Pemex por 2 8,000 de pesos mensuales. Pero esos servicios nunca se prestaban realmente. El dinero se transfería a una empresa llamada consultoría industrial del centro, que supuestamente proporcionaba asesoría técnica. Esa empresa a su vez pagaba honorarios profesionales a Ingeniería Aplicada Moreno que subcontrataba a servicios especializados GTO, que compraba materiales industriales de suministros técnicos, Celaya. 23 empresas, todas constituidas entre agosto de 2021 y febrero de 2022, todas con el mismo patrón, representantes legales sin historial empresarial previo, domicilios fiscales en pequeñas oficinas compartidas y actividad comercial que no generaba ningún producto o servicio real.

Pero lo más revelador era quién firmaba las autorizaciones de pago en Pemex. Adriana identificó 247 órdenes de pago aprobadas para esas empresas fantasma durante los últimos 2 años. Todas las órdenes superiores a 500,000es requerían dos firmas, la del jefe de departamento correspondiente y la de un superior de nivel directivo. Había seis nombres que aparecían repetidamente. Uno, Osvaldo Rincón Herrera, subgerente de sistemas de control industrial, el que instaló el script de borrado. Dos. Heriberto Maldonado Saucedo, ex ingeniero de Pemex, ahora consultor, el que diseñó el túnel.

Tres. Claudio Vélez Montoya, jefe de mantenimiento de ductos, zona centro. 4. Fernanda Ugarte Salinas, directora de compras y adquisiciones. 5. Artemio Govea Ramos, coordinador de seguridad física. Sector bajío. 6. Nombre aún no identificado. Director regional de operaciones, zona centro. La firma digital en los videos, Lucía Montiel logró hackear los correos corporativos de los cinco primeros, lo que encontró confirmó que cada uno tenía una función específica en la operación criminal. Osvaldo Rincón era el arquitecto digital. Él manipulaba los datos del sistema Escada para que las extracciones fueran invisibles.

Cada noche recibía un reporte automático confirmando que el script había borrado exitosamente los registros de presión. Sus correos mostraban que recibía 850,000 mensuales transferidos a una cuenta en Suiza a nombre de una empresa fantasma llamada Tech Solutions Consulting Age. Eriberto Maldonado era el cerebro ingenieril. Él había diseñado cada centímetro del túnel, calculado las tasas de extracción seguras y supervisado la construcción clandestina. Sus correos incluían intercambios con proveedores de maquinaria tuneladora, estudios geológicos del terreno y cálculos de resistencia estructural.

Cobraba 1.2 millones de pesos mensuales como consultor independiente. Claudio Vélez era el guardián físico. Como jefe de mantenimiento, él programaba las inspecciones del ducto para que nunca coincidieran con las horas de extracción. También autorizaba el acceso de técnicos contratistas al área del kilómetro 47, técnicos que en realidad eran los operadores del túnel. Sus correos mostraban que había rechazado 14 solicitudes de inspección externa en esa zona durante los últimos 2 años, siempre con justificaciones técnicas aparentemente legítimas. Fernanda Ugarte era la lavadora financiera.

Desde su posición en compras y adquisiciones, ella aprobaba contratos millonarios con las empresas Fantasma, asegurándose de que el dinero robado regresara al sistema como pagos legítimos. Sus correos revelaban reuniones semanales con Mauricio Gaitán Ibarra, el hombre que aparecía como representante legal de múltiples empresas fachada. Ella cobraba 2.1 millones de pesos mensuales depositados en una cuenta en las Islas Caiman. Artemio Govea era el silenciador como coordinador de seguridad. Él tenía acceso a todos los reportes de anomalías y podía clasificarlos como resueltos o falsa alarma antes de que llegaran a niveles superiores.

Fue él quien recibió el reporte original de Esteban Rivero y lo marcó como fluctuación térmica sin relevancia operativa. Antes de que pudiera escalar más allá de Germán Salcedo. También coordinaba la vigilancia de cualquiera que hiciera preguntas incómodas. Sus correos incluían instrucciones para monitorear discretamente a tres empleados que habían notado inconsistencias en los últimos meses. Pero el sexto nombre, el director regional, seguía siendo un misterio. Su firma digital aparecía en todos los videos, pero estaba encriptada de tal forma que Lucía no podía rastrearla directamente.

Lo único que sabían era que esa persona tenía autoridad absoluta sobre toda la operación y era quien tomaba las decisiones finales. hasta que Isabela encontró la pieza que faltaba. Revisando los 847 videos de la memoria USB, notó algo que inicialmente parecía irrelevante. En 34 de los videos, alguien entraba brevemente a la cámara para revisar el equipo. Siempre vestía overol industrial y casco, nunca mostraba el rostro directamente. Pero en uno de los videos, el del 17 de julio de 2023, la persona se quitó el casco durante 8 segundos para limpiarse el sudor de la frente.

Isabela congeló el frame, amplió la imagen, ajustó el contraste y reconoció el rostro. Era Jacinto Montero Durán, director regional de operaciones Zona Centro de Pemex, 58 años, ingeniero petrolero con 34 años de antigüedad, considerado uno de los funcionarios más respetados de la institución. Había recibido tres reconocimientos por excelencia operativa. Reportaba directamente al subdirector ejecutivo de producción y estaba personalmente supervisando el robo de 126,000 de pesos. Isabela llamó al equipo completo a la sala de situación a las 3:00 a del 2 de abril.

Tenemos todo. Nombres, funciones, evidencia financiera, videos, documentos, la estructura completa de la operación. Proyectó un organigrama en la pantalla. Nivel uno, comando: Jacinto Montero Durán, director regional Cerebro y Protección Institucional. Eriiberto Maldonado, ingeniero consultor, diseño y construcción. Nivel dos, operación Osvaldo Rincón, manipulación digital. Claudio Vélez, protección física. Artemio Govea, inteligencia y contrainteligencia. Nivel 3, logística financiera. Fernanda Ugarte, lavado de dinero. Mauricio Gaitán Barra, empresas fachada. Testaferro. Nivel 4, operadores de campo. 12 personas no identificadas operan el túnel físicamente.

Ronaldo Esquivel estudió el organigrama. Es como una corporación. Tienen CO, CFO, CTO, personal operativo. Esto no es crimen organizado tradicional, es crimen corporativo. Damián señaló algo preocupante. Si Montero Durán es director regional, tiene poder para bloquear cualquier investigación interna. Puede reasignar personal, puede clasificar documentos. puede ordenar el cierre de expedientes. ¿Cómo vamos a arrestarlo sin que se entere antes y destruya evidencia? Isabela ya había pensado en eso. No vamos a arrestarlo nosotros. Vamos a entregárselo a alguien que esté por encima de él y que no tenga nada que perder.

Sacó su teléfono y marcó un número. Contestó una voz femenina alerta a pesar de la hora. Fiscalía General de la República. Unidad Especializada en Delitos contra la Hacienda Pública. Fiscal Valeria Ibáñez. Fiscal. habla la comandante Isabela Ochoa de Pemex. Tengo evidencia de un fraude patrimonial de 504 millones de pesos, lavado de dinero, asociación delictuosa y traición institucional que involucra a un director regional de operaciones y cinco funcionarios de nivel medio. Hubo un silencio de 3 segundos. ¿Cuándo puedo ver esa evidencia?

En 6 horas, pero necesito garantías. Orden de cateo simultáneo en siete ubicaciones. Congelamiento inmediato de 47 cuentas bancarias. y arresto coordinado antes de que cualquiera de los implicados tenga oportunidad de destruir documentos o huir del país. Tiene todo documentado. Tengo 847 videos, 3,200 documentos financieros, 14,000 correos electrónicos y evidencia física de un túnel de 3 km conectado ilegalmente al ducto principal de Pemex. Otra pausa. Comandante Ochoa, nos vemos a las 9:00 a en mi oficina y traiga café.

Va a ser un día muy largo. Isabela colgó y miró a su equipo. Tenemos 6 horas para preparar el caso más sólido de nuestras carreras, porque si algo salía mal, los que terminarían en prisión no serían los criminales, serían ellos. A las 9:00 a del 2 de abril, Isabela Ochoa entró a las oficinas de la Fiscalía General de la República en Paseo de la Reforma con una maleta metálica que contenía cuatro discos duros externos, 600 páginas de documentos impresos y una memoria USB con los 847 videos.

La acompañaban Adriana Solís y Lucía Montiel. El resto del equipo se quedó en la base de Querétaro, monitoreando cualquier movimiento sospechoso de los implicados. La fiscal Valeria Ibáñez era una mujer de 49 años con fama de ser implacable. Había llevado a prisión a tres gobernadores, dos generales y un secretario de Estado. No aceptaba casos mediocres y no perdonaba evidencia débil. Revisó el material durante 4 horas sin interrupciones. A la 1:17 pm levantó la vista y habló por primera vez.

Esto es procesable, pero hay un problema. Isabela sintió que se le contraía el estómago. ¿Cuál? Jacinto Montero Durán no es el cerebro, es el facilitador institucional, alguien más está por encima de él. Valeria giró su laptop hacia Isabela y mostró un análisis financiero que su propio equipo había estado desarrollando en paralelo durante los últimos 3 meses. Hemos estado investigando un patrón de transferencias internacionales sospechosas originadas en cuentas vinculadas a Pemex, movimientos de entre 800,000 y 2, 5 millones dó mensuales hacia bancos en Suiza, Luxemburgo y las Islas Caimán.

El dinero llega fragmentado desde decenas de empresas diferentes, pero siempre termina consolidándose en tres cuentas principales. Una de esas cuentas pertenece a una sociedad financiera llamada Energex Holdings International, registrada en Gibraltar. Adriana Solíss se inclinó hacia adelante. Yo rastreé esa sociedad. aparece como accionista minoritario en cuatro de las empresas fantasma que identificamos, pero nunca pude determinar quién está detrás porque Gibraltar tiene leyes de opacidad corporativa muy estrictas. Valeria sonrió con ironía. Nosotros sí pudimos. Usamos una orden de cooperación internacional con la Agencia Tributaria Británica.

Energe Holdings fue constituida el 14 de junio de 2021 por un despacho legal de Londres. El beneficiario real de la sociedad es un ciudadano mexicano español llamado Leandro Uriarte Almerón. Isabela sintió que el nombre le sonaba familiar, pero no podía ubicarlo. Valeria proyectó una fotografía en la pantalla. Era un hombre de aproximadamente 62 años, cabello gris perfectamente peinado, traje de tres piezas, sonrisa confiada. Estaba posando en una cena de gala junto a empresarios, políticos y funcionarios de alto nivel.

Leandro Uriarte es oficialmente un empresario del sector energético. Tiene negocios en España, México y Colombia. Hizo su fortuna en los años 90 con contratos de distribución de combustible en el sureste. Pero lo interesante es su relación con Pemex. Valeria cambió la diapositiva. Entre 1998 y 2004, Uriarte fue subdirector de comercialización de Pemex. renunció después de un escándalo menor de conflicto de interés que nunca prosperó legalmente. Desde entonces ha mantenido vínculos profundos con funcionarios de alto nivel, financia campañas políticas, organiza eventos de networking entre empresarios y gobierno y según nuestras investigaciones, ha estado colocando personas de su confianza en posiciones clave dentro de Pemex.

Durante los últimos 15 años, Isabela sintió que las piezas comenzaban a encajar. Está diciendo que Uriarte reclutó a Montero Durán. No solo a Montero, tenemos evidencia de que Heriberto Maldonado trabajó directamente para empresas de Uriarte entre 2019 y 2021, justo después de renunciar a Pemex y antes de aparecer como consultor independiente en este caso. Osvaldo Rincón asistió a tres conferencias internacionales de tecnología petrolera financiadas por fundaciones vinculadas a Uriarte. y Fernanda Ugarte fue recomendada para su puesto en compras y adquisiciones por un consejero de Pemex que resulta ser socio de negocios de Uriarte en dos empresas de energía renovable.

Lucía Montiel revisó los datos en su laptop. Si Uriarte reclutó a estas personas durante años, entonces esto no fue una operación oportunista, fue una infiltración planificada a largo plazo. Valeria asintió. Exactamente. Uriarte no construyó un túnel, construyó una red. Identificó a funcionarios clave, los cultivó, les ofreció oportunidades, generó lealtad y cuando tuvo la estructura completa en su lugar, activó la operación. El túnel es solo una pieza. Lo verdaderamente sofisticado es la red de protección institucional que construyó alrededor.

Adriana revisó sus documentos financieros. Si Uriarte es el beneficiario final, entonces los 504,000000es de pesos que calculamos como pérdida total son solo lo que robaron de Pemex. Pero si él está consolidando ese dinero y reinvirtiéndolo, entonces estamos hablando de una fortuna mucho mayor”, completó Valeria. Nuestros analistas estiman que Uriarte ha movido más de 2,800,000ones de pesos en los últimos 3 años a través de estructuras similares, no solo con Pemex, también con contratos gubernamentales de infraestructura, proyectos energéticos estatales y licitaciones amañadas.

Isabela sintió rabia y admiración al mismo tiempo. Es un sistema, no es un crimen aislado. ¿Correcto? Y por eso es tan difícil de desmantelar, porque Uriarte no está en ninguna escena del crimen. Él no manipuló datos, no construyó túneles, no firmó documentos falsos, él simplemente diseñó el sistema, reclutó a las personas correctas y ahora recoge las ganancias desde una oficina en Madrid. ¿Dónde está en este momento?, preguntó Isabela. Valeria consultó un documento. Según migraciones, salió de México el 18 de marzo con destino a España.

Oficialmente está en una gira de negocios visitando inversionistas europeos, pero casualmente salió del país exactamente tr días después de que Esteban Rivero presentara el primer reporte de anomalía. Isabela entendió inmediatamente. Alguien le avisó que habíamos iniciado una investigación. Muy probablemente Uriarte tiene contactos en todos los niveles. Es posible que alguno de sus infiltrados haya detectado actividad inusual y lo alertara. Por eso se fue, no porque esté huyendo, sino porque sabe que desde España es prácticamente intocable. México no tiene tratado de extradición automática con España para delitos financieros de esta naturaleza.

Isabela golpeó la mesa con frustración. Entonces, podemos arrestar a Montero, a Rincón, a todos los demás, pero el verdadero cerebro se queda libre. Valeria negó con la cabeza lentamente. No necesariamente, tengo una idea, pero es arriesgada y requiere que uno de los arrestados coopere. ¿Qué propone? Valeria se levantó y caminó hacia la ventana. Vamos a hacer los arrestos. Vamos a congelar las cuentas. Vamos a desmantelar la operación, pero vamos a dejar a uno de ellos con una salida.

Le vamos a ofrecer reducción de sentencia a cambio de que testifique contra Uriarte y más importante a cambio de que lo atraiga de regreso a México. ¿Cómo? Diciéndole que hay un problema crítico con la operación que solo puede resolver personalmente. Algo lo suficientemente grande como para que Uriarte no pueda ignorarlo y cuando cruce la frontera lo arrestamos. Isabela pensó en las opciones. ¿Quién sería el más probable de cooperar? Lucía revisó los perfiles psicológicos que había armado. Osvaldo Rincón es el más joven, tiene familia, no tiene antecedentes, es técnico, no violento y probablemente no entiende completamente la magnitud de lo que hizo.

Si le muestras 30 años de prisión versus 8 años con cooperación, va a romper. Valeria asintió. Entonces así lo haremos, pero primero necesitamos ejecutar los arrestos de forma perfecta, simultánea, sin filtraciones, sin que ninguno tenga tiempo de alertar a los demás. Miró a Isabela. Su equipo puede identificar la ubicación exacta de los siete principales implicados en las próximas 12 horas. Puedo hacerlo en seis. Perfecto. Vamos a golpear mañana a las 5:00 a. Siete equipos, siete arrestos. Mismo minuto, Valeria extendió la mano.

Comandante Ochoa, oficialmente esta es ahora una investigación de la Fiscalía General. Usted y su equipo van a trabajar bajo mi autoridad directa hasta que esto termine. Acepta. Isabela estrechó su mano. Acepto, pero con una condición. ¿Cuál? Quiero estar presente cuando arrestemos a Jacinto Montero Durán. Quiero ver su cara cuando entienda que lo perdió todo. Valeria sonrió. Trato hecho. Isabela salió de la fiscalía a las 6:30 pm con una orden judicial firmada por un juez federal que autorizaba siete arrestos, 14 cateos simultáneos y el congelamiento de 53 cuentas bancarias.

Llamó a su equipo mañana a las 5:0 a. Terminamos esto a las 4:47 a del 3 de abril, siete equipos de la Fiscalía General de la República, respaldados por elementos de la Marina y la Guardia Nacional, se posicionaron simultáneamente en siete ubicaciones diferentes del centro de México. Cada equipo tenía órdenes estrictas: entrar exactamente a las 5 a, no un segundo antes ni después. La sincronización era crítica. Si uno de los arrestos ocurría primero, los demás tendrían tiempo de recibir alertas y destruir evidencia o escapar.

Isabela Ochoa comandaba el equipo uno, el asignado para arrestar a Jacinto Montero Durán. Estaban estacionados a 40 m de una residencia de dos pisos en una zona residencial exclusiva de Querétaro. La casa tenía muro perimetral de 3 m, cámaras de seguridad y portón eléctrico. Montero vivía allí con su esposa y su hijo de 23 años. Isabela revisó su reloj. 458 AM. Por el radio encriptado llegaron las confirmaciones de los otros seis equipos. Equipo dos en posición. Objetivo: Osvaldo Rincón.

Departamento en Celaya. Equipo tres en posición objetivo: Eriiberto Maldonado. Casa en León. Equipo cuatro en posición objetivo Claudio Vélez. Residencia en Irapuato. Equipo cinco en posición objetivo Fernanda Ugarte. condominio en Ciudad de México. Equipo seis en posición objetivo Artemio Govea, casa en Salamanca. Equipo siete en posición objetivo Mauricio Gaitán, oficina en Querétaro. Isabela respiró profundo. Todos los equipos en mi marca. 3 2 1. Adelante. El portón de la residencia de Montero fue reventado con un ariete hidráulico.

12 elementos entraron en formación táctica. Las luces de la casa se encendieron. Alguien gritó adentro. Un perro comenzó a ladrar. Isabela entró detrás del equipo de asalto, subió las escaleras, encontró a Jacinto Montero Durán saliendo de su habitación en Pijama, con expresión de confusión que rápidamente se transformó en pánico cuando vio las armas y las identificaciones. ¿Qué significa esto? ¿Quiénes son ustedes? Isabela se plantó frente a él. Jacinto Montero Durán queda arrestado por los delitos de peculado asociación delictuosa, lavado de dinero y daño patrimonial contra petróleos mexicanos por un monto superior a 504 millones de pesos.

Montero palideció. Su esposa gritaba desde la habitación. Su hijo intentó grabar con el celular hasta que un agente se lo confiscó. Esto es un error. Yo soy director regional de Pemex. Tienen que lo sabemos perfectamente quién es, sñr. Montero, y sabemos exactamente lo que ha estado haciendo durante los últimos 847 días. La expresión de Montero cambió. El pánico se convirtió en cálculo. Estaba evaluando sus opciones. Quiero hablar con mi abogado. Va a tener todo el tiempo del mundo para hablar con su abogado.

Después de que registremos su casa. Mientras dos agentes esposaban a Montero y lo bajaban a la sala, el resto del equipo comenzó el cateo. Encontraron tres laptops, dos tablets, cuatro teléfonos celulares y una caja fuerte empotrada en el closet principal. La caja fuerte contenía 480,000 pesos en efectivo, documentos bancarios de cuentas en Suiza y un sobre Manila con fotografías de reuniones entre Montero y Leandro Uriarte. Isabela guardó todo en bolsas de evidencia. Por el radio llegaron las confirmaciones de los otros equipos.

Equipo dos. Osvaldo Rincón arrestado. Estaba intentando formatear tres computadoras cuando entramos. Equipos confiscados. Equipo tres. Heriberto Maldonado, arrestado, intentó huir por la azotea. Detenido sin incidentes, confiscados planos, cuadernos técnicos y dos discos duros externos. Equipo cuatro. Claudio Vélez arrestado, se resistió verbalmente, esposa presente. Confiscados documentos de Pemex clasificados y una pistola sin registro. Equipo cinco. Fernanda Ugarte arrestada encontrada quemando documentos en la chimenea. Rescatamos aproximadamente 60% del material, también confiscadas dos laptops y registros bancarios. Equipo 6: Artemio Govea, arrestado.

Estaba despierto. Tenía una maleta preparada junto a la puerta. Intención de fuga evidente, confiscados pasaportes, $10,000 en efectivo y equipos de comunicación encriptada. Equipo siete. Mauricio Gaitán no estaba en la oficina. Nos dirigimos a su domicilio secundario. Isabela frunció el seño. Gaitán era el testaferro, el más bajo en la jerarquía, pero también el más conectado con las empresas fantasma. Equipo siete, mantengan la búsqueda, emitan alerta migratoria. no puede salir del país. A las 6:15 a, los siete arrestados fueron trasladados a instalaciones de la fiscalía en vehículos separados.

No podían comunicarse entre sí, no podían hacer llamadas. Sus abogados serían notificados después de que se completaran los interrogatorios preliminares. A las 9:00 a, Isabela se reunió con la fiscal Valeria Ibáñez en una sala de observación. Del otro lado del vidrio polarizado, Osvaldo Rincón estaba sentado en una silla metálica, esposado, con expresión de terror absoluto. Tenía 41 años. Había trabajado en Pemex durante 19 años sin ningún incidente. Tenía esposa, dos hijos de 8 y 11 años y una hipoteca que todavía le faltaban 12 años por pagar.

Valeria revisó su expediente. Es el perfecto para romper. No es un criminal de carrera. Es un técnico que tomó una mala decisión y ahora está comprendiendo que va a perder todo. Entró a la sala de interrogatorios. Isabela la observó desde afuera junto con Lucía Montiel, quien tenía preparado todo el material de evidencia digital. Valeria se sentó frente a Osvaldo. No hubo preámbulos, señor Rincón. Voy a ser muy directa con usted. Tenemos 847 videos que muestran el combustible siendo robado.

Tenemos el script que usted instaló en el sistema Escada. Tenemos los registros de las transferencias bancarias a su cuenta en Suiza. Tenemos correos electrónicos donde usted recibe instrucciones de Jacinto Montero y tenemos su firma digital en múltiples documentos relacionados con la operación. Osvaldo temblaba. Yo solo yo solo hice lo que me pidieron. Yo no sabía. Señor Rincón, usted modificó el código fuente del sistema de monitoreo de Pemex para ocultar un robo de 504,000 de pesos. ¿Usted sabía exactamente lo que estaba haciendo?

La pregunta no es si es culpable. La pregunta es, ¿cuántos años va a pasar en prisión? Valeria deslizó una hoja de papel sobre la mesa. Esto es una simulación de sentencia preparada por nuestros asesores legales. Si usted no coopera y lo llevamos a juicio con toda la evidencia que tenemos, está mirando entre 28 y 35 años de prisión por peculado agravado, asociación delictuosa y fraude equiparado. Usted tiene 41 años, saldría de prisión a los 70. Sus hijos tendrán 39 y 42 años.

Probablemente ni siquiera lo reconozcan. Osvaldo comenzó a llorar. Pero si usted coopera completamente, si nos da toda la información que tiene, si testifica contra los responsables de mayor nivel y si nos ayuda a capturar al verdadero cerebro de esta operación, puedo ofrecerle 8 años con posibilidad de reducción a cinco por buena conducta. Osvaldo levantó la mirada con los ojos rojos. 5 años, 5 años. Saldría a los 46. Sus hijos tendrían 13 y 16. Todavía tendría oportunidad de ser parte de sus vidas.

Todavía podría reconstruir algo. Hubo un silencio largo. ¿Qué necesitan que haga? Valeria se inclinó hacia adelante. Necesito que me diga todo sobre Leandro Uriarte, cómo lo conoció, cómo lo reclutó, cómo se comunican. Y necesito que lo llame y le diga que hay un problema crítico con el sistema que solo puede resolver si viene personalmente a México. Osvaldo negó con la cabeza. Él nunca va a venir, es demasiado inteligente. Déjeme preocuparme de eso. ¿Acepta cooperar? Osvaldo miró sus manos esposadas.

Pensó en sus hijos. Pensó en 35 años versus 5 años. Acepto. Durante las siguientes 6 horas, Osvaldo Rincón confesó todo. Explicó cómo Leandro Uriarte lo había contactado en 2020 durante una conferencia técnica en Houston. cómo le ofreció consultoría privada bien pagada para una empresa energética, cómo gradualmente lo fue involucrando hasta que ya no había salida, cómo Uriarte controlaba toda la operación desde España mediante mensajes encriptados y transferencias internacionales. Y lo más importante, confesó que Uriarte tenía planeado cerrar la operación del túnel a finales de abril y activar una nueva operación similar en la zona sur del país, en Veracruz, donde ya tenían infiltrados posicionados.

Valeria salió de la sala de interrogatorios a las 3:47 p.m. Tenemos suficiente. Vamos a preparar la trampa para uriarte. Isabela sonrió por primera vez en tr días. ¿Cuándo? En 72 horas. Vamos a hacerle creer que el túnel fue descubierto por un accidente industrial y que necesita venir a contener el escándalo antes de que se haga público. Lucía levantó la mano. Y si no muerde el anzuelo, Valeria miró por la ventana hacia la ciudad. Entonces tendremos que conformarnos con destruir su red en México y esperar que algún día cometa un error en Europa.

Pero algo en su tono dejaba claro que no iba a conformarse con eso. El 6 de abril a las 11:34 a, Osvaldo Rincón marcó el número de Leandro Uriarte desde un teléfono intervenido por la fiscalía. La llamada fue enrutada a través de servidores en tres países diferentes antes de llegar a un celular en Madrid. Uriarte contestó al cuarto timbre. Osvaldo, no esperaba tu llamada. Todo bien. Osvaldo respiró profundo. Valeria Iváñez y cuatro técnicos escuchaban desde la sala contigua.

Tenemos un problema grave. Hubo un colapso parcial en el sector cuatro del túnel. Una fisura en la estructura. Está filtrando combustible hacia la superficie. Un agricultor lo detectó esta mañana. Pemex va a enviar un equipo de inspección en 48 horas. Hubo un silencio de 5 segundos que pareció eterno. ¿Qué tan grave? Suficiente para que encuentren todos y no lo sellamos antes. Necesitamos cerrar la operación, desmantelar el equipo crítico y borrar cualquier rastro. Pero el sistema de extracción tiene un protocolo de desactivación que solo tú conoces.

Intenté hacerlo remotamente y se bloqueó. Dice que requiere autorización biométrica. Insitu. Otro silencio. Montero sabe de esto. Montero está en Guadalajara en una reunión de directores. No puede moverse sin levantar sospechas. Fernanda está en auditoría externa. Claudio está supervisando un mantenimiento en Salamanca. Todos tenemos coartadas perfectas para no estar cerca cuando llegue la inspección. Pero alguien tiene que ir al túnel y desactivar el sistema correctamente o van a encontrar todo. Las bombas, los tanques, los registros digitales.

Valeria le había dicho exactamente qué decir. Dale una emergencia creíble, hazlo sentir que solo él puede resolverla y ofrécele una ventana de tiempo estrecha. Uriarte pensaba, se podía escuchar el sonido de teclas en el fondo. Probablemente estaba verificando algo en su computadora. ¿Cuánto tiempo tenemos? 48 horas, tal vez menos. Y si simplemente dejamos que lo encuentren, todas las empresas están limpias, no hay vínculos directos. Los operadores de campo son contratistas sin registro. Podemos quemar esa operación y activar Veracruz más rápido de lo planeado.

Osvaldo siguió el guion que Valeria le había preparado para esta objeción. El problema es que dejé respaldos en el servidor local. Pensé que eran necesarios para depuración. Si encuentran el túnel, van a encontrar el servidor. Y si acceden al servidor, van a rastrear las conexiones de red hasta los sistemas centrales de Pemex. Van a descubrir que alguien con acceso de nivel CCO modificó el código Escada. Van a buscar quién aprobó los contratos con las empresas fachada. Van a Basta.

Interrumpió Uriarte. Entiendo. Valeria apretó el puño. Estaba funcionando. ¿Puedes borrar esos respaldos remotamente? No están en un servidor físico desconectado de red externa por seguridad. Protocolo que tú mismo estableciste. Solo acceso local con autenticación biométrica, tu huella digital y código de ocho dígitos. Otro silencio largo. Voy para allá. Llego mañana en la noche. Prepara el acceso al túnel. Y Osvaldo, esto no puede volver a pasar. Después de Veracruz, tú y yo vamos a tener una conversación seria sobre protocolos de seguridad.

¿Entendido? La llamada se cortó. Valeria exhaló, miró a Isabela, mordió el anzuelo. Durante las siguientes 30 horas, la fiscalía preparó un operativo de captura con precisión milimétrica. Rastrearon el vuelo de Uriarte, Madrid, Ciudad de México, llegada el 7 de abril a las 9:35 pm. Coordinaron con Interpol para que no lo arrestaran en el aeropuerto, sino que lo dejaran pasar migraciones normalmente. Instalaron vigilancia satelital y rastreo de celular. Colocaron 40 agentes encubiertos en el aeropuerto y en las rutas principales hacia Querétaro.

Uriarte aterrizó puntualmente. Pasó migraciones sin problemas con su pasaporte español. recogió una maleta, salió por la terminal internacional, abordó un auto rentado, un Audi Q7 negro, y comenzó a conducir hacia el norte en dirección a Querétaro. A las 11:47 p.m., el Audi se detuvo en el terreno valdío de Agrícola San Mateo. Uriarte bajó del vehículo solo cargando una mochila. Caminó directamente hacia la compuerta del túnel, sacó una tarjeta RFID del bolsillo y la acercó al lector. La compuerta no se abrió.

Intentó de nuevo nada. Uriarte frunció el ceño, sacó su celular y marcó el número de Osvaldo. No contestó. En ese momento, 12 vehículos con luces apagadas se activaron simultáneamente alrededor del terreno. 40 agentes armados emergieron de la oscuridad con chalecos antibalas y rifles de asalto. 10 reflectores de alta potencia iluminaron el terreno como si fuera de día. Leandro Uriarte levantó las manos lentamente, entendiendo en un segundo que había caminado directamente hacia una trampa. Isabela Ochoa se acercó con una sonrisa fría.

Leandro Uriarte Salmerón queda arrestado por los delitos de asociación delictuosa, lavado de dinero, peculado agravado y daño patrimonial contra el Estado mexicano por un monto superior a 2,800 millones de pesos. Bienvenido a casa. 3 meses después, el juicio fue uno de los más mediáticos en la historia. reciente de México. La Fiscalía presentó 14,000 páginas de evidencia documental, 847 videos, testimonios de 23 testigos y análisis forenses que demostraban cada centavo del dinero robado y lavado. Jacinto Montero Durán fue sentenciado a 32 años de prisión.

Heriberto Maldonado recibió 28 años. Claudio Vélez 25 años. Fernanda Ugarte 30 años. Artemio Govea 22 años. Mauricio Gaitán, capturado intentando cruzar la frontera hacia Guatemala, recibió 18 años. Osvaldo Rincón, por su cooperación total recibió 8 años con posibilidad de reducción a cinco por buena conducta y testigo protegido. Y Leandro Uriarte Almerón, el arquitecto de todo el sistema, fue sentenciado a 45 años de prisión sin posibilidad de libertad anticipada. Pero más allá de los arrestos, el caso provocó una reestructuración completa de Pemex.

El nuevo director general implementó el protocolo Rivero, nombrado en honor a Esteban Rivero, el ingeniero que detectó la primera anomalía, un sistema de reportes anónimos independiente, auditorías sorpresa trimestrales y un algoritmo de inteligencia artificial que monitorea en tiempo real cualquier patrón anómalo en los sistemas Escada de toda la red de ductos del país. Instalaron sensores sísmicos permanentes cada 500 m en los 14,000 km de ductos para detectar excavaciones clandestinas. Se implementó un sistema de rotación obligatoria de personal clave cada 18 meses para evitar la consolidación de redes de corrupción y se creó una unidad de

integridad patrimonial permanente dirigida por Isabela Ochoa, con presupuesto autónomo y poder para investigar a cualquier funcionario sin importar su nivel jerárquico. El túnel de 3 km fue desmantelado completamente. El terreno fue expropiado y convertido en un centro de capacitación técnica para jóvenes ingenieros petroleros. En la entrada principal se colocó una placa de bronce con una inscripción. Aquí se descubrió el robo industrial más sofisticado en la historia de Pemex. Esto es un recordatorio permanente de que la mayor amenaza para las instituciones no viene de afuera, viene de adentro.

Y la única defensa es la vigilancia constante, la transparencia absoluta y el coraje de una sola persona dispuesta a decir la verdad. 6 meses después, Esteban Rivero fue promovido a jefe de monitoreo operativo de la zona centro. Todavía llevaba su cuaderno de pasta dura. todavía anotaba cada anomalía manualmente y cada vez que un nuevo ingeniero comenzaba en su equipo le contaba la historia completa, no como una advertencia, sino como un recordatorio de que una sola persona prestando atención puede cambiar todo.

En una celda de máxima seguridad del penal de Puente Grande, Jalisco, Leandro Uriarte pasaba sus días leyendo libros de ingeniería y escribiendo memorias que nunca serían publicadas. Había construido un imperio criminal con la precisión de un reloj suizo. Había infiltrado una de las corporaciones más grandes del país. Había robado más de 2,800 millones de pesos sin disparar un solo tiro. Pero al final todo se vino abajo por una sola cosa que no pudo controlar. Un ingeniero con un cuaderno que decidió que 0.8 bares de diferencia era suficiente razón para hacer preguntas incómodas.

A veces los crímenes más peligrosos no usan máscaras ni armas. Usan credenciales corporativas, firmas digitales y reuniones en salas de juntas. Operan en las sombras de la legalidad, escondidos detrás de cláusulas técnicas y estructuras empresariales complejas. Y pueden funcionar durante años robando millones, destruyendo instituciones desde adentro hasta que una sola persona decide que la verdad vale más que el silencio. La pregunta que queda es, ¿cuántos túneles más existen en este momento? ¿Cuántas anomalías perfectamente idénticas están siendo ignoradas?

en este preciso instante. Y cuántas personas que las detectan deciden que es más seguro no preguntar. En archivos misteriosos seguiremos investigando las estructuras ocultas del poder, porque la corrupción sofisticada no desaparece con arrestos, solo se transforma y espera pacientemente su próxima oportunidad.

⚠️ TODO EN ESTE VIDEO ES FICCIÓN BASADA EN CASOS REALES DE CORRUPCIÓN INDUSTRIAL