14 de febrero de 2024. Día de San Valentín. En una casa de Cuernavaca muere una mujer de 78 años. Los medios publican murió Sasha Montenegro, actriz del cine de ficheras. Pero hay algo que no te dijeron. Hay un pasaporte falso de 1969 que ella usó toda su vida. Hay un encuentro en España que desató el escándalo político más grande de los años 80. Hay una batalla legal por 28 millones de pesos que dividió a México. Hay un documento médico de 1995 que cambió todo.

Hay una verdad sobre su origen que incluso ella ocultó durante décadas. Y hay secretos familiares que permanecieron guardados hasta el día de su muerte. Esta no es la historia de una actriz de ficheras, es la historia de una refugiada de guerra que llegó a México mintiendo sobre su identidad. conquistó la pantalla grande en la época más machista del cine mexicano. Se enamoró del presidente de la República. Sobrevivió al escándalo más brutal que una mujer puede enfrentar y pasó 40 años siendo juzgada por decisiones que tal vez nunca fueron completamente suyas.

Te voy a revelar siete verdades que nunca se contaron juntas sobre Sasha Montenegro. 20 de enero de 1946, Bari, Italia, en plena posguerra europea, nace una niña que el mundo conocería como Sasha Montenegro. Pero ese no era su nombre real. Su nombre verdadero era Alexandra Achimovic. Popovich. Y antes de que te preguntes por qué ese nombre suena tan complicado, déjame contarte algo que cambia toda la historia. Sasha no era italiana, era Yugoslava, específicamente de Montenegro, una región de los Balcanes que en ese momento estaba bajo el régimen comunista de Josip Bros Tito.

Su familia había huído a Italia escapando de la Segunda Guerra Mundial y de las purgas políticas que siguieron. Pero la historia es más profunda que eso. Montenegro en los años 40 era una zona de conflicto brutal. La ocupación nazi primero, la resistencia partisana después y finalmente el establecimiento del régimen comunista yugoslavo crearon un ambiente donde miles de familias tuvieron que elegir entre adaptarse al nuevo orden o huir. La familia Achimovic eligió huir y esa decisión definiría el resto de la vida de Sasha.

Ahora bien, aquí viene la primera revelación que nadie te contó. El padre de Sasha Ciboyinovic no era un refugiado común, según varios testimonios de la época y documentos que salieron a la luz décadas después. Su padre posiblemente trabajaba en labores de inteligencia, no era un espía de película, pero sí alguien conectado con redes de información en una Europa dividida por la Guerra Fría. ¿Qué significa esto exactamente? Significa que la familia Achimovic no solo estaba huyendo de la guerra, sino posiblemente de represalias políticas específicas.

En la Yugoslavia de Tito, las personas con conexiones a redes de inteligencia occidentales o a movimientos anticomunistas eran perseguidas sistemáticamente. Muchas fueron ejecutadas, otras encarceladas y las afortunadas lograron escapar. La familia de Sasha fue de las afortunadas. Pero esa suerte tenía un precio, significaba vivir en constante movimiento, usar identidades falsas o ambiguas y nunca poder regresar a casa. Sasha creció en ese ambiente de secretos identidades cambiantes y la constante necesidad de adaptarse para sobrevivir esa habilidad de reinventarse, de ser quien necesitaba ser en cada momento de leer situaciones y personas rápidamente de saber cuándo hablar y cuándo callar.

la acompañaría toda su vida. Pero hay algo más profundo aquí. Crecer como refugiada en la Europa de posguerra, especialmente siendo de los Balcanes, te marcaba de una manera específica. Eras extranjera en todas partes. En Italia eras la Yugoslava, en Francia eras la montenegrina. Nunca tenías un lugar que fuera completamente tuyo. Esa sensación de no pertenecer completamente a ningún lugar, de estar siempre ligeramente fuera de contexto, fue algo que Sasha experimentó durante toda su vida, incluso décadas después, cuando ya era una estrella en México, ella seguía siendo la extranjera la que hablaba español con acento, la que no terminaba de entender todos los códigos culturales mexicanos.

Pero la historia de su infancia es fragmentada. Y eso no es accidental. Sasha rara vez hablaba de esos años y cuando lo hacía sus respuestas eran vagas. En una entrevista con Ricardo Rocha en los años 90, cuando él le preguntó sobre su infancia en Europa, ella respondió, “Hablamos varios idiomas en casa, nos movíamos mucho. Mi padre tenía negocios, pero ¿qué tipo de negocios? Nunca lo especificó. ¿Dónde exactamente se movían? Tampoco lo detalló. Lo que sí sabemos es que su familia pasó tiempo en Italia definitivamente porque Sasha nació en Bari.

También hay indicios de que vivieron en Francia, posiblemente en París o en el sur, cerca de la frontera italiana. Algunos testimonios no confirmados sugieren que también pasaron tiempo en Grecia y tal vez en Austria. ¿Por qué tanto movimiento? Las familias de refugiados en esa época se movían por varias razones, buscando trabajo, evitando ser deportados si sus visas expira o en algunos casos evitando ser localizados por agentes del régimen del que habían huido. Y aquí hay algo que necesitas entender sobre la mentalidad de Sasha.

Cuando creces en ese tipo de inestabilidad, desarrollas ciertas características de supervivencia. Primero aprendes a no apegarte demasiado a lugares o cosas porque sabes que pueden desaparecer en cualquier momento. Segundo, desarrollas una habilidad camaleónica para adaptarte a diferentes ambientes, porque tu supervivencia depende de encajar rápidamente. Tercero, aprendes a guardar secretos porque compartir demasiada información sobre tu familia o tu pasado puede ser peligroso. Cuarto, desarrollas una desconfianza instintiva hacia las autoridades y los sistemas oficiales, porque has visto como esos sistemas pueden perseguir a tu familia.

Y quinto, aprendes que la verdad es a veces flexible, que hay versiones oficiales y versiones reales de las historias, y que saber cuándo contar, cuál versión es una habilidad de supervivencia, todas estas características que Sasha desarrolló en su infancia como refugiada en Europa serían exactamente las mismas características que usaría para navegar el mundo del cine mexicano y el escándalo con López Portillo décadas después. Pero hay otro elemento de su infancia que es crucial entender. La relación con su madre, de la madre de Sasha, sabemos aún menos que del padre.

No tenemos su nombre completo. No tenemos fotos verificables. No tenemos entrevistas donde Sasha hable de ella extensamente. Esa ausencia de información es en sí misma información. En las pocas veces que Sasha mencionó a su madre, lo hizo en términos muy generales. Era una mujer fuerte. nos cuidó en tiempos difíciles, pero nunca detalles, nunca anécdotas específicas, nunca esa calidez que normalmente viene cuando la gente habla de madres que amaron profundamente. Esto sugiere una de dos cosas. O la relación era complicada y Sasha prefería no hablar de ello o su madre murió cuando Sasha era joven y el dolor de esa pérdida hizo que Sasha cerrara ese capítulo emocionalmente.

Hay un tercer testimonio no confirmado que sugiere que los padres de Sasha se separaron en algún momento de su adolescencia y que ella quedó principalmente bajo el cuidado de su padre. Si esto es cierto, explicaría por qué Sasha habla ocasionalmente de su padre, pero casi nunca de su madre. Lo que sí es verificable es que para cuando Sasha llegó a la adolescencia en los años 60 ya era una joven que hablaba varios idiomas, italiano definitivamente, servo croata, que era el idioma de Yugoslavia y probablemente francés.

También había desarrollado esa belleza eslava distintiva que combina rasgos delicados con una presencia fuerte, ojos claros, pómulos altos, una figura esbelta. En la Europa de los años 60, una joven con esa apariencia y esa capacidad de adaptación tenía opciones. Podía intentar una carrera como modelo, como lo hicieron muchas jóvenes eslavas en París y Milán. Podía casarse con alguien de buena posición y asegurar estabilidad o podía intentar algo más arriesgado como actuar o cantar. No sabemos con certeza qué camino intentó Sasha tomar en Europa antes de llegar a México.

Hay rumores no confirmados de que trabajó como modelo en Italia. Otros rumores sugieren que tuvo una relación seria con un hombre mayor, posiblemente italiano, que le ofreció estabilidad, pero que terminó mal. Lo que sí sabemos con certeza es que para 1969, cuando tenía 23 años, Sasha decidió que Europa ya no era el lugar para ella y tomó una decisión que cambiaría su vida para siempre, irse a México. ¿Pero por qué México? Esa es la pregunta que nadie ha respondido satisfactoriamente.

México en 1969 no era el destino obvio para una joven yugoslava refugiada en Italia. Si querías hacer carrera en el entretenimiento, ibas a París o a Roma o tal vez a Londres. Si querías estabilidad económica, ibas a Estados Unidos o Canadá, que estaban aceptando inmigrantes europeos. Si querías re conectar con comunidades eslavas, ibas a Australia, donde había grandes poblaciones de inmigrantes yugoslavos, México no estaba en ninguna de esas listas. Sin embargo, Sasha eligió México y las razones probables son una combinación de factores.

Primero, México en los años 60 tenía una industria cinematográfica muy activa. No era Hollywood, pero era respetada en América Latina y producía cientos de películas al año. Segundo, México tenía la reputación de ser un país que acogía a refugiados políticos. había acogido a republicanos españoles después de la guerra civil, a judíos durante el holocausto y a varios grupos de Europa del Este después de la Segunda Guerra Mundial. Tercero, y esto es especulación, pero probable Sasha tal vez conoció a alguien mexicano o alguien que vivía en México durante sus años en Europa.

Ese alguien le habló del país, le dijo que había oportunidades y tal vez incluso le ofreció ayuda para establecerse. Cuarto, es posible que Sasha quisiera poner la mayor distancia posible entre ella y Europa. ir a América Latina era casi como desaparecer del mapa europeo. Si había razones específicas por las que necesitaba desaparecer, México era una excelente opción. Entonces, en algún momento de 1969, una joven de 23 años llamada Alexandra Achimovic Popovic compró un boleto de avión, subió a un vuelo probablemente con escalas porque los vuelos directos Europa México eran raros en esa época.

y llegó al aeropuerto internacional de la ciudad de México. Traía consigo una maleta con ropa, probablemente algo de dinero ahorrado, un pasaporte y una historia sobre quién era y por qué estaba allí. Esa historia, según ella misma, admitiría años después no era completamente cierta. La versión oficial que Sasha contó durante décadas era simple. Vine de vacaciones, me gustó México y decidí quedarme. Pero esa versión tiene varios problemas. Primero, la gente de 23 años en 1969, especialmente refugiados de familias sin dinero, no tomaban vacaciones internacionales a América Latina.

Eso era algo que hacían personas ricas. Segundo, quedarse en un país requiere visa y permisos, y eso no se decide casualmente durante unas vacaciones. Tercero, Sasha llegó sin conocer bien el español, sin contactos verificables en México y sin un plan claro de cómo sobreviviría. Eso no suena a vacaciones, suena a huida o a una apuesta desesperada. En entrevistas posteriores con periodistas como Gustavo Adolfo Infante, en los años 2000, Sasha dejaría escapar detalles que contradicen esa narrativa de vacaciones.

En una ocasión, cuando Infante le preguntó por qué México, ella respondió, “Necesitaba un cambio. Europa ya no era para mí.” En otra ocasión dijo, “Llegué sin conocer a nadie. Fue muy difícil al principio. Esas declaraciones sugieren algo más que vacaciones. Sugieren una necesidad de escapar, de reinventarse. ¿De qué estaba escapando Sasha? No lo sabemos con certeza, pero podemos especular. tal vez de una relación tóxica o peligrosa, tal vez de problemas legales menores, tal vez simplemente de una vida que la ahogaba y de la que no veía salida en Europa.

O tal vez, y esto es más oscuro, de conexiones de su padre que la ponían en riesgo, si su padre realmente había estado involucrado en actividades de inteligencia, es posible que para finales de los 60 esas conexiones se hubieran vuelto problemáticas. Los servicios de inteligencia yugoslavos eran notoriamente vengativos y tenían operaciones en toda Europa. No sería la primera vez que familiares de disidentes o de personas conectadas con inteligencia occidental tuvieran que desaparecer por su propia seguridad. Lo que sí sabemos con certeza es que poco después de llegar a México en 1969, Sasha necesitaba sobrevivir y para eso necesitaba trabajo.

Pero, ¿qué tipo de trabajo puede conseguir una joven de 23 años que no habla bien español, que no tiene papeles de trabajo legales, que no tiene contactos y cuyo único activo real es su belleza y su carisma? Las opciones eran limitadas. podía trabajar en restaurantes o hoteles que a veces contrataban extranjeros sin hacer muchas preguntas. Podía intentar dar clases de italiano o de francés, aunque sin credenciales. Eso era difícil. podía intentar casarse con un mexicano para obtener residencia legal, aunque eso traía sus propios riesgos, o podía intentar entrar al mundo del entretenimiento, que era notoriamente flexible con los papeles y las identidades.

Sasha eligió esta última opción y aquí viene el giro que cambió todo. Poco después de llegar, según testimonios de personas que trabajaban en la industria del cine mexicano en esa época, Sasha comenzó a frecuentar lugares donde se reunían productores, actores y gente del medio, cabarets, ciertos restaurantes, fiestas. En uno de esos lugares, alguien la confundió con una actriz argentina famosa. Nunca se confirmó oficialmente con quién la confundieron, pero hay varias teorías. Algunos dicen que la confundieron con Isabel Sarley, la actriz argentina conocida por sus películas de alto contenido erótico.

Otros dicen que fue con libertad le Blan otra actriz argentina de ese estilo. Otros sugieren que simplemente la confundieron con alguna actriz argentina menor que había estado en México y de quien alguien había visto fotos. Lo importante no es con quién la confundieron, sino qué hizo Sasha con esa confusión. Y aquí es donde su entrenamiento de supervivencia de la infancia entra en juego”, corrigió Sasha ese malentendido. No inmediatamente. De hecho, según algunos testimonios, ella dejó que la confusión continuara por un tiempo, porque esa confusión le estaba abriendo puertas.

Piénsalo desde su perspectiva. Eres una extranjera desconocida en un país donde no conoces a nadie y de repente la gente cree que eres una actriz conocida de Argentina. Esa identidad equivocada te da acceso a conversaciones, a eventos, a presentaciones con productores que de otra manera nunca te prestarían atención. Es éticamente cuestionable, sí, pero desde una perspectiva de supervivencia es brillante. Sasha dejó que esa confusión la llevara a lugares donde pudo conocer a gente importante. Y una vez que estuvo en esos lugares, su belleza, su carisma y su habilidad para leer situaciones hicieron el resto.

Eventualmente, la verdad salió a la luz que no era una actriz argentina famosa, que de hecho era una joven yugoslava desconocida, pero para entonces ya había hecho suficientes conexiones que algunos productores decidieron darle una oportunidad. De todas formas tenía el look, tenía presencia y en el cine mexicano de los años 70 eso era suficiente para empezar, pero necesitaba un nombre artístico porque Alexandra Achimovic Popovic definitivamente no iba a funcionar en los créditos de una película mexicana, así que tomó el nombre de su región de origen Montenegro y agregó Sasha, el diminutivo eslavo que su familia usaba.

Sasha Montenegro había nacido. Alexandra Achimovic. La refugiada Yugoslava había desaparecido oficialmente, pero aquí hay algo importante que entender. Sasha no solo cambió su nombre artístico, cambió su identidad completa. Entrevistas durante su carrera, cuando le preguntaban sobre su origen, ella a veces decía que era italiana y citaba su nacimiento en Bari. Otras veces decía que era de Montenegro, pero sin entrar en detalles sobre Yugoslavia o sobre la huida de su familia. Muy rara vez mencionaba que era refugiada o que su familia había huido del comunismo.

¿Por qué tanto secreto? Probablemente por varias razones. Primero en el México de los años 70, especialmente después del movimiento estudiantil del 68, había tensiones políticas y decir que tu familia había huído del comunismo podía ponerte en una posición política complicada. Segundo, mantener el misterio sobre tu origen era una estrategia de marketing en el entretenimiento. Ser la bella extranjera misteriosa vendía más que ser la refugiada política. huyendo de problemas. Tercero, y probablemente más importante, proteger a su familia, si su padre realmente había estado conectado con redes de inteligencia, mantener un perfil bajo sobre los orígenes familiares era simple sentido común.

Entonces, para 1970, Sasha Montenegro, la identidad estaba establecida. Era una bella actriz extranjera de orígenes vagamente europeos, disponible para trabajar en el cine mexicano. Tenía 24 años. Era joven, tenía hambre de triunfar y estaba dispuesta a hacer lo que fuera necesario para construirse una vida en este nuevo país. No tenía idea de que en 5 años sería una de las actrices más famosas de México. No tenía idea de que su nombre estaría en marquesinas de cientos de cines.

No tenía idea de que se convertiría en el símbolo de todo un género cinematográfico y definitivamente no tenía idea de que 15 años después conocería a un hombre que la transformaría de estrella de cine a protagonista del escándalo político más grande de la década. Pero antes de llegar ahí, necesitas entender exactamente cómo Sasha conquistó el cine mexicano y por qué su éxito fue tan importante y tan problemático al mismo tiempo. 1972, 3 años después de llegar a México, Sasha consigue su primera oportunidad real en el cine.

La película se llamaba Un sueño de amor y compartía créditos con José José, quien en ese momento estaba en ascenso meteórico como cantante. José José ya tenía varios éxitos. musicales, pero estaba intentando establecerse también como actor. El director apostó por crear una película que combinara música romance y el carisma de José José con un elenco de actores jóvenes y frescos. Sasha fue elegida para un papel secundario. No era la protagonista, pero tenía suficiente tiempo en pantalla para que la gente la notara.

La película no era del género de ficheras, era un drama romántico musical más tradicional, más aceptable socialmente. Y el papel de Sasha era el de una joven enamorada que sufría por amor el tipo de papel que cualquier actriz joven podría interpretar sin cargar con el estigma que vendría después. Pero algo en su presencia en pantalla llamó la atención de críticos productores y público. No era solo su belleza que era innegable, tampoco era solo su figura que en la pantalla se veía espectacular.

Era algo más sutil, pero más poderoso. Era su forma de moverse, que tenía una naturalidad europea diferente a las actrices mexicanas formadas en un estilo más teatral. era su forma de hablar, que aunque con acento le daba un aire exótico a sus personajes, era su forma de proyectar sensualidad, sin parecer que lo estaba intentando demasiado. Muchas actrices de la época sobreactuaban la sensualidad porque les habían enseñado que así se hacía. Sasha simplemente existía en pantalla con una comodidad en su propio cuerpo que la hacía magnética.

Los productores notaron esto y empezaron a llamarla para audiciones, pero estas audiciones no eran para películas románticas tradicionales, eran para algo completamente diferente. Eran para el cine de ficheras que estaba empezando a explotar en popularidad. Los siguientes dos años, entre 1972 y 1974 fueron de aprendizaje para Sasha. consiguió pequeños papeles en varias películas que no trascendieron mucho. Algunas eran comedias, otras dramas ligeros, otras películas de rumberas, que era un género hermano del cine de ficheras. Sasha estaba construyendo su oficio aprendiendo los códigos del cine mexicano, entendiendo cómo funcionaba la industria, mejorando su español y observando a las actrices más experimentadas.

trabajó con Carmen Salinas en una producción y observó como Carmen manejaba el humor mexicano, los albures, la picardía sin caer en lo vulgar. Trabajó con Rosa Carmina, una leyenda de las rumberas, y aprendió cómo usar el cuerpo en pantalla no solo como objeto sexual, sino como instrumento expresivo. Trabajó con directores como Víctor Manuel Castro y Miguel M. Delgado, que eran maestros del cine popular mexicano, y aprendió que en este tipo de cine la autenticidad importaba más que la técnica actoral académica.

Pero Sasha también estaba aprendiendo algo más oscuro sobre la industria del cine mexicano. Estaba aprendiendo sobre el machismo brutal que definía cómo se trataba a las actrices, especialmente a las actrices de películas populares. Estaba aprendiendo que los productores asumían que tenían derecho a proponer cosas a cambio de papeles. estaba aprendiendo que las actrices hermosas eran vistas como mercancía, como objetos que generaban dinero, pero que no merecían respeto. Estaba aprendiendo que el cine de ficheras, aunque comercialmente exitoso, era despreciado por la crítica cultural y por la clase media alta mexicana que lo veía como vulgar y degradante, y estaba aprendiendo que las actrices que trabajaban en ese género cargaban con un estigma social permanente.

eran populares entre las masas, pero rechazadas por la sociedad respetable. Podían llenar cines, pero no podían entrar a ciertos clubes sociales. Podían ganar buen dinero, pero no podían aspirar a casar con hombres de buenas familias, porque ninguna familia respetable querría una nuera actriz de ficheras. Sasha tuvo que tomar una decisión estratégica. Podía intentar construir una carrera en cine más serio, con papeles más respetables, pero menos abundantes y probablemente menos lucrativos. o podía apostar por el cine de ficheras, donde había mucho trabajo, mucho dinero, pero un costo social enorme.

Para entender por qué eligió el segundo camino, necesitas recordar su casita de contexto. Sasha era una refugiada sin familia en México, sin respaldo económico, sin ciudadanía mexicana. Necesitaba dinero no solo para vivir, sino para asegurar su estatus legal en el país. El cine de ficheras ofrecía exactamente eso, trabajo constante, pagos decentes y una comunidad de actrices, productores y directores que no juzgaban tanto porque todos estaban en el mismo barco del cine popular. Además, Sasha probablemente calculó algo que resultaría ser verdad, que el estigma social le importaba menos a ella que a una actriz mexicana,

porque ella de todas formas ya era una outsider, ya era la extranjera, la que hablaba con acento, la que no tenía familia respetable en México. Entonces, ¿qué más daba a cargar con el estigma adicional de ser actriz de ficheras si eso significaba asegurar su supervivencia económica? Entonces Sasha tomó la decisión y para 1974 estaba activamente buscando papeles en películas de ficheras. Auditó para varios proyectos y finalmente en 1975 llegó la oportunidad que lo cambiaría todo. Miguel M.

Delgado, uno de los directores más exitosos de México, estaba preparando una película que pretendía ser la producción definitiva del género de ficheras. se llamaría Bellas de noche y no iba a ser una comedia ligera más, iba a ser un retrato ambicioso del mundo de los cabarets mexicanos con mejor producción, mejor guion y mejor actuación que las películas típicas del género. Delgado estaba buscando actrices que pudieran cargar con esa ambición, que pudieran ser sensuales sin ser caricaturas, que pudieran actuar escenas dramáticas, además de las cómicas.

Sasha audicionó y consiguió uno de los papeles principales compartir y créditos con Jorge Rivero, uno de los galanes más populares del cine mexicano, con Carmen Salinas, que ya era una estrella establecida del género y con un elenco de actrices y actores experimentados, la producción sería más larga y más cara que las películas típicas de ficheras. Se filmaría en locaciones reales de cabarets para darle autenticidad y se contrataría a un equipo técnico de primera. La película se estrenó en abril de 1975 y lo que pasó después fue algo que ni los productores más optimistas anticiparon.

Bellas de noche se convirtió en un fenómeno cultural absoluto. Estuvo 26 semanas consecutivas en cartelera, algo casi inaudito en el cine mexicano. Para que entiendas lo que eso significa. Una película exitosa en esa época duraba cuatro o cinco semanas en cartelera. Una película muy exitosa podía llegar a 8 o 10 semanas, pero 26 semanas, 6 meses completos, era algo que solo pasaba una vez cada varios años. Las filas para entrar a los cines daban vuelta a las cuadras, especialmente los fines de semana.

La película generó millones de pesos en taquilla, una cifra que la convirtió en una de las películas mexicanas más rentables de toda la década de los 70 y lo más importante estableció el template definitivo para el género de ficheras que sería replicado cientos de veces en los siguientes 10 años. ¿Por qué funcionó también Bellas de noche? Primero porque capturaba con honestidad brutal, pero también con empatía el mundo real de los cabarets mexicanos. No romantizaba la vida de las ficheras, no las presentaba como víctimas puras ni como villanas morales, las mostraba como mujeres complejas con agencia.

Algunas estaban ahí porque necesitaban dinero desesperadamente para mantener a sus hijos o a sus familias. Otras estaban ahí porque disfrutaban la libertad y el dinero que les daba ese trabajo. Otras estaban ahí porque habían cometido errores en sus vidas y este era el único espacio que las aceptaba. La película mostraba que ser fichera era un trabajo difícil, que requería inteligencia emocional para manejar clientes, que tenían sus propias reglas y jerarquías y que las mujeres que lo hacían merecían respeto, no desprecio.

Este matiz era revolucionario para el cine mexicano de la época, donde las mujeres trabajadoras sexuales o semisexuales generalmente eran presentadas como santas sufridas o como pecadoras que necesitaban redención. Segundo bellas de noche, funcionó porque el humor era inteligente, los albures y los dobles sentidos estaban bien escritos. No era humor burdo, simplemente por ser burdo. Era humor que requería cierta inteligencia verbal para entenderse completamente. Las situaciones cómicas surgían de las interacciones entre los personajes, no de chistes forzados.

Había una calidez humana en el humor que hacía que el público se riera con los personajes, no de ellos. Esto conectaba especialmente con el público de clase trabajadora, que veía reflejadas en pantalla situaciones y tipos de humor que ellos mismos experimentaban en sus vidas. Tercero, las actuaciones eran genuinamente buenas. Jorge Rivero dio una de sus mejores actuaciones como un hombre enamorado de una fichera luchando contra los prejuicios sociales. Carmen Salinas estaba en su elemento creando un personaje que era gracioso, pero también profundamente humano.

Y Sasha Montenegro sorprendió a todos porque demostró que podía actuar no solo ser bella en pantalla. tuvo escenas dramáticas donde tenía que llorar, expresar dolor, expresar esperanza y las ejecutó con una honestidad emocional que impresionó incluso a los críticos más escépticos. Su personaje era una fichera que soñaba con una vida diferente, pero que al mismo tiempo tenía orgullo de su trabajo. Y esa dualidad Sasha la capturó perfectamente. Y cuarto, y esto es lo que causó la controversia más grande.

Bellas de noche tenía desnudos. Esto necesita explicarse con contexto porque es crucial para entender lo que le pasó a Sasha después. En 1975, el cine mexicano estaba empezando a mostrar más piel en pantalla, influenciado por el cine europeo y por el cine de explotación estadounidense. No era pornografía ni cerca de eso. Eran escenas de desnudos parciales, generalmente de torso de las actrices justificadas dentro de la narrativa de la película. La idea era que estas escenas agregaban realismo.

Las ficheras trabajaban en ambientes donde la sexualidad era parte del trabajo y autenticidad, mostrando los cuerpos de las actrices. Se estaba siendo honesto sobre ese mundo. Pero también claramente estas escenas eran para atraer público masculino. El cine de ficheras era entretenimiento hecho principalmente para hombres de clase trabajadora y los desnudos eran parte del paquete. Sasha Montenegro tuvo una escena de desnudo en Bellas de noche. Duró aproximadamente 30 segundos. Mostraba su torso en una escena donde su personaje se estaba preparando para trabajar en el cabaret.

No era gráfica según los estándares actuales. De hecho, es casi inocente comparada con lo que se ve en series de televisión hoy. Pero en 1975 en México fue controversial y aquí está el dilema que perseguiría a Sasha durante las siguientes cinco décadas. Esa escena de 30 segundos definió como millones de mexicanos la verían para siempre. No importaba que hubiera actuado bien en la película, no importaba que hubiera dado una actuación dramática convincente, no importaba que hubiera trabajado profesionalmente y que la película fuera un éxito masivo para millones de mexicanos, especialmente para las clases medias y altas, especialmente para las mujeres.

Sasha Montenegro, a partir de ese momento, fue la actriz que se desnudó en Bellas de noche. Para muchos hombres, especialmente de clase trabajadora, Sasha se convirtió en un símbolo sexual definitivo. Era la mujer hermosa, sensual, accesible, en el sentido de que aparecía en películas que ellos podían ver en cines baratos de sus barrios. Era la fantasía perfecta, la extranjera bella, que no se comportaba con la mojigatería que se esperaba de las mujeres mexicanas respetables en las cantinas, en las fábricas, en los mercados.

Los hombres hablaban de Sasha Montenegro, de sus curvas, de sus ojos, de esa escena de desnudo. Compra revistas que publicaban fotos de ella, iban en grupo a ver sus películas y gritaban piropos cuando ella aparecía en pantalla. Este tipo de fama era comercialmente valiosa. Hacía de Sasha una estrella que garantizaba taquilla, pero venía con un precio enorme. Para muchas mujeres, especialmente las de clase media y alta, que se consideraban decentes y respetables, Sasha Montenegro representaba exactamente lo que una mujer nunca debería ser.

era la extranjera advenediza que venía a México a mostrar su cuerpo por dinero. Era la actriz de ficheras que ganaba millones haciendo películas vulgares mientras las mujeres respetables trabajaban discretamente como maestras secretarias o amas de casa. Era el ejemplo perfecto de lo que les decían a sus hijas que nunca debían convertirse en reuniones sociales, en clubes, en escuelas privadas. El nombre Sasha Montenegro era usado como sinónimo de mujer sin moral. Si querías insultar a alguien, le decías, “Pareces Sasha Montenegro.

Si querías criticar a una mujer por vestirse provocativamente, decías, se viste como Sasha Montenegro.” El nombre se había convertido en un insulto en un marcador de clase y moralidad. Y aquí está la verdad más complicada e incómoda de toda esta situación. Sasha Montenegro estaba trabajando. Estaba haciendo su oficio como actriz en una industria que le ofrecía exactamente ese tipo de papeles. Podía haber rechazado el desnudo. Podía haber dicho, “No me desnudo en pantalla.” Y probablemente algunos productores habrían respetado eso.

Pero también probablemente habría conseguido muchos menos papeles porque en el cine de ficheras de los 70 los desnudos parciales se estaban convirtiendo en estándar. Todas las actrices principales del género, Carmen Salinas, Rosa Carmina, Leticia Perdigón, todas habían hecho escenas similares. Era parte del trabajo de ese género específico de cine. Entonces, tenía Sasha realmente opción. Técnicamente sí, nadie la obligó físicamente a desnudarse, pero prácticamente si quería trabajar en el género que le ofrecía más oportunidades, tenía que aceptar las reglas de ese género.

Tomó Sasha la decisión consciente de construir una carrera en el cine de ficheras. sabiendo lo que implicaba. Definitivamente, si ella no era ingenua, sabía exactamente en qué tipo de películas estaba trabajando. Sabía cómo sería percibida por la sociedad, pero hizo ese cálculo y decidió que valía la pena. Sabía el precio social que pagaría, probablemente no completamente. Probablemente subestimó cuán permanente sería ese estigma, cuán profundamente la marcaría, no solo durante su carrera, sino durante toda su vida.

Incluso décadas después de retirarse del cine. Lo que es cierto es que después de Bellas de Noche en 1975, Sasha Montenegro se convirtió en una estrella masiva y como toda estrella, su brillo venía acompañado de sombras muy oscuras. Entre 1975 y 1984, casi una década completa, Sasha Montenegro filmó más de 50 películas. 50 para que entiendas. lo que eso significa en volumen. La mayoría de actrices consideradas prolíficas hoy tienen 20 o 25 películas en toda su carrera.

Sasha hizo más del doble de eso en menos de 10 años. ¿Cómo es eso posible? Porque el cine de ficheras se producía a una velocidad industrial. Estas no eran producciones que tomaban meses de preproducción, meses de filmación y meses de postproducción. Eran películas que se filmaban en tres semanas, a veces en dos semanas, en casos extremos, en 10 días. Los guiones se escribían rápido muchas veces mientras se estaba filmando. Los directores agregaban escenas improvisadas. Los actores recibían sus diálogos.

El día de la filmación se filmaba en locaciones reales, no en sets construidos para ahorrar dinero. Se hacía una toma tal vez dos, y se seguía adelante. El objetivo no era crear arte cinematográfico, el objetivo era producir entretenimiento rápido, barato y rentable. Y era rentable, extremadamente rentable. Una película de ficheras costaba entre 500 y un millón de pesos producir en la moneda de esa época podía generar en taquilla entre 3 y 10 millones de pesos dependiendo de qué tan exitosa fuera.

Las películas de Sasha específicamente generaban números en el rango alto porque su nombre en el cartel garantizaba público. Los productores sabían que si ponían Sasha Montenegro en el título, tendrían filas en los cines de barrios populares. Entonces querían hacer tantas películas con ella como fuera posible mientras su estrella brillara. Títulos como La pulquería, Las cariñosas, El Rey de los Albures, Muñecas de Medianoche, Las Computadoras, El Día de los Albañiles, Noche de Carnaval, La Comadrita y docenas más salían cada año.

Sasha a veces estaba filmando tres o cuatro películas al mismo tiempo. Terminaba una escena. En una película se cambiaba de vestuario y filmaba una escena de otra película el mismo día. Era una rutina absolutamente agotadora. Despertarse a las 5 o 6 de la mañana, llegar a los estudios Churubusco o a los estudios América o a alguna locación en la ciudad, pasar horas en maquillaje y vestuario, filmar escenas durante 10 o 12 horas, a veces más, muchas veces trabajar hasta la medianoche o más tarde, volver a casa, dormir unas pocas horas y repetir al día siguiente.

Hacer estos seis días a la semana durante meses. No había descansos prolongados, no había vacaciones, porque si parabas de trabajar dejabas de ganar y en una industria tan volátil no sabías cuándo tu popularidad se acabaría. Pero Sasha era profesional, algo que todos los directores y productores que trabajaron con ella confirmaron años después. Llegaba siempre preparada o lo más preparada posible, dado lo caótico de las producciones. Sabía sus diálogos o los aprendía rápidamente. Entendía lo que cada escena necesitaba y lo entregaba.

No daba problemas en el set, no llegaba tarde, no se quejaba de las condiciones de trabajo, era querida por los equipos técnicos porque los trataba con respeto, algo que no todas las actrices hacían. Los camarógrafos, los iluminadores, los de sonido, el personal de utilería. Todos tienen anécdotas de cómo Sasha era amable y profesional, incluso cuando estaba exhausta, y el público la amaba de una manera que pocas actrices mexicanas han experimentado. Sus películas eran las más taquilleras del género consistentemente.

Los cines populares, especialmente en zonas como Tepito, la Merced Nezaalcoyotl y otros barrios de clase trabajadora en la ciudad de México y en ciudades de todo el país, se llenaban cuando estrenaba una película de Sasha. Los dueños de cines sabían que una película de Sasha les garantizaba buenos ingresos. Entonces peleaban por tener sus estrenos, distribuidores en provincia, en estados como Jalisco, Nuevo León, Veracruz. Sinaloa pedían específicamente películas de Sasha porque sabían que sus públicos locales las querían.

Había algo en Sasha que conectaba con ese público de clase trabajadora. Tal vez era que, a pesar de ser extranjera y de ser hermosa, había algo accesible en ella, no se sentía inalcanzable como algunas estrellas de cine más serio. Se sentía real como alguien que podías conocer en tu barrio. Su sensualidad no era intimidante, era cálida. Sus personajes generalmente eran mujeres trabajadoras que luchaban por salir adelante y el público de clase trabajadora se identificaba con eso.

Veían en Sasha no solo una fantasía sexual, sino también una representación de sus propias luchas. Pero mientras públicamente era una superestrella adorada por millones, su vida privada era mucho más complicada y mucho más solitaria de lo que nadie sabía. Sasha durante toda esa década de 1975 a 1984 fue extremadamente reservada sobre su vida personal. rara vez hablaba de relaciones románticas, de amistades de su vida fuera del trabajo, a diferencia de otras actrices del mismo género, como Carmen Salinas o Lyn May, que aparecían constantemente en revistas de sociales, en programas de televisión, en eventos públicos, hablando de sus vidas personales, sus parejas, sus dramas.

Sasha mantenía una distancia calculada de todo eso. Daba las entrevistas mínimas necesarias para promocionar sus películas, pero nunca compartía detalles íntimos. Cuando los periodistas le preguntaban sobre su vida amorosa, ella respondía con generalidades, “Estoy bien, estoy feliz, estoy enfocada en mi trabajo.” Cuando le preguntaban si tenía novio, ella sonreía y cambiaba de tema. Cuando le preguntaban si pensaba casarse, decía, “Algún día, tal vez, pero no ahora. ¿Por qué tanto secreto?” Probablemente por varias razones entrelazadas. Primero, Sasha era fundamentalmente una persona muy privada, algo que probablemente venía de su infancia como refugiada, donde compartir demasiado sobre tu vida podía ser peligroso.

Segundo, en una industria donde todo se convertía en chisme y donde los romances de las actrices se explotaban para vender revistas. Mantener su vida privada en secreto era una forma de mantener algo de control. Tercero, y esto es importante, Sasha probablemente sabía que como actriz de ficheras, como extranjera, cualquier relación que tuviera sería juzgada brutalmente. Si salía con un hombre mexicano rico, la gente diría, “Está buscando dinero. Si salía con alguien del medio artístico, la gente diría, es solo publicidad.

Si salía con alguien de clase trabajadora, la gente diría, “Qué bajo ha caído. No había forma de ganar. Entonces era mejor no jugar ese juego. Cuarto, es posible que Sasha simplemente no tuviera tiempo para relaciones serias. Trabajaba 6 días a la semana, 12 horas al día, cuando exactamente iba a cultivar una relación profunda con alguien. Pero hay evidencia de que Sasha sí tenía relaciones durante esos años, solo que las mantenía completamente fuera del ojo público. Hay testimonios no confirmados de personas que trabajaban en la industria que dicen que Sasha salió con un productor de cine durante un par de años a finales de los 70.

Hay otros testimonios que sugieren que tuvo una relación con un empresario mexicano, alguien fuera del medio del entretenimiento que le ofrecía cierta normalidad. Hay rumores de que tuvo a Fires con algunos de sus coprotagonistas, aunque esto nunca se confirmó y podría ser solo chisme de set, lo que sí parece claro es que ninguna de estas relaciones fue lo suficientemente seria o duradera como para llevar al matrimonio o para que Sasha quisiera hacerlas públicas. Probablemente porque Sasha a nivel profundo no confiaba en que alguien la amara por quien realmente era, versus amarla por ser Sasha Montenegro, la estrella de cine.

Esa es una soledad que muchas personas famosas experimentan la incapacidad de saber si la gente te quiere por ti o por tu fama. Y había otra capa de soledad en la vida de Sasha, que rara vez se discute. Era una extranjera en México y a pesar de haber vivido ahí durante toda la década de los 70, a pesar de hablar español con fluidez, aunque con acento, a pesar de conocer la cultura mexicana íntimamente por su trabajo, nunca fue completamente mexicana.

No tenía familia extendida en México, no tenía primos, no tenía tíos, no tenía esas redes familiares que son tan centrales en la vida mexicana. Probablemente mantenía algún contacto con familia en Europa. Su padre, potencialmente hermanos, si los tenía, pero estaba a miles de kilómetros de distancia en una época donde las llamadas internacionales eran caras y las visitas requerían viajes largos y costosos. Entonces, Sasha existía en una especie de limbo. Era demasiado exitosa y famosa para relacionarse normalmente con la comunidad de inmigrantes europeos en México, que eran principalmente refugiados de clase trabajadora, pero tampoco era parte de la sociedad mexicana establecida que la rechazaba por ser actriz de ficheras.

Estaba en algún lugar intermedio, una superestrella adorada por millones, pero fundamentalmente sola. Para 1984, Sasha Montenegro tenía 38 años. Había estado trabajando en el cine mexicano durante 12 años. Había filmado más de 50 películas. Había ganado una fortuna considerable para los estándares de la época. Tenía una casa bonita, probablemente en alguna zona como Polanco o Las Lomas de la Ciudad de México. Tenía estabilidad económica, tenía fama, tenía reconocimiento, pero también estaba agotada. El ritmo de trabajo de los últimos 10 años había sido brutal.

Además, el cine de ficheras estaba empezando a declinar en popularidad. La audiencia se estaba cansando del formato. La competencia de la televisión estaba creciendo y Sasha sabía que su tiempo como estrella principal no duraría para siempre. En el cine, especialmente en el cine de explotación, las carreras de las actrices son cortas. Tienes tal vez 10 o 15 años en la cima. Si tienes suerte y después el público quiere. Caras nuevas, cuerpos más jóvenes. Sasha estaba acercándose al final de su década dorada y lo sabía.

Y entonces algo pasó que cambiaría completamente la trayectoria de su vida. En la primavera de 1984, Sasha fue invitada a un evento cultural en Sevilla, España. No está completamente claro qué tipo de evento era. Algunos testimonios dicen que era parte de un festival de cine latinoamericano. Otros dicen que era simplemente un evento de promoción del cine mexicano en Europa. Otros sugieren que Sasha simplemente estaba en España de vacaciones y fue invitada al evento por contactos. Lo que sí sabemos es que en ese evento en Sevilla, Sasha Montenegro conoció a José López Portillo, expresidente de

México, y ese encuentro desataría una cadena de eventos que transformaría a Sasha de estrella de cine a protagonista del escándalo político más explosivo de la década de los 80. Pero antes de entrar en esa historia, necesito detenerme y hablar de algo que casi nunca se menciona en las narrativas sobre Sasha. El costo emocional psicológico de ser Sasha Montenegro durante esos años. Imagina por un momento que eres una mujer extranjera en un país que no es el tuyo.

Has construido una carrera extraordinariamente exitosa. Te has convertido en una de las actrices más populares del país. Eres admirada por millones, pero esa admiración viene con un precio brutal. Cada vez que sales en público, la gente te mira, algunos con admiración, muchos con lujuria, algunos con desprecio. Cada vez que caminas por la calle, escuchas comentarios sobre tu cuerpo, sobre tu trabajo, sobre tu moralidad. Cada vez que lees una revista, hay artículos sobre ti, pero rara vez sobre tu trabajo como actriz, más bien sobre tu cuerpo, tu ropa, tus supuestos romances cada vez que te entrevistan en televisión o radio.

Las preguntas no son sobre tu oficio, sobre tu técnica actoral, sobre tus opiniones. No, las preguntas son siempre las mismas. Tienes novio vas a casarte, ¿por qué haces ese tipo de películas? No te da vergüenza. Eres admirada por millones de hombres de clase trabajadora, pero esa admiración es fundamentalmente sexual. Te ven como una fantasía, como un objeto de deseo, no como una artista, no como una profesional. Puedes llenar cines, puedes generar millones en taquilla, puedes ser una de las actrices más rentables de México, pero no puedes entrar a ciertos restaurantes porque no aceptan gente del medio artístico, especialmente actrices de tu tipo de cine.

No te invitan a bodas de familias respetables, no te invitan a eventos de sociedad. Cuando caminas en barrios ricos, la gente te señala y susurra. Eres despreciada por millones de mujeres, especialmente de clase media y alta, para quienes representas todo lo que está mal con la decadencia moral de México. Eres un símbolo sexual para unos y una vergüenza nacional para otros. Y esta dualidad, esta esquizofrenia social de ser adorada y despreciada, simultáneamente de ser rica y exitosa, pero socialmente marginada, es agotadora mental y emocionalmente.

Y hay algo más que Sasha cargaba, que es aún más pesado, el conocimiento de que el precio de su éxito era su reputación permanentemente dañada. Sasha sabía que había tomado una decisión estratégica de construir su carrera en el cine de ficheras sabiendo los costos sociales. Había hecho ese cálculo conscientemente, pero eso no significaba que no doliera. Ver cómo la gente te reducía a esa escena de 30 segundos de desnudo en Bellas de noche. Ver como tu nombre se convertía en sinónimo de mujer sin moral.

ver cómo tus logros profesionales eran ignorados mientras tu cuerpo era constantemente discutido y objetificado, eso corroe tu sentido de ti misma eventualmente en entrevistas años después, cuando Sasha era mucho mayor y hablaba con más honestidad sobre su carrera, ella diría cosas como, “Fue muy difícil soportar el juicio constante” o a veces me preguntaba si valió la pena o el público me amaba pero no me conocía. Esas declaraciones revelan el costo emocional que Sasha pagó durante esos años.

También está el tema de la identidad, que es particularmente complicado para Sasha. Ella había creado un personaje, Sasha Montenegro, la actriz sexy, la extranjera misteriosa. Y ese personaje era lo que el público amaba, pero ese personaje no era quien ella realmente era. Alexandra Achimovic, la refugiada yugoslava, la hija de un posible agente de inteligencia, la niña que había crecido moviéndose por Europa, huyendo del comunismo. Esa persona existía bajo la superficie, pero nunca podía emerger completamente porque no era comercializable.

El público no quería saber sobre refugiados políticos o sobre la guerra fría o sobre la complejidad de la identidad de los Balcanes. El público quería a Sasha, la bella actriz que se desnudaba en películas y hacía reír. Entonces, Alexandra tenía que permanecer enterrada y con el tiempo, cuando entierras tu verdadera identidad por tanto tiempo, empiezas a perder contacto con quién realmente eres. Este es un fenómeno común en personas que se vuelven famosas. especialmente cuando se vuelven famosas por interpretar una versión exagerada o distorsionada de sí mismos.

Y finalmente está la soledad que mencioné antes, pero que necesita énfasis. Sasha, para 1984 había pasado 15 años en México. Había construido una carrera increíble, pero estaba fundamentalmente sola. No tenía pareja seria, no tenía familia cercana en México, no tenía ese círculo íntimo de personas que la conocieran y la amaran por quien realmente era, no por su fama. Tenía colegas del trabajo, tenía conocidos, tenía gente que la rodeaba en los sets y en los eventos, pero no tenía intimidad real.

Y la intimidad real, conexión emocional profunda con otras personas es una necesidad humana básica. Sin ella la gente se marchita emocionalmente. No importa cuán exitosa sea en otros aspectos de su vida, Sasha estaba marchitándose. Era exitosa, sí, era rica, sí era famosa, sí, pero estaba emocionalmente exhausta y profundamente sola. Entonces, imagina que eres Sasha Montenegro en la primavera de 1984. Tienes 38 años, estás en la cima de tu carrera, pero también sabes que esa cima no durará mucho más.

Estás exhausta del ritmo de trabajo. Estás cansada de ser juzgada constantemente, estás sola emocionalmente. Y entonces vas a un evento en Sevilla, España, lejos de México, lejos de los sets de filmación, lejos del juicio constante. Y en ese evento conoces a un hombre que te trata con respeto, que está interesado en ti como persona que no te ve solo como un objeto sexual o como una curiosidad del cine de ficheras. Ese hombre resulta ser José López Portillo, expresidente de México, y él también está en un momento vulnerable de su vida.

Su presidencia terminó en desastre. Es despreciado en México. Su matrimonio está en ruinas. Está buscando algún tipo de validación personal, de conexión humana. Dos personas heridas en momentos vulnerables se encuentran y conectan. No es una historia de amor, de cuento de hadas. Es una historia mucho más humana y complicada que eso. Y lo que comenzó como un encuentro en España se convertiría en una relación que tendría consecuencias nacionales para ambos, pero especialmente para Sasha, cuya vida nunca volvería a ser la misma.

Primavera de 1984, Sevilla, España, la ciudad está celebrando la Semana Santa una de las festividades más importantes y espectaculares del calendario español. Procesiones religiosas llenan las calles. Estatuas de vírgenes y Cristos son cargadas por cofrades vestidos con túnicas y capirotes puntiagudos. Hay música, hay flores, hay un fervor religioso mezclado con turismo y cebración cultural. Es en este contexto festivo y un poco surreal que José López Portillo se encuentra en España. López Portillo ya no es presidente de México.

Su sexenio terminó en diciembre de 1982, hace aproximadamente un año y medio. Y ese final fue catastrófico de una manera que es difícil de exagerar. López Portillo había asumido la presidencia en 1976 con grandes esperanzas. Era un intelectual, un escritor, un hombre educado que prometía llevar a México a la modernidad. Los primeros años de su sexenio parecían prometedores. México descubrió enormes reservas de petróleo en el Golfo de México y con los precios del petróleo altos, el país experimentó un boom económico.

López Portillo gastó agresivamente en infraestructura, en programas sociales, en subsidios. se endeudó masivamente, asumiendo que los precios del petróleo seguirían altos para siempre. Pero en 1981 los precios del petróleo colapsaron. La economía mexicana que se había vuelto dependiente de los ingresos petroleros entró en crisis. La deuda externa de México era insostenible. La inflación se disparó. El peso se devaluó brutalmente. En septiembre de 1982, apenas 3 meses antes de dejar el poder, López Portillo tomó una decisión desesperada y controversial nacionalizó la banca privada.

Su argumento era que los banqueros habían sacado miles de millones de dólares del país durante la crisis, agravando la situación. Pero la nacionalización fue vista por muchos como un acto de desesperación de un presidente que había perdido. El control, el sector privado mexicano, quedó furioso. La clase media que tenía ahorros en los bancos perdió confianza. El capital huyó del país. México terminó 1982 con inflación de tres dígitos, deuda impagable y una recesión severa. Y López Portillo dejó la presidencia no como el intelectual que iba a modernizar México, sino como uno de los presidentes más odiados de la historia moderna mexicana.

Su último informe de gobierno en septiembre de 1982 fue un momento que definió su legado. Ante el Congreso con las cámaras de televisión transmitiendo en vivo, López Portillo dio un discurso emocional donde intentó defender su sexenio, sus decisiones, la nacionalización bancaria y en un momento dramático que se convertiría en uno de los momentos políticos más recordados y ridiculizados de la historia de México, López Portillo se puso a llorar en vivo frente a las cámaras. No fue un lagrimeo discreto.

Fueron lágrimas evidentes mientras decía, “Defenderé el peso como un perro.” La imagen de un presidente llorando, diciendo que defendería la moneda como un perro. Mientras esa moneda se devaluaba brutalmente. Fue devastadora para lo que quedaba de su reputación. Los medios lo ridiculizaron, los caricaturistas lo retrataron llorando. La gente en las calles se burlaba. López Portillo pasó de ser presidente de México a ser un chiste nacional en cuestión de semanas. Entonces, en 1984 litro Ópez, Portillo está en España porque México es demasiado doloroso.

Está lejos del rechazo público de las burlas de los recordatorios constantes de su fracaso. Tiene 64 años. Está todavía casado con Carmen Romano, su esposa de más de 30 años, con quien tiene tres hijos. José Ramón. Carmen y Paulina. Pero según múltiples testimonios de personas cercanas a la familia, el matrimonio de López Portillo y Carmen Romano estaba distante hacía años. No se habían divorciado por las apariencias porque un presidente en México, especialmente en esos años, no se divorciaba durante su mandato.

Era un escándalo inaceptable. Pero emocionalmente el matrimonio había terminado hace tiempo. Vivían vidas separadas. Mantenían las apariencias en público, pero no había intimidad real entre ellos. López Portillo había tenido otras relaciones o afires durante su matrimonio, aunque discretos, porque tenía que mantener su imagen pública. Carmen Romano lo sabía, todos lo sabían. era uno de esos secretos a voces que existen en las altas esferas del poder mexicano. Entonces, López Portillo, en 1984 está en una crisis existencial profunda.

Ha perdido el poder que es devastador para cualquier político, pero especialmente para alguien como él que había estado en las élites del poder por décadas. Ha perdido su reputación. Es odiado por millones de mexicanos que lo culpan por la crisis económica. Su matrimonio es una cáscara vacía. Tiene 64 años y probablemente está enfrentando su propia mortalidad, preguntándose qué quedará de su legado, preguntándose si toda su vida en política valió la pena. Este es el estado mental y emocional de José López Portillo cuando conoce a Sasha Montenegro en Sevilla y entonces ocurre el encuentro.

Hay múltiples versiones de cómo exactamente se conocieron algunos testimonios. Dicen que fue en una recepción oficial relacionada con la promoción de la cultura mexicana en España. Otros dicen que fue en un evento más privado, tal vez una cena con gente del mundo cultural y artístico. Otros sugieren que fue algo más casual, un encuentro en algún lugar público de Sevilla. Lo que no está en disputa es que se conocieron, que hablaron que hubo una conexión inmediata. ¿Qué hablaron en ese primer encuentro?

Nadie lo sabe con exactitud porque ni Sasha ni López Portillo dieron entrevistas detallando ese momento. Pero podemos imaginar algunos de los temas basados en lo que sabemos de ambos. López Portillo probablemente estaba intrigado por Sasha. Ella era una figura conocida del cine mexicano. Incluso alguien como López Portillo, que se consideraba un intelectual por encima del cine popular, habría sabido quién era Sasha. Montenegro. Era imposible no saberlo en el México de los años 80. Probablemente hablaron sobre México, sobre cómo era vivir en ese país desde la perspectiva de una extranjera.

López Portillo, que era un intelectual que había escrito libros que había estudiado derecho y economía, probablemente disfrutó poder hablar con alguien fuera de los círculos políticos habituales. Y Sasha, que estaba harta de ser vista solo como un objeto sexual, probablemente encontró refrescante que un hombre la tratara como una persona inteligente con opiniones valiosas. Y aquí es donde necesito ser muy honesto y claro sobre esta historia, porque es fácil juzgarla desde fuera con juicios morales simplistas, pero la realidad humana es más complicada.

Es fácil decir, él era un expresidente casado de 64 años, no debió empezar una relación con otra mujer. Es fácil decir. Ella debió saber que involucrarse con un hombre casado y expresidente traería problemas enormes. Ambas afirmaciones son ciertas desde un punto de vista moral convencional, pero las relaciones humanas, especialmente las que se forman entre personas en momentos de vulnerabilidad, no siguen lógicas simples de bien y mal. López Portillo estaba en el punto más bajo de su vida profesional y probablemente personal.

Había pasado de ser una de las personas más poderosas de México a ser un paria político. Su matrimonio era infeliz. Había sido por años. Él buscaba algún tipo de validación personal, alguna conexión humana real que le recordara que seguía siendo valioso como persona, más allá de su fallido sexenio. Conocer a Sasha, una mujer hermosa, inteligente, interesante, que no estaba involucrada en los círculos políticos que lo habían rechazado. Debió haber sido como un oasis en un desierto emocional.

Y Sasha, por su parte, también estaba en un momento vulnerable. Había pasado 15 años siendo juzgada por su trabajo, siendo reducida a su cuerpo y a su sensualidad, siendo admirada, pero no respetada. Estaba exhausta de trabajar en una industria brutal. Estaba sola, sin familia, cercana, sin pareja seria. conocer a un hombre que la trataba con respeto, que estaba genuinamente interesado en ella, como persona que no la veía solo como la actriz de ficheras, sino como una mujer inteligente con una historia compleja, debió haber sido increíblemente atractivo.

Además, López Portillo ofrecía algo más estabilidad. Era rico, era educado, era sofisticado. Representaba una salida potencial del mundo del cine de ficheras que Sasha sabía estaba llegando a su fin. No estoy diciendo que Sasha vio a López Portillo como una transacción económica. Eso sería cínico y probablemente injusto, pero sería ingenuo no reconocer que la estabilidad y seguridad que él ofrecía eran parte del atractivo. Las relaciones humanas, especialmente entre personas de diferentes clases sociales o niveles de poder, siempre tienen elementos de intercambio.

Eso no las hace menos reales o menos emocionales, simplemente las hace complejas. Pero lo que todos sabían durante esos 9 años, lo que flotaba sobre todas las acusaciones y contraacusaciones era que eventualmente José López Portillo moriría y cuando eso pasara habría una batalla legal masiva por su patrimonio. Había propiedades en juego, había dinero, había posesiones valiosas, había dos familias con reclamos legítimos, pero opuestos. Los hijos de Carmen Romano argumentarían que ellos eran los hijos del matrimonio largo, legítimo de 40 años, que sus derechos no debían ser minimizados por el matrimonio posterior de su padre.

Sasha y sus hijos argumentarían que ella era la esposa legal en el momento de su muerte, que había cuidado de él durante sus últimos años difíciles, que sus hijos, aunque de un segundo matrimonio, también eran hijos legítimos reconocidos. Legalmente, ¿cómo se resolvería esto? Esa pregunta definió las relaciones familiares durante toda esa década, hasta que finalmente el 17 de febrero de 2004, José López Portillo murió y comenzó la batalla legal en serio. 17 de febrero de 2004, José López Portillo muere en la ciudad de México a los 84 años.

Había vivido 9 años incapacitado después del infarto cerebral de 1995, nueve otros herederos o que la propiedad se vendiera y las ganancias se dividieran según porcentajes acordados. Los detalles exactos permanecieron privados. Pero el resultado fue que todos recibieron algo. Nadie recibió todo. El patrimonio total de López Portillo fue repartido entre todos sus hijos, reconocidos legalmente José Ramón, Carmen Paulina del primer matrimonio y Nabila y Alexander del segundo matrimonio. Sasha, como viuda legal, recibió su parte correspondiente. Según las leyes mexicanas de herencia, que generalmente otorgan a la viuda una porción significativa.

El porcentaje exacto no fue público, pero probablemente fue alrededor de un tercio del patrimonio total con el resto dividido entre los cinco hijos. Y aquí viene un punto que genera mucha confusión y controversia hasta hoy. Sasha también comenzó a recibir una pensión presidencial. En México, las viudas de expresidentes tienen derecho a una pensión vitalicia. El monto de esa pensión en 2005 era de aproximadamente 1.7 millones de pesos anuales, una cifra muy considerable, equivalente a más de 1400 pesos mensuales.

Para Sasha, esto representaba seguridad económica garantizada para el resto de su vida. No dependería solo de la herencia que había recibido. Tendría un ingreso mensual sustancial del gobierno mexicano. Para muchos mexicanos, especialmente aquellos críticos de los privilegios de la clase política, esto era indignante, porque una actriz de ficheras que se había casado con un expresidente debería recibir dinero del Estado mexicano por el resto de su vida, mientras millones de mexicanos vivían en pobreza sin acceso a pensiones dignas.

Este debate sobre la pensión de Sasha se intensificaría años después, pero por ahora, en 2005 la batalla legal había terminado oficialmente. Sasha había ganado legalmente, había mantenido su derecho como viuda. Sus hijos habían sido reconocidos como herederos legítimos. Recibió su parte de la herencia y comenzó a recibir la pensión presidencial. Pero el costo emocional de toda esta batalla, de los años de acusaciones de maltrato, de los juicios de verse retratada constantemente en los medios como una villana fue enorme.

Sasha tenía 59 años. En 2005 había pasado los últimos 10 años primero cuidando a López Portillo incapacitado y luego peleando legalmente por su herencia. Estaba exhausta emocional y físicamente, y lo que más quería era paz. Después del acuerdo legal de 2005, Sasha Montenegro prácticamente desapareció de la vida pública mexicana. Se mudó a Cuernavaca en el estado de Morelos, una ciudad más tranquila, más pequeña que la Ciudad de México. Compró una casa discreta en alguna colonia de clase media alta, nada ostentoso, nada que llamara demasiado la atención, y vivió allí el resto de su vida casi 20 años en un retiro casi completo del ojo público.

Sus hijos Nabila y Alexander crecieron y establecieron sus propias vidas. Nabila se mantuvo extremadamente privada. Hay muy poca información pública sobre qué hizo profesionalmente o personalmente. Parece haber elegido conscientemente mantenerse fuera de los medios. Alexander ocasionalmente apareció en eventos sociales en la Ciudad de México. Dio alguna entrevista esporádica donde defendía a su madre y la memoria de su padre, pero también mantuvo un perfil relativamente bajo. Durante estos años de 2005 a 2022, Sasha dio muy pocas entrevistas, tal vez una cada dos.

o tres años, generalmente con periodistas como Gustavo Adolfo Infante, que la había entrevistado antes y con quien sentía cierta confianza. Cuando daba estas entrevistas hablaba con mucha cautela. Nunca habló mal públicamente de la familia López Portillo. Romano nunca dio detalles escabrosos sobre los años de cuidar a López Portillo, incapacitado, o sobre las batallas legales. Su narrativa era siempre la misma. Cumplí mi papel como esposa. Amé a José. Mis hijos son mi mayor orgullo. Ahora solo quiero paz.

Era evidente en esas entrevistas que Sasha estaba cansada de pelear, cansada de ser juzgada, cansada de tener que justificar su vida. Simplemente quería ser dejada en paz para vivir sus últimos años tranquilamente. La industria del entretenimiento mexicano tampoco la buscó el cine de ficheras. Había muerto completamente décadas atrás. Algunas de sus antiguas compañeras, como Carmen Salinas, se habían reinventado exitosamente en telenovelas y programas de televisión, manteniéndose relevantes hasta su muerte. Pero Sasha nunca intentó reinventarse, nunca buscó volver a actuar, nunca trató de capitalizar su notoriedad, había cerrado ese capítulo.

Completamente había sido actriz durante 15 años de 1900. 72 a mediados de los 80 había sido esposa de un expresidente durante 13 años de 1991 a 2004 y ahora en su tercera etapa de vida simplemente quería ser Alexandra Achimovic, la refugiada yugoslava que ahora era una mujer mayor viviendo tranquilamente en Cuernavaca. Pero esa paz fue interrumpida en 2022, cuando el gobierno de Andrés Manuel López Obrador decidió revisar y cancelar pensiones de privilegio. El gobierno de López Obrador había llegado al poder en 2018 con una plataforma de austeridad republicana y eliminación de privilegios de las élites políticas.

Una de sus políticas más publicitadas fue la revisión de pensiones gubernamentales, especialmente aquellas consideradas excesivas o injustificadas. En 2022, como parte de esta política, el gobierno decidió cancelar las pensiones a viudas de expresidentes, argumentando que en un país donde millones de personas viven en pobreza, donde millones de trabajadores no tienen acceso a pensiones dignas, era moralmente indefendible que viudas de expresidentes recibieran 1.7 millones de pesos anuales del erario público. Montenegro, quien para entonces tenía 76 años, recibió una notificación oficial su pensión presidencial de 1 7 millones de pesos anuales sería cancelada.

La noticia se filtró a los medios y generó un debate nacional instantáneo y feroz. Muchos mexicanos aplaudieron la decisión. Veían la pensión de Sasha como un ejemplo perfecto de los privilegios obscenos de la clase política. argumentaban que era absurdo que una actriz de ficheras que se había casado con un expresidente después de que su carrera política terminara recibiera dinero del Estado, mientras maestros, enfermeras y trabajadores comunes no tenían pensiones adecuadas. La frase que se repetía en redes sociales era, “¿Por qué los mexicanos debemos mantener a Sasha Montenegro?” Columnas de opinión argumentaban que aunque la pensión fuera legal, era moralmente indefendible y que cancelarla era un acto de justicia social.

Otros mexicanos criticaron la medida, aunque eran minoría. Argumentaban que Sasha tenía un derecho legal a esa pensión que había sido establecido por ley, que había sido esposa legal de López Portillo por 13 años, que quitarle esa pensión era violar derechos adquiridos. Algunos abogados argumentaron que la cancelación podría ser inconstitucional, que no se puede simplemente quitar beneficios legales porque moralmente son cuestionables, pero estos argumentos legales no resonaron mucho con un público que estaba genuinamente indignado por las desigualdades económicas de México y que veía la pensión de Sasha como un símbolo de esas desigualdades.

Sasha no dio declaraciones públicas extensas sobre la cancelación de su pensión en una breve entrevista telefónica con un periodista simplemente dijo, “Respeto la decisión del gobierno. Yo puedo vivir sin esa pensión. Tengo mis ahorros, tengo mi casa, mis hijos. Me apoyan, voy a estar bien. Esa respuesta dignificada, sin drama, sin quejas públicas, fue probablemente la mejor estrategia, porque cualquier queja habría sido interpretada como una multimillonaria llorando por perder un privilegio. Pero la realidad es que a los 76 años perder un ingreso anual de 1 7 millones de pesos no era insignificante.

Aunque Sasha tenía propiedades de la herencia de López Portillo, aunque probablemente tenía algunos ahorros, la pérdida de ese ingreso mensual garantizado significaba ajustar su estilo de vida, reducir gastos, tal vez vender alguna propiedad o activo para mantener liquidez. Y apenas dos años después de perder su pensión, apenas había tenido tiempo de ajustarse a su nueva realidad económica. Sasha Montenegro enfermó gravemente. En algún momento de 2023 fue diagnosticada con cáncer de pulmón. No está claro si Sasha había fumado durante su vida.

Muchas personas de su generación fumaban, pero nunca se confirmó públicamente. El cáncer de pulmón, cuando se diagnostica en personas mayores de 75 años, generalmente tiene un pronóstico grave, especialmente si se detecta en etapas avanzadas. Sasha recibió tratamiento quimioterapia, probablemente también radioterapia, pero su salud se deterioró progresivamente durante 2023. Además del cáncer, también desarrolló otros problemas de salud relacionados con la edad, problemas cardíacos, probablemente diabetes, hipertensión. El cuerpo de una mujer de 77 años luchando contra cáncer simplemente no tiene la resiliencia.

para recuperarse. 14 de febrero de 2024, día de San Valentín. Irónicamente, Sasha Montenegro muere en su casa de Cuernavaca a los 78 años. La causa oficial de muerte fue derrame cerebral. Aunque también se mencionó que el cáncer de pulmón estaba en estado muy avanzado, probablemente el derrame fue precipitado por el cáncer o por los tratamientos o simplemente por el deterioro general de su salud. Murió en su casa, rodeada por sus hijos. Nabila yander no en un hospital, lo que sugiere que tal vez había decidido no seguir con tratamientos agresivos y simplemente dejar que la naturaleza siguiera su curso.

Para alguien que había pasado 9 años viendo a López Portillo deteriorarse lentamente después de su infarto, la idea de morir rápidamente en casa probablemente era preferible a una agonía prolongada en un hospital. La noticia de su muerte se difundió rápidamente por redes sociales y medios tradicionales. Los titulares fueron predecibles. Murió Sasha Montenegro, actriz del cine de ficheras y viuda de López Portillo. Falleció la controvertida Sasha Montenegro a los 78 años. Muere la actriz que protagonizó uno de los escándalos políticos más grandes de México.

Las reacciones en redes sociales fueron, como todo lo relacionado con Sasha, profundamente polarizadas. Algunas personas expresaron condolencias, recordaron su trabajo en el cine mexicano, reconocieron que había sido parte de una época importante del entretenimiento popular mexicano. Publicaron fotos de ella joven hermosa en su época dorada de los años 70 con mensajes como “Descansa en paz leyenda del cine mexicano” o “Gracias por las películas que alegraron a millones”. Otras personas fueron crueles, brutalmente crueles, de la manera que solo las redes sociales permiten.

Publicaron comentarios como Por fin se murió la robam maridos. O espero que López Portillo la esté esperando en el infierno. O ya se murió la que destruyó una familia. Hubo memes ofensivos. Hubo chistes de mal gusto sobre su carrera de ficheras, sobre su relación con López Portillo, sobre su muerte en el día de San Valentín. La crueldad de algunos comentarios fue impactante, pero también reveladora de cuán profundamente había penetrado el estigma contra Sasha en la psique cultural mexicana.

Incluso en la muerte no podía escapar del juicio. Pero lo más revelador fueron las reacciones de figuras del entretenimiento que la habían conocido personalmente. Actores, directores, PR o ductores que habían trabajado con Sasha en los años 70 y 80. Publicaron mensajes recordándola y sus testimonios fueron notablemente consistentes. Todos dijeron, “Variaciones de lo mismo. Sasha Montenegro era profesional. puntual, comprometida con su trabajo. Nunca causaba problemas en los sets. Trataba al equipo técnico con respeto. Llegaba preparada, entregaba lo que la escena requería.

Jorge Rivero, quien había sido su coprotagonista en Bellas, de noche publicó un mensaje emotivo, recordándola como una actriz talentosa que no merecía el juicio brutal que recibió. Víctor Manuel Castro, uno de los directores más prolíficos del cine de ficheras, dijo en una entrevista, Sasha hizo su trabajo en un género que era comercialmente exitoso. No tiene que pedir perdón por eso. Incluso Carmen Salinas, quien había muerto en 2021, había dicho en sus últimas entrevistas sobre Sasha, que era una buena compañera de trabajo y que el estigma que cargó fue desproporcionado a lo que realmente había hecho.

El funeral de Sasha fue privado, completamente privado, sin cobertura mediática, sin transmisión pública, sin multitudes. Asistieron sus hijos Nabila y Alexander, algunos amigos cercanos que había mantenido durante años, tal vez algunos familiares de Europa, si es que quedaba alguno con quien mantenía contacto. No hubo representantes del gobierno mexicano, no hubo figuras políticas, no hubo grandes actores o celebridades contemporáneas. No hubo reconocimientos oficiales de la Asociación de Actores. No hubo homenajes en teatros o estudios de cine.

Sasha Montenegro fue enterrada o cremada. Los reportes no fueron claros. En una ceremonia tan privada que casi nadie supo los detalles. Murió como había vivido sus últimos 20 años, en silencio fuera de los reflectores, sin el reconocimiento que tal vez merecía, pero también sin el juicio constante que la había perseguido durante 40 años. Los días siguientes a su muerte hubo algunos artículos retrospectivos en periódicos y sitios web cultural analizando su legado, pero fueron pocos y superficiales. La mayoría simplemente repetían los hechos básicos de su vida.

Refugiada Yugoslava llegó a México, se convirtió en actriz de ficheras. Tuvo 50 películas, se involucró con López Portillo, tuvo dos hijos, causó escándalo, cuidó al expresidente. Durante años batallas legales retiró muerte. Muy pocos artículos intentaron realmente analizar quién había sido Sasha Montenegro, más allá de los escándalos, qué significaba su historia, qué decía sobre México, sobre clase social, sobre género, sobre inmigración, sobre la industria del ODAL, entretenimiento sobre el poder y sus abusos. Y ahora déjame responder las siete preguntas que prometí al inicio, porque esta es la parte más importante de todo este documental.

Primera verdad, el pasaporte y la identidad. Sasha Montenegro nació Alexandra Achimovic Popovic en Italia de padres yugoslavos refugiados. Llegó a México en 1969, posiblemente huyendo de algo en Europa, posiblemente simplemente buscando oportunidades. Usó una confusión sobre ser una actriz argentina para abrirse puertas en la industria del cine mexicano y nunca corrigió completamente esa confusión inicial. creó el personaje Sasha Montenegro y vivió dentro de ese personaje durante 55 años hasta su muerte. Alexandra, la refugiada Yugoslava, quedó enterrada bajo Sasha, la estrella mexicana.

Segunda verdad del encuentro con López Portillo en Sevilla, 1984. No fue un romance de cuento de hadas, fue el encuentro de dos personas profundamente heridas. López Portillo, de 64 años, políticamente destruido, despreciado en México, con un matrimonio muerto, buscaba validación personal y escape. Sasha, de 38 años, exhausta de ser juzgada sola, sin familia, cercana en México, buscaba respeto, estabilidad y conexión emocional real. se encontraron en el momento correcto o incorrecto, dependiendo de cómo lo veas, y formaron una relación que fue genuina en sus emociones, pero que también tenía elementos transaccionales.

Él ofrecía seguridad económica y respeto. Ella ofrecía compañía y una nueva familia. No es romántico, pero es humano. Tercera verdad, los hijos fuera del matrimonio y el escándalo. Nabila nació en 1985. Alexander en 1987, cuando López Portillo todavía estaba casado con Carmen Romano, el escándalo fue brutal, especialmente para Sasha, porque encarnaba todos los prejuicios de clase, género y xenofobia de la sociedad mexicana. actriz de ficheras más extranjera, más rompehogares, fue una combinación explosiva. López Portillo, eventualmente se divorció de Carmen Romano en 1991 y se casó con Sasha civil y religiosamente legitimando la relación, pero el daño a la reputación de Sasha ya era permanente.

Cuarta verdad. El cuidado de López Portillo, incapacitado 1995 a 2004, López Portillo sufrió un infarto cerebral masivo en 1995, que lo dejó severamente incapacitado. Sasha lo cuidó durante 9 años hasta su muerte en 2004. Los hijos del primer matrimonio acusaron a Sasha de maltrato y negligencia. Esas acusaciones fueron investigadas legalmente y desestimadas por falta de evidencia suficiente, pero la familia López Portillo Romano nunca retiró las acusaciones moralmente y el daño a la reputación de Sasha fue enorme.

La verdad probablemente está en un punto medio. Sasha probablemente hizo lo mejor que pudo bajo circunstancias extremadamente difíciles, pero también probablemente tomó decisiones que beneficiaban a ella y sus hijos. a veces a expensas de la otra familia. Quinta verdad, la batalla legal por la herencia 2004 a 2005 después de la muerte de López Portillo. Las dos familias pelearon brutalmente por su patrimonio, especialmente por la propiedad, la colina del perro, valorada en decenas de millones de pesos.

La batalla duró más de un año. Involucró acusaciones de manipulación de un anciano incapacitado, cuestionamientos de la validez del segundo matrimonio, disputas sobre derechos de herencia. Finalmente se llegó a un acuerdo donde todos recibieron algo. Nadie recibió todo. Sasha mantuvo su estatus como viuda legal, recibió su porción de la herencia y comenzó a recibir una pensión presidencial de uno, 7 millones de pesos anuales. Sexta verdad. El retiro y la vida en Cuernavaca 2005 a 2022. Sasha vivió casi 20 años en retiro completo en Cuernavaca.

Dio pocas entrevistas. mantuvo un perfil bajísimo. Simplemente quería paz. Después de décadas de escándalo y juicio, sus hijos crecieron y establecieron vidas privadas. Sasha vivió de su herencia y de su pensión presidencial hasta 2022, cuando el gobierno de López Obrador canceló esa pensión como parte de políticas de austeridad. La cancelación generó debate nacional, pero Sasha respondió con dignidad, diciendo que podía vivir sin la pensión. Séptima verdad los últimos años y la muerte 2022 a 2024. Después de perder su pensión, Sasha ajustó su estilo de vida.

En 2023 fue diagnosticada con cáncer de pulmón avanzado. Recibió tratamiento, pero su salud se deterioró rápidamente. Murió el 14 de febrero de 2024 en su casa de Cuernavaca, rodeada de sus hijos. Tenía 78 años. Su funeral fue completamente privado, sin reconocimientos oficiales. Las reacciones a su muerte fueron polarizadas. Algunos la recordaron con cariño, otros fueron brutalmente crueles, incluso en la muerte. Fue enterrada o cremada en privado y su historia quedó como una de las más complejas y trágicas del México moderno.

La historia de Sasha Montenegro no es la historia de una villana ni de una heroína. Es la historia de una refugiada que llegó a México escapando de algo que encontró éxito en una industria brutal que fue adorada y despreciada. simultáneamente que tomó decisiones estratégicas para sobrevivir, algunas admirables, otras cuestionables, que se enamoró o al menos se involucró profundamente con el hombre equivocado en el momento equivocado y que pasó 40 años pagando. Un precio social desproporcionado por decisiones que fueron parcialmente suyas y parcialmente impuestas por una sociedad hipócrita que consumía su trabajo, pero la despreciaba por hacerlo.

Sasha fue muchas cosas. Fue Alexandra, la niña refugiada, fue Sasha la actriz, fue la amante del presidente, fue la esposa legal, fue la cuidadora, fue la viuda, fue la mujer cancelada por el gobierno, fue la paciente de cáncer, fue finalmente solo. Una mujer de 78 años muriendo en su casa lejos de los reflectores que la habían perseguido durante décadas. Su legado es complicado. Filmó más de 50 películas que entretuvieron a millones, pero que también la marcaron permanentemente con un estigma.

Tuvo dos hijos que llevan el apellido López y que tuvieron que crecer bajo la sombra de un escándalo nacional. Cuidó a un expresidente durante años de enfermedad brutal. independientemente de si lo hizo perfectamente o no, sobrevivió décadas de juicio público que habría destruido a personas menos resilientes. ¿Fue Sasha Montenegro una víctima? Parcialmente si fue víctima de una sociedad brutal machista, clasista y xenofóbica, fue una oportunista. Parcialmente, sí tomó decisiones estratégicas para beneficiarse de situaciones y relaciones.

Fue una superviviente. Absolutamente usó todas las herramientas que tenía para construirse una vida en un país extranjero, en una industria brutal, bajo circunstancias que habrían derrotado a muchas personas. La verdad es que Sasha Montenegro fue una persona humana compleja, contradictoria, capaz de bondad y de egoísmo de amor y de cálculo de sacrificio y de autopreservación como todos los seres humanos. Descansa en paz Sasha Montenegro, Alexandra Achimovic, Popovic, la refugiada que se convirtió en estrella, la estrella que se convirtió en escándalo, el escándalo que se convirtió simplemente en una mujer intentando vivir con dignidad hasta el final.