Dije, pues saben que yo no hago la película, pero esos cuerpos a mí no me doblan. O sea, eran demasiado exuberantes. El 14 de febrero de 2024, día de San Valentín, una mujer de 78 años sufrió un derrame cerebral en su casa de Cuernavaca, Morelos. No era una mujer cualquiera. Era la actriz más hermosa del cine mexicano de los 70. Era la vedet que hizo suspirar a millones. Era la mujer que se atrevió a mostrar su cuerpo cuando nadie lo hacía.
Era la extranjera que conquistó México con una mentira y era la mujer que se enamoró de un presidente y pagó el precio por 20 años. Su nombre real, Alexandra Achimovic Popovic. Pero todo México la conoció como Sasha Montenegro y su muerte cerró un capítulo que comenzó con un error, explotó con un escándalo y terminó con una batalla legal. Como una joven de 23 años que nunca había actuado se convirtió en la reina del cine de ficheras. Como una mentira inocente la llevó a la fama.
¿Por qué un presidente de México dejó todo por ella? ¿Y qué pasó cuando él murió y su familia le declaró la guerra? Hoy vas a saber cuatro cosas que nadie ha contado juntas. Cuatro cosas que van a cambiar como ves a Sasha Montenegro para siempre. Primera, la mentira que la llevó al cine mexicano. Sasha nunca fue actriz argentina, fue un error de identidad. La confundieron con alguien más y ella no los corrigió, solo sonrió, aceptó el papel y cambió su vida para siempre.
Segunda, el desnudo de 30 segundos en Bellas de noche que escandalizó a todo México. Ella estuvo a punto de rechazar el papel, pero lo aceptó y esa decisión la convirtió en el sueño imposible de millones de hombres y en la mujer más criticada por millones de mujeres. Tercera, el romance prohibido con José López Portillo. Ella tenía 38 años, él tenía 62. Estaba casado con la primera dama, tenía tres hijos y ella quedó embarazada dos veces antes del divorcio.
El escándalo más grande en la historia presidencial de México. Cuarta. La batalla legal que comenzó cuando él enfermó y explotó cuando él murió. Lo acusaron de maltratarlo, de golpearlo, de aprovecharse de un anciano enfermo. Su familia inició un juicio de divorcio. Querían quitarle todo, pero ella ganó y se quedó como la legítima viuda del presidente. Te voy a avisar cuando llegue cada una de estas revelaciones, pero primero necesitas entender algo fundamental sobre Sasha Montenegro.
Sasha Montenegro nació con otro nombre, en otro país para otra vida. Una vida que la Segunda Guerra Mundial destruyó antes de que ella siquiera naciera. 20 de enero de 1946, Bari, Italia. Nace Alexandra Achimovic Popovic, hija única de un matrimonio de inmigrantes yugoslavos, Siboyin, Achimovic y Silvia Popovic, familia aristocrática de Montenegro, pero no cualquier familia aristocrática. Una familia que había sido asesinada en un campo de concentración nazi durante la guerra. Su padre Zibojin era un hombre misterioso.
Trabajó para el servicio de inteligencia británico durante la Segunda Guerra Mundial. Era espía, una gente que se movía entre países, obteniendo información, arriesgando su vida. Y por eso Sasha nació en Bari, no porque su familia fuera italiana, sino porque su padre tenía una misión ahí, porque era espía, porque su vida nunca fue normal. Meses después de que nació Sasha, la familia se mudó a Argentina y fue ahí en Argentina, donde murió Siboyin Achimovic, el padre espía, el hombre de inteligencia británica, el sobreviviente de una familia asesinada por los nazis.
Sasha quedó sin padre. Su madre, Silvia, quedó viuda en un país extranjero con una bebé, sin familia, sin dinero, sola. Pero Silvia era fuerte y poco tiempo después se casó con un rico empresario argentino, un hombre que les dio estabilidad, que les dio una vida, que les dio un hogar. La familia se estableció en Mendoza, Argentina. Ahí nacieron los hermanos de Sasha, Andrea Silvia y Claudio Ricardo. Ahí Sasha estudió ballet, ahí creció, ahí se formó. Luego se mudaron a Buenos Aires, la capital, y fue ahí donde Sasha comenzó a estudiar periodismo.
Tenía el sueño de ser periodista, de escribir, de contar historias, de informar. Pero Argentina en los años 60 no era un país fácil, era un país en dictadura, un país donde las protestas eran reprimidas, un país donde los estudiantes eran detenidos arbitrariamente. 1969, Argentina estaba bajo la dictadura del general Juan Carlos Songanía, un régimen autoritario respaldado por Estados Unidos. Un régimen que abolió los partidos políticos, que reprimió las libertades, que persiguió a los opositores y comenzaron las puebladas, el cordobazo, el rosariazo.
Protestas masivas en diferentes ciudades, estudiantes en las calles, trabajadores en huelga, el pueblo exigiendo cambio. Sasha estaba ahí entre los estudiantes protestando, exigiendo derechos, exigiendo libertad. y fue detenida junto con otros estudiantes arbitrariamente sin cargos, sin juicio, solo por estar ahí, solo por protestar. Fue una experiencia traumática. Fue el momento en que se dio cuenta. Argentina no era segura. Argentina no era su lugar. Tenía que irse. Y entonces llegó una invitación. Un matrimonio argentino amigo de la familia la invitó a viajar a México, a conocer el país, a pasar unas vacaciones, a alejarse del caos político de Argentina.
Sasha aceptó. Tenía 23 años. Era joven, era hermosa, era aventurera y necesitaba un respiro. 1969, Sasha Montenegro llegó a México y nunca regresó a Argentina. Aquí viene lo primero que te prometí. Sasha llegó a México como turista. Iba de paso. Su plan era ir a Nueva York después, conseguir trabajo, comenzar una nueva vida lejos de la dictadura argentina. Pero el matrimonio que la había invitado tenía conexiones en el mundo del espectáculo y un día la llevaron a comer a los estudios Churubusco.
Los estudios Churubusco, el corazón del cine mexicano, donde se filmaban las películas más importantes, donde trabajaban las estrellas más grandes. Y durante esa comida algo extraño pasó. Alguien la vio y pensó que la conocía y le dijo a otros, “Miren, es la famosa actriz argentina.” La famosa actriz argentina. Pero Sasha no era actriz, nunca había actuado. Estudiaba periodismo, había hecho ballet de niña, pero actuar nunca. Sin embargo, en ese momento, Sasha tomó una decisión que cambiaría su vida para siempre.
No los corrigió, no les dijo, “Disculpen, yo no soy actriz. simplemente sonríó, saludó, actuó el papel y entonces le ofrecieron un trabajo, una película, Un sueño de amor, producida por Rubén Galindo con José José y Verónica Castro. Sasha pensó, “Voy a necesitar dinero para llegar a Nueva York. Esto me puede ayudar.” y aceptó sin experiencia, sin entrenamiento, sin saber qué estaba haciendo y tomó el nombre artístico que la definiría para siempre, Sasha Montenegro, honrando las raíces maternas de la península balcánica Alexandra Achimovic.
Popovic dejó de existir y nació Sasha Montenegro, la actriz que nunca había actuado, la estrella construida sobre una mentira inocente. Un sueño de amor se estrenó en 1972. Sasha interpretó a Graciela, una joven que muere frente a los ojos de su amado David, interpretado por José José. No era el papel principal, pero la notaron. Notaron su belleza, notaron su presencia, notaron algo especial en esa joven argentina que decían era actriz famosa y comenzaron a lloverle ofertas, más películas, más papeles, más oportunidades.
Sasha se quedó en México, olvidó Nueva York, olvidó el periodismo, se convirtió en actriz de verdad. Trabajó en fotonovelas, fue modelo de pósteres, apareció en chicas, fotoserie, novelas de amor. Su rostro estaba en todos lados y entonces llegó el cine de luchadores, las películas del Santo, esas producciones tan mexicanas, tan únicas, tan extrañas para una extranjera, pero Sasha las hizo. Santo contra los asesinos de otros mundos. 1973. Santo contra la magia negra. 1973, donde interpretó a una cruel sacerdotisa de amplios escotes, Santo y Blue Demon contra el Dr.
Frankenstein, 1974. Era la belleza extranjera, la italiana misteriosa, la Argentina sofisticada. México la adoraba, pero lo que realmente la convertiría en leyenda estaba por llegar y llegaría con un guion que ella estuvo a punto de rechazar, con una película que escandalizaría a todo México, con un desnudo que la convertiría en el sueño imposible de millones. 1974 le ofrecieron el papel principal en una nueva película, Bellas de noche, también conocida como Las ficheras. Era una adaptación de una obra de teatro de Francisco Cabazos, la historia de un grupo de mujeres que trabajan en un cabaret llamado El Pirulí.
Ficheras, bedets, mujeres de la noche. La censura gubernamental había impedido que se llamara las ficheras. como la obra original. Así que el guionista Víctor Manuel Castro tomó el título de una película de Luis Buñuel, Bell de Jure, Bella de Día. Le cambió número y horario y quedó Bellas de noche. El director era Miguel M. Delgado. El elenco incluía a Jorge Rivero, Carmen Salinas, Leticia Perdigón, Rosa Carmina, Rafael Inclán, los mejores del momento, y querían a Sasha para el papel principal.
Carmen, una fichera que se mantiene pura en espíritu a pesar de trabajar en un cabaret, una mujer orillada al vicio por una madre enferma y falta de estudios. Sasha leyó el guion y se dio cuenta de algo. Había desnudos, escenas eróticas, algo que nunca se había visto en el cine mexicano de esa época, algo que podría destruir su carrera o catapultarla. Aquí viene lo segundo que te prometí. Sasha estuvo a punto de rechazar Bellas de noche. Casi dice que no, casi se aleja del proyecto.
¿Por qué? Porque el guion exigía desnudos explícitos, 30 segundos de desnudo, 30 segundos que en 1974 eran una eternidad, 30 segundos que en el México conservador de esa época eran un escándalo. Sasha lo pensó, lo meditó, habló con el director, con el productor Guillermo Calderón y le prometieron profesionalismo. Le prometieron que durante las escenas de desnudo solo estaría el camarógrafo, el fotógrafo, el director, el actor necesario y la señora de vestuario que inmediatamente la cubriría. No set lleno de gente, no mirones, no falta de respeto, profesionalismo.
Sasha aceptó y esa decisión cambió el cine mexicano para siempre. Bellas de noche se estrenó en 1975 y fue una bomba, un fenómeno cultural, un escándalo nacional. Cuatro salas cinematográficas de la Ciudad de México la proyectaron durante 26 semanas seguidas. 26 semanas, más de 6 meses. Las filas para comprar boletos daban la vuelta a la manzana. La gente estaba escandalizada y fascinada, horrorizados y excitados. Criticaban la película públicamente y corrían a verla en secreto, la doble moral mexicana en todo su esplendor.
Y Sasha Montenegro se convirtió en la mujer más deseada de México, en el sueño imposible, en la fantasía de millones de hombres y en la mujer más criticada por millones de mujeres. ¿Cómo puede mostrar su cuerpo así? ¿Qué clase de mujer hace eso? ¿Es una desvergonzada? ¿Es una cualquiera? Pero los hombres decían otra cosa. Es la mujer más hermosa que he visto. Es perfecta. Es un ángel. Sasha se convirtió en diosa y en demonio, dependiendo de quién preguntaras.
Años después, en una entrevista con Gustavo Adolfo Infante, el periodista la llamó El sueño erótico de todo el país. Sasha lo corrigió inmediatamente. Sueño imposible. Accesible. Nunca fui sueño imposible. Eso era una mujer que podías ver en la pantalla, pero nunca tocar, nunca alcanzar, nunca tener. Y bellas de noche. No fue solo un éxito comercial, fue el inicio de un subgénero completo, el cine de ficheras, películas de bajo presupuesto con humor sexual, albures, mujeres hermosas en poca ropa y hombres no agraciados físicamente como conquistadores.
Durante toda la década de los 70 y 80, el cine de ficheras dominó México y Sasha Montenegro era su reina indiscutible. Las ficheras Bellas de Noche Segundo en 1977, otra vez con Jorge Rivero y Carmen Salinas, otra vez llenando salas, la pulquería, las modelos de desnudos, Huele a gas, donde compartió escena con Alfonso Sayas y Rafael Inclán, los reyes del género, Blanca Nieves y sus siete amantes. Un título provocador que en realidad era sobre náufragos que se van matando entre sí.
Pedro Navaja, basada en la canción de Rubén Blades. Un papel más serio, más dramático. El secuestro de Camarena. Otra película seria mostrando su versatilidad como actriz. La vida difícil de una mujer fácil, Violeta. Noches de cabaret. Película tras película, éxito tras éxito. Sasha Montenegro se volvió millonaria, famosa, adorada, pero también pagó un precio. El estigma, la etiqueta, actriz de ficheras, BDT, como si eso fuera lo único que era, como si eso definiera todo lo que hizo. Años después, en una entrevista con Ricardo Rocha, Sasha fue honesta sobre el cine de ficheras.
Yo no estoy de acuerdo con ellas, a pesar de que me dieron el éxito y la fama. Yo estoy en esta profesión porque es mi negocio. Hace cinco o 6 años me pareció divertido porque me dio dinero, fama y mil cosas, pero llega un momento en que ya no quiero hacer más esto. No estaba orgullosa, pero lo hizo porque pagaba bien, porque le dio fama, porque abrió puertas. Pero también reconoció algo más, algo que pocos admitían. Este tipo de películas encerraban cierta violencia para las mujeres.
Violencia porque las sexualizaban, porque las reducían a objetos, porque las definían solo por sus cuerpos. Pero Sasha siguió porque necesitaba el dinero, porque era su trabajo, porque así funcionaba la industria y mientras filmaba película tras película, mientras se convertía en leyenda del cine mexicano, mientras llenaba salas y quebraba taquillas. Su vida personal se mantuvo privada, discreta, alejada de los reflectores. Según ella misma contó, solo había tenido tres novios. Tres relaciones serias. Ninguna prosperó. Los hombres no sabían cómo manejar estar con una artista famosa, con una mujer que todos deseaban, con alguien en la pantalla y en los sueños de millones.
Era inseguridad masculina, era celos, era miedo. Y Sasha terminó sola, exitosa, rica, famosa, pero sola. hasta 1984, hasta que viajó a España, hasta que un hombre gritó su nombre en las calles de Sevilla. Y ese hombre cambiaría su vida para siempre, para bien y para mal. Aquí viene lo tercero que te prometí. 1984. Sasha Montenegro tenía 38 años. Estaba en la cima de su carrera. Era la reina del cine de ficheras. Era millonaria. Era famosa en toda Latinoamérica y estaba de gira con la obra de teatro Nunca en domingo.
Una comedia musical haciendo temporada en España. Era Semana Santa. Decidieron hacer una pausa en la gira y Sasha decidió viajar sola a Sevilla a ver las procesiones, a disfrutar la ciudad, a descansar. Y entonces, caminando por las calles de Sevilla, entre las multitudes, entre las procesiones religiosas, alguien gritó, “¡Sasha!” Ella volteó y vio a un hombre mayor, distinguido, con presencia, con elegancia. Era José López Portillo, expresidente de México. “¿Qué hace usted?”, le preguntó él. “No, ¿qué hace usted aquí, señor?”, respondió ella.
López Portillo había dejado la presidencia 2 años antes, en 1982. Tenía 62 años. Había sido presidente durante 6 años. 1976-1982. Era abogado, escritor, economista, un hombre de cultura y estaba casado con Carmen Romano, la primera dama, madre de sus tres hijos, José Ramón, Carmen Beatriz y Paulina. Pero cuando vio a Sasha Montenegro en Sevilla, algo pasó. la invitó a comer. Ella aceptó y durante esa semana que Sasha estuvo en Sevilla salieron varias veces. Sasha lo describió años después.
Yo no creo que eso haya sido amor a primera vista. Lo que pasa es que el señor era impactante. No era un hombre que dijeras guapo, pero era un señorón con mucha presencia, con una gran personalidad, obviamente con una gran cultura. Era un hombre encantador, 62 años, 24 años mayor que ella. Casado con tres hijos adultos, expresidente de México y Sasha, una actriz de cine de ficheras, una extranjera, una mujer que había mostrado su cuerpo en pantalla.
La combinación era explosiva, imposible, escandalosa, pero a ninguno de los dos le importó. Terminó la gira de Sasha en España y se volvieron a ver en Roma, Italia. Sasha lo contó así. La realidad es que no lo pensé. Me sentía muy bien con él. Era agradable estar con alguien con quien podías hablar, compartir ideas, alguien que además tiene su nivel intelectual. No era solo atracción física, era conexión mental, era conversación, era alguien que la trataba con respeto, que la veía como persona, no como objeto sexual, no como la fichera, como Sasha, como Alexandra.
y comenzaron una relación a escondidas en secreto mientras él seguía casado con Carmen Romano. Un año después, 1985, Sasha quedó embarazada por accidente, según ella misma admitió. Y ahí comenzó el verdadero escándalo, porque no podían esconderlo, no podían mantenerlo en secreto. Un embarazo se nota y todo México iban a enterarse. En enero de 1985 nació Návila, la hija de Sasha Montenegro y José López Portillo, y él seguía casado con Carmen Romano. El escándalo fue nacional, internacional, en todos los periódicos, en todas las conversaciones, en todas las casas de México.
El expresidente tiene una hija con la actriz de ficheras. ¿Cómo es posible? ¿Y Carmen Romano? ¿Y sus hijos? ¡Qué vergüenza! Sasha lo resumió perfectamente. En México, el ser presidente de la República era ser un rey, pero un rey por 6 años porque después lo decapitaban. A mí me tocó cuando López Portillo ya estaba decapitado y me tocaron los ladridos y esta parte desagradable de la vida de un personaje así. Los ladridos. Eso fue la gente atacándola, criticándola, señalándola, culpándola.
Es una rompehogares. Es una cualquiera que se acostó con el presidente. Solo quiere su dinero. Es una aprovechada. Y la familia de López Portillo también la atacó, especialmente su hermana Margarita. Margarita López Portillo, quien había dirigido radio, televisión y cinematografía durante el sexenio. Sasha lo contó años después. Fue una relación muy difícil porque siempre estuvo esta familia en contra. Margarita ha sido una mujer que siempre estuvo en contra de todas las mujeres que se acercaran a su hermano.
Margarita era la guardiana, la protectora, la que decidía quién era digna de su hermano. Y Sasha, la actriz de ficheras, definitivamente no lo era. La presión fue tanta que Sasha y López Portillo se separaron por un tiempo, meses, tratando de calmar el escándalo, tratando de proteger a la bebé Navila, pero no pudieron mantenerse alejados y regresaron. 1987 nació Alexander, su segundo hijo, y López Portillo seguía casado con Carmen Romano, dos hijos fuera del matrimonio, con la actriz de ficheras más famosa de México, mientras seguía casado con la mujer que había sido primera dama, el escándalo no paraba, crecía, se alimentaba, se multiplicaba.
Pero López Portillo finalmente tomó una decisión. 1991 se divorció de Carmen Romano después de más de 40 años de matrimonio. Después de tres hijos juntos, después de haber sido primera dama durante 6 años, Carmen aceptó el divorcio. Según el libro La suerte de la consorte de Sara Seevchovic, el matrimonio entre López Portillo y Carmen Romano ya era una fachada desde mediados de los 70. Se mantenían juntos por apariencias, por política, por la imagen. Pero cuando terminó la presidencia ya no había razón para seguir fingiendo.
Carmen se divorció y López Portillo quedó libre, libre para estar con Sasha legalmente, abiertamente. Ese mismo año, 1991, se casaron por lo civil. Él tenía 71 años. Ella tenía 45, 26 años de diferencia. dos hijos, 6 años de relación a escondidas. Finalmente podían estar juntos sin esconderse, sin mentiras, sin escándalos. O eso pensaron. 4 años después, en 1995, decidieron hacer una ceremonia religiosa, una boda por la iglesia con sus dos hijos presentes. Nabila de 10 años, Alexander de 8.
Era el momento más feliz de la vida de Sasha. Después de tantos años de críticas, de señalamientos, de escándalos, finalmente estaba casada con el hombre que amaba con una ceremonia religiosa bendecida por Dios con sus hijos ahí felices. Sasha lo recordó como uno de los momentos más emotivos de su vida, pero esa felicidad duró muy poco porque ese mismo año, 1995, José López Portillo sufrió un infarto cerebral. Tenía 75 años. Su salud se deterioró de manera vertiginosa.
Quedó debilitado. Necesitó cuidados constantes, atención médica permanente y Sasha se convirtió en su cuidadora durante años, cuidándolo, atendiéndolo, viviendo para él. Mientras tanto, los hijos de Carmen Romano observaban José Ramón, Carmen Beatriz y Paulina, los hijos del primer matrimonio, los legítimos, los de siempre. Y comenzaron los rumores, los señalamientos, las acusaciones. Sasha lo maltrata, lo tiene secuestrado, solo quiere su dinero, lo está matando. Y en 2004, cuando López Portillo tenía 84 años, cuando su salud estaba destruida, cuando apenas podía moverse, su familia inició un juicio de divorcio contra Sasha Montenegro.
Aquí viene lo cuarto que te prometí. 2004. José López Portillo llevaba 9 años enfermo, 9 años deteriorándose, 9 años bajo el cuidado de Sasha y sus hijos del primer matrimonio decidieron actuar. José Ramón, Carmen Beatriz y Paulina López Portillo, hijos de Carmen Romano, presentaron una demanda de divorcio en nombre de su padre. Las acusaciones eran devastadoras. Decían que Sasha maltrataba a López Portillo, que lo golpeaba, que abusaba de un anciano enfermo, que lo tenía aislado, que no dejaba que su familia lo viera.
La presión mediática fue brutal. Todo México hablaba del caso. La vedet maltrata al expresidente, lo golpea. Es cierto. Sasha negó todo. Dio entrevistas, se defendió. explicó que ella había cuidado a López Portillo durante años, que lo amaba, que jamás lo lastimaría. Pero años después, en la entrevista con En compañía de Sasha reveló la verdad sobre ese juicio. No era sobre maltrato, era sobre dinero, era sobre propiedades, era sobre herencias, específicamente era sobre la colina del perro. La colina del perro era una mansión que López Portillo había construido en 1982 en Cuajimalpa.
Su residencia personal, su refugio, su hogar. Y López Portillo se la había donado a Sasha en vida cuando todavía estaba lúcido, cuando todavía podía tomar decisiones. Se la dio como regalo, como muestra de amor, como seguridad para ella y sus hijos. Pero los hijos de Carmen Romano querían esa propiedad, querían recuperarla y pensaron que la forma de hacerlo era divorciando a su padre de Sasha. Si lograban el divorcio, la donación podría ser anulada y ellos heredarían la colina del perro.
El juicio avanzó. presentaron pruebas, testimonios, acusaciones, pero Sasha luchó, contrató abogados, presentó su defensa, demostró que las acusaciones eran falsas y ganó. Perdió dos instancias, pero ganó el último juicio a nivel federal. Los magistrados federales determinaron que no había causa para divorciarlo, que las acusaciones eran infundadas, que Sasha seguía siendo su legítima esposa. Fue una victoria legal, pero fue una derrota familiar porque la batalla había roto cualquier posibilidad de reconciliación entre Sasha y los hijos de Carmen Romano.
Y entonces el 17 de febrero de 2004, José López Portillo murió a los 83 años después de 9 años de enfermedad, después de 13 años de matrimonio con Sasha y Sasha quedó como su legítima viuda legalmente, judicialmente, a pesar de todo, pero murió lejos de ella, rodeado de sus hijos del primer matrimonio, no con Sasha, no con Nabila y Alexander, la familia lo había alejado en sus últimos días y Sasha no pudo despedirse como hubiera querido. Años después, Sasha dijo algo revelador.
Más allá de la colina del perro fue todo lo que mi esposo me dejó cuando aún estaba vivo, como una donación. El juicio de divorcio que la familia orquestó fue con la intención de quitarme ese bien inmueble. Eso era todo, una propiedad. Eso fue lo que causó la guerra. familiar, una mansión. Y después de la muerte de López Portillo, la colina del perro se fraccionó. Se dividió entre los cinco hijos. Nabila y Alexander, hijos de Sasha, recibieron su parte.
José Ramón, Carmen Beatriz y Paulina, hijos de Carmen Romano, recibieron la suya. En 2013, la parte de Navila y Alexander se vendió a un fideicomiso bancario que construyó una torre de departamentos. En 2015, la otra parte se vendió y se construyó un fraccionamiento llamado La Toscana. 50 casas de lujo, algunas con alberca. Cada una cuesta hoy unos 129 millones de pesos. La colina del perro ya no existe. Fue destruida, dividida, vendida como la familia, como el amor, como todo.
Pero Sasha tuvo otro beneficio de ser viuda de López Portillo, uno que causaría controversia después. Como viuda de un expresidente de México, Sasha Montenegro recibía una pensión vitalicia, 50% del sueldo de un secretario de Estado, 1,688,736 pesos al año, cada año, desde 2004 hasta 2022, Sasha había recibido aproximadamente 28,708,512 pesos. Pero en julio de 2022, el presidente Andrés Manuel López Obrador mencionó su nombre en la conferencia mañanera y anunció que se cancelaban las pensiones a expresidentes y sus viudas.
El nombre de Sasha Montenegro salió en las noticias nuevamente. Después de años de vivir en privado, después de años alejada de los reflectores, la gente se indignó. Sasha Montenegro recibe 1,688,000 pesos al año. ¿Por qué? Es un robo. Es un abuso. Como si ella hubiera pedido la pensión, como si ella hubiera creado la ley, como si fuera su culpa. Era la ley. Era lo que correspondía a las viudas de expresidentes. Pero a la gente no le importó.
Querían un culpable. Y Sasha era fácil de señalar. La actriz de ficheras, la extranjera, la que se casó con el presidente, la que supuestamente solo quería dinero. Los mismos señalamientos de siempre, los mismos ataques. 40 años después y Sasha a los 76 años tuvo que soportarlo nuevamente las críticas, los insultos, el odio, pero no dio entrevistas, no se defendió, simplemente siguió su vida en silencio, con dignidad, porque después de la muerte de López Portillo en 2004, Sasha Montenegro había tomado una decisión.
Se retiraría del espectáculo, dejaría la vida pública, se dedicaría a sus hijos y a sus negocios. 2005. Sasha Montenegro hizo su última aparición pública importante. Develó sus huellas de manos en galerías, La Plaza de las Estrellas. Un homenaje, un reconocimiento, un cierre. Su última película había sido El final del silencio en 2006. Su última telenovela, Las vías del amor, en 2002. Ya no quería actuar, ya no quería cámaras, ya no quería reflectores, quería paz, quería privacidad, quería vivir.
Se dedicó a los bienes raíces, se convirtió en empresaria, administró propiedades, hizo inversiones y se dedicó a sus hijos Nabila y Alexander. Los protegió, los mantuvo alejados de los medios, les dio una vida normal. Nabila se convirtió en artista plástica. hizo exhibiciones de sus obras en galerías nacionales. Tiene talento, tiene nombre propio, no solo es la hija de Alexander. Se dedicó a administrar los negocios de su madre, a cuidarla, a protegerla, ambos discretos, ambos alejados del escándalo, como su madre quiso.
Tasha vivió sus últimos años en Cuernavaca, Morelos, en una casa tranquila, lejos de la Ciudad de México, lejos del ruido, lejos de todo. Viajó con sus hijos, disfrutó de ser abuela, aunque se desconoce si Nabila Alexander tienen hijos. Vivió en paz hasta 2024, hasta que el cáncer llegó. Cáncer de pulmón, agresivo, devastador. Sasha luchó. recibió tratamientos, visitó hospitales, pero el cáncer era muy fuerte. Y el 14 de febrero de 2024, día de San Valentín, Sasha Montenegro sufrió un derrame cerebral en su casa de Cuernavaca.
Su hija Nabila confirmó la muerte a los 78 años por derrame cerebral causado por cáncer de pulmón. La Asociación Nacional de Inérpretes, Andy, publicó un mensaje. A sus familiares y amigos les mandamos nuestras más sentidas condolencias de parte del Consejo Directivo y Comité de Vigilancia de la ANDI y todo México reaccionó. Las redes sociales se llenaron de mensajes, homenajes, recuerdos. Descanse en paz la mujer que definió mis sentimientos nocturnos. Sasha Montenegro fue el sueño imposible de toda una generación.
La reina del cine de ficheras, única e inigualable. Pero también hubo críticas, como siempre. La amante del presidente, la que destruyó un matrimonio, la que recibió millones de pensión. Ni en la muerte la dejaron en paz. Pero, ¿quién fue realmente Sasha Montenegro? No fue la santa que algunos quieren pintar, pero tampoco fue el demonio que otros describen. Fue una mujer. Una mujer que llegó a México por accidente, que se quedó por una mentira, que se convirtió en estrella por belleza y carisma, que mostró su cuerpo cuando nadie se atrevía, que se enamoró de un hombre
que no debía, que tuvo hijos fuera del matrimonio, que soportó el escándalo con dignidad, que cuidó a su esposo enfermo durante años, que luchó por lo que era suyo, que ganó, que perdió, que vivió, fue humana. con virtudes y defectos, con decisiones correctas y errores, con amor y dolor, con triunfos y derrotas. Y su historia nos deja lecciones sobre el valor de atreverse, sobre el precio de la fama, sobre el costo del amor prohibido, sobre la crueldad del juicio público.
Porque Sasha Montenegro fue juzgada toda su vida por ser actriz de ficheras, por ser extranjera, por mostrar su cuerpo, por enamorarse de un presidente casado, por tener hijos fuera del matrimonio, por recibir una pensión. La juzgaron sin conocerla, sin saber su historia, sin entender sus razones. Como juzgamos a tantas mujeres por decisiones que no entendemos, por vidas que no vivimos, por caminos que no recorremos. Y hay algo que debemos reconocer. Sasha Montenegro fue valiente en una época donde las mujeres no podían mostrarse.
Ella lo hizo. En una época donde el divorcio era escandaloso, ella se casó con un hombre divorciado. En una época donde tener hijos fuera del matrimonio era vergonzoso. Ella los tuvo y los crió con orgullo. Rompió reglas, desafió normas, vivió como quiso y pagó el precio. durante 40 años con críticas, con señalamientos, con odio. Pero también recibió amor de sus fans, de su esposo, de sus hijos. Y al final eso es lo que importa, no lo que dijeron, sino cómo vivió.
No el escándalo, sino el amor. Sasha Montenegro murió el día de San Valentín, el día del amor. Y tal vez eso es poético, porque su vida fue definida por el amor. Un amor prohibido, un amor escandaloso, un amor que desafíó todo, pero amor al fin. Si esta historia te tocó, suscríbete, dale like para que llegue a más personas, compártelo con alguien que necesite conocerla y déjame un comentario. Cuéntame qué piensas. Sasha fue víctima o villana. El amor con López Portillo fue real o interesado.
Merecía la pensión presidencial porque esta historia genera opiniones fuertes, divididas, como la misma Sasha Montenegro. La próxima semana viene otra historia igual de impactante, otra figura del cine mexicano, otro escándalo, otra lección, no te la pierdas, nos vemos. Pero antes de irme, ¿hay algo más que necesitas saber sobre Sasha Montenegro? Algo que explica quién era realmente detrás del personaje, detrás de la vedet, detrás del escándalo. Porque Sasha no era solo la mujer hermosa en la pantalla, no era solo la amante del presidente, no era solo la actriz de ficheras, era una sobreviviente de una familia
asesinada por los nazis, de un padre espía muerto cuando ella era bebé, de una dictadura que la detuvo arbitrariamente, de un país que la juzgó sin conocerla, de un escándalo que duró décadas y sobrevivió con dignidad, con fuerza, con gracia. Pero hay detalles de su vida que muy pocos conocen. Detalles que completan el cuadro, que humanizan a la diosa, que muestran a la mujer. Como el hecho de que Sasha hablaba cuatro idiomas: italiano, español, inglés y servo croata, el idioma de sus padres yugoslavos, era culta, educada, inteligente o el hecho de que durante años condujo el certamen Miss México junto a Raúl Velasco.
No solo era actriz, también era conductora, presentadora, personalidad de televisión o que hizo telenovelas, Las vías del amor con Aracel y Arámbula, Lo imperdonable, una mujer marcada, Rina, Ana del Aire, mostrando que podía actuar más allá del cine de ficheras o que obtuvo la nacionalidad mexicana en 1989, 20 años después de llegar, 20 años de amar a México. de trabajar en México, de vivir en México. Se sentía mexicana, lo dijo en múltiples entrevistas. México me dio todo.
Mi carrera, mi fama, mi familia, mi vida. Italia fue su cuna, Argentina fue su infancia, pero México fue su hogar para siempre. Y hay algo más que pocos saben, algo sobre su relación con López Portillo, que va más allá del escándalo, porque la gente ve el escándalo, ve la diferencia de edad, ve que él estaba casado, ve los hijos fuera del matrimonio, ve la pensión millonaria, pero no ven el amor, el amor real, el amor profundo, el amor que duró 20 años.
Sasha lo explicó en esa entrevista con Gustavo Adolfo Infante. Era agradable estar con alguien con quien podías hablar, compartir ideas, alguien que además tiene su nivel intelectual. No era solo atracción física, no era solo dinero, no era solo poder, era conexión, era conversación, era respeto mutuo. López Portillo era escritor, había publicado libros, novelas, ensayos. era un intelectual, un hombre de letras. Y Sasha, que había estudiado periodismo, que amaba la lectura, que era culta, encontró en él un compañero intelectual.
Hablaban de literatura, de política, de historia, de arte, de filosofía. No eran solo amantes, eran amigos, eran compañeros, eran almas gemelas. Y cuando López Portillo enfermó, Sasha no lo abandonó. Habría sido fácil. Él estaba viejo, estaba enfermo, estaba acabado. Ella era joven todavía. Tenía 49 años cuando él sufrió el infarto cerebral. Podría haberse ido, podría haber rehecho su vida, podría haber encontrado a alguien más, pero se quedó 9 años cuidándolo, atendiéndolo, amándolo, hasta que su familia la alejó en los últimos días, hasta que murió sin ella a su lado.
Eso no es de una mujer que solo quería dinero, eso es de una mujer que amaba de verdad. Y también hay que hablar de algo que Sasha enfrentó y que pocas mujeres de su época enfrentaron públicamente, el envejecimiento en una industria que idolatra la juventud. Sasha Montenegro fue la mujer más deseada de México en los 70. El símbolo sexual, la fantasía de millones, la mujer perfecta. Pero el tiempo pasa y las mujeres envejecen y la industria del espectáculo es cruel con las mujeres que envejecen.
Los papeles se acaban, las ofertas disminuyen, las cámaras ya no te buscan y Sasha lo vivió. A mediados de los 80, cuando tenía cerca de 40 años, las ofertas de cine de ficheras seguían llegando, pero ella no quería hacerlas. Llega un momento en que ya no quiero hacer más esto, dijo en esa entrevista con Ricardo Rocha en los 80. Quería papeles serios, quería ser actriz de verdad, quería trascender el estereotipo, pero la industria no se lo permitió porque la habían etiquetado, porque era la fichera, porque su belleza era su maldición.
y entonces conoció a López Portillo y eso le dio una salida, una razón para retirarse sin que pareciera que la industria la había retirado. Se convirtió en la esposa del presidente. Ya no era la fichera, era la primera dama, no oficial. Y después, cuando López Portillo murió, se convirtió en la viuda del presidente, siempre definida en relación a los hombres, nunca como Sasha Montenegro. actriz o Sasha Montenegro, mujer, o Alexandra Achimovic Popovic, la sobreviviente, siempre en relación a otro, como si su valor dependiera de su relación con los hombres en su vida.
Esa es la historia de tantas mujeres en el espectáculo y fuera de él, definidas por los hombres, juzgadas por los hombres, valoradas o desvalorizadas según los hombres con quienes se relacionan. Y Sasha vivió eso toda su vida desde que llegó a México con 23 años hasta que murió con 78. Pero hay algo que quiero que entiendas sobre el cine de ficheras, algo que Sasha misma reconoció, pero que la sociedad no quiere admitir. Ese cine era violento para las mujeres.
Sasha lo dijo. Este tipo de películas encerraban cierta violencia para las mujeres porque las reducían a objetos sexuales, porque sus personajes no tenían profundidad, porque el chiste siempre era sobre sus cuerpos, porque los hombres feos las conquistaban como si fueran trofeos, porque el albur constante las degradaba. Y Sasha participó. ¿Por qué? porque necesitaba trabajar, porque pagaban bien, porque era lo que había, pero no estaba orgullosa. Y años después fue honesta sobre eso. Y esa honestidad es valiosa porque muchas actrices de esa época romantizan ese cine, lo defienden, dicen que era arte, que era diversión inocente.
Pero Sasha fue real, fue honesta, reconoció que había violencia implícita, que había sexismo, que había machismo y aún así lo hizo porque esas eran sus opciones, porque así funcionaba la industria, porque necesitaba sobrevivir. Y eso no la hace menos, la hace humana, la hace real, la hace digna de respeto. También quiero hablarte de algo que pasó en los últimos años de su vida, algo que muestra como el estigma nunca se fue, cómo la siguió hasta el final, cuando en 2022 López Obrador mencionó su nombre en la mañanera cuando reveló que recibía casi 1.7 millones de pesos al año.
Cuando todo México se indignó, Sasha tenía 76 años. Estaba enferma de cáncer, estaba retirada. Estaba viviendo en paz en Cuernavaca y de repente su nombre estaba en todos los noticieros, en todas las redes sociales, en todas las conversaciones. Sasha Montenegro recibe millones por no hacer nada. Es un robo. ¿Cómo es posible? La fichera viviendo del herario. La fichera. Ahí estaba nuevamente la etiqueta, el insulto, la reducción. 40 años después de Bellas de noche, 40 años después de mostrar su cuerpo en pantalla, seguía siendo la fichera.
No importaba que hubiera hecho más de 50 películas, no importaba que hubiera trabajado en telenovelas, no importaba que hubiera conducido programas. No importaba que hubiera sido empresaria, seguía siendo la fichera para siempre, como una marca que no se borra. Y la pensión que recibía no era un regalo, era la ley. Era lo que correspondía por ley a las viudas de expresidentes. Era justo que existiera esa ley. Esa es otra discusión, una discusión legítima sobre privilegios y desigualdad.
Pero culpar a Sasha Montenegro por recibir lo que la ley establecía es absurdo. Es como culpar a alguien por cobrar su sueldo. Es lo que le correspondía legalmente. Pero la gente necesitaba un villano. Y Sasha era el villano perfecto, la extranjera, la fichera, la que se casó con el presidente, la que supuestamente destruyó un matrimonio. Fácil de odiar, fácil de señalar, fácil de culpar. Y Sasha, enferma de cáncer, a los 76 años, tuvo que soportar otra ola de odio, otra ola de juicios, otra ola de señalamientos.
Dos años después murió y el odio no terminó porque en los comentarios sobre su muerte ahí estaban los mismos insultos, los mismos juicios. Menos mal que ya no cobrará la pensión. Una fichera que vivió del herario. No merece homenajes. Ni en la muerte la dejaron descansar en paz. Y eso dice mucho sobre nosotros. Sobre cómo tratamos a las mujeres que se salen del molde, a las que se atreven, a las que viven diferente, las juzgamos, las señalamos, las castigamos en vida y después de muertas.
Pero hay algo que nadie puede quitarle a Sasha Montenegro, su legado en el cine mexicano. Porque te guste o no, estés de acuerdo o no. Sasha Montenegro es parte de la historia del cine mexicano. Bellas de noche inició un subgénero completo, el cine de ficheras que llenó salas durante 15 años, que dio trabajo a miles de personas, que entretuvo a millones. Era buen cine, probablemente no era arte discutible, era explotación, absolutamente, pero existió y Sasha Montenegro fue su cara, su símbolo, su reina.
Y hay toda una generación de mexicanos que creció viendo esas películas, que tiene recuerdos asociados a ellas, que las vealgia y Sasha es parte de esos recuerdos, para bien o para mal. También hay que reconocer algo sobre su relación con los medios en sus últimos años. Después de 2005, después de retirarse, Sasha apareció muy pocas veces en público. Dio muy pocas entrevistas, pero cuando las dio fue con periodistas serios, con Gustavo Adolfo Infante, con Ricardo Rocha, con En compañía de No fue a Ventaneando, no fue a programas de chismes, no vendió su historia a tabloides, mantuvo dignidad.
habló cuando quiso hablar, sobre lo que quiso hablar, en los términos que ella estableció. Y eso también es valioso porque en una industria que te trata como mercancía, que quiere exprimir hasta la última gota de escándalo, ella puso límites. Vivió los últimos 20 años de su vida en sus propios términos, lejos de los reflectores, en paz o al menos buscando la paz, hasta que el cáncer llegó y ya no pudo esconderse más, porque el cáncer no entiende de privacidad, de dignidad, de deseos.
El cáncer destruye y destruyó a Sasha Montenegro lentamente, dolorosamente. Su hija Nabila fue quien dio la noticia de su muerte con un mensaje simple, directo, sin drama innecesario. Con profundo dolor informo que mi madre, Alexandra Achimovic Popovic, conocida como Sasha Montenegro, falleció la madrugada del 15 de febrero de 2024 debido a un derrame cerebral provocado por un cáncer de pulmón agresivo. Alexandra Achimovic Popovic, su nombre real, el nombre que casi nadie usaba, el nombre que sus padres yugoslavos le dieron en Italia en 1946.
ese nombre que escondió detrás de Sasha Montenegro durante 55 años, pero que su hija recuperó en el anuncio de su muerte como diciendo, “Ella era más que Sasha Montenegro, era Alexandra, era mi madre, era una persona.” Y eso es lo que al final importa. No el personaje, no el escándalo, no la leyenda, la persona. Alexandra, Sasha, la mujer detrás de todo, nacida en Italia, criada en Argentina, consagrada en México, hija de yugoslavos, viuda de un presidente, madre de dos, abuela, empresaria, actriz, vedet, sobreviviente, todas esas cosas.
y ninguna de esas cosas, porque al final era simplemente una mujer que vivió, que amó, que sufrió, que luchó, que perdió, que ganó, que murió, como todos moriremos. Y su muerte nos recuerda algo importante, que la vida es corta, que el tiempo pasa, que las etiquetas que nos ponen no definen quiénes somos, que el juicio de otros no determina nuestro valor. Montenegro fue juzgada toda su vida por decisiones que tomó, por amores que vivió, por películas que hizo, pero vivió a su manera, en sus términos, con dignidad.
Y eso es más de lo que muchos podemos decir. Cuando estás en tu lecho de muerte, cuando miras hacia atrás, no importa lo que otros dijeron, no importa cómo te juzgaron, no importa las etiquetas que te pusieron, importa cómo viviste, a quién amaste, qué luchaste por defender, cómo trataste a los que amabas. Y Sasha amó profundamente a López Portillo, a sus hijos, a México. Defendió su derecho a vivir como quiso, su derecho a amar a quien amó, su derecho a trabajar en lo que pudo y cuidó a los que amaba.
A López Portillo durante 9 años de enfermedad, a sus hijos durante toda su vida. Eso es lo que importa, eso es lo que queda. Cuando se van los reflectores, cuando se apagan las cámaras. Cuando termina el escándalo, el amor, la familia, la dignidad. Isasha Montenegro murió con eso intacto. A pesar de todo, a pesar de los años, a pesar del odio, a pesar del cáncer, murió como viuda de José López Portillo, como madre de Navila y Alexander, como la mujer que fue la reina del cine de ficheras, como la extranjera que conquistó México, como Alexandra Achimovic Popovic.
Y su historia termina, pero su legado permanece. en las películas que hizo, en los recuerdos que dejó, en las conversaciones que genera, en las lecciones que nos enseña, sobre el valor, sobre el amor, sobre la dignidad, sobre ser tú mismo, sin importar que diga el mundo, porque al final eso es lo único que tenemos, nuestra vida, nuestras decisiones, nuestro amor. Y Sasha Montenegro vivió su vida completamente, intensamente, sin disculpas. Y murió el día de San Valentín, el día del amor, porque su vida fue definida por el amor.
Un amor que escandalizó, un amor que rompió reglas, un amor que desafió todo, pero amor al fin, real, profundo, verdadero. Y tal vez eso es lo que más molestaba a la gente, que su amor con López Portillo era real, que no era solo por dinero, que no era solo por poder, que era genuino, porque eso hacía imposible el cuento fácil, el cuento de la fichera Casafortunas, el cuento de la extranjera aprovechada. La verdad era más compleja, más humana, más real.
Y la gente prefiere los cuentos simples, los villanos claros, las víctimas obvias. Pero la vida no es así. La vida es complicada, gris, matizada. Y Sasha Montenegro vivió en ese gris, en esa complejidad, en esa humanidad. No era santa, no era demonio, era humana. Y su historia merece ser contada completa, sin juicios, sin etiquetas, solo los hechos y las emociones y la verdad. La verdad de una mujer que llegó a México por accidente, que se quedó por amor, que trabajó por necesidad, que amó por pasión, que luchó por dignidad y que murió en paz.
Esa es la historia de Sasha Montenegro, de Alexandra Achimovic Popovic, de la niña nacida en Italia de padres yugoslavos, de la joven detenida en Argentina, de la actriz consagrada en México, de la vedete adorada por millones, de la mujer enamorada de un presidente, de la viuda que enfrentó a una familia, de la madre que protegió a sus hijos, de la enferma que luchó contra el cáncer. Todas esas mujeres en una sola vida en 78 años, desde 1946 hasta 2024 y ahora descansa en paz, lejos del juicio, lejos del escándalo, lejos del odio.
Ojalá encuentre en la muerte la paz que buscó en vida. Ojalá sea recordada por quién fue y no por cómo la juzgaron. Ojalá su historia inspire a otras mujeres a vivir sin disculpas, a amar sin miedo, a defender su dignidad sin importar que diga el mundo, porque eso es lo que hizo Sasha Montenegro. Vivió sin disculpas, amó sin miedo, defendió su dignidad hasta el final y por eso merece ser recordada no como la fichera, no como la amante del presidente, no como la extranjera, como Sasha Montenegro.
La mujer, la leyenda, la sobreviviente. Descansa en paz, Sasha. Descansa en paz, Alexandra. México nunca olvidará tu belleza, tu talento, tu valentía, tu historia. Si esta historia te movió, suscríbete, compártela, coméntala y la próxima semana otra historia, otra leyenda, otra lección. Nos vemos. Pero antes de terminar, hay una pregunta que todos se hacen. Una pregunta que nadie se atreve a responder honestamente. Sasha Montenegro fue víctima o villana. ¿Fue la extranjera aprovechada que sedujo a un presidente por dinero y poder?
¿O fue una mujer que genuinamente se enamoró y pagó el precio durante 40 años? La respuesta es, ninguna de las dos. y las dos al mismo tiempo, porque la vida no es blanco y negro. Las personas no son completamente buenas o completamente malas. Las historias no tienen villanos claros y víctimas obvias. Sasha Montenegro fue una mujer que tomó decisiones, algunas buenas, algunas cuestionables, como todos. Aceptó un papel en el cine basado en una mentira. Eso la hace deshonesta o simplemente aprovechó una oportunidad inesperada.
Participó en cine de ficheras que ella misma admitió era violento para las mujeres. ¿Eso la hace cómplice o simplemente una mujer que necesitaba trabajar y tomó lo que había? ¿Se involucró con un hombre casado? ¿Eso la hace una rompehogares? ¿O el matrimonio de López Portillo con Carmen Romano ya estaba muerto y solo mantenían apariencias? tuvo dos hijos fuera del matrimonio. ¿Eso la hace inmoral? ¿O simplemente vivió su amor sin esperar aprobación de nadie? ¿Reció una pensión millonaria como viuda presidencial?
¿Eso la hace aprovechada o simplemente recibió lo que la ley establecía? Cada pregunta tiene múltiples respuestas. Cada respuesta depende de tu perspectiva, de tus valores, de tu moral. Y ahí está el problema. Juzgamos con nuestros valores, con nuestra moral, con nuestra perspectiva, pero no vivimos la vida de Sasha Montenegro. No tomamos sus decisiones, no enfrentamos sus circunstancias. Era fácil juzgarla desde fuera, desde la comodidad de nuestras vidas normales, desde la seguridad de nuestras decisiones correctas. Pero, ¿qué hubieras hecho tú en su lugar si llegas a un país extranjero a los 23 años sin conexiones, sin dinero y te ofrecen una oportunidad en el cine basada en un error de identidad?
¿La rechazas o la tomas y ves a dónde te lleva? Si trabajas en una industria que te ofrece dos opciones, cine de ficheras que paga bien o papeles pequeños que no pagan nada y tienes que pagar renta y comer y sobrevivir, ¿qué escoges? Si conoces a un hombre que te trata con respeto, que te ve como persona, que te hace sentir valorada y resulta que está casado, pero él te dice que su matrimonio terminó hace años, que solo siguen juntos por apariencias, te alejas o sigues tu corazón.
Si quedas embarazada y el padre está casado y todo el país te va a juzgar, ¿terminas el embarazo o tienes al bebé y enfrentas las consecuencias? Si tu esposo enferma y su familia te odia y sería más fácil irte, pero lo amas, te vas o te quedas y lo cuidas hasta el final. Cada decisión que Sasha Montenegro tomó tenía contexto, tenía razones, tenía circunstancias y es fácil juzgar desde fuera, es fácil decir, “Yo nunca haría eso.” Es fácil ser moralmente superior.
Pero hasta que no estás en esa situación, hasta que no enfrentas esas opciones, hasta que no vives esa vida, no sabes qué harías. Y esa es la lección más grande de la historia de Sasha Montenegro. No juzgues conocer. No condenes sin entender. No señales sin empatía, porque todos estamos haciendo lo mejor que podemos con las opciones que tenemos, en las circunstancias que enfrentamos. Isasha Montenegro hizo lo mejor que pudo con una infancia marcada por la guerra y la muerte de su padre, con una juventud marcada por la dictadura y la detención arbitraria, con una vida adulta marcada por el juicio constante y el escándalo permanente.
Y aún así construyó una carrera. Formó una familia, amó profundamente, vivió completamente. Cometió errores, seguro, todos los cometemos. Tomó decisiones cuestionables? Probablemente todos lo hacemos. ¿Fue perfecta? Nunca. Nadie lo es. Pero fue auténtica, fue valiente, fue ella misma y en un mundo que constantemente te dice cómo debes ser, qué debes hacer, cómo debes vivir. Ser tú mismo es el acto más revolucionario que existe. Sasha Montenegro fue revolucionaria sin intentarlo. No se propuso romper moldes, no se propuso desafiar normas, no se propuso ser símbolo de nada, simplemente vivió.
Tomó decisiones, siguió su corazón y enfrentó las consecuencias. Y las consecuencias fueron duras, fueron dolorosas, fueron injustas. Porque cuando eres mujer y cuando te atreves y cuando vives diferente, el mundo te castiga, te juzga más duramente, te critica más fuertemente, te perdona menos. Y Sasha vivió eso toda su vida. Desde los 23 hasta los 78. 55 años de juicio constante, de señalamientos permanentes, de escándalo interminable. Y aún así no se disculpó, no se arrepintió, no cambió, siguió siendo ella misma hasta el final.
Y eso es admirable, eso es valiente, eso es digno de respeto. Porque es más fácil cambiar, es más fácil ceder, es más fácil convertirte en lo que otros esperan que seas. Pero Sasha no lo hizo. Mantuvo su esencia, mantuvo su dignidad, mantuvo su verdad y por eso su historia importa. Por eso necesitamos contarla. Por eso merece ser recordada, no como advertencia. No como ejemplo de qué no hacer, no como historia moral sobre las consecuencias del pecado, sino como testimonio de una mujer que vivió en sus propios términos, que amó sin disculpas, que trabajó con dignidad, que luchó por lo suyo, que cuidó a los suyos, que sobrevivió todo.
Y al final eso es lo que todos queremos, vivir en nuestros propios términos, amar sin miedo, trabajar con propósito, luchar por lo que creemos, cuidar a quienes amamos, sobrevivir las tormentas. Sasha Montenegro lo hizo y nos mostró cómo con todas las imperfecciones, con todos los errores, con toda la humanidad. No era una santa para poner en un altar, pero tampoco era un demonio para quemar en la hoguera. Era una mujer, simplemente una mujer, viviendo su vida lo mejor que podía.
Y si eso no merece respeto, entonces nada lo merece. Así que la próxima vez que escuches su nombre, la próxima vez que veas una de sus películas, la próxima vez que alguien mencione la vedet que se casó con el presidente, recuerda, era más que eso, mucho más. Era Alexandra, era Sasha, era la niña sin padre, era la joven detenida, era la actriz accidental, era la vedet histórica, era la mujer enamorada, era la cuidadora dedicada, era la madre protectora, era la sobreviviente incansable, era todo eso y más.
Y su historia nos enseña que podemos ser más de lo que otros dicen que somos, que podemos vivir más allá de las etiquetas, que podemos amar a pesar del juicio, que podemos sobrevivir todo si Sasha Montenegro pudo hacerlo, si pudo sobrevivir 55 años de escándalo, si pudo mantener su dignidad a pesar de todo, si pudo amar profundamente a pesar del precio, entonces tú también puedes. con lo que sea que estés enfrentando, con lo que sea que te estén juzgando, con lo que sea que te estén señalando, puedes vivir, puedes amar, puedes sobrevivir como Sasha, como Alexandra, como la mujer que fue más que un escándalo, más que una etiqueta, más que un juicio.
Fue una vida, una vida completa, una vida vivida. Y eso es todo lo que cualquiera de nosotros puede aspirar. Vivir completamente, amar profundamente, morir en paz. Sasha Montenegro lo logró a pesar de todo, contra todo, y por eso merece ser recordada, no como la fichera, no como la amante del presidente, no como la extranjera aprovechada, como Sasha Montenegro, la mujer, la leyenda, la lección. Descansa en paz, Sasha. Tu historia vivirá para siempre. En las pantallas, en los recuerdos, en los corazones de quienes te vieron más allá del escándalo, de quienes te respetaron más allá del juicio, de quienes te amaron más allá de las etiquetas.
México te recordará no solo por tu belleza, no solo por tus películas, no solo por tu escándalo, por tu valentía, por tu dignidad, por tu humanidad. Eso es lo que queda. Cuando todo lo demás se va, cuando los reflectores se apagan, cuando el escándalo termina, queda la persona, queda la vida, queda el amor. Y Sasha Montenegro fue todo eso y más. Gracias por vivir sin disculpas. Gracias por amar sin miedo. Gracias por mostrarnos que podemos ser nosotros mismos sin importar qué diga el mundo.
Tu legado vivirá en cada mujer que se atreve, en cada persona que ama sin pedir permiso, en cada ser humano que vive en sus propios términos. Descansa en paz, Alexandra. Descansa en paz, Sasha Montenegro, la mujer, la leyenda, la eterna. México nunca te olvidará.















