Ciudad de México, 28 de septiembre de 2007. Mediodía. Una mujer de 46 años camina hacia la salida de un restaurante en la exclusiva zona de San Jerónimo, al sur de la capital mexicana. Lleva el cabello perfectamente arreglado. Aretes de oro que brillan bajo la luz del sol. Maquillaje impecable que realza sus rasgos. Su ropa es cara, pero discreta, el tipo de elegancia que no necesita gritar para ser notada. Podría ser cualquier empresaria exitosa saliendo a almorzar en uno de los restaurantes más exclusivos de la ciudad, pero no lo es.

A su lado camina un hombre colombiano, su pareja sentimental de los últimos años. Él lleva una camioneta BMW o estacionada cerca. Todo parece normal, como cualquier otro día en la vida de dos personas acomodadas que disfrutan del privilegio del dinero. Entonces, todo cambia. De la nada, agentes federales los rodean. Hombres armados con chalecos antibalas, identificaciones de la Procuraduría General de la República, armas desenfundadas. El operativo ha sido planeado durante meses. Esta es una de las capturas más importantes de la recién declarada guerra contra el narcotráfico del presidente Felipe Calderón.

El colombiano Juan Diego Espinoza Ramírez intenta escapar en cuanto ve lo que está sucediendo. No lo logra. es detenido a pocos metros de distancia, pero la mujer no corre, no grita, no muestra el más mínimo signo de pánico o sorpresa. En cambio, hace algo que dejará perplejo a todo México, algo que se convertirá en una imagen icónica del narcotráfico mexicano, algo que se estudiará durante años como un ejemplo de sangre fría absoluta. Sonríe. No es una sonrisa nerviosa ni incómoda.

No es la sonrisa de alguien que intenta ocultar su miedo. Es una sonrisa de desafío, casi de burla. Una sonrisa que parece decir, “Ustedes no tienen idea de con quién están tratando.” Una sonrisa que sugiere que ella sabe algo que todos esos agentes federales ignoran. Esa sonrisa capturada por las cámaras de televisión que habían sido alertadas del operativo se transmitiría en todos los noticieros del país esa noche. Se convertiría en portada de periódicos, se analizaría en programas de opinión.

se volvería una de las imágenes más reconocibles de la historia del crimen organizado en México. Sandra Ávila Beltrán, la reina del Pacífico, acababa de ser detenida, pero su historia estaba muy lejos de terminar. Hoy te voy a contar la historia completa de la mujer más poderosa del narcotráfico mexicano. Ah, una mujer que nació literalmente en la cuna del crimen organizado, rodeada de los fundadores de los primeros cárteles. Una mujer que fue pretendida por el mismísimo señor de los cielos y que, según los rumores, lo rechazó sin temor a las consecuencias.

Una mujer que se casó dos veces con comandantes de la policía antidrogas y que vio morir asesinados a ambos esposos de la misma manera brutal. Una mujer que pagó millones de dólares para rescatar a su hijo secuestrado, sin saber que ese acto desesperado de amor maternal la llevaría eventualmente a prisión. y una mujer que hoy a sus 64 años acaba de lanzar su propia marca de ropa y está demandando a las televisoras por 150 millones de dólares.

Pero antes de seguir, continuas, ah, te voy a revelar cuatro secretos que cambiarán todo lo que crees saber sobre la reina del Pacífico. El primer secreto tiene que ver con su familia, porque Sandra no simplemente conocía a los capos del narcotráfico. Ella nació siendo sobrina de uno de ellos, prima de otros, y creció jugando en los ranchos donde se planeaban los primeros grandes cargamentos de droga hacia Estados Unidos. El segundo secreto involucra sus relaciones sentimentales no solo con sus esposos asesinados, sino con un tercer hombre del que casi nadie habla, otro comandante de policía que también terminó muerto y los rumores sobre Amado Carrillo Fuentes, el hombre más poderoso del narcotráfico en su época.

El tercer secreto es como el secuestro de su propio hijo terminó siendo la causa de su caída. a un error que cometió por desesperación maternal y que puso a las autoridades sobre su pista durante 5 años. Y el cuarto secreto es la demanda millonaria que ganó contra la serie La Reina del Sur y que podría darle una fortuna que superaría cualquier dinero que haya manejado durante sus años en el narcotráfico. Si este contenido te parece interesante, te pido que le des like y te suscribas al canal.

Tu apoyo me ayuda muchísimo a seguir creando videos como este, investigando historias que los medios tradicionales no cuentan completas. Y ahora sí, vamos a adentrarnos en la vida de Sandra Ávila Beltrán. Para entender verdaderamente quién es la reina del Pacífico, primero tienes que entender de dónde viene. Y la familia en la que nació Sandra es, sin exageración alguna. probablemente la más conectada al narcotráfico en toda la historia de México. Sandra Ávila Beltrán nació el 11 de octubre de 1960 en Tijuana, Baja California, aunque creció principalmente entre Mexicali y Culiacán.

Su familia era originaria de Sinaloa, la cuna del narcotráfico mexicano, el estado donde todo comenzó. A diferencia de otros grandes capos que surgieron de la pobreza más extrema, que crecieron sin zapatos en rancherías perdidas en la sierra, Sandra nació en una familia que ya tenía dinero, mucho dinero. Su padre, Alfonso Ávila Quintero, era oficialmente dueño de dos ferreterías enormes en Mexicali que importaban varilla y cemento desde Japón. La familia también tenía un rancho en Culiacán con cabezas de ganado y caballos de carrera.

Vivían en una casa grande con alberca, billar, doma, habitaciones individuales para cada uno de los siete hijos. Pero esas ferreterías y ese rancho eran solo la fachada. El dinero venía de otra parte. Alfonso Ávila Quintero era familiar cercano de Rafael Caro Quintero, uno de los fundadores del cártel de Guadalajara. Caro Quintero, junto con Miguel Ángel Félix Gallardo y Ernesto Fonseca Carrillo creó el primer gran cártel mexicano en los años 70 y 80. Fue responsable del asesinato de la gente de la DEA Enrique Kiki Camarena en 1985.

Uno de los eventos que cambió para siempre la relación entre México y Estados Unidos en materia de narcotráfico. Pero la conexión más importante de Sandra era por el lado materno. Su madre, María Luisa Beltrán Félix, era prima hermana de Miguel Ángel Félix Gallardo, conocido como el padrino o el jefe de jefes. Félix Gallardo no fue simplemente un narcotraficante, fue el narcotraficante, el hombre que unificó a todos los traficantes de Sinaloa bajo un solo mando. el hombre que negoció directamente con los cárteles colombianos para traer cocaína a México, el hombre que dividió el territorio mexicano

entre sus lugarenientes, creando lo que eventualmente se convertiría en el cártel de Sinaloa, el cártel de Tijuana, el cártel de Juárez. Sandra Ávila Beltrán era sobrina directa del jefe de jefes. Esto significa que desde que nació, desde su primer día de vida, Sandra estaba en el centro absoluto del poder del narcotráfico mexicano. No era una mujer que se acercó al crimen organizado por circunstancias de la vida. Nació dentro de él. creció rodeada de los hombres que estaban construyendo los imperios criminales más poderosos del continente.

Ah, la propia Sandra ha descrito su infancia con una nostalgia que resulta perturbadora cuando conoces el contexto. Teníamos dinero, buena ropa, buena comida, buenas escuelas y fiestas muy bonitas como las de Navidad. Contó años después al legendario periodista Julio Sherer García en una serie de entrevistas que se convertirían en libro. Nos llenábamos de familia, de tíos, de primos, mi abuela paterna, que era la anfitriona, y otros parientes de Estados Unidos. Nos llevaban de vacaciones a Culiacán para disfrutar de los ranchos, de los ríos, de los animales.

Imagina esas fiestas de Navidad, imagina esas vacaciones en los ranchos. Los tíos y primos que llegaban de visita no eran comerciantes ni profesionistas, eran narcotraficantes. Los ranchos donde jugaban los niños eran los mismos donde se almacenaba droga, donde se planeaban operaciones y donde se tomaban decisiones que afectarían a millones de personas. Sandra lo vio todo desde pequeña. A los 13 años, según ella misma ha relatado, presenció su primer tiroteo, una experiencia que marcaría a cualquier persona normal de por vida, pero que para ella fue simplemente parte del paisaje de su infancia.

Pero esa infancia dorada también estuvo marcada por la tragedia, una tragedia que quizás explica parte de la frialdad que Sandra demostraría toda su vida. Cuando tenía 9 años, su hermana menor murió. Era una niña de apenas 4 años. Sandra nunca ha revelado públicamente las circunstancias exactas de esa muerte, pero el impacto en la familia fue devastador. La muerte me trajo tristeza y susto”, recordó Sandra décadas después. Mi mamá lloraba mucho, mi papá también. Mi mamá la pasaba encerrada y cuando dejaba su cuarto la veíamos llorar.

Duramos un año sin televisión, sin prender el radio, sin abrir las cortinas. Así nos tenían a todos. Un año entero de luto, un año sin música, sin entretenimiento, con las cortinas cerradas. Para una niña de 9 años debe haber sido como vivir en una tumba. Poco tiempo después, otro golpe. Uno de los tíos de Sandra, un hombre de 34 años, desapareció en Culiacán. nunca fue encontrado. La violencia que ya comenzaba a definir el mundo del narcotráfico se había llevado a un miembro de su familia.

Sandra aprendió desde muy joven que en ese mundo la muerte siempre está cerca, que las personas que amas pueden desaparecer de un día para otro, que la violencia no es algo que le pasa a otros, sino algo que puede tocar a tu puerta en cualquier momento. Quizás por eso desarrolló esa capacidad de mantener la calma que tanto impresionó al mundo cuando fue arrestada. Cuando has visto morir a tu hermana, cuando has visto desaparecer a tu tío, cuando has presenciado tiroteos desde los 13 años.

Una simple detención policial no puede asustarte. A pesar de todo el dinero del narcotráfico, los padres de Sandra se aseguraron de que sus hijos tuvieran educación. Todos los hermanos Ávila Beltrán estudiaron y Sandra tenía un sueño que parecía completamente contradictorio con su origen familiar. Quería ser periodista. A los 18 años, Sandra Ávila Beltrán se inscribió en la carrera de ciencias de la comunicación en la Universidad Autónoma de Guadalajara. Era principios de los años 80, la época dorada del cártel de Guadalajara.

Pony cuando su tío Félix Gallardo era el hombre más poderoso del narcotráfico mexicano. Sandra llegó a la universidad con un estilo que la hacía destacar inmediatamente entre sus compañeros. Según testimonios de excompañeros que fueron entrevistados años después por la B, B, C y otros medios, era una estudiante peculiar. Llegaba tarde casi todos los días, generalmente dos horas después de que comenzaran las clases. Entraba en silencio, sin disculparse, sin dar explicaciones y se sentaba en el primer lugar disponible.

Era callada, tenía pocas amigas, desconfiaba de prácticamente todos, pero lo que más llamaba la atención era su apariencia. En una universidad donde la mayoría de los estudiantes apenas podía costearse los libros de texto. Sandra usaba collares gruesos de oro puro. La llegaba en automóviles que parecían sacados de una revista de lujo. Su ropa era de marcas que sus compañeros ni siquiera conocían. Sus compañeros sospechaban que algo no cuadraba. Nadie con un padre ferretero, por exitoso que fuera, podía tener ese nivel de riqueza.

Pero nadie se atrevía a preguntar directamente. Había algo en Sandra, una actitud, una forma de mirarte que desalentaba las preguntas. Sandra estaba a 3 años de terminar su carrera cuando todo cambió. Lo que sucedió exactamente no está del todo claro y Sandra ha dado diferentes versiones a lo largo de los años, pero la versión que ella misma ha contado en entrevistas recientes es que un exnovio celoso la secuestró. No sabemos quién era ese hombre, no sabemos cuánto tiempo la tuvo retenida, no sabemos qué le hizo durante ese tiempo.

Lo que sí sabemos es que el trauma de ese evento fue suficiente para que Sandra abandonara sus estudios de periodismo para siempre. Su sueño de convertirse en comunicadora murió en ese momento. En su lugar comenzó a involucrarse cada vez más en el mundo que siempre había estado a su alrededor. El mundo de su tío, el mundo de sus primos, el mundo del narcotráfico. Fue en esa época cuando conoció al primer hombre que se convertiría en su esposo, Luis Fuentes Jiménez.

Y aquí es donde la historia de Sandra se vuelve verdaderamente fascinante, porque Luis Fuentes no era cualquier hombre, no era un narcotraficante, al menos no oficialmente. Era comandante de la Policía Judicial Federal de Baja California, uno de los agentes antidrogas más importantes de la región. Sandra tenía 21 años cuando se casó con él. Era una mujer joven, como hermosa, con una personalidad magnética que atraía a los hombres poderosos. Luis Fuentes era exactamente eso, un hombre poderoso, con autoridad, con armas, con subordinados que obedecían sus órdenes.

Juntos tuvieron a José Luis Fuentes Ávila, el único hijo de Sandra. Pero la ironía del destino es brutal. El comandante que supuestamente combatía el narcotráfico estaba casado con la sobrina del mayor narcotraficante de México y eventualmente el propio comandante cruzó la línea. Luis Fuentes Jiménez dejó de combatir al narcotráfico y se convirtió en narcotraficante. No sabemos exactamente cuándo ni cómo ocurrió esta transformación. Lo que sí sabemos es cómo terminó. Luis Fuentes Jiménez fue asesinado.

Sicarios lo emboscaron y lo mataron con cuchillos apuñalándolo por la espalda. Una muerte brutal, violenta, o el tipo de muerte que el narcotráfico reserva para los traidores. Sandra quedó viuda con un hijo pequeño. Años después volvió a casarse y su segundo esposo también era un agente de la ley. Rodolfo López Amavisca, conocido como el zurdo, era comandante del Instituto Nacional para el Combate a las Drogas, otra de las agencias antinarcóticos del gobierno mexicano. Nuevamente la historia se repitió con una precisión casi sobrenatural.

El zurdo también cruzó la línea, también se involucró en el narcotráfico y también fue asesinado exactamente de la misma manera, con cuchillos apuñalado por la espalda, ejecutado por sicarios. Dos esposos, los dos comandantes de la policía antidrogas. Los dos terminaron siendo narcotraficantes. Los dos fueron asesinados de la misma forma brutal. Hay algo en esta historia que desafía la coincidencia, algo que sugiere un patrón. Como si Sandra tuviera un efecto sobre los hombres que se acercaban a ella, como si los arrastrara hacia su mundo, hacia su destino.

Pero la historia de los hombres en la vida de Sandra no termina ahí. En una entrevista con la periodista Adela Micha, que se volvió viral, Sandra reveló que hubo un tercer hombre importante en su vida, una relación de la que casi nadie había hablado antes. Era un comandante de la extinta Procuraduría General de la República en el estado de Sonora. Sandra lo conoció aproximadamente 5 años después de la muerte de su primer esposo, entre 1992 y 1993.

Vivieron juntos durante 5 años. Era una gran persona, recordó Sandra con una nostalgia evidente en su voz. En 5 años que vivimos, yo nunca tuve un pleito con él. Qué bonito. Se preocupó mucho por mi hijo y por mí. Con eso yo quedé encantada. El que te quieran a tus hijos y te los cuiden, ¿qué más le puedes pedir a la vida? Cuando Adela Micha le preguntó qué había pasado con esa relación, Sandra respondió con la misma frialdad que ha mostrado toda su vida.

No lo mataron. explicó que este hombre estaba trabajando en la FITS, la Fiscalía Especializada para la atención de delitos contra la salud, cuando salió un periodicazo que lo relacionaba con el crimen organizado. Poco después fue asesinado. Lo mató para quien él trabajaba porque le debía mucho dinero agregó Sandra. Entonces, para no pagarle mejor lo mató. tres hombres, los tres vinculados a las fuerzas del orden. Los tres terminaron involucrados en el narcotráfico, los tres fueron asesinados.

Sandra nunca reveló el nombre de ese tercer hombre. Cuando Adela Micha le preguntó, Aleya simplemente respondió, “No conviene. Pero los hombres muertos no son los únicos que marcaron la vida de Sandra. También están los hombres que supuestamente la pretendieron, los capos más poderosos de su época. Y el rumor más famoso de todos involucra Amado Carrillo Fuentes, el Señor de los cielos. Recuerda darle like a este video y suscribirte al canal si aún no lo has hecho.

Ahora continuemos con esta historia que cada vez se pone más increíble. Amado Carrillo Fuentes fue el líder del cártel de Juárez durante los años 90 y uno de los narcotraficantes más poderosos de toda la historia. Se le llamaba el Señor de los Cielos porque utilizaba una flota de aviones Boeing 727 para transportar cocaína desde Colombia hasta México. En una sola operación podía mover más droga de la que otros cárteles movían en un año entero. Woná, en el momento de su muerte en 1997, su fortuna se estimaba en 25,000 millones de dólares.

Para poner esto en perspectiva, eso era más dinero del que tenía Pablo Escobar en su momento de mayor poder. Amado Carrillo era literalmente uno de los hombres más ricos del planeta. Según los rumores que han circulado durante décadas, Sandra Ávila Beltrán tenía apenas 21 años cuando conquistó el corazón de Amado Carrillo. Era una joven hermosa, con una personalidad magnética, con la seguridad que solo da a ver crecido entre narcotraficantes y supuestamente después de enamorarlo lo rechazó. Esta historia ha fascinado a México durante años.

El Señor de los cielos, un hombre acostumbrado a tener absolutamente todo lo que quería, habría sido rechazado por una mujer que ni siquiera había cumplido los 25 años. Man un hombre que podía comprar países enteros, que tenía ejércitos de sicarios a su disposición, que era temido por presidentes y generales, fue rechazado por Sandra. Pero Sandra siempre ha negado que existiera un romance. En su libro La Reina del Pacífico, Es la hora de contar, basado en las entrevistas que el legendario periodista Julio Sherer García le realizó mientras estaba en prisión, Sandra dio su versión de los hechos.

El gobierno me relaciona con los capos como si fuera uno de ellos dijo. Pero yo los conocí cuando eran personas comunes y corrientes. En una entrevista más reciente con Adela Micha, Sandra fue más directa sobre su relación con Amado Carrillo. Era mi amigo explicó simplemente y criticó duramente la serie de televisión El Señor de los cielos que Telemundo produjo. No es cierto todo lo de la serie, dijo con evidente molestia. Yo la miré dos veces y dije, “No la vuelvo a ver.

Es mentira. Él no era así. Él era pura risa. Era una persona muy alegre y también ayudaba mucho a la gente. Es una descripción extraña de uno de los narcotraficantes más sanguinarios de la historia. Pero para Sandra, estos hombres no eran monstruos, eran sus amigos, sus compadres, la gente con la que creció. Lo que sí admitió Sandra es que conocía a prácticamente todos los grandes capos de la época. Confirmó que conocía a el Chapo Guzmán, que en ese momento era solo uno de los lugarenientes del cártel de Sinaloa.

Confirmó que conocía a El Mayo Zambada, que eventualmente se convertiría en el líder del cártel. Confirmó que conocía a los hermanos Arellano Félix, que controlaban la plaza de Tijuana. Eran parte de su círculo social. de las fiestas a las que asistía, del mundo en el que se movía desde que nació. Hay incluso una fotografía famosa de 1993 donde aparece Sandra junto a Ismael, el mayo Zambada. Cuando las autoridades la interrogaron sobre esa imagen años después, Sandra tuvo un intercambio memorable con los agentes que quedó grabado.

Los agentes le dijeron que ella conocía al hombre de la foto, que trabajaba con él. Sandra respondió que no lo conocía. Agente. Sí, lo conoces, Sandra. No, no lo conozco. Estoy en una fiesta. Hay gente para un lado. ¿Por qué lo tengo que conocer? Agente, sí, lo conoces. Sandra, no, no lo conozco. Agente, es el mayo Zambada. Sandra, yo no lo conozco. Tú sí lo conoces. ¿Y sabes por qué lo conoces? Porque tú trabajas con él. Aquí no entran las toneladas de droga que entran nada más porque sí.

Según Sandra, en ese momento los agentes le echaron ojos como diciéndole desgraciada, pero a ella no le importó. Acababa de acusar a los agentes federales de trabajar para el narcotráfico en su propia cara. Años después, Adela Micha le preguntó directamente si era cierto el rumor de que el mayo Zambada había estado enamorado de ella durante mucho tiempo. Sandra respondió con una sola palabra, jamás. Luego aclaró que el mayo era su compadre y que esos rumores eran simplemente mitos.

Lo que sí admitió es que el mayo le había ayudado en el momento más difícil de su vida, un momento que cambiaría todo. El 18 de abril de 2002, la vida de Sandra Ávila Beltrán dio un giro que nadie esperaba. Eran aproximadamente las 6 de la tarde. José Luis Fuentes Ávila, el único hijo de Sandra, tenía 15 años. Era un adolescente normal o no tan normal como puede ser el hijo de una mujer conectada al narcotráfico.

Ese día estaba en el gimnasio del fraccionamiento Puerta de Hierro en Guadalajara, Jalisco, haciendo ejercicio como cualquier joven de su edad. Entonces llegaron ellos, un comando de hombres vestidos completamente de negro, armados con armas automáticas, encapuchados para ocultar sus rostros. irrumpieron en el gimnasio sin que nadie pudiera detenerlos. habían logrado pasar la caseta de vigilancia del fraccionamiento sin levantar sospechas. En cuestión de minutos, José Luis fue sacado a la fuerza y subido a un vehículo.

El hijo de la reina del Pacífico había sido secuestrado. Lo más cruel fue que el secuestro había sido orquestado por alguien que se había hecho pasar por amigo de la familia, alguien en quien confiaban, da alguien que conocía los movimientos del joven. Sandra estaba en la ciudad de México cuando recibió la llamada. Inmediatamente tomó un vuelo a Guadalajara para reunirse con su madre. “Fue el dolor más grande que he tenido en mi vida”, declaró Sandra años después en una entrevista con el periodista José Luis Montenegro para The Daily Beast.

Esa misma noche, los secuestradores llamaron. Su demanda, millones de dólares por la vida del adolescente. En ese momento eso equivalía a aproximadamente 47 millones de pesos mexicanos, 5 millones de dólares, una suma que destruiría económicamente a cualquier familia normal. Pero para Sandra, conseguir ese dinero no era imposible. Y aquí es donde Sandra cometió el error más grande de su vida, un error que eventualmente la llevaría a prisión. En su desesperación, Van. En lugar de recurrir exclusivamente a sus contactos en el mundo del narcotráfico, Sandra hizo algo que ninguna persona conectada al crimen organizado debería hacer jamás.

Acudió a presentar una denuncia ante la Procuraduría General de Justicia de Jalisco. Pidió ayuda oficial. Esto fue impensable. Si Sandra realmente era la poderosa narcotraficante que las autoridades decían, si realmente tenía las conexiones que se le atribuían, jamás hubiera acudido a la policía. Hubiera resuelto el problema por su cuenta con sus propios medios. Algunos han usado esta decisión como prueba de que Sandra no era realmente una figura importante del narcotráfico. “Nadie con verdadero poder en el crimen organizado pide ayuda a la policía”, dijeron.

Pero otros ven algo diferente. Ven a una madre desesperada que estaba dispuesta a hacer cualquier cosa, ni absolutamente cualquier cosa, para recuperar a su hijo. Las autoridades comenzaron a monitorear las llamadas telefónicas de Sandra, esperando que los secuestradores se comunicaran. Pero en esas mismas líneas telefónicas, Sandra también recibía llamadas de otras personas, personas que las autoridades llevaban años intentando identificar y localizar. Ismael Elmo, Zambada, Ignacio Nacho Coronel, Juan Diego Espinoza Ramírez, el Tigre. La recién creada Agencia Federal de Investigaciones comenzó a interesarse no solo en el secuestro del hijo de Sandra, sino en la propia Sandra.

Empezaron a armar un expediente. Mientras tanto, las negociaciones con los secuestradores continuaban. Sandra y su hermano lograron negociar el rescate de 5 millones de dólares. Lo bajaron a aproximadamente un millón y medio. Según algunas fuentes, el dinero fue proporcionado por el mayo Zambada y Nacho Coronel, dos de los narcotraficantes más buscados de México pagando el rescate del hijo de una ama de casa que se dedicaba a vender ropa y bienes raíces, según la versión oficial de Sandra.

El 5 de mayo de 2002, 17 días después del secuestro, Sandra recibió la llamada que había estado esperando toda su vida. A las 6 de la mañana, el teléfono sonó. Al otro lado de la línea, la voz que había temido nunca volver a escuchar. Su hijo estaba vivo, estaba libre, estaba en casa de su abuela. José Luis había llegado solo en un taxi ordinario, como si regresara de cualquier parte. 17 días de cautiverio habían terminado con un viaje en taxi por las calles de Guadalajara al amanecer, el joven de 15 años contó lo que había vivido.

Durante todo el cautiverio. Nunca le quitaron la venda de los ojos. Vivió en completa oscuridad durante más de dos semanas. No lo habían golpeado físicamente, pero el trauma psicológico de estar secuestrado, de no saber si viviría o moriría, de escuchar voces desconocidas decidiendo su destino, eso no se borra fácilmente. Habían sido seis personas armadas las que lo levantaron del gimnasio. Seis hombres vestidos de negro que irrumpieron en su vida normal y la destruyeron en minutos. José Luis nunca intentó ver a sus captores.

Sabía incluso a los 15 años que ver sus rostros significaba la muerte. Sandra corrió a abrazar a su hijo. El momento que había imaginado mil veces durante esas 17 noches de insomnio finalmente había llegado. Su único hijo estaba vivo, estaba a salvo. Nada más importaba, pero algo había cambiado para siempre. Das Sandra reveló años después en una entrevista con Adela Michaestro. En 2006, una amiga suya que trabajaba con un político muy importante del país, le confesó la verdad.

Fueron dos personas las que ordenaron la privación de la libertad de su hijo. El primero era hijo de ese político poderoso. El segundo era un supuesto amigo de la familia que tenía vínculos con el mismo funcionario. Cuando Adela Micha le preguntó los nombres, Sandra se negó a revelarlos. No conviene”, dijo simplemente con esa frialdad que la caracteriza. Lo que quedó claro es que el secuestro no había sido obra del crimen organizado buscando venganza contra la reina del Pacífico.

No había sido un ajuste de cuentas entre narcotraficantes. Había sido obra de políticos, gente del gobierno, gente que supuestamente representaba la ley y el orden. Esto explicaría por qué Sandra, con todas sus conexiones no pudo simplemente usar el poder del narcotráfico para rescatar a su hijo, porque sus enemigos en este caso no eran otros narcotraficantes, eran personas dentro del propio gobierno. Sandra tenía de nuevo a su hijo. El alivio era indescriptible, pero las autoridades ahora tenían algo que no tenían antes.

Evidencia clara de las conexiones de Sandra con el narcotráfico. grabaciones de llamadas telefónicas donde hablaba con los capos más buscados de México. Nombres que antes solo eran rumores, ahora estaban confirmados. Direcciones, patrones de comunicación, un rastro que seguir. Y apenas dos meses después del rescate, el 17 de julio de 2002, ocurrió algo que conectaría todos los puntos. Policías y miembros del ejército mexicano interceptaron un barco atunero llamado Mael en el puerto de Manzanillo, Colima. A bordo encontraron más de 9 toneladas de cocaína, una de las incautaciones más grandes en la historia de México hasta ese momento.

La DEA comenzó a investigar y los nombres que aparecieron fueron Juan Diego Espinoza Ramírez, el tigre y su hermano Mauricio Espinoza Ramírez. El tigre era el segundo hombre más importante del cártel del norte del valle de Colombia, una organización que se había convertido en el principal proveedor de cocaína del cártel de Sinaloa después de la caída de Pablo Escobar y Juan Diego Espinoza era la nueva pareja sentimental de Sandra Ávila Beltrán. Las autoridades ahora tenían el panorama completo.

Sandra no era simplemente una mujer que conocía narcotraficantes, má, según la investigación, ella era el enlace clave entre los cárteles colombianos y el cártel de Sinaloa. Era ella quien coordinaba las operaciones, quien manejaba las finanzas, quien facilitaba que toneladas y toneladas de cocaína cruzaran de Colombia hacia México y de México hacia Estados Unidos. Durante los siguientes 5 años, Sandra vivió escondida, moviéndose entre Guadalajara, Hermosillo y otras ciudades. Ella y el tigre sabían que estaban siendo buscados.

Aprendieron a ser discretos, a no llamar la atención, a vivir en las sombras. Pero el 28 de septiembre de 2007 su suerte se terminó. Ese día, Sandra y Juan Diego Espinoza cometieron el error de salir a Po a almorzar a un restaurante en la Ciudad de México. Era un lugar exclusivo en la zona de San Jerónimo, el tipo de restaurante donde van las personas acomodadas, donde la discreción está garantizada, donde nadie hace preguntas sobre el origen del dinero de los clientes, o al menos eso pensaban.

Lo que Sandra no sabía es que las autoridades los habían estado siguiendo durante semanas. La Agencia Federal de Investigación había montado una operación de vigilancia masiva. Agentes encubiertos los observaban. Cámaras ocultas capturaban sus movimientos. Informantes reportaban cada vez que aparecían en público. El operativo de ese día había sido planeado meticulosamente. Se habían alertado a los medios de comunicación con anticipación, algo inusual, pero que evidenciaba la importancia que el gobierno de Calderón le daba a esta captura. Querían que todo México viera caer a la reina del Pacífico.

Cuando Sandra y el tigre salieron del restaurante a caminando hacia la camioneta BMW u que estaba estacionada cerca, todo parecía tranquilo. Un día normal de otoño en la Ciudad de México. El sol brillaba. La gente iba y venía por las calles de la colonia. Entonces, de la nada aparecieron los agentes. Salieron de vehículo sin identificación. Vestían chalecos antibalas con las siglas de la PGR. Llevaban armas automáticas desenfundadas. En segundos rodearon a la pareja. El tigre, con los reflejos de alguien que ha vivido toda su vida escapando de las autoridades, intentó huir inmediatamente.

Corrió hacia un callejón cercano, pero los agentes lo habían anticipado. Más elementos lo esperaban ahí. Fue detenido a pocos metros, derribado contra el pavimento, esposado en segundos. Sandra, en cambio, no corrió, no intentó escapar, no gritó pidiendo ayuda, se quedó exactamente donde estaba pon erguida con la dignidad de una reina que sabe que su reino acaba de ser invadido, pero que se niega a mostrar debilidad ante sus conquistadores. Y entonces, mientras las cámaras de televisión grababan, mientras los fotógrafos disparaban sus flashes, mientras todo México observaba, Sandra hizo lo impensable.

Sonríó. No era una sonrisa nerviosa como la que pone alguien cuando está aterrorizado. No era la sonrisa incómoda de quien no sabe cómo reaccionar. Era una sonrisa deliberada, calculada, desafiante. Una sonrisa que parecía decir, “Pueden arrestarme, pero nunca me derrotarán.” Esa imagen se convirtió inmediatamente en portada de todos los periódicos, se transmitió en todos los noticieros. Se analizó en todos los programas de opinión. Era inexplicable, era fascinante, era terrorífica. Años después, Sandra explicó esa sonrisa.

dijo que fue un gesto de burla hacia las autoridades por haberla detenido con información inventada. Aseguró que le fincaron un delito sin pruebas reales. El gobierno de Felipe Calderón, que llevaba menos de un año en el poder, presumió la captura como uno de sus grandes logros. La llamaron la reina del Pacífico, un apodo que ella adoptaría con orgullo por el resto de su vida. Pero Sandra tenía otra versión de los hechos, una versión que involucra al expresidente de México.

El gobierno, si el gobierno lo permite, va a seguir pasando”, declaró Sandra en una entrevista que causó escándalo. “Y si el gobierno no lo permite, no va a pasar. ¿Y cómo le dices al gobierno que no se involucre con ellos?” Felipe estaba bien metido con el narco. Afirmó que la guerra contra el narcotráfico de Calderón fue simplemente un eslogan y una estrategia de imagen mientras en realidad existía complicidad con los cárteles. y señaló que en el juicio contra Genaro García Luna, el exjefe de la policía durante el sexenio de Calderón, que fue condenado por trabajar para el cártel de Sinaloa, también se mencionaron conexiones con el expresidente.

Cuando la periodista que la entrevistaba le dijo que no había pruebas de eso, Sandra respondió con la seguridad de alguien que sabe lo que vio. Yo lo vi, lo viví y lo oí. La vida de Sandra en prisión comenzó en el penal de Santa Marta a Catitla en la Ciudad de México. Y desde el primer día dejó claro que no sería una prisionera común. Según reportes de The Guardian, Sandra pedía jabón extra a los guardias porque el jabón regular de la prisión no era suficiente para ella.

T pedía maquillaje extra a sus abogados porque necesitaba verse bien, incluso detrás de las rejas y siempre solicitaba tiempo extra para arreglarse antes de salir ante las cámaras en sus audiencias judiciales. Incluso en la cárcel, la reina del Pacífico se negaba a verse o actuar como una prisionera ordinaria. También presentó una denuncia formal contra el gobierno de la Ciudad de México ante la Comisión de Derechos Humanos, quejándose de que en su celda había insectos que ella describió como fauna nociva.

La reina del Pacífico no estaba acostumbrada a compartir su espacio con cucarachas. Durante su tiempo en prisión, Sandra concedió una serie de entrevistas al legendario periodista Julio Sherer García, fundador de la revista Proceso y uno de los periodistas más respetados de la historia de México. Boe Sherer era famoso por conseguir entrevistas que nadie más podía conseguir, por hacer preguntas que nadie más se atrevía a hacer. Esas conversaciones se convirtieron en el libro La Reina del Pacífico, Es la hora de contar, publicado en 2008 y que se convirtió inmediatamente en bestseller.

En ese libro, Sandra habló con una franqueza sorprendente sobre su vida, sobre su familia, sobre sus relaciones con los capos, sobre el mundo en el que creció, pero siempre mantuvo una cosa, que ella no era narcotraficante, que simplemente había nacido en una familia conectada con ese mundo, que sus relaciones personales la habían puesto en el lugar equivocado, en el momento equivocado. El proceso legal de Sandra se extendió durante años, convirtiéndose en uno de los casos más complicados de la época.

En 2010, Naú, juez mexicano la absolvió de los delitos de delincuencia organizada y lavado de dinero, pero fue retenida en prisión porque Estados Unidos había solicitado su extradición. Los gringos la querían. Finalmente, el 9 de agosto de 2012, Sandra Ávila Beltrán fue extraditada a Estados Unidos para enfrentar cargos en la Corte Federal del Distrito Sur de Florida en Miami. Los cargos eran graves. Asociación delictuosa, conspiración para poseer 100 kg de cocaína con intención de distribuirlos e importar diversos cargamentos de droga al país norteamericano.

Pero el caso no resultó tan sólido como esperaban los fiscales estadounidenses. Después de meses de negociaciones, Sandra se declaró culpable de un solo cargo menor, haber asistido económicamente a su expareja Juan Diego Espinoza, el tigre, para que pudiera viajar y hospedarse sin ser arrestado en México entre 2002 y 2004. En otras palabras, después de todo el escándalo, después de ser presentada como una de las narcotraficantes más poderosas de México, Sandra fue condenada simplemente por ayudar a su novio a esconderse de las autoridades.

El 25 de julio de 2013 fue sentenciada a 70 meses de prisión, pero el juez Michael Moore tomó en consideración los casi 6 años que Sandra ya había pasado encarcelada en México. La sentencia se consideró prácticamente cumplida. El tribunal estadounidense determinó de manera oficial que no existían pruebas suficientes de que Sandra tuviera vínculos criminales directos con el mayo Zambada, el cártel de Sinaloa o cualquier otra organización del narcotráfico. La reina del Pacífico, que había sido presentada como una de las figuras más importantes del crimen organizado.

Salió de Estados Unidos habiendo sido condenada únicamente por ayudar a su novio a escapar. El 20 de agosto de 2013, Sandra fue deportada a México, pero su libertad duró apenas unas horas. Fue inmediatamente trasladada al penal federal el rincón de Tepic en Nayarit para enfrentar cargos pendientes de lavado de dinero. El 5 de septiembre de 2014 fue condenada a 5 años de prisión y 1000 días de multa por operaciones con recursos de procedencia ilícita. Pero finalmente el 7 de febrero de 2015, un tribunal unitario revocó esa sentencia y ordenó su liberación inmediata.

Después de más de 7 años de litigios en México y Estados Unidos, Sandra Ávila Beltrán era libre. Cuando salió del penal de Nayarit, Sandra tenía 54 años. Si había pasado los que deberían haber sido los mejores años de su vida entre rejas. Y lo primero que supo fue que su madre había muerto mientras ella estaba encerrada. No pudo despedirse de la mujer que la crió, que la consoló cuando murió su hermana, que estuvo con ella en cada momento difícil de su vida.

Sandra salió de prisión sin su madre, pero con una determinación que nadie esperaba. Y ahora viene la parte más reciente de esta historia, la parte que está sucediendo ahora mismo. Dale like si te está gustando este video y suscríbete para no perderte ninguno de mis contenidos. Durante 7 años después de su liberación, Sandra Ávila Beltrán prácticamente desapareció del ojo público. Vivía discretamente, lejos de los reflectores, tratando de reconstruir su vida después de casi una década en prisión.

Pero en junio de 2022, da algo cambió dramáticamente. Sandra abrió cuentas en TikTok, Facebook e Instagram y de inmediato el público mexicano quedó fascinado. En sus videos, la reina del Pacífico aparecía haciendo maleta después de bañarse, esperando su turno en el banco como cualquier ciudadana común, recostada en su cama viendo televisión. Pero también mostraba su BMW, sus caballos pura sangre, sus fiestas privadas, sus viajes a lugares exclusivos. A los 61 años, Sandra seguía proyectando la imagen de una mujer de lujos.

Seguía siendo la reina. En uno de sus primeros videos virales, simplemente dijo, “Sí, soy. Para todas las personas que se preguntan si soy la verdadera, la real. Sí, sus cuentas explotaron. En cuestión de semanas acumuló cientos de miles de seguidores. La gente estaba fascinada con esta mujer que había estado en el centro del narcotráfico mexicano, que había pasado años en prisión y que ahora compartía su vida cotidiana como cualquier influencer de internet. Sandra explicó que abrió sus redes sociales porque existían muchas cuentas falsas que simulaban ser ella.

Quería que la gente supiera quién era la verdadera reina del Pacífico. Pero Sandra no solo quería ser famosa en redes sociales, quería algo más, justicia, o al menos lo que ella considera justicia. En 2022, Sandra inició un proceso administrativo ante el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial contra Netflix y Telemundo por la serie La Reina del Sur. La serie que ha sido un éxito masivo con tres temporadas y más de 120 episodios. Do está protagonizada por Kate del Castillo y cuenta la historia de Teresa Mendoza, una mujer mexicana que asciende desde ser la novia de un narcotraficante menor hasta convertirse en la reina del narcotráfico internacional.

Está oficialmente basada en la novela del escritor español Arturo Pérez Reverte, quien siempre ha negado categóricamente que Sandra fuera su inspiración. Pero Sandra ve las cosas de manera diferente y tiene argumentos convincentes. El apodo. Teresa Mendoza es llamada la reina del sur en la serie. Sandra es la reina del Pacífico. Ambas son reinas del narcotráfico mexicano. El origen Teresa Mendoza viene de una familia de Sinaloa conectada al narcotráfico. Sandra nació en una familia de Sinaloa conectada al narcotráfico.

Los amores. Teresa se enamora de narcotraficantes y de hombres de la ley que cruzan la línea. Sandra se casó con comandantes de policía que se convirtieron en narcotraficantes. La belleza. Teresa es descrita como una mujer hermosa que usa su atractivo como herramienta de poder. Sandra siempre ha sido reconocida por su belleza física. El ascenso. Teresa comienza siendo una mujer común y se convierte en la narcotraficante más poderosa. Las autoridades acusaron a Sandra de ser exactamente eso.

Pero más allá de las similitudes narrativas, Sandra argumentó algo más concreto y verificable. que Telemundo había utilizado imágenes de su detención real, el video donde ella aparece sonriendo mientras es arrestada para promocionar la segunda temporada de la serie en 2019. Esto no es una interpretación ni una coincidencia, es un hecho documentado. Telemundo usó material de archivo de la detención de Sandra Ávila Beltrán a mezclándolo con imágenes de Kate del Castillo interpretando a Teresa Mendoza, creando una promoción que claramente vinculaba a la persona real con el personaje ficticio.

Y lo hicieron sin pedir permiso, sin pagar un centavo, sin siquiera notificar a Sandra. Sandra demandó el 40% de las ganancias de la serie, una cifra que sus abogados estimaron en aproximadamente 150 millones de dólares, considerando las tres temporadas, las retransmisiones, los acuerdos de streaming con Netflix y la merchandising asociada. En mayo de 2023, el IMPI falló a favor de Sandra en una decisión histórica. determinó que Telemundo Network Group había cometido una infracción al utilizar la imagen de Sandra Ávila Beltrán sin su autorización y con fines de lucro indirecto.

La multa inicial fue de apenas 5 millones de pesos. Duele una cantidad insignificante para una empresa del tamaño de Telemundo, pero el fallo abrió la puerta para una compensación mucho, mucho mayor. En junio de 2024, la sala Especializada en materia de propiedad intelectual del Tribunal Federal de Justicia Administrativa ratificó la validez de la multa. El fallo fue considerado inatacable. Los abogados de Sandra argumentan que la serie ha generado más de 800 millones de dólares en ganancias a lo largo de sus temporadas.

Si Sandra logra obtener el 40% que reclama, estaríamos hablando de más de 300 millones de dólares. El caso sigue su curso legal, pero Sandra parece estar ganando. También registró su nombre como marca comercial. Ahora, Sandra Ávila Beltrán no es solo un nombre, es una marca registrada que puede usar para entretenimiento, negocios comerciales, a marketing y publicidad. Y ha sido muy vocal sobre su descontento con cómo Kate del Castillo la interpretó en la serie. En entrevistas recientes, Sandra criticó duramente la actuación de Kate del Castillo.

Dijo que la hizo parecer tosca y masculina cuando en realidad ella siempre ha sido muy femenina. Afirmó que la serie ha desprestigiado su imagen y que la representación no tiene absolutamente nada que ver con la realidad de quién es ella. También desmintió algo que Kate del Castillo había dicho en múltiples ocasiones, que se había reunido con Sandra para preparar su papel. Sandra aseguró que jamás ha tenido una conversación con Kate del Castillo, que nunca la entrevistó, que todo eso es mentira.

En febrero de 2025, apenas hace unas semanas, Sandra dio su siguiente paso empresarial. En colaboración con Cuadra, Ma una marca mexicana especializada en ropa, calzado y accesorios de piel, la reina del Pacífico lanzó su propia línea de ropa. Las prendas son blusas de manga larga con la leyenda Cuadra, la reina bordada en hilo dorado, acompañada de una corona ornamental. Sandra promociona la línea en sus redes sociales, donde ahora acumula más de 100,000 seguidores solo en Instagram.

Las blusas vienen en tres colores: negro, rojo y blanco. La preventa ya comenzó. No es la primera vez que personas vinculadas al narcotráfico intentan entrar al mundo de la moda. Alejandrina Guzmán Salazar, hija del Chapo, registró una marca con el apodo de su padre para vender desde ropa hasta Tequila. Emma Coronel, esposa del Chapo, ha incursionado en el diseño de modas después de salir de prisión. Pero Sandra fue la primera. La reina del Pacífico siempre fue pionera.

Hoy Sandra Ávila Beltrán tiene 64 años. Vive en México, aunque han estado luchando legalmente por recuperar propiedades que le fueron confiscadas, incluyendo tres casas en la Ciudad de México que asegura le pertenecen. En enero de 2020, un tribunal federal ordenó levantar el aseguramiento de ocho cuentas bancarias que habían estado congeladas desde su detención. El tribunal determinó que ya había sido absuelta de todas las acusaciones de lavado de dinero, delincuencia organizada y narcotráfico. En entrevistas recientes, Sandra ha dicho que su verdadera vocación siempre fue el periodismo y el espectáculo, aquella carrera que abandonó cuando fue secuestrada

de joven, que sus decisiones en la vida estuvieron marcadas más por el destino que por la voluntad y que ella no eligió nacer en la familia en la que nació. También ha criticado duramente las series que romantizan el narcotráfico. Algo irónico considerando que ella misma se ha beneficiado enormemente de esa romantización. Los medios han alterado cómo es esa vida”, dijo en una entrevista, pero ella sigue usando su notoriedad para vender ropa, acumular seguidores y demandar por millones de dólares.

Su hijo José Luis, aquel adolescente que fue secuestrado en 2002, ya es un hombre adulto de casi 40 años. Sandra ha dicho que su prioridad siempre ha sido mantenerse cerca de él, el único hijo que tuvo. El trauma del secuestro los unió de una manera que solo quienes han pasado por experiencias similares pueden entender. José Luis creció bajo la sombra de su madre. creció sabiendo que su familia estaba conectada al narcotráfico, de que su abuelo tío era el jefe de jefes, que los amigos de su madre eran los hombres más buscados del país.

Creció con la cicatriz de haber sido secuestrado a los 15 años, de haber pasado 17 días vendado en la oscuridad, de no saber si viviría o moriría. No sabemos mucho sobre la vida actual de José Luis. Sandra ha sido muy protectora con su privacidad. Pero sabemos que sobrevivió, que creció, que está vivo. El mayo Sambada, el compadre de Sandra, según ella misma admitió, fue capturado en julio de 2024 en circunstancias que sorprendieron al mundo entero. El hombre que había evadido a las autoridades durante más de 50 años.

El último de los grandes capos de la vieja escuela. fue entregado a las autoridades estadounidenses aparentemente por una traición interna del cártel de Sinaloa. A cuando Sandra se enteró de la captura de El Mayo, no hizo declaraciones públicas, pero su silencio fue elocuente. El último de los hombres que conoció cuando eran personas comunes y corrientes ahora enfrenta cadena perpetua en una corte estadounidense. El Chapo Guzmán cumple su sentencia de cadena perpetua más 30 años adicionales en ADX Florence.

La prisión de máxima seguridad en Colorado conocida como la alcatrá de las Rocallosas. Está en aislamiento solitario 23 horas al día. Probablemente morirá ahí. Juan Diego Espinoza, el tigre. El hombre que fue arrestado junto a Sandra aquel día de septiembre de 2007. Cumplió su condena hace años. Se desconoce su paradero actual. Los hermanos Arellano Félix, que controlaban la plaza de Tijuana cuando Sandra era joven, están todos muertos o en prisión. Y Ramón fue abatido por la policía en 2002.

Benjamín cumple 22 años de prisión en Estados Unidos. Eduardo cumple 15 años. Francisco cumplió su sentencia y fue deportado. Javier murió en prisión. Nacho Coronel, el capo que supuestamente ayudó a pagar el rescate del hijo de Sandra, fue abatido por el ejército mexicano en un operativo en Zapopan, Jalisco, en julio de 2010. Rafael Caro Quintero, el familiar de Sandra, que fue uno de los fundadores del cártel de Guadalajara, fue recapturado en 2022 después de pasar casi una década prófugo.

Actualmente enfrenta juicio en Estados Unidos por el asesinato de la gente Kiki Camarena. de todos aquellos capos que Sandra conoció cuando eran personas comunes y corrientes, de todos esos hombres que eran sus amigos, sus compadres, los invitados a las fiestas de su familia, a prácticamente ninguno queda libre. Todos están muertos en prisión o huyendo para salvar sus vidas, pero la reina del Pacífico sigue ahí a los 64 años viviendo en México, publicando en TikTok videos de su vida cotidiana, mostrando sus BMW y sus caballos pura sangre, vendiendo blusas bordadas con su apodo, peleando demandas

millonarias contra corporaciones multinacionales, sonriendo para a las cámaras exactamente cómo sonrió aquel día de septiembre de 2007 cuando la detuvieron. Hay quienes dicen que Sandra tuvo suerte, que simplemente estuvo en el lugar correcto, en el momento correcto, que su belleza la salvó, que las autoridades nunca pudieron probar realmente sus crímenes. Hay quienes dicen que Sandra fue más inteligente que todos los demás, que sabía cómo moverse en un mundo de hombres sin convertirse en víctima. que construyó una posición de poder sin exponer demasiado, que jugó el juego mejor que nadie.

Y hay quienes dicen que Sandra simplemente nació en el momento y lugar equivocados, que nunca tuvo opción real, que su destino estaba escrito desde el día en que llegó al mundo como sobrina del jefe de jefes. Sea cual sea la verdad, una cosa es innegable. Sandra Ávila Beltrán sobrevivió a un mundo que destruye a casi todos los que entran en él. Hay canciones que le han dedicado. Los Tigres del Norte grabaron Reina de Reinas en su honor.

Los Tucanes de Tijuana compusieron fiesta en la sierra que, según Sandra está basada en hechos reales que ella vivió. En esas canciones la describen como una mujer admirada por hombres y mujeres en el mundo entero, como inspiración de escritores, como alguien respetada por la mafia. Más Sandra se sabe esas canciones de memoria. En videos recientes se le ve coreándolas con orgullo. Los que le hicieron daño muy caro se lo pagaron, dice una de las letras. Por orden de un presidente envidioso la encierran, pues le pusieron un cuatro.

Si debía algo, ya ha pagado. Hoy ya no les debe nada. Sandra Ávila Beltrán fue la sobrina del jefe de jefes. Fue la mujer que supuestamente rechazó al Señor de los cielos. fue la viuda de dos comandantes de policía asesinados. Fue la madre que pagó millones para rescatar a su hijo secuestrado. Fue la acusada de ser el enlace entre Colombia y México. Fue la prisionera que sonreía ante las cámaras. fue la primera mujer en ser llamada reina del narcotráfico y ahora, a los 64 años es una empresaria de moda, una influencer de redes sociales.

Allí una demandante que podría ganar 150 millones de dólares de una televisora. Esa es la historia completa de Sandra Ávila Beltrán, la reina del Pacífico, una mujer que nació rodeada de narcotraficantes, vivió entre narcotraficantes, fue acusada de ser narcotraficante y ahora vive de vender la imagen de haber sido narcotraficante. Algunos la ven como una víctima de las circunstancias, una mujer que simplemente nació en la familia equivocada. Otros la ven como una criminal astuta que logró salirse con la suya, que escapó de las condenas más graves gracias a sus conexiones y su inteligencia.

Otros más la ven como una empresaria que supo capitalizar su notoriedad, que convirtió su infamia en una marca comercial. Lo que nadie puede negar es que Sandra Ávila Beltrán es única. En un mundo dominado por hombres violentos, Moya sobrevivió. Cuando todos sus contemporáneos terminaron muertos o en prisión de por vida, ella está libre. Cuando las series la retrataron sin su permiso, ella los demandó y está ganando. La reina del Pacífico sigue reinando a su manera.