Gabriel Chanel no nace rodeada de glamor, nace rodeada de carencias. Su mamá es la bandera, su papá aparece y desaparece, en parte porque es vendedor ambulante, recorre Francia vendiendo encajes, listones y agujas por unas monedas, pero también porque le gusta beber hasta el cansancio y pasar la noche con mujeres. Cuando Gabriel tiene 11, su mamá muere. Su papá, en lugar de hacerse cargo, deja a sus tres hijas en un orfanato. Les promete que va a trabajar, ganar dinero y volver por ellas, pero eso nunca sucede.

Así Gabriel pasa el resto de su infancia con unas monjas. Ellas visten hábitos sobrios y repetitivos, siempre negros, con toques blancos, líneas rectas y ningún adorno. A lo mejor uno que otro rosario, pero sabes a lo que me refiero. De una vez adelanto, esto en algunos años marcará el lenguaje visual que va a aparecer en Chanel. Ropa negra, simple y sin excesos. Además, el icónico collar de perlas que Coco Chanel usará durante gran parte de su vida tiene un aire a los rosarios que las monjas llevan en el cuello todos los días.

En el orfanato, las monjas quieren que las niñas salgan sabiendo ganarse la vida, por eso les enseñan a cocer. Desde muy chicas confeccionan prendas que incluso terminan vendiéndose a familias ricas de la región. Cuando Gabriel cumple 18, tiene que salir del orfanato. Se muda a Moldings y consigue empleo como costurera. Trabaja todo el día, pero el sueldo apenas alcanza para sobrevivir. Irónicamente, se da cuenta de que coser no le va a dar la vida cómoda que quiere, así que intenta el único camino que muchas chicas como ella ven para mejorar su realidad, el espectáculo.

Por esta razón consigue trabajo como cantante en un café cabaret. No es una gran cantante, pero tiene carisma. Ahí dos canciones se vuelven su sello. Cocorico, que imita el canto de un gallo, y Cuika Cuaboco. Una canción popular que pregunta, ¿quién ha visto a Coco? haciendo referencia a un perrito. Gabriel las canta una y otra vez, así que se cree que de alguna de estas canciones viene su apodo, Coco. En ese café Cabaret conoce a Etien Balsan, un hombre rico de la alta sociedad.

Ambos comienzan a platicar y cuando él le pregunta por su pasado, Coco inventa otra historia. Dice que viene de una familia adinerada, que su papá la adoraba y que solo se fue un tiempo a América para crecer su fortuna. Esa versión maquillada es la primera de varias que Coco usará para ocultar su origen y poder escalar hasta la cima de la sociedad parisina. Una cosa lleva la otra y en poco tiempo Eti y Coco se vuelven amantes.

Él le ofrece mudarse a su enorme mansión con jardines, caballos y sirvientes al norte de Francia, cerca de París. Así de un día para otro, Coco pasa de rozar la pobreza a vivir rodeada de lujo. Empieza a pasar los días cabalgando y se topa con que la ropa de mujer es demasiado incómoda para lograrlo. Las faldas largas, corsés apretados y sombreros enormes estorban muchísimo. Entonces decide tomar prestada la ropa de Tién. Un día aparece vestida con pantalón, camisa e incluso corbata.

Algo escandaloso para la época, pues una mujer no debía usar ropa de hombre. Aún así, a Coco no le importa, pues ella solo quiere estar cómoda. Además, con lo que sabe de costura, empieza a diseñar sombreros más sencillos, muy distintos a los que las mujeres usan en ese momento. En una de las fiestas que organiza Etien, varias mujeres se fijan en su diseño. Coco les dice que con aquellos modelos enormes apenas podía pensar con claridad. A algunas les encanta la idea y le piden uno.

Así, casi sin darse cuenta, empieza un pequeño negocio de sombreros. Poco después, Coco afirma que una de sus hermanas murió y que por eso ahora ella debe cuidar a su hijo, André Palaz. Lo cría y lo trata como si fuera suyo. Sin embargo, para algunos biógrafos esto no es casual. Sospechan que André pudo haber sido en realidad hijo de la propia Coco fruto de su relación con Etien, porque como sabemos ella suele maquillar partes de su vida.

Con los años su amor por André la va a llevar a cruzar líneas muy polémicas. Se dice que para protegerlo incluso llegó a involucrarse con personas del régimen nacional socialista. Pero ya llegaremos a eso. Un día Etien recibe una visita. Arthur Capell, a quien todos llaman Boy, es un inglés apuesto, jugador de polo y lo que será muy importante la vida de Coco, un empresario con mucho dinero. Coco y Boy se conocen y se enamoran de inmediato.

Con él siente algo que con Etien nunca había sentido, así que no lo piensa demasiado, deja Etien y se va con Boy. Con ese cambio entra a un mundo completamente nuevo, la moda inglesa. A diferencia de la francesa de la época, no usa telas frágiles, colores llamativos ni adornos que estorban. La ropa que los hombres ingleses usan en el campo es recta, cómoda y funcional. pensada para moverse y montar a caballo. Usa colores sobrios y telas resistentes.

Su elegancia no viene de saturar con decoraciones, sino de que la prenda esté bien hecha y bien medida. Una idea que a Coco le fascina. Así la chica empieza a incorporar ese estilo en su propia ropa. De hecho, hay una foto de 1907 tomada en unas carreras de caballos donde ella aparece usando un abrigo de hombre, chaleco y corbata combinados con una falda y un sombrero de paja hecho por ella misma. Si lo comparas con lo que usaban las demás mujeres de la época, es bastante disruptivo.

Con el tiempo cada vez más mujeres empiezan a acercarse a Coco para que les haga sombreros. Boy lo nota y entiende que ahí hay una gran oportunidad de negocio. Le propone que abra su propia tienda en París. Él mismo le dará todo el dinero que necesite para arrancar. Esta noticia sorprende a Coco y aunque le da miedo, decide arriesgarse. Con la ayuda de Boy consigue un pequeño espacio dentro de un local compartido. Llama a su tienda Chanel Modes y empieza a vender sus sombreros.

Pronto las mujeres de la alta sociedad se fijan en ellos. No pesan, son cómodos y aún así se ven elegantes. Para muchas es justo lo que no sabían que estaban buscando. Los pedidos empiezan a llegar uno tras otro y en solo un par de años Coco abre una segunda tienda, esta vez en Deville. Deville es una ciudad junto al mar a la que la gente rica de París va de vacaciones, pero no solo van a descansar, también van a socializar, así que necesitan verse bien.

El problema es que la ropa que traen de París es demasiado pesada para la playa y en Deville casi no hay modistas ni tiendas que vendan algo diferente. Coco ve la oportunidad, decide que además de sombreros, también va a ofrecer la ropa que esa gente necesita. Para diseñarla se inspira en lo que ve todos los días en los puertos. Los marineros con sus camisas blancas sueltas y camisetas de rayas. Así es. Esa camiseta que hoy vemos por todos lados empezó como ropa de trabajo para marineros y fue Coco quien la popularizó.

Para el material elige algo inesperado, Jersey, la tela que se utiliza exclusivamente para la ropa interior de los hombres. Él dijera, flexible y cómoda, pero en esa época se considera barata y poco elegante. Aún así, Coco la elige. Con sus diseños toma algo simple y lo vuelve especial. Tanto que uno de sus grandes competidores, el diseñor Paul Poiret, describió su estilo como pobreza lujosa, es decir, usar telas comunes y cómodas y convertirlas en algo refinado. Con los diseños listos, Coco pone a sus ayudantes, que antes solo hacían sombreros, a confeccionar ropa también.

Además de las camisetas, hacen sacos sencillos, vestidos ligeros y conjuntos cómodos para el día a día. Nada de corsés ni adornos innecesarios. Cuando esta ropa sale a la venta en Deville, a las mujeres les encanta. es perfecta para la playa e incluso para moverse en el día a día. Entonces pasa algo que irónicamente impulsa el negocio de Coco, la Primera Guerra Mundial. Millones de hombres se van a pelear al frente y dejan sus trabajos vacíos. Así que para que la economía y la vida diaria sigan funcionando, las mujeres empiezan a ocupar esos puestos en fábricas, oficinas, hospitales y en el transporte, pero se encuentran con que la ropa que usan no sirve para eso.

Imagina trabajar en una fábrica con corsé y vestido voluminoso, sería terriblemente complicado. Así que muchas mujeres empiezan a simplificar cómo pueden, acortan faldas, se quitan el corsé y en algunos casos toman prestada ropa de sus esposos. Este contexto combinado con el producto nos da como resultado que la colección de Coco Chanel explote, pues les da a todas estas mujeres justo lo que necesitan. ropa funcional, que además se ve muy bien. El crecimiento es tan rápido que incluso en plena guerra abre una tercera tienda en Viaarits.

Pero esta vez no se trata solo de vender ropa. Coco aprovecha el momento para dar un paso más grande. En Varit su proyecto se expande y empieza a funcionar también como una casa de alta costura. Eso qué significa? que además de vender ropa ya hecha, ahora también se crean prendas especialmente para cada clienta. Así Coco empieza a enfocarse en mujeres muy ricas que buscan algo único que nadie más va a tener. La idea sigue siendo hacer prendas cómodas y prácticas, solo que ahora entran en un nivel mucho más lujoso.

Con este giro, Coco empieza a ganar muchísimo dinero, tanto que logra devolverle a Boy todo lo que él invirtió al inicio del negocio. Pero eso no es todo. También compra un edificio entero en el número 31 de la Rambo en París, en una de las zonas más importantes de la ciudad. cerca de la ópera, el look y el arco del triunfo. En ese edificio, la marca deja atrás el nombre de Chanel Mode y empieza a ser conocida simplemente como Chanel.

Desde ahí se establece el corazón de la casa de moda. En la planta baja, Coco instala la boutique. Ahí se vende la ropa ya hecha. Son diseños creados por Chanel con la ayuda de su equipo, pero no se producen en ese mismo lugar. Las prendas se confeccionan en talleres especializados externos y luego llegan a la boutique para su venta. En el segundo piso instala su salón de alta costura, donde continúa recibiendo a las clientas más exclusivas. Coco observa a cada una, les pregunta para qué quieren la ropa y cómo la van a usar y a partir de eso propone los diseños.

Después se toman las medidas y el trabajo pasa a manos de las costureras que trabajan en ese mismo piso. Ellas cosen cada pieza mientras Coco supervisa y ajusta los detalles junto con su equipo. En el tercer piso está su apartamento personal donde planea vivir. O bueno, al menos esa era la idea porque en realidad pasa gran parte del tiempo en casa de Boy. Para ese momento llevan años juntos. Coco lo llama el amor de su vida, pero un día Boy le da una noticia que la destroza.

Se va a casar con una mujer de la alta sociedad. Aunque ama a Coco, no está dispuesto a romper con su clase social. La noticia deja a Coco devastada. Aún así, la relación no termina del todo. Aunque Boy está comprometido, siguen viéndose hasta que una noche ocurre la tragedia. Boy muere en un accidente de carro. Cuando Coco se entera, le pide a un amigo que la lleve de inmediato al lugar. Después regresa a su casa y ordena que todo se pinte de negro desde las paredes hasta el techo.

De igual forma, la chica adopta este color en su ropa y a partir de este suceso comienza a ser el color que más usa. Con el tiempo, el negro deja de ser solo un símbolo de duelo y se vuelve parte de su identidad. Coco lo adopta como un estilo sobrio y simple y empieza a usarlo en sus colecciones. Antes el negro era un color reservado casi solo para el luto, pero como Chanel lo usa y lo vende, las mujeres lo empiezan a ver distinto, comienzan a aceptarlo y hasta agarrarle el gusto.

Así nace El Little Black Dress o el vestido negro, una prenda básica en el closet de millones de mujeres. Un cambio enorme en la moda impulsado en parte por Coco Chanel. Tras la muerte de Boy, Coco no se queda sola por mucho tiempo. Empieza a buscar nuevas relaciones. Una de las más comentadas es con Missia Sert, una pianista muy influyente en la escena artística de París. Durante años se creyó que solo eran amigas, pero empiezan los rumores de que entre ellas hay algo más.

Y hay un detalle que alimenta aún más esas sospechas. Cuando Misia se casa con el artista español José María Sert, solo acepta irse de luna de miel si Coco va con ellos. Más adelante, Coco se vuelve muy cercana a Pablo Picaso, uno de los pintores más importantes del siglo, y a su esposa Olga, una bailarina. Los tres viajan juntos con la excusa de que Chanel va a vestir a Olga para eventos, pero Coco y Picasso terminan pasando demasiado tiempo a solas.

Incluso se dice que Chanel tiene una habitación preparada en su casa para cuando Picasso se quede a dormir. También mantiene una relación con el poeta francés Piaj Rebhdi. Rebi es un hombre casado y muy religioso, pero queda completamente fascinado por Coco, lo que lo hace sentir culpable y atormentado. De hecho, en el departamento de Chanel se encontró un libro de Rebeldí con un mensaje que decía, “Querida Coco, perdí el rumbo de mi sombría vida. Ahora es más oscura que la noche.

Lo que es claro es que te amo con todo mi corazón, no importa lo que pase.” Y la lista no termina. Ahí se rumora que Coco también comienza a salir con Jan Cockto, un poeta y artista, Sergei Diaguilev, un productor de ballet e Igor Stravinski, un compositor. Pero lo más sorprendente es que no solo se relaciona con ellos, también los mantiene económicamente. Algunos, porque siendo artistas apenas ganan lo suficiente para sobrevivir, pero a otros por una razón diferente.

Estamos en los años de los 1920, justo después de la revolución rusa. Muchos artistas rusos subíen de su país y llegan a París prácticamente sin nada. Deilevi, Stravinski, entre ellos. Coco les paga gastos, lo que les permite seguir creando y así Chanel termina sosteniendo a toda una generación de artistas. Pero, ¿por qué lo hacía? Según Justine Picardy, autora de Chanel, The Legend of the Life, Coco no los financiaba por amor ni porque admiraba su talento. Lo hacía porque ayudar a otros le recordaba que ya no dependía de nadie.

Ahora era ella quien tenía el poder y el control. Otro, los rusos que entran en la vida de Coco es el gran duque Dimitri Pavlovic, primo del último Sar Nicolás II. Cuando se conocen, Dimitri tiene como pareja a la cantante de ópera Marte Dai, amiga de Chanel. En medio del romance, Dimitri le regala un collar de perlas. A ella le encanta, pero no quiere usar solo uno, quiere llevar muchos a la vez, por eso decide copiarlo usando materiales más baratos como pasta o vidrio.

Empieza a mezclar perlas reales y falsas, y esos collares se vuelven una parte clave de su estilo. Cuando otras mujeres la ven, empiezan a copiarla. Así, Coco convierte las joyas falsas en algo deseable y hace que el lujo deje de ser exclusivo para volverse accesible para todos. Años después le preguntarían por qué usa perlas falsas si puede pagar las reales y ella respondería con una frase que engloba una gran y revolucionaria idea para su momento. ¿Por qué me obsesionaría con una piedra real?

¿Por qué no mejor me cuelgo un cheque en el cuello? Con esto nos dice que lo importante no es el precio ni presumir riqueza, sino el estilo o la forma en la que te expresas. Al escuchar esto, me entró la curiosidad de saber si la marca sigue esa filosofía. Hoy me puse a buscar y al parecer sí. Chanel sigue vendiendo perlas falsas, supuestamente como un homenaje a Coco. El problema es que la idea original de hacer la moda accesible, digamos que se perdió un poco.

Hoy un collar de perlas falsas de Chanel puede costar 3,000 o $4,000 o incluso más. Así que parece que lo que se conservó fue la estética, no la filosofía detrás de ella. Y eso es justo lo que vamos a ver más adelante. Aunque Chanel a primera vista sigue usando los diseños de Coco, parece que en el fondo es muy diferente a lo que ella habría querido. En este punto Chanel ya es un éxito en Francia. La ropa lista para usarse se vende muy bien en sus boutiques y la demanda no deja de crecer, pero justo ahí aparece el problema.

Ese modelo tiene un límite. Mientras sus tiendas estén solo en Francia, sus diseños solo llegan a un público muy reducido. Para crecer de verdad, Coco necesita que llegue a otros países. Entonces surge una gran oportunidad, las tiendas departamentales, que venden ropa de muchas marcas en un solo lugar. En lugar de abrir más boutiques por su cuenta en cada país, Coco podría apoyarse en estas tiendas que se encargarían de distribuir y vender sus diseños y así su ropa podría llegar a mucha más gente, no solo en Francia, sino también fuera del país, sobre todo en un mercado con enorme potencial, Estados Unidos.

Con esta idea en mente, Coco negocia con Henry Vendell, una importante tienda departamental en Nueva York. Gracias a ese acuerdo, sus diseños cruzan el Atlántico y llegan por primera vez al público estadounidense, donde empiezan a tener un gran éxito. Poco después, Coco empieza a pensar en crecer todavía más. pero en un terreno diferente, quiere crear un perfume propio. Hasta ese momento, los perfumes para mujer casi siempre huelen a flores muy obvias. Sin embargo, a Coco le parecen olores planos y no muy interesantes.

Así que busca a Ernest Beau un perfumista. Lo único que le dice es que quiere un aroma que huelea a mujer moderna. Sorprendentemente, el perfumista entiende de inmediato. Empieza a experimentar, mezcla notas cálidas como sándalo, vainilla y almizcle. Agrega flores como jaí rosa, pero de forma sutil. Y luego hace algo totalmente nuevo para la época. Añade aldeídos, unas moléculas sintéticas que le dan un olor limpio, algo así como jabón elegante. Cuando termina el perfumista le presenta a Coco varias versiones del perfume, cada una numerada.

Coco las prueba una por una y Coco elige su número de la suerte, el número cinco. ¿Por qué el cinco? Porque su signo del zodiaco es Leo, el quinto en el calendario. A Coco le gusta tanto la idea que decide que ese será el nombre del perfume, number five o número cinco. Después Coco pasa a diseñar la botella. No quiere nada parecido a los frascos de perfume de la época, casi siempre curvos y llenos de adornos. Ella busca algo limpio y moderno.

Entonces se dice que recuerda a Boy, en especial un frasco cuadrado que él usaba para el whisky. Con esa idea en mente, Coco diseña una botella recta y sobria, muy diferente a todo lo demás. Con eso ya tiene el perfume, el nombre y la botella, pero todavía le falta lo más complicado, las fábricas para producirlo, las redes para distribuirlo y las tiendas donde venderlo a gran escala. O sea, no tiene la forma de convertir su idea en un gran negocio.

Coco entiende que así no va a llegar muy lejos, por eso busca a alguien que tenga lo que a ella le falta y termina asociándose con los hermanos Pieg y Paul Wtheimer, dueños de una poderosa empresa de perfumes que tienen las fábricas, los contactos y la experiencia necesaria. Pero hay un detalle importante, los Wheimers son judíos. Ahorita no parece relevante, pero con la llegada de la Segunda Guerra Mundial sí lo será. Por ahora, el trato avanza. Los Wheimer pondrán el capital, la producción y la distribución.

Coco aportará el aroma y el nombre Chanel. Así acuerdan que ellos se quedan con el 90% de las ganancias y Coco con el 10. A Coco le parece un buen trato, al menos por ahora, porque más adelante, cuando vea hasta dónde llegará su creación, va a dejar de pensar igual. Cuando el perfume sale a la venta, explota. No hay cifras oficiales sobre cuántas botellas se vendieron ni cuánto dinero generó en esos primeros años, pero tenemos dos pistas que nos pueden dar una buena idea.

La primera, una amiga cercana de Coco dijo que incluso con solo el 10% de las ganancias fue como si Coco se hubiera ganado la lotería. Y la segunda, en muy poco tiempo el perfume se convierte en el más vendido del mundo. A las mujeres les encanta, no solo porque huele distinto a todo lo demás, sino porque usarlo les permite parecerse un poco más a Coco. ¿Y por qué? Porque para ese momento Coco ya se ha vuelto mucho más que una diseñadora.

Es una figura pública. Va a las fiestas y eventos más exclusivos de París y la prensa la sigue. Las revistas no solo hablan de su trabajo, también cuentan cómo se viste, con quién está saliendo y cómo vive. Una celebridad en toda regla. Las mujeres de la época la ven como un referente de estilo. Por eso, cuando llega el momento de promocionar el perfume, Coco no usa una modelo, se usa a sí misma. Ahí es cuando empieza a sentirse incómoda con el acuerdo que hizo con los Wheimer.

Piensa que si el perfume se vende tamban bien es en gran parte gracias a ella. Y si eso es cierto, quedarse con solo el 10% ya no le parece justo. Intenta renegociar pero no logra nada. Aún así, Coco no se enfrenta de inmediato. Prefiere esperar a que llegue el momento adecuado. En 1923, cuando Coco tiene 40 años, conoce a Hug Crossbernor, el duque de Westminister, uno de los hombres más ricos de toda Inglaterra. Huke tiene una reputación, suele tener romances cortos y no quedarse con nadie.

Pero cuando conoce a Coco, algo cambia. Queda fascinado y es él quien empieza a perseguirla hasta que consigue conquistarla. Así comienza una relación que dura casi 10 años. Juntos pasan largas temporadas en las fincas de Huge, pescando, cazando y tirando al blanco. Por las noches organizan cenas con los invitados más exclusivos de Inglaterra. Entre ellos está Winston Churchill, quien más tarde se convertirá en primer ministro del país. Después de tratar a Chanel de cerca, Churchill escribe en una carta un amigo.

Conocí a la famosa Coco. Es una mujer grandiosa, capaz de gobernar a un hombre y a un imperio. Durante su estancia con el duque, Coco vuelve a adentrarse en el mundo de la moda inglesa. Esta vez se fija en algo nuevo, las chaquetas de Twet, que es un tejido de lana. De nuevo, parte de una tela sencilla asociada a la ropa masculina y la transforma. Con ella crea conjuntos de chaqueta y falda que décadas después darán origen al icónico traje Chanel.

Pero ya llegaremos a eso. Para 1925, la casa Chanel ya es enorme. Sus diseños están por todos lados. Sus perfumes son un éxito y Coco es una figura reconocida. Con todo eso en marcha entiende que necesita algo que lo represente, un logo. Se pone a diseñar y como siempre apuesta por la simplicidad. no quiere nada recargado ni complicado. Después de varios intentos llega a 2 C entreeladas iguales frente a frente. Muchos asumen que esas dos C significan Coco Chanel y tiene sentido, pero hay que recordar que su nombre real no es Coco, es Gabriel.

Por eso, algunos creen que la C podrían venir de Chanel y Capel, el apellido de Boy, a quien ella siempre dijo que fue el amor de su vida. Nunca lo confirmó, es solo una teoría. Pero, ¿tú qué opinas? Las C vienen de Coco Chanel o Chanel de Di Caple, sea cual sea la respuesta. y luego termina convirtiéndose en uno de los símbolos más reconocibles del mundo. Mientras tanto, Coco sigue saliendo con Huge, el duque de Westminister. Pasa tanto tiempo en Inglaterra que decide que es momento de abrir su primera casa de costura internacional en Londres.

Para asegurarse de que todo salga como ella quiere, no deja nada al azar. Lleva a sus propias costureras desde Francia y abre un taller allá replicando exactamente la forma en la que trabaja en París. Pero Coco sabe que abrir una tienda no es suficiente para traer gente y generar interés. necesita hacer algo grande. Así le pide al duque que le preste su casa para organizar un desfile privado y en lugar de usar modelos profesionales, invita a damas de la alta sociedad inglesa a desfilar sus diseños.

La idea funciona perfecto. La apertura de Chanel en Londres se convierte en otro éxito y trae todavía más ganancias para Chanel. Gracias a eso, Coco y el Duque, que ya llevan varios años juntos, deciden comprar una casa de vacaciones cerca de Mónaco. La llaman La pausa. Ahí organizan fiestas enormes con invitados de la élite europea. Son una pareja imparable, popular y que parecen tener una vida perfecta. Desde afuera todo parece increíble, pero poco a poco quienes los rodean empiezan a escuchar discusiones cada vez más fuertes entre ambos, tanto que muchas terminan en gritos, lo que hace que la relación entre Coco y el duque empiece a fracturarse.

La biógrafa Justin, autora de Coco Chanel, The Legend Life, explica que a estas tensiones se les suma otro tema delicado. Ambos quieren tener hijos, incluso lo intentan, pero Coco ya pasa de los 40 y simplemente su cuerpo ya no se lo permite. Para el duque que necesita un heredero, esto se vuelve decisivo. Al final termina la relación y se casa con otra mujer mucho más joven con quien sí puede asegurar descendencia. Tras el rompimiento, Coco decide mudarse al hotel Ritz, justo enfrente de su boutique.

Es 1930 y París, una ciudad que, como buena parte de Europa, vive un momento de mucha tensión. La ciudad está dividida. Por un lado, los movimientos de izquierda exigen derechos para los trabajadores y amenazan con huelgas masivas. Por el otro, crecen los movimientos de derecha con ideas nacionalistas y antisemitas. Coco queda atrapada en medio de todo esto. Por un lado, empieza a chocar con la izquierda. Las trabajadoras de la casa Chanel comienzan a exigir mejores condiciones laborales, piden más derechos, mejores sueldos y horarios más justos.

Lo sorprendente es que aunque Coco creció en la pobreza y también fue costurera, ya no se identifica con ellas. No empatiza en lo absoluto y no concede ninguna de sus peticiones. Al contrario, decide despedirlas a todas. Pero las trabajadoras no se van, permanecen dentro del taller y se niegan a abandonarlo. El conflicto escala y a Coco no le queda más que ceder. A regañadientes les concede mejores salarios y jornadas laborales más cortas. Después vienen sus roses con la derecha, esta vez a través de Paul, un ilustrador con el que empieza una relación.

Paul tiene ideas políticas muy radicales y poco a poco empieza a influir en Coco. Ella decide financiar la revista en la que él trabaja. Esta revista promueve ideas ultranacionalistas y protofascistas, es decir, rechazo a otros grupos y una visión autoritaria del país que años después daría cabida al fascismo. La relación entre Coco y Paul se profundiza tanto que llegan a planear casarse, pero antes de que eso ocurra, Paul muere de forma repentina. Este hecho afecta muchísimo a la mujer.

Queda tan devastada que ya no puede dormir. Así que para calmar los nervios empieza a tomar morfina todas las noches con el peligro cada vez más cerca, Coco prefiere no quedarse en París. Decide salir de la ciudad y refugiarse en el campo junto a su sobrino o posible hijo André. Mientras tanto, el régimen nacional socialista alemán avanza por Europa. En mayo de 1940, Alemania invade Francia y la derrota francesa llega en cuestión de semanas. El ejército francés evacúa a París y el 14 de junio las tropas alemanas entran en la ciudad sin que se produzcan grandes combates en sus calles.

Días después, el gobierno francés firma un armisticio con Alemania. A partir de entonces, París queda bajo ocupación alemana, mientras que el país se divide. Una parte queda ocupada directamente y otra queda bajo un gobierno francés con sede en Beach, que colabora con los ocupantes. En la capital ya no hay combates abiertos, pero tampoco libertad. La ocupación impone reglas, vigilancia y censura y controla la vida diaria. Con el paso de los meses, la ciudad comienza a sentirse más estable en apariencia.

Regresan ciertas rutinas, los cafés vuelven a abrir y la vida cotidiana continúa para muchos. Con este nuevo panorama, muchos parisinos deciden regresar a la ciudad, entre ellos Coco. Al volver, intenta retomar su habitación en el hotel Ritz, pero se encuentra con que su antigua suite ahora está ocupada por generales alemanes. Aún así, logra convencer al gerente del hotel de asignarle un cuarto más discreto en la parte trasera del edificio. En este contexto, Coco conoce a Hans Gunter Bondinclash, un oficial alemán nacional socialista.

Poco después comienzan una relación. Más adelante esta decisión será vista como una de las más graves y polémicas de su vida, pues Coco se está vinculando con alguien que forma parte de un régimen que persigue, encarcela y elimina a millones de personas, especialmente judíos. Para muchos no hay excusas posibles y ven esta decisión como moralmente cuestionable. Ahora bien, algunos biógrafos proponen otra lectura. Según ellos, la relación de Coco con el oficial alemán pudo no haber sido tan romántica ni tan problemática como suena.

plantean que en realidad pudo haber sido una estrategia para ayudar a André, su sobrino. Veraz, en ese momento André estaba en serios problemas. Había servido en el ejército francés, fue capturado por los alemanes y enviado a un campo de prisioneros de guerra. Coco sabía esto y estaba desesperada por sacar a su sobrino de ahí. Así que según esta interpretación, Coco inicia la relación con Dinklash, el oficial alemán, precisamente para usar esa cercanía y lograr la liberación de André.

Esta lectura se refuerza con el hecho de que poco tiempo después de que Coco comienza su relación con Dinklash, su sobrino efectivamente es liberado del campo de prisioneros. Sin embargo, hay un detalle que debilita esta explicación. Incluso después de que Andrés es liberado, Coco continúa su relación con Dinglash. Además, durante la guerra ocurre otro episodio que para muchos resulta todavía más cuestionable que su relación con un oficial alemán. Coco intenta beneficiarse de la persecución contra los judíos para quedarse con un negocio.

Si recuerdas cuando Coco lanzó el perfume Chanel número 5, se asoció con P. y Paul Wheimer, dos empresarios judíos dueños de una gran empresa de perfumes. En ese acuerdo, los Wheimers se quedaron con el 90% de las ganancias, mientras que Cocos recibió solo el 10%. Un trato que al inicio vio bien, pero con el tiempo comenzó a causarle inconformidad. Entonces llegó la guerra. Con el régimen nacional socialista en el poder empezaron a aplicarse leyes antisemitas. Estas leyes discriminaban a los judíos y, entre muchas cosas graves permitían quitarles sus negocios y propiedades.

Coco se da cuenta de esto, sabe que sus socios, los Warhamers, son judíos y que bajo esas nuevas leyes sus empresas pueden ser confiscadas. Definitivamente son leyes terribles, pero en ellos Coco ve una oportunidad. Usando ese contexto, Coco intenta quitarles el control del negocio de sus perfumes y recuperar la empresa a su nombre. Al final no lo consigue. Losimer logran protegerse legalmente, pero aunque no tuvo éxito, la intención quedó clara y eso le traerá graves consecuencias a su reputación.

En 1944, la situación en París cambia por completo. Los ejércitos que luchaban contra los alemanes, conocidos como los aliados, entran a la ciudad y la recuperan. Los alemanes pierden el control y Francia vuelve a gobernarse a sí misma. A esto se le conoce como la liberación de París. Después de la liberación comienza un ajuste de cuentas. Las autoridades buscan a las personas que ayudaron o colaboraron con los nacional socialistas durante la ocupación. A algunos los exhiben en público, a otros les quitan derechos o los arrestan.

En los casos más graves, incluso son condenados a muerte. Durante esas investigaciones, el nombre de Coco aparece. Se hace pública su relación con un oficial alemán y su intento por aprovechar las leyes antisemitas. Como Coco es una figura muy conocida, la noticia se corre rápido. Se habla de ella en París, en toda Francia y hasta en otros países, haciendo que su reputación quede profundamente manchada. En ese contexto, Coco es detenida para ser interrogada. Horas después la dejan en libertad.

Ahora sí, el peligro no desaparece. Sabiendo que en cualquier momento podrían volver a detenerla, esa misma noche regresa su suite en el hotel Ritz, empaca sus cosas y abandona Francia. Se instala en Suiza, en lo que muchos consideran un autoexilio. Ahí pasa más de 10 años completamente retirada. Durante todo ese tiempo, la casa de costura de Chanel permanece cerrada. No hay nuevas colecciones ni desfiles. Lo único que sigue vendiéndose es el perfume Chanel número 5, que de forma irónica continúa gracias a los weramer.

Y todo esto hace que muchos piensen que este es el final de la marca Chanel. En 1950, Cristian Dior empieza a dominar la moda en París. Sus diseños son todo lo contrario a lo que Coco siempre defendió. Dior propone una feminidad romántica, exagerada, con cinturas marcadas y faldas amplias. A esta estética la llama el nuevo look, aunque de nuevo no tiene mucho, pues en realidad es un regreso a la moda de antes de la guerra, cuando las mujeres usaban corsés y vestidos voluminosos.

Cuando ve esto, Coco se enfurece. Recordemos que ella vivió esta época en carne propia y ve estas tendencias como un retroceso, lo que enciende en ella ganas de regresar a la industria. Una amiga cercana dirá después que fue como agitar una bandera roja frente a un toro. Así, en 1954, Coco decide volver. Sale de su exilio, regresa a París y reabre su casa de costura. presenta una nueva colección y dentro de ella una prenda que después se volvería icónica, el traje Chanel, un conjunto de saco y falda de tweet con líneas rectas, bolsillos visibles y botones que parecen joyas.

Pero en ese momento, cuando se presenta en París, el resultado es un fracaso. El público simplemente la rechaza. La crítica destroza a Coco. Dicen que su ropa es anticuada, que no tiene forma, que Coco ya perdió la chispa. Y en parte tienen razón, su propuesta ya no encaja con el gusto parisino del momento. Aunque no es solo eso, otra cosa que también afecta la popularidad de sus productos es que su reputación sigue manchada por lo ocurrido en la guerra.

Sin embargo, fuera de Francia la historia es muy diferente, especialmente en Estados Unidos. Allá la ocupación alemana no se vivió en carne propia, no hubo el mismo dolor ni las mismas heridas abiertas. Por eso el pasado de Coco no tiene demasiado peso. Además, si recuerdas en Estados Unidos Chanel ya era un hombre conocido. Aunque no tenía boutiques propias, se apoyaba en tiendas departamentales para vender sus productos. Así que cuando el traje Chanel llega ahí, la reacción es completamente diferente.

Al público le fascina, les parece cómodo, elegante y moderno. Empiezan a usarlo todas las figuras del momento, actrices como Elizabeth Taylor y Grace Kelly y hasta Jackie Kennedy, la primera dama. De pronto, el traje Chanel pasa a representar el ideal de elegancia y buen gusto de la época. Con ese nuevo impulso, Chanel vuelve a organizar presentaciones para mostrar sus colecciones. Todavía no existen los desfiles como los conocemos hoy, con pasarelas largas y filas de invitados. Son presentaciones más íntimas en su boutique, donde las modelos caminan frente a la prensa y a los clientes más importantes.

Y es justo ahí donde nace una de las imágenes más recordadas de Coco. Ella sentada en las escaleras del segundo piso, mirando hacia abajo, observando como sus diseños vuelven a desfilar frente al mundo. En los años siguientes, Coco lanza otras piezas que también se vuelven icónicas, como el bolso 2.55 con su cadena para llevarlo al hombro y los zapatos de dos tonos. modelos de bolsos y calzados que revolucionaron la industria y que se terminaron volviendo atemporales. Pero estos fueron de los últimos grandes diseños, pues Coco ya es una mujer mayor y no le queda mucho tiempo.

En 1971, a los 81 años, Coco Chanel muere de un infarto en el hotel Ritz de París. Tras su muerte, la casa Chanel entra en una etapa complicada. Durante décadas la marca había girado por completo alrededor de Coco. Ella tomaba todas las decisiones de diseño y nunca dejó preparado a un sucesor. Así que cuando desaparece no solo se va a la fundadora, también se pierde la dirección creativa. Los diseñadores que llegan después no saben bien qué hacer.

Por miedo a equivocarse eligen camino más seguro. Copiarla. Repiten los trajes de tweet, las perlas y los cortes clásicos una y otra vez. El problema es que el mundo ya cambió. Esa estética remite los años 50, pero estamos en los 70. una época en la que las nuevas generaciones buscan algo diferente, más atrevido, más colorido y más libre. y Chanel no logra adaptarse. Poco a poco la marca empieza a percibirse como algo del pasado, asociada casi exclusivamente a mujeres mayores, hasta que en 1983 entra Carl Lagerfeld como director creativo.

Llega con décadas de experiencia en la industria de la moda después de haber trabajado en casas como Patou, Chloe y Fendy. Cuando toma el control creativo de Chanel, Lagerfeld no intenta ni copiar el pasado de la marca ni borrarlo por completo. hace algo más inteligente. Toma el legado de coco y lo traduce a su época dándole una energía nueva. Un buen ejemplo es este vestido. Es negro, largo, sencillo y elegante, muy al estilo clásico de Chanel, pero el detalle clave está en la decoración.

Las joyas bordadas directamente en el vestido son collares, cadenas y pulseras falsas que remiten a la joyería que Coco ya usaba, pero llevadas a otro nivel, uno mucho más adecuado para los 80. Con esta reinterpretación de los clásicos, Carlagerfeld revive el interés por la marca. Chanel deja de verse como algo antiguo y empieza a conectar con una nueva generación. Vuelve a aparecer en revistas de moda y en celebridades del momento, pero con el paso del tiempo, el rumbo empieza a cambiar.

Conforme Lagerfeld se consolida dentro de Chanel, se va alejando de la filosofía original de Coco y empieza a imponer una visión más personal. Los diseños se vuelven todavía más exagerados, los logos más visibles y la joyería empieza a llamar cada vez más la atención. Para los años 90, ese cambio ya es total. La idea de Coco de hacer ropa práctica y sencilla queda atrás. Ahora, la prioridad es otra, la sensualidad. Las siluetas se ajustan más al cuerpo, los escotes se hacen más profundos y las prendas, desde blusas hasta faldas, se vuelven más cortas.

Este giro choca directamente con lo que Coco defendía, que era discreción, sencillez y funcionalidad. Pero a Lagerfeld no le incomoda, al contrario, lo asume con orgullo. En una ocasión dijo, “Lo que yo hago, Coco lo habría odiado. La marca tenía una imagen y mi trabajo era actualizarla. tenía que llevar a Chanel de lo que era a lo que podía llegar a ser. Durante los 36 años que Lagerfeld dirige a Chanel, la marca se va alejando cada vez más de la filosofía personal de Coco, pero al mismo tiempo crece como nunca antes.

Bajo su mando, Chanel multiplica su tamaño más de 20 veces y llega a generar alrededor de 11,000 millones de dólares al año. Abre más de 300 boutiques por todo el mundo y se vuelve fuertísima en lugares como Asia y Medio Oriente. Chanel deja de ser solo una casa de moda y se transforma en una marca global gigantesca. Parece imparable hasta que en 2019 Lagerfeld fallece y el control creativo pasa a Virgini Beard. Beard intenta volver al minimalismo original, a la elegancia sencilla que Coco defendía, pero el resultado no convence.

Para muchos, los diseños se sienten repetitivos, demasiado seguros y sin conectar con la moda actual. Poco a poco, Chanel empieza a percibirse otra vez como una marca atrapada en su propio pasado, sin una dirección clara hacia el futuro. La etapa de Virgini genera tantas dudas que en 2024 Chanel decide hacer otro cambio y nombra a Matthew Blasi como nuevo director creativo. Su primera colección llega en octubre de 2025 con expectativas altísimas y cuando finalmente se presenta la reacción es positiva.

Sus diseños retoman a Coco, pero no solo en los códigos visuales, sino en la esencia. Aparecen más pantalones, camisas y siluetas con un toque masculino pensadas para que las mujeres se sientan cómodas y libres. Al mismo tiempo hay color, frescura y propuestas arriesgadas. Por ahora, diciembre de 2025. Para muchos el arranque es prometedor. Habrá que esperar para ver hasta dónde logra llevar Matthew a la marca. Aún así, aunque se siente un regreso a algunas ideas de la filosofía de Coco, hay una parte clave que con el paso del tiempo se fue perdiendo.

Y esta es para qué servía realmente la ropa. Para Coco la ropa existía, primero que nada, para que la mujer se sintiera cómoda, segura y pudiera moverse en su día a día. Las prendas no estaban ahí para llamar la atención por sí solas, sino para servirle a la persona. Pero con los años ha ocurrido lo contrario. La marca que Coco creó se volvió tan grande, tan reconocible y con precios cada vez más altos que en muchos casos lo que más se nota ya no es la persona, sino la marca misma.

Hoy un logo, un bolso o una prenda de Chanel funcionan como una señal de estatus. Ya no es tanto el cómo te ves, sino el decirle al mundo que puedes pagarlo. Una idea que, como vimos con las perlas, Coco rechazaba. Entonces, en un mundo donde muchas personas reducen su personalidad a las marcas que consumen y a los logos que visten, conviene recordar algo importante. Vestirse con marcas no está mal. Si te gusta, está bien. La ropa también es una forma de expresión.

El problema, creo yo, aparece cuando en lugar de elegir comenzamos solo a seguir sin cuestionar. Cuando entramos en el juego de las tendencias constantes, del estatus que necesita mostrarse o de usar cosas que no son cómodas ni funcionales, solo para aparentar. Además, creo fielmente que si bien el dinero puede comprar prendas, no necesariamente compra estilo, porque el estilo no necesita gritar con logos gigantes. Por esto y más, creo que de vez en cuando vale la pena volver a la idea original con la que Coco Chanel pensó la moda. Que acompañe la vida y no que la domine.