Mi Hija Me Echó A La Banqueta De La Casa Que Yo Pagué Durante Treinta Y Seis Años. Dijo Que Si No Tenía A Dónde Ir Ya No Era Su Problema, Mientras Su Esposo Se Reía. Yo Había Puesto La Escritura A Su Nombre Porque Me Juró Que Era Para Proteger La Familia. Pero Caminé Hasta Un Banco Con Una Tarjeta Vieja Y Descubrí Más De Dieciocho Millones Olvidados. Lo Peor No Fue Saber Que Mi Hija Conocía Ese Dinero, Sino Ver Su Firma Cinco Veces. Entonces Entendí Que Sofía No Solo Quería Mi Casa, También Quería Declararme Incapaz Para Robarme Todo.
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