Una mujer embarazada llegó al huerto de un ranchero viudo y no pidió caridad, pidió trabajo para sobrevivir. El pueblo le cerró tres puertas, pero ella vio duraznos pudriéndose y entendió que podía salvar algo. Esteban Robles ya no esperaba buenas noticias desde que su madre se fue y la finca quedó muda. Esa noche, entre cajas viejas y fruta golpeada, Mariana le mostró que el hambre no siempre pide limosna. Y cuando él preparó un cuarto sin decir una palabra, algo empezó a cambiar en Los Nogales para siempre. Nadie imaginaba que aquella mujer rechazada sería la única capaz de rescatar la casa y su corazón.
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