Mi padre me dejó sola en el panteón durante mi cumpleaños, convencido de que yo debía pagar. Decía que mi madre se había ido por mi culpa, aunque yo apenas era una niña asustada. Nadie escuchó mi estómago romperse de <, ni las palabras que una doctora me dijo en secreto. Él estrelló mi primer pastel contra el suelo y me mandó otra vez al frío del panteón. Pero cuando mi cuerpo cayó junto a la tumba de mamá, algo imposible ocurrió bajo la nieve ligera. Y al abrir los ojos fuera de mí misma, entendí que la verdad por fin iba a hablar.
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