El día de su boda, Catalina descubrió que el vestido blanco era una trampa para quitarle todo. Su tío y don Rodrigo planeaban encerrarla después del banquete y robar la fortuna que su madre protegió. Con los invitados entrando a la hacienda, una institutriz le entregó la nota que salvó su vida. Descalza de miedo, huyó por el huerto y se escondió bajo el asiento de un carruaje desconocido. Pero a kilómetros de Puebla, un duque abrió la puerta y encontró a la novia fugitiva. Y su primera decisión cambió el destino que otros ya habían firmado por ella para siempre.
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