Una Turba Condenó A Amalia, De Diecisiete Años, Y La Dejó Bajo Un Álamo Como Advertencia Para Todos. Su Pueblo La Llamó Traidora Sólo Porque La Vieron Hablar Con Un Joven Comanche Junto Al Arroyo. Don Anselmo Usó La Tragedia De Un Niño Para Encender El Odio Y Robar Tierras Sagradas. Nadie Escuchó A Su Padre, Nadie Detuvo A Evaristo, Y La Plaza Entera Miró Sin Piedad. Pero Esa Noche, Un Guerrero Numunu Vio Que Sus Dedos Todavía Se Movían En La Oscuridad. Y Al Cortar La Cuerda, No Sólo Salvó A Una Muchacha; Encendió La Verdad Que Destruiría Al Hombre Más Poderoso Del Pueblo.
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