Me llamo Emilio Vargas, tengo sesenta y nueve años y vivo en una casa grande de la colonia Americana, en Guadalajara, una casa que antes…
Cuando Daniel me dijo que nuestra hija necesitaba a su “verdadera madre”, yo estaba lavando una olla de mole que se había pegado en el…
En San Pedro Tlaquepaque, donde las tardes huelen a pan dulce, lluvia sobre cantera y comida recién hecha, había una casa color mostaza que todos…
El aire de Sinaloa tiene una manera muy suya de decir la verdad. No grita. No suplica. No se disfraza. Se queda quieto sobre los…
La noche en que Rodrigo llegó con la carpeta negra, la Ciudad de México estaba empapada por una lluvia lenta, de esas que no caen…

El dolor me dobló como si alguien me hubiera metido un cuchillo caliente en el costado. Eran casi las seis de la tarde cuando salí…
Me desperté antes de que amaneciera, cuando Guadalajara todavía estaba envuelta en ese silencio frío que se queda pegado a los vidrios antes de que…

A las once cuarenta y siete de la noche, Diego Collado corría por los pasillos del Hospital Santa Catalina como si la vida se le…
La casa de los Navarro siempre había tenido olor a madera buena. No a perfume caro, ni a lujo comprado en catálogo, sino a cedro…

El timbre sonó tres veces, seco, desesperado, como si del otro lado hubiera alguien huyendo del mismísimo diablo. Clara Robles se llevó una mano al…



