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Los Horrores Brutales del “Hijo Mimado” de Saddam Hussein

Los Horrores Brutales del “Hijo Mimado” de Saddam Hussein

Son las 11 de la noche en Bagdad. El lugar es una fiesta exclusiva para la crema innata de la sociedad iraquí. La gente baila, se divierte y a simple vista parece una celebración inocente hasta que en una esquina oscura aparece un hombre con una sonrisa inquietante. Se trata del anfitrión de la Fiesta, quien de la nada toma su rifle AK47, se pone los protectores en los oídos y convierte el lugar en un auténtico infierno.

Nadie se anima a decirle nada. Nadie se anima a cuestionarlo porque el anfitrión de la fiesta es nada más y nada menos que uno de los psicópatas más inestables y depravados que controla el país entero. Udai Hussein era un hombre extremadamente extrovertido e impredecible. Le gustaba vestir ropas llamativas y caras y tenía un garaje repleto de autos de lujo, incluida una colección de Ferraris que se hizo famosa después de su perturbadora muerte.

 Este niño Udai recibió muy poca atención de Saddam Hussein, ya que Saddam se dedicó a criar casi exclusivamente a su hermano menor Kusai, obligando a su primogénito a ser criado por su abuela. Como era de esperarse la crianza de ambos hermanos tuvo resultados extremadamente distintos.

 Kusai era todo lo contrario a su hermano. No le gustaba ser visto en fiestas. Se vestía de forma sobria e imitaba la perfección, el estilo y la personalidad de su padre. En otras palabras, Udai era un chico que había heredado el apellido más poderoso de Irak, pero no heredó la inteligencia calculadora que tenía Saddam Hussein. Las personas que asistían a sus fiestas no estaban allí por elección propia, sino porque era su obligación entretenerlo.

 Uai era conocido por obligar a sus invitados a beber cantidades peligrosas de alcohol y hasta tenía un infame cóctel llamado el trago de Udai, que no era otra cosa más que la mezcla de varias bebidas alcohólicas en un solo vaso. Nadie se animaba a rechazarle un trago porque ciertamente todos temían que se sintiera ofendido. Pero lo que Udai no se imaginaba es que en una de esas fiestas descontroladas provocaría una tragedia que marcaría su vida para siempre.

 En octubre del 88, Saddam Hussein organizó una fiesta de lujo en honor a la visita del presidente de Egipto, Josni Mubarak, y su esposa. Esta fiesta se suponía que tenía que ser tranquila y no tenía que pasar nada raro, porque ambos países acababan de hacer las paces tras una fuerte enemistad. que habían tenido por más de una década.

 Pero Saddam se equivocó y cometió el croo error de invitar a Udai. Durante horas, Udai se la pasó bebiendo alcohol vaso tras vaso y como era de esperarse se fue lentamente transformando. Las horas pasaron y todo transcurría aparentemente normal hasta que de pronto Udai se levantó de su mesa furioso con un cuchillo en la mano y comenzó a atacar brutalmente a uno de los invitados.

Este hombre no era un invitado cualquiera, sino que se trataba del asistente de confianza del propio Saddam Hussein. Uday estaba completamente fuera de control. La esposa del presidente de Egipto reaccionó horrorizada y la fiesta tuvo que ser cancelada en el instante. Días después se supo que el motivo por el cual Udai atacado al asistente de su padre era porque supuestamente este le había presentado una mujer joven y hermosa de la cual Saddam había quedado perdidamente enamorado.

 Esta mujer se llamaba Samira Shavandar y años después se terminaría convirtiendo en la segunda esposa de Saddam Hussein. Hudai consideraba que esta relación era una traición imperdonable a su madre, por lo que decidió cobrar su brutal venganza delante de sus invitados de honor. Este asesinato fue un escándalo internacional para Sadam, pero como era de esperarse, días después el gobierno de Irak publicó una versión poco creíble de lo que había sucedido esa noche.

 Sadam dijo que su asistente comenzó a disparar su pistola al aire, asustando a los invitados de honor que estaban presentes esa noche y que en un intento para calmar los ánimos, Udai se aproximó a su asistente y lo golpeó una sola vez para calmarlo y en el forcejeo le provocó accidentalmente una herida que a su vez le causó la muerte.

 Aunque era más que obvio que Saddam estaba encubriendo el crimen de su hijo, a puertas cerradas estaba muy furioso con él, ya que el difunto era uno de sus hombres de mayor confianza. Debido a esto, Saddam tomó una decisión inesperada y anunció al mundo que Udai recibiría un castigo, quizás el primero que había recibido en toda su vida.

 Saddam condenó a 8 años de prisión a Udai y lo sentenció a muerte. Pero como ya se lo imaginarán, esto jamás se cumplió. Udai pasó solo 3 meses en una prisión donde presuntamente tuvo un trato VIP y luego fue exiliado para que trabajara en la embajada de Irak de uno de los países más lujosos de Europa, Suiza.

 En otras palabras, la cárcel y la sentencia de muerte era solamente propaganda política para calmar al pueblo iraquí. Pero como ya se lo imaginarán, Udai no dejó de meterse en problemas, ya que tras 2 años de vivir en Suiza, fue deportado nuevamente a Irak por meterse constantemente en peleas callejeras. Udai una espiral decadente.

 Nadie podía detenerlo, por lo que cuando regresó a Irak, Saddam le dio un trabajo que parecía inofensivo, ser presidente de la Federación de Fútbol. Pero lo que Saddam no se imaginaba era que Udai se comportaría más sádico que nunca con todos los jugadores. En 1994, Irak perdió una oportunidad irrepetible para clasificar al Mundial de ese año y como era de esperarse para Uday, esto fue una humillación imperdonable, una humillación que el arquero de la selección, Hashim Hassan, y hasta el director técnico terminaron pagando.

Hassan dijo que en aquella ocasión fueron arrestados y obligados a patear una pelota de cemento por haber dejado en vergüenza al país y no haber clasificado en el mundial en 2001. En otro partido clasificatorio para el Mundial del 2002, ninguno de los jugadores se animaba a lanzar los penaltis porque todos estaban aterrados de lo que podía pasar si es que fallaban.

 El jugador Abas Rahim Sahid asumió la responsabilidad diciendo, “Si nadie se atreve a lanzar, nos van a castigar a todos.” Ese día Sahid falló el penal y tres semanas después apareció vendado de las piernas en circunstancias extrañas. Los maltratos de Udaión de fútbol eran un secreto a voces. Y cuando este secreto se hizo imposible de ignorar, la FIFA envió una comisión de investigaciones a Bagdad para verificar lo que estaba sucediendo.

 Y esta es probablemente una de las investigaciones más ridículas de la historia del deporte, ya que la FIFA se reunió con los 12 jugadores de la selección y solo se limitaron a preguntarles si habían sufrido algún tipo de tortura. como era de esperarse, todos y cada uno de ellos dijeron que no, por lo que la FIFA cerró el caso diciendo que se trataban de rumores infundados.

 Sin embargo, tras huir de Irak, el futbolista Sharar Haidar no solo confirmó que todas estas acusaciones eran reales, sino que narró castigos que por razones obvias no puedo poner en este video, pero involucran a futbolistas y cámaras sépticas. Esto no era noticia nueva, ya que Udai era conocido por tener una colección de artilugios y reliquias medievales, como este asiento de púas, esta prensa para dedos y la famosa doncella de hierro, que no era otra cosa más que una especie de sarcófago con clavos hacia dentro.

Para los iraquíes, Udai era un joven con serios problemas mentales, que tenía acceso ilimitado a armas y dinero y que nunca experimentó consecuencias reales por sus actos. Pero lo que Udai no imaginaba es que su caída no comenzaría por un ciudadano iraquí, sino por una violenta pelea dentro de su propia familia.

 En 1995, Uday tuvo una pelea que terminó muy mal con el medio hermano de Saddam Hussein Wad Altici. Durante una fiesta a altas horas de la noche, un alcoholizado Udai se comenzó a discutir con su tío porque surgió la conversación de que Watang se estaba volviendo cada vez más popular entre la gente de Irak, incluso más popular que Saddam.

 La pelea fue escalando y escalando hasta que en un arrebato de ira, Udai tomó su rifle AK47 y comenzó a disparar a diestra y siniestra. El resultado fue que un par de bailarinas gitanas y varios invitados de la fiesta fueron severamente heridos, pero la peor parte se la llevó Wbang, ya que a raíz de este ataque perdió una pierna, los genitales y parte de su estómago.

 En otras palabras, Udai le desgració la vida a su propio tío solo por un rumor. Al ver a su hermano en el hospital postrado en una cama, Saddam Hussein tuvo un arranque de ira y decidió vengarse de su propio hijo, mandando a incinerar su adorada colección de Ferraris. Udaiusín era tan inestable que muchos piensan que uno de los motivos por el que Estados Unidos no derrocaba a Saddam era porque temían que Uday ascendiera al poder.

 En otras palabras, Washington prefería al padre conocido antes que al hijo desquiciado. Pero las cosas llegaron a su límite en 1996, cuando un furioso iraquí llamado Salman Shariff, de 27 años, se hartó de los abusos de Udai y comenzó a planear su asesinato. Udai era conocido porque cada jueves se paseaba por el lujoso barrio de Mansur, en un Porsch dorado para levantar mujeres a la fuerza solo porque le parecían atractivas.

 Durante 2 meses, Sharifff documentó pacientemente todas las calles que frecuentaba Udai. Hasta que el 12 de diciembre de 1996, justo después de que el sol se escondiera, Udai apareció lentamente conduciendo su autodorado y en una intersección del lujoso barrio, dos hombres armados con rifle vaciaron sus cargadores contra el vehículo de Udai.

Cerca de 50 balas impactaron el auto. Los hombres estaban 100% seguros de que Udai sido dado de baja. Sin embargo, como ya se lo imaginarán, Udai sobrevivió al ataque. Con 17 balas alojadas en el cuerpo. Udai tuvo que ser intervenido de emergencia. Debido a esto, tuvo que volver a aprender a caminar y quedó cojeando de una pierna.

El atentado lo dejó con graves secuelas físicas. Cuando hablaba, la gente apenas la entendía porque había sufrido un derrame cerebral que a su vez le afectó el habla. Pero esto no fue lo peor. La gente comenzó a decir que el ataque lo había dejado impotente y que por eso no había tenido un hijo en ninguno de sus matrimonios.

 Esto no hizo otra cosa que empeorar la furia de Udai, quien se obsesionó con probar su masculinidad de maneras realmente enfermas, como alzando mujeres de la calle en contra de su voluntad. o directamente metiéndose con mujeres casadas de sus propios empleados. La situación en Irak con Saddam Hussein era bastante difícil, pero con Udai era prácticamente un auténtico infierno, por lo que en marzo de 2003 el presidente George W.

 Bush le dio a Saddam Hussein 48 horas para abandonar el país con toda su familia, de lo contrario, se enfrentarían a una guerra directa con el ejército de Estados Unidos. Tanto Saddam como sus dos hijos ignoraron por completo la amenaza americana y siguieron cometiendo sus atrocidades como cualquier otro día, hasta que a las pocas semanas Estados Unidos invadió Irak y el régimen de Saddam Hussein cayó.

Tras la invasión estadounidense, Hudai y Kusai se escondieron en la mansión de un supuesto amigo de la familia, el empresario Nawaf Alidan. Pero lo que Saidan no imaginaba es que estaba invitando al mismo demonio a vivir a su casa. Los días pasaron y Udai sacó relucir su actitud violenta. De repente gritaba todo el tiempo y se volvía demasiado exigente con la dueña de casa.

Los huéspedes se habían vuelto extremadamente problemáticos y Saidan comenzó a temer por la seguridad de su esposa y de sus hijas. Hasta que en una ocasión, a mitad de la noche, Said salió de su casa a Hurtadillas y caminó hasta la base militar estadounidense más cercana. Al presentarse ante los militares, Saidan estaba extremadamente nervioso y actuaba como si alguien lo estuviese persiguiendo.

 Esa noche, Said le dijo a los militares que los hijos de Saddam Hussein estaban escondidos en su casa y habían tomado a toda su familia como rehenes. Pero aquí hay que entender una cosa. Raid no solo vendió a Uday y a su hermano solo porque estaba asustado, sino porque Estados Unidos había puesto una recompensa de 15 millones de dólar por cada uno de los hijos de Saddam.

Aproximadamente a las 10 de la mañana del martes 22 de julio de 2003, 48 infantes de Marina rodearon la casa del empresario y usaron un megáfono para ordenar a los ocupantes que se rindieran y salieran con las manos en alto. Sin embargo, luego del escándalo, no hubo ninguna respuesta. Como nadie respondió, los soldados forzaron la entrada y tan pronto como pusieron un pie en la vivienda, fueron recibidos por una lluvia de balas.

 Tres soldados estadounidenses fueron heridos de gravedad. Nadie sabía de dónde provenían los disparos hasta que en un momento desesperado pasó algo de película. El soldado Jeremy Hamman de Oklahoma encendió el Lamborghini de Udai, que estaba estacionado en la mansión. Y cuando Udai escuchó el rugido de su propio motor, salió gritando desde un balcón, revelando su posición secreta.

El asedio al escondite de Udai no fue nada fácil. Ese día el ejército norteamericano llamó a más de 200 soldados de refuerzo y hasta dispararon misiles para perforar las paredes fortificadas de la mansión. La escena era absurdamente desproporcionada, ya que literalmente eran dos hombres contra todo un ejército.

 Hasta que 6 horas después de intercambio de fuego pesado, el silencio reinó en la mansión. Kusai y su pequeño hijo Mustafa, de 14 años, habían muerto. El empresario Nawaf Alsaid sabía que su cabeza tenía un precio por esta traición, por lo que esa mañana abandonó la ciudad con rumbo desconocido 30 millones de dólares más rico de lo que ya era.

 Por otra parte, el gobierno de Estados Unidos publicó imágenes de lo que había quedado de Udaiusin, una movida extremadamente criticada por varios países. Sin embargo, para muchos, la difusión de estas imágenes sirvió para confirmar de que los psicópatas que habían secuestrado a todo un país por fin se habían marchado.

 Como siempre digo, si les gustó el video, les agradecería infinitamente que me regalen su like y su suscripción. Desde aquí eso ha sido todo por hoy. Mi nombre es Franky y te deseo un excelente, pero excelente día.

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