
Ednita Nazario ya Tiene Más de 70 Años y Cómo Vive es Triste
tenía la voz, la fama, el poder y luego lo perdió todo. Durante años, Ednita Nazario fue símbolo de fortaleza, un icono puertorriqueño cuyas canciones definieron el amor, el desamor y la independencia. Desde afuera su vida parecía imparable, pero detrás de los aplausos la confianza se convirtió en traición. Lo pierdo todo porque fui demasiado confiada”, confesó más tarde.
En cuestión de decisiones, el imperio que había construido comenzó a derrumbarse. Y justo cuando parecía que su historia llegaba a su fin, algo o alguien la hizo regresar. Hoy, con más de 70 años, Ednita carga una historia de vida mucho más triste y mucho más poderosa de lo que la mayoría imagina.
¿Qué fue lo que realmente ocurrió detrás de los reflectores? Quédate con nosotros para descubrirlo. Nacida en 1955, Ednita Nazario ha dicho en múltiples ocasiones que su vida sin música no sería vida. Para ella, cantar nunca fue una elección profesional, fue identidad. A lo largo de las décadas, su poderosa capacidad interpretativa transformó historias de desamor, pasión y resiliencia en canciones que resonaron mucho más allá de Puerto Rico.
Millones se vieron reflejados en sus letras. Esas mismas vivencias, los triunfos, las heridas, las reinvenciones, quedaron plasmadas más tarde en su libro autobiográfico Una vida, un título que se siente menos como una memoria y más como una declaración. Esa vida intensa convertida en melodía la llevó a lanzar 28 álbumes, grabar duetos con artistas de reconocimiento internacional y recibir en 2016 el premio a la excelencia musical del Latin Grammy.
Su voz incluso la condujo a Broadway, donde compartió escenario con Mark Anthony y Rubén Blades, un momento que confirmó que ya no era solo una estrella puertorriqueña, sino una presencia global. Edna María Nazario Figueroa nació el 11 de abril de 1955 en Ponce, Puerto Rico. Creció en una familia muy unida junto a sus tres hermanos y unos padres que creyeron profundamente en su talento.
Su padre, don Domingo Nazario, y su madre, doña Gudelia Figueroa, la apoyaron desde el principio. Más tarde, ella diría que ellos apostaron por sus sueños y que pasó su vida intentando no defraudarlos. La música llenaba su hogar. Sus padres amaban el bolero y su hermano Tito tocaba la guitarra. Era una casa donde las melodías eran constantes y el ritmo formaba parte de la vida cotidiana.
Años después les rendiría homenaje con la canción Aprenderé. Desde niña cantaba en todas partes, en el coro de la iglesia, en las calles del vecindario, incluso mientras hacía mandados. Nunca imaginó hacer otra cosa. Jamás tuvo un empleo convencional porque la música ya la había elegido. Su primera gran oportunidad llegó casi por casualidad.
Mientras jugaba afuera con sus amigos, se cruzó con el productor Paquito Cordero, quien había escuchado rumores sobre la niña de voz extraordinaria. Él habló con sus padres y la invitó a abrir un concierto. Con apenas 6 años subió al escenario y dejó al público atónito. En lugar de cantar una o dos canciones, siguió interpretando tema tras tema, mientras la multitud coreaba.
Otra otra. Al final de la noche, la niña que debía abrir el espectáculo prácticamente se había convertido en el espectáculo. Aquella presentación infantil hizo mucho más que impresionar al público. Puso en marcha el engranaje de su futuro. Poco después grabó su primera canción Mi amor lollipop, incluida en el álbum Campeones de la nueva ola.
El sencillo no explotó en las listas, pero para ednitas significó algo mucho más importante. Fue la prueba de que el sueño era real. Había entrado a un estudio de grabación. Había escuchado su voz prensada en vinilo. Eso fue suficiente para confirmar lo que ya sabía. La música no era un pasatiempo, era destino. Durante la adolescencia, mientras la ola del rock recorría el mundo y llegaba a Puerto Rico, se unió al grupo de Kids from Ponce junto al fallecido José Manuel Zambrana.
La banda ganó popularidad local rápidamente y Ednita comenzó a saborear los primeros indicios de fama, la atención, las invitaciones a televisión, el creciente número de seguidores. A diferencia de muchos artistas, ella solía explicar que su camino se dio al revés. Normalmente uno graba primero, luego va a televisión y después hace shows en vivo”, decía.
Yo empecé por los shows en vivo. El escenario fue su primera escuela y el aplauso, su primera validación. En 1971 fue coronada Miss Puerto Rico Teenage, un título que amplió su visibilidad. Su dominio del inglés se convirtió en otra ventaja inesperada. En una época en la que los intérpretes bilingües eran poco comunes en la isla, esto le abrió puertas para cantar en hoteles, clubes nocturnos, resorts, programas de radio y transmisiones televisivas.
Para 1973 ya trabajaba con regularidad en escenarios dirigidos a públicos internacionales, una señal temprana de que su voz podía trascender las fronteras locales. Ese mismo año marcó un avance decisivo. Al firmar con el sello, Marty Grass lanzó oficialmente su carrera como solista. El sencillo Te amo y no me importa se convirtió en un éxito consolidando su transición de joven promesa a artista establecida.
El éxito llegó con rapidez y de manera inesperada a escala internacional. Tanto así que la familia del príncipe Rainier de Mónaco la invitó a presentarse en uno de los clubes nocturnos más exclusivos del principado. El momento fue histórico. Ednita se convirtió en la primera y única cantante puertorriqueña en presentarse en esos escenarios en aquel entonces.
Su seguridad brilló también cuando apareció en la televisión española saludando al público con elegancia y ambición. Espero que no sea la última vez”, dijo a los televidentes en España. Para 1976, Ednita Nazario ya no era solo la joven promesa de Ponce, se estaba convirtiendo en una fuerza discográfica.
Ese año lanzó su álbum homónimo Ednita Nazario, un proyecto que mostró una voz más madura y cargada de emoción. De él surgieron canciones como Me está gustando y esclava y ama, temas que evidenciaron su capacidad para moverse entre la vulnerabilidad y la fortaleza. Sus interpretaciones eran intensas, casi teatrales, y el público respondió con entusiasmo.
Ese mismo año sorprendió a sus seguidores con un álbum navideño. Entre sus canciones figuraba Vete, vete, un tema que, aunque no era típicamente festivo, conectó tanto con el público que la disquera decidió relanzarlo en 1977 como un álbum independiente bajo ese mismo título. Fue un ejemplo temprano de cómo su carga emocional podía convertir incluso el material menos convencional en éxito comercial.
A los 23 años, con una carrera que ascendía firmemente hacia el estrellato, Ednita decidió dar un salto también en su vida personal. Se casó con el cantautor argentino Laureano Brizuela, una unión que combinó romance y colaboración artística. Se habían conocido a través de un contrato televisivo en Telemundo, donde Brizuela fue contratado para producirle música con un enfoque que ampliara su proyección internacional.
Su primera gran colaboración fue el álbum Mujer Sola, que marcó el debut de Brizuela como su productor y director artístico. La crítica lo elogió ampliamente, considerándolo uno de los trabajos mejor logrados de su carrera. El sonido era más pulido, más global y funcionó. A partir de ese momento, la carrera de Ednita adquirió una proyección internacional significativa.
Le siguieron éxitos, algunos con ventas millonarias, canciones como cadena de fuego, ¿quién te robó? Me quedaré aquí abajo. Y el dueto, mi pequeño amor, junto a Brizuela, que se convirtió en el tema principal de la telenovela Coralito, consolidaron aún más su popularidad. Cada lanzamiento reforzaba su reputación como una vocalista capaz de equilibrar pasión y precisión.
En lo profesional ascendía sin freno. En lo personal, sin embargo, el matrimonio comenzaría a atraer turbulencias y rumores que proyectaron sombras sobre su vida privada. En 1979, Ednita Nazario llevó cadenas de fuego al prestigioso festival OTI, representando a Puerto Rico con la intensidad que ya era su sello distintivo.
Obtuvo el segundo lugar, un resultado que podría haber desanimado a otros, pero no a ella. Al año siguiente regresó con más fuerza. Esta vez triunfó como compositora junto a Laureano Brizuela con la canción Contigo interpretada por el puertorriqueño Rafael José. La victoria confirmó lo que muchos ya pensaban.
Como dúo creativo, Ednita y Brizuela parecían imparables, al menos en apariencia. Profesionalmente parecían la pareja perfecta, artista y productor, voz y visión. Pero detrás de la música las tensiones crecían. Tras 6 años de matrimonio y cuatro producciones conjuntas, la relación terminó en divorcio.
Más tarde, las razones serían descritas como profundamente personales y dolorosas, dejando a Ednita emocionalmente afectada. Para 1986, decidida a seguir adelante, lanzó Tú sin Mí, producido por Rudy Pérez. El álbum llevaba el peso del desamor, pero también la fuerza de la reinvención. Canciones como Tú sin mí me ama Más y El Dolor de tu presencia conectaron con el público que percibía la autenticidad en su voz.
Temas como piel canela y ya no quiero amar mostraron aún más su amplitud emocional. El dolor era real, pero también lo era su resiliencia. A pesar de la angustia del divorcio, Ednita no cerró su corazón. En 1988 se casó con el cantautor argentino Luis Ángel Márquez, un hombre a quien conocía desde hacía años.
Antes de que surgiera el romance, habían sido amigos durante 8 años. Cuando se conocieron, ambos tenían otras relaciones. Ednita con Brizuela y Luis Ángel con Marcia Bell. Su matrimonio representó un nuevo capítulo de esperanza. Juntos dieron la bienvenida a su hija Carolina, quien más adelante se convertiría en psicóloga, al mismo tiempo que exploraba su propio camino artístico.
Sin embargo, como ocurrió en buena parte de su vida personal, la controversia no tardó en aparecer. Años después, en 2016, Marcia Bell acusó públicamente a Luis Ángel de haberla abandonado sin apoyo económico durante una gira y sugirió que Ednita había sido cómplice. Las declaraciones generaron especulación, aunque nunca surgió una prueba definitiva.
Para Ednita Nazario, como ella misma diría después, el verdadero sentido de la vida comenzó con el nacimiento de su hija. Cuando Carolina llegó, todo pareció acomodarse. La maternidad la ancló, le dio un centro que la fama y los aplausos jamás pudieron darle por completo. Aunque su matrimonio con Luis Ángel Márquez terminaría con el tiempo, los años que compartieron fueron creativamente productivos.
Durante esa etapa, Luis Ángel compuso varias canciones exitosas para ella. Una de las primeras apareció en el álbum Fuerza de gravedad, 1989, un proyecto clave en el que Ednita debutó también como productora. Ese detalle fue significativo. Ya no era solo la voz, sino quien moldeaba el sonido.
El disco incluyó temas como Contigo, mi amor, escrito por su entonces esposo y la canción que da título al álbum Fuerza de gravedad, que reforzó su imagen como una poderosa baladista cuya interpretación resultaba magnética, casi imposible de ignorar. En 1991 lanzó Lo que son las cosas. Otro momento decisivo en su carrera. El tema homónimo escrito por Luis Ángel se convirtió en un éxito internacional y la consolidó como una de las baladistas puertorriqueñas más influyentes de la década.
Con múltiples discos de oro y platino en su haber, mantuvo una fuerte presencia en la radio de toda Latinoamérica. Canciones como Ahora es tarde, ya eres libre y más que amiga. Ampliaron su repertorio de desamor y fortaleza. Lo que son las cosas cobró vida propia. Años más tarde, artistas como Yuridia, Anaí y Yuri la reinterpretaron, incluso adaptándola al ritmo de salsa.
En producciones posteriores, Luis Ángel continuó aportando composiciones como como antes, y quiero que me hagas el amor. Otros temas destacados de esa etapa, como un corazón hecho pedazos y atada a tu volcán, se convirtieron en clásicos de su repertorio, reafirmando su dominio de la balada dramática. Su fuerza vocal e intensidad interpretativa también la llevaron a compartir escenario con artistas de renombre internacional.
cantó junto a Julio Iglesias, quien en una ocasión incluso coqueteó con ella y la besó en público durante un espectáculo. Colaboró con Juan Gabriel y grabó duetos con contemporáneos como Natalia Jiménez y Luis Fonsy. Para 1999, Ednita Nazario lanzó el álbum Corazón, un proyecto que simbolizaba madurez y claridad emocional.
Aunque su matrimonio con Luis Ángel Márquez ya había terminado, el vínculo profesional y amistoso entre ambos permanecía intacto. Esa continuidad podía escucharse en la música, especialmente en el dueto, Tú Lo sabes bien. Una canción cargada de historia compartida, pero sin amargura. El respeto profesional sobrevivió donde el matrimonio no.
En 2003, tras varios lanzamientos exitosos, presentó Por ti el álbum marcó otro punto alto en su trayectoria. Obtuvo certificación de oro y luego de platino gracias a sus sólidas ventas, además de reconocimiento en las listas de Billboard Latin Pop. El disco incluyó temas de fuerte carga emocional que volvieron a situar su voz en el centro de la balada latina.
Incluso después de décadas en la industria, Etnita seguía vigente, dominando la radio y manteniendo la lealtad de su público. Pero detrás de los triunfos profesionales, algo comenzaba a desmoronarse. A pesar de su reputación de fortaleza y brillo escénico, Ednita vivió uno de los periodos más oscuros de su vida.
Cayó en una profunda depresión, algo de lo que más tarde hablaría con una honestidad poco común. La misma carrera que la había definido empezó a resultarle abrumadora. Describió como perdió la voluntad, la pasión, incluso el deseo de cantar. Perdí las ganas de vivir. Me quitaron el deseo de cantar. Cuando eso pasó, realmente me asusté. Confesó.
El miedo no era la fama, era la sensación de que quizás nunca lograría salir de esa oscuridad. En su libro autobiográfico Una vida, habló abiertamente de ese colapso emocional y reveló otro capítulo doloroso de su pasado. Su primer matrimonio con Laurea Brizuela, confesó, no solo terminó mal, en realidad había sido legalmente inválido.
Descubrió a través de una llamada de inmigración que él seguía casado en Argentina al momento de su boda. La traición fue profunda y como si eso no fuera suficiente, durante ese periodo turbulento también sufrió la pérdida involuntaria de un embarazo. La revelación sorprendió a muchos admiradores. La diva glamorosa y poderosa había soportado engaños, desamor y una intensa lucha emocional lejos de los reflectores.
Y aún así, incluso en medio de la depresión y la traición, Ednita Nazario no desapareció. Hizo una pausa, enfrentó su dolor. Si el desamor y la depresión no hubieran sido suficientes, otro golpe la esperaba tras bambalinas, uno que la sacudiría económicamente hasta la raíz. Durante su matrimonio con Laureano Brizuela, él no solo fue su productor, sino que poco a poco tomó el control del aspecto administrativo de su carrera.
Ednita, concentrada por completo en su música, confió en él. Dejó contratos, finanzas y gestión en sus manos. Fue una decisión que más tarde describiría con dolorosa sinceridad. Pierdo todo porque fui demasiado confiada”, admitió. Cuando finalmente comprendió lo que había sucedido, las deudas se habían acumulado, las obligaciones se habían desbordado y la bancarrota se volvió inevitable.
Su imperio profesional se derrumbó junto con su matrimonio. Con las finanzas arruinadas y la vida personal hecha pedazos, Ednita regresó de México a Puerto Rico y volvió a vivir con sus padres en Ponce. Para una mujer que había llenado estadios y obtenido discos de oro y platino, fue un regreso humilde al punto de partida.
Pero aquí es donde la historia cambia, no hacia el escándalo, sino hacia algo mucho más poderoso, el amor incondicional. Su padre, don Domingo Nazario, se había estado preparando en silencio para un momento así. Desde el inicio de su carrera, cada vez que ella recibía un cheque, incluso cuando era niña, él apartaba una pequeña cantidad y la depositaba en una cuenta de ahorro separada. Nunca se lo dijo.
Era su póliza de seguro silenciosa para el futuro de su hija. Cada vez que te sobraba un cheque, yo te guardaba un poco de dinero por si algún día lo necesitabas, explicó después. Cuando Edita tocó fondo, él le entregó esa libreta de ahorros. Dentro había dinero que había guardado cuidadosamente durante años.
No era suficiente para saldar todas sus deudas, pero era un salvavidas. Y cuando eso no bastó, sus padres fueron aún más lejos. En un acto de fe y sacrificio, hipotecaron su propia casa para ayudarla a reconstruirse. Ese momento lo cambió todo. El álbum Tú Sin mí se convirtió en el punto de inflexión que restauró su estabilidad financiera y artística, pero más que el regreso en sí, fue el apoyo inquebrantable de sus padres lo que la rescató de la ruina.
Para Ednita, la gratitud se volvió permanente. Cuando le preguntan hoy qué les diría a su madre y a su padre, su respuesta es sencilla. Gracias, gracias, gracias. Durante años se resistió a escribir su autobiografía. No quería revivir el dolor, pero su representante le recordó que si ella no contaba su historia, alguien más lo haría.
Y entonces decidió hablar no solo de la fama, sino del fracaso, de la confianza mal depositada y del amor que la salvó cuando todo lo demás se había perdido. A medida que pasaron los años y su historia quedó plasmada en papel, uno de los gestos de reconocimiento más significativos vino de otro icono puertorriqueño. En las páginas de su autobiografía Una vida, los lectores encuentran un emotivo prólogo escrito nada menos que por Ricky Martin.
En él le agradece abiertamente a Ednita por haber sido una luz guía para generaciones de artistas de la isla. Desde que tengo memoria, escribió, “Enta ha sido una inspiración para nosotros los puertorriqueños. No era alago, era reconocimiento. Para entonces, su influencia ya formaba parte del ADN cultural de la música puertorriqueña.
Para 2017, Ednita ya había lanzado numerosos álbumes de estudio y en vivo, demostrando que su voz no había perdido fuerza. Canciones como Vengativa, No te mentía, confesada y la más loca, la más bella, reafirmaron su capacidad de reinventarse sin perder autenticidad emocional. ya fuera cantando sobre venganza, desamoriliencia, interpretaba cada letra con la misma intensidad que la había definido desde el inicio.
Incluso después de décadas en la industria seguía siendo una presencia imponente sobre el escenario. Luego, en 2018 volvió a sorprender al público. Tras más de 20 años de matrimonio, anunció su divorcio del empresario Luis Bonet. La noticia marcó el cierre de otro largo capítulo en su vida personal. Sin embargo, fiel a su espíritu, no se replegó.
Desde entonces ha dicho que no le cierra la puerta al amor e incluso ha revelado que se ha permitido explorar nuevas posibilidades románticas. En el plano profesional continúa tan activa como siempre. En 2020 lanzó nueva música que volvió a demostrar su audacia y vitalidad. Lejos de desacelerar, sigue presentándose, grabando y conectando con audiencias de distintas generaciones.
Su legado no solo se refleja en su longevidad, sino también en los reconocimientos recibidos. Ha sido honrada por la Academia de la Grabación por su destacada contribución a la música. Ha obtenido múltiples premios Billboard Latin Music y reconocimientos internacionales. Su nombre ha sido inmortalizado en Paseos de la Fama en ciudades como Ciudad de México, Miami, Los Ángeles, Buenos Aires, Caracas, Tenerife, Milán y Panamá.
El título de Diva no es exageración, es merecido. A través de triunfos, desamores, escándalos, reinvenciones y resiliencia, Ednita Nazario se ha convertido en una de las voces más duraderas e icónicas de Puerto Rico, no solo admirada, sino profundamente respetada. Ahora, con 70 años y más de cinco décadas en la música, la jubilación no forma parte de su vocabulario.
Continúa actuando porque ama lo que sucede en el escenario, el intercambio de emociones, la conexión con el público. Al mismo tiempo prioriza el descanso, los hobbies, los viajes y la familia. Esas pausas no son retiros, son renovaciones de energía que luego lleva de vuelta a sus conciertos. La tecnología también ha presentado su música a nuevas audiencias.
A través de plataformas digitales, generaciones más jóvenes están descubriendo sus temas atemporales sobre el amor y el desamor. Su gira amor/amor, con funciones agotadas en recintos como El Lunario de México, se siente para ella como un karaoque gigante, una celebración donde los fans llegan listos para cantar su vida en voz alta.
Con el paso de los años ha aprendido que ni el amor ni el desamor permanentes. Lo que permanece constante es la autoestima. Para etnita, el verdadero amor propio no es egoísmo. Es saber quién eres, lo que mereces y poder estar sola sin perderte a ti misma. Ese entendimiento, ganado a través de la experiencia y el dolor puede ser su mayor logro de todos. M.
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