Hoy veremos qué ha sido de Irma Dorantes, la última compañera de Pedro Infante y una de las grandes leyendas vivas de nuestro cine de oro.

Empecemos con sus inicios de niña prodigio. Un 21 de diciembre de 1934, allá en Mérida, Yucatán, nacía Marta Irma Aguirre Martínez, hija de Arturo Aguirre Camacho y Graciela Martínez Dorantes, una familia de clase media que la pasaba con las carencias típicas del México de los años 30. Su padre le hacía a varios oficios para llevar el pan a casa.

Su mamá, Graciela, tenía esa espinita artística y veía en su pequeña un don extraordinario que no podía dejarse pasar. Desde muy chiquita, a Irma se le daba con facilidad el canto y la actuación. Tenía una voz muy bonita y clara y se aprendía las canciones de volada. Tenía un ángel natural que atrapaba la atención.

A sus 4 años, su mamá la empezó a llevar a concursos en la radio. Eran de esos shows de talentos para niños donde cantaban temas populares para competir por premios sencillos. Irma cantaba las de Cri Cri, el grillito cantor, que eran un exitazo entre los niños. ganaba seguido, pues conectaba con el público sin esfuerzo alguno.

Su madre vio en el mundo del espectáculo la gran oportunidad para forjarle un mejor por venir a su hija. Cuando Irma andaba por los 8 años, su familia tomó una decisión que lo cambió todo. Mudarse a la Ciudad de México fue un verdadero volado. Dejar Mérida con sus raíces y su gente. Para probar suerte en la capital sin nada seguro, se necesitaba tener a Gallas.

Pero la mamá de Irma estaba más que decidida. sabía que en la ciudad de México estaban los estudios de cine, las grandes radiodifusoras y las verdaderas chances para hacer de su hija toda una estrella. Llegaron a la capital sin un peso en la bolsa, sin contactos, armados solo con sueños y muchas ganas, rentaban un cuartito en una vecindad.

La mamá trabajaba en lo que cayera y le buscaba oportunidades a Irma sin cansarse. La llevó a hacer una prueba al grupo de teatro para niños del Palacio de Bellas Artes. Era un programa de mucho renombre que formaba a pequeños actores. Irma fue aceptada y así empezó a trabajar de extra en distintas puestas en escena.

Era una friega para una niña. Ensayos larguísimos, horarios duros y poca paga, pero fue su boleto de entrada al medio profesional y su mamá no iba a desaprovecharlo. Mientras Irma estaba en el teatro, su madre seguía tocando puertas en el cine, la presentaba con productores buscándole sin parar. Y en 1947 con Irma de 13 años se presentó la oportunidad que le cambió la vida.

 En ese año, el director Ismael Rodríguez ya estaba armando una película que se volvería un clásico de nuestro cine, Los Trestecos. La cinta, estelarizada por Pedro Infante, contaba la historia de unos trillizos que fueron separados al nacer y se reencontraban ya de grandes. Rodríguez andaba buscando actores para los papeles de reparto y la mamá de Irma le consiguió una audición para un papelito. Irma tenía 13 años.

 Era una jovencita delgada con una mirada muy expresiva y un talento nato para actuar. La prueba fue todo un éxito. Irma se quedó con un personaje en los tres huastecos. Era un papel chiquito de apenas unos minutos en pantalla, pero era su debut en el cine y nada menos que al lado de Pedro Infante, la estrella más grande del momento.

 Pedro tenía 30 años en 1947 y estaba en la cima de su carrera. Era el gran ídolo de México, un cantante fuera de serie, un actor con carisma y un galán que hacía suspirar a millones. En la película hay una escena donde uno de los personajes de Pedro, un padrecito, le llama la atención a una niña por pintarse los labios tan jovencita, pues esa niña era Irma Dorantes.

 El encuentro fue muy breve en esa filmación. Pedro era una estrella que no paraba, filmando varias películas a la vez. Irma era una chavita de 13 años con su primer papel. No hubo nada importante entre ellos en ese instante. Eran simplemente un actor adulto y una actriz infantil en el set, pero ese momento sembró la semilla de lo que pasaría después.

 Los tres huastecos se estrenó en 1948 y fue un trancazo. Consolidó a Pedro Infante como la superestrella de México y para Irma, aunque su papel fue pequeño, fue el arranque de su carrera en el cine. Después de esa película, a Irma le empezaron a llover más papeles. Trabajaba sin parar como actriz juvenil en la época de oro.

 Aún no eran protagónicos, pero eran personajes que la ponían en el mapa. Durante los años siguientes, entre 1948 y 1949, Irma filmó muchísimas películas. Se estaba convirtiendo en una joven promesa dentro del sistema de los estudios de cine y ese sistema funcionaba más o menos así. Los estudios firmaban a actores jóvenes en exclusiva y los metían en un montón de películas bien rápido.

 Les iban construyendo la carrera y los actores no tenían mucha voz para escoger sus papeles. Irma firmó con uno de los estudios grandes. De entrada le pagaban cerca de 2,000 pes por película, que hoy en día serían como 24,000 pes. No era una fortuna, pero era una lanita segura para una chica de 14 y 15 años.

 Filmaba entre cuatro y seis películas al año. Sus ingresos al año andaban entre los 10,000 y 12,000 pes de entonces, que hoy equivaldrían a entre 120,000 y 144,000 pes. Para una familia que había llegado a la capital sin nada, ese dinero era un gran aliviane que les mejoró la vida muchísimo. Pero el verdadero giro en su vida llegó en 1949, cuando Irma se volvió a topar con Pedro Infante en un rodaje.

 La película era No desearás la mujer de tu hijo, también dirigida por Ismael Rodríguez. Irma ya había cumplido los 15 años. Había dado un gran estirón desde la primera vez que se vieron. Ya no era una niñita, era toda una señorita con una belleza natural y con muchas más tablas. Y esta vez algo fue diferente entre Pedro e Irma.

 Durante esa filmación, Pedro comenzó a verla con otros ojos. Ella ya era una mujer hermosa con una dulzura que lo cautivó. Y aunque la edad lo separaba mucho, Pedro se sintió atraído. Irma también empezó a verlo diferente. Ya no era esa estrella lejana, sino un hombre que la trataba con un cariño que la hacía sentir única.

 El flechazo ocurrió en esa filmación de 1949. Pedro tenía 32 años, Irma apenas 15. La situación fue muy complicada desde el inicio. Pedro Infante ya estaba casado con María Luisa León desde 1943 y de ese matrimonio tenía tres hijos. Su vida privada estaba siempre bajo la lupa de la prensa. Aún así, Pedro se enamoró de Irma y se arriesgó por ella.

 Al principio lo suyo fue un secreto. Pedro la visitaba a escondidas, le llevaba serenatas, le escribía cartas y la llenaba de flores. La cortejaba a la antigua con mucha pasión. Pero en el cine mexicano todos se conocían y como los chismes vuelan era imposible ocultarlo por mucho tiempo. Para 1950 el rumor del romance ya era un secreto a voces en el medio artístico.

 La prensa amarillista soltaba indirectas. La esposa de Pedro, María Luisa, empezó a sospechar. Se venía un escándalo enorme. El ídolo de México con una adolescente, estando casado, era la carnada perfecta para los periódicos de la época. Pero a Pedro no le importó. Estaba perdidamente enamorado de Irma y lucharía por ella sin medir las consecuencias.

 Pero, ¿de qué cantidad de dinero hablamos cuando se menciona la fortuna que Irma juntó en su carrera? ¿Qué estilo de vida llevaba la joven actriz que fue pareja del hombre más famoso del país? Prepárense porque los detalles los dejarán con la boca abierta. La fortuna de Irma Dorantes. Irma Dorantes nunca estuvo entre las actrices mejor pagadas del cine nacional, pero su trabajo constante en la época de oro le permitió juntar un ingreso considerable para su edad.

 En sus primeros años, entre 1948 y 1952, Irma cobraba de 2,000 a 3,000 pesos por cinta. y hacía de cuatro a seis películas por año. Sus ganancias anuales iban de 8,000 a 18,000 pes de entonces, que hoy serían entre 90 y 6,216,000 pes. Pero cuando su amorío con Pedro Infante se hizo público y comenzó a filmar con él, sus ganancias se dispararon.

 Entre 1950 y 1957, Irma hizo 11 películas con Pedro Infante. Eran producciones enormes con grandes presupuestos. Y aunque Pedro era la estrella principal que se llevaba la millonada, Irma, como su coestelar también recibía pagos muy buenos. Por película con Pedro en los 50, Irma cobraba entre 15,000 y 25,000 pes, que hoy equivalen a entre 180,000 y 300,000 pes por película.

 y en ese periodo hacía de tres a cuatro cintas al año. Solo de sus películas con Pedro generaba al año de 45,000 a 100,000 pesos de la época, lo que hoy sería entre 540,000 y 1.2 millones de pesos. Pero Irma también hacía otras películas por su cuenta, además de radio y de vez en cuando teatro. Sus ingresos totales por año en su mejor época, de 1953 a 1957, rondaban los 80,000 y150,000 pes de aquel entonces, que equivaldrían a entre 960,000 y 1.

8 millones de pesos actuales anuales. Para una jovencita de 18 a 23 años era una fortuna. Irma ganaba mucho más que la mayoría de las actrices de su generación. Vivía muy bien y ayudaba a su familia. Podía darse lujos que antes ni imaginaba, pero su verdadera seguridad financiera venía de Pedro Infante.

 Pedro era de los actores mejor pagados del país. Ganaba de 100,000 a 150,000 pesos por película en los años 50. Hoy entre 1.2 y 1.8 millones de pesos y hacía varias cintas al año. También hacía un dineral con sus presentaciones como cantante y tenía contratos muy buenos con las disqueras. Salía en anuncios. Sus ingresos anuales en los 50 superaban el millón de pesos de entonces, que hoy serían más de 12 millones de pesos al año.

 Pedro era muy espléndido con Irma. Le regalaba ropa cara, joyas y le daba para sus gastos. Cuando nació su hija, Pedro cubrió todo. Con la muerte de Pedro en 1957, Irma se vio en una situación económica muy difícil. No le tocó nada de la fortuna de Pedro, pues no era su esposa legal. María Luisa León, la viuda oficial, se quedó con toda la herencia.

Irma tuvo que volver a trabajar al instante para mantener a su hija de apenas 2 años. Aceptó papeles que quizá no quería hacer. Trabajó sin descanso en los años 60 para salir adelante. Entre 1957 y 1970, Irma filmó más de 40 películas. No paraba. Por cada película en los 60 cobraba entre 20,000 y 35,000 pes, que hoy serían de 240,000 a 420,000 pes.

Hacía de cuatro a seis películas por año. Sus ganancias anuales eran de 80,000 a 210,000 pes de entonces, equivalentes a entre 960,000 y 2.5 millones de pesos actuales. Además, se lanzó como cantante profesional. grabó discos de ranchero y se presentaba en vivo en palenques y teatros.

 Por cada show en los 60 cobraba entre 5,000 y 10,000 pes, que al día de hoy son de 60,000 a 120,000 pes. Para los años 70, con el declive del cine mexicano, Irma se pasó a la televisión. Hizo telenovelas y programas de variedades por una telenovela completa en los 70. le pagaban de 150,000 a 250,000 pes, que hoy equivaldrían a entre 1.

8 y 3,000ones de pesos. Durante toda su trayectoria, desde 1947 hasta su retiro en 2012, Irma trabajó en más de 100 películas, muchas telenovelas, obras de teatro y grabó varios álbumes. El patrimonio que juntó en seis décadas de trabajo se estima entre 25 y 40 millones de pesos actuales. No es la fortuna de las grandes divas, pero es una suma considerable que le ha permitido tener un retiro tranquilo.

 Ahora, las propiedades de Irma Dorantes. Los bienes que Irma fue comprando en su vida muestran su ascenso de una niña humilde a una actriz consolidada del cine de oro, la primera casa para su familia. De lo primero que hizo Irma al ganar buen dinero fue comprarle casa a su mamá. En 1951, con 17 años y un sueldo fijo, adquirió una casita sencilla de unos 80 m² en una colonia de clase media capitalina.

 La propiedad valía 45,000 pes de inicios de los 50, algo así como 540,000 pes de ahora. La liquidó con sus ahorros de sus primeros años de trabajo. Era un hogar simple, con dos recámaras, su sala y un patiecito. Para una familia que venía de rentar cuartos, esto era un verdadero palacio.

 Su mamá lloró de pura felicidad al recibir las llaves. Era una meta cumplida por el talento de su hija, a quien tanto impulsó. Luego vendría la casa en Cuajimalpa con Pedro. Cuando el romance entre Pedro e Irma se afianzó y vivían juntos sin importar el que dirán, Pedro les construyó un hogar en Cuajimalpa, que en ese entonces era casi campo.

 Él mismo diseñó la casa a su gusto. Era una construcción de 300 m² con enormes jardines. Tenía hasta su propia sala de cine Pedro veía películas. Contaba con un gimnasio equipado para Pedro, una peluquería y una ventana en la cocina por donde él le chiflaba a Irma para su café. Irma le preparaba su café batido con sacarina en un jarrito.

 Pedro le silvaba y ella corría a prepararle ese gusto. Era su ritual. La casa tuvo un costo de 250,000 pesos a mediados de los 50, lo que hoy serían unos 3 millones de pesos. Aquel era su nidito de amor. Ahí nació su hija en 1955 y pasaron sus días más felices. Al morir Pedro en 1957, Irma tuvo que irse de la casa. Por ley, todo pasó a manos de sus herederos.

 A Irma no le correspondió nada. Se fue con su bebé y nada más que sus recuerdos. Otras propiedades vendrían después. Tras la muerte de Pedro, Irma compró un departamento sencillo en la Ciudad de México. Ahí vivió con su hija durante los años 60 y 70. Era un lugar de unos 90 m² en una zona de clase media. Lo compró con el fruto de su trabajo incansable.

 En 1969 se casó con el productor Carlos Amador Martínez. Durante ese tiempo vivieron en la residencia de Carlos, en una colonia acomodada de la Ciudad de México. Era una casa amplia, de lujo, con todas las comodidades. Al divorciarse a fines de los 70, Irma compró casa en Cuernavaca. Escogió Cuernavaca por su buen clima y tranquilidad, pensando en su retiro y en la cercanía con la capital para sus vueltas.

 Por su casa de Cuernavaca pagó 850,000 pesos a principios de los 80, que hoy serían casi 10 millones. Es una propiedad de tamaño mediano, de unos 200 m² con su jardín y todo lo necesario para vivir a gusto. En esa casa es donde vive Irma actualmente a sus 91 años. Un hogar cómodo y sin pretensiones. Refleja la vida de una actriz que le trabajó duro siempre, que conoció la gloria, pero también las dificultades y que ahora disfruta un retiro tranquilo, alejada de los reflectores.

 Los carros de Irma Dorantes nunca fueron para apantallar. En la época de oro, la transportación de los actores era asunto de los estudios cinematográficos. Para ir a filmar, la producción les mandaba un auto a recogerlos a sus casas. Así se estilaba en ese entonces. Para su vida diaria. Al inicio, Irma no tenía coche.

Se movía en taxi o en camión como cualquier persona. Era lo común para los artistas jóvenes que aún no ganaban lo suficiente. Ya cuando su relación con Pedro fue en serio, él manejaba carrazos de estrella como Cadilac y Lincoln que proyectaban su éxito. Irma andaba con él, pero los autos eran de Pedro, ya como una actriz consolidada.

Por ahí de los años 60, Irma se compró su primer auto. Era un coche americano modesto, quizá un Ford o un Chevrolet. Ideal para una mujer trabajadora que necesitaba moverse, le habrá costado unos 35,000 pes, que hoy serían como 420,000. En los 70 y 80 tuvo autos similares. Ella no buscaba presumir, solo necesitaba un transporte confiable.

 Hoy, a sus 91 años, Irma ya no maneja. Si necesita ir a la ciudad de México, su familia la lleva o pide un chóer. Ahora hablemos de su visión para los negocios. No como otras actrices que buscaron invertir en negocios, Irma se enfocó principalmente en su carrera. Su plan era no dejar de trabajar, aceptaba los papeles que le ofrecían y hacía varios proyectos a la vez, asegurando un ingreso constante de su talento.

 Durante los 70, Irma montó un espectáculo con música ranchera. El show traía caballos, charros y a ella cantando. Con ese espectáculo recorrió México por más de 14 años. Cobraba entre 15,000 y 30,000 pesos por presentación, que hoy serían de 180,000 a 360,000. Realizaba de 50 a 80 presentaciones por año, sobre todo en las temporadas de ferias.

 Solo de ese show generaba ingresos anuales de entre 750,000 y 2.4 millones de pesos de entonces. También lanzó su propia línea de belleza en los 80 llamada Irma Dorantes Cosmetics. Incluía cremas, maquillaje y artículos de cuidado personal. Fue un negocito que mantuvo por años, pero nunca creció mucho. Le daba a ganar de 200,000 a 500,000 pesos al año, una entrada extra, pero no su principal ingreso.

 Su verdadera lana siempre vino de su trabajo artístico, actuar, cantar y sus presentaciones personales. Fue una profesional que no paró de trabajar por 60 años seguidos. Su retiro final llegó en 2012 a sus 78 años y lo hizo con un capital forjado a pulso, con buenas inversiones en bienes raíces y ahorros bien cuidados, sin grandes lujos ni despilfarros.

 Irma Dorantes siempre tuvo esa clase de las divas de la época de oro, pero jamás fue una mujer presuntuosa. En sus años de gloria en el cine, de 1950 a 1970, Irma lucía la moda más chic. Portaba diseños mexicanos. Calzado fino y joyería discreta. Para las alfombras rojas y los estrenos, su arreglo era impecable, proyectando esa imagen de una verdadera estrella.

 Un vestido de alta costura en los años 50 podía costar de 800 a 1500 pes, que hoy equivaldrían a unos 9600 a 18,000. Irma llegó a tener muchísimos de estos vestidos. Sus joyas eran finas, pero nunca ostentosas, como aretes de oro, collares de perlas y pulseras sutiles. Pedro le dio varias joyas especiales mientras estuvieron juntos, como su anillo de compromiso y un collar de perlas que Irma guardó como un tesoro.

 Para su día a día, prefería la ropa cómoda y funcional. no sentía la necesidad de vivir en el glamor todo el tiempo. Ella era una mujer de trabajo que le daba más valor a lo práctico que a la apariencia y a sus amistades con otras estrellas. Siendo ya una actriz consagrada, Irma se codeó con todas las grandes figuras de la época de oro. Compartió créditos con Cantinflas, Jorge Negrete, María Félix y Dolores del Río, puras leyendas del cine nacional.

 Su noviazgo con Pedro Infante la metió de lleno en el círculo más selecto de la farándula mexicana. Se sentaban a la mesa con presidentes y la élite del país. Jorge Negrete, que era como un hermano para Pedro, una vez le llevó serenata a Irma por su cumpleaños, acompañado por el mismo Pedro. Le cantaron las mañanitas bajo su ventana, un detalle superromántico que Irma jamás olvidó.

 Pero aunque se movía en esos círculos de poder, Irma nunca perdió el piso. Jamás se sintió superior a los demás. Siempre trató con amabilidad a todo el equipo, desde técnicos hasta extras. Por eso era tan querida en los foros. Hablemos de sus películas clave. Ahora que sabemos un poco de su vida, toca recordar las películas que la hicieron famosa, porque al final lo que cuenta es el legado de una actriz en la pantalla.

 La carrera de Irma abarca más de 100 películas, pero sin duda las más recordadas son las que hizo al lado de Pedro Infante. Su primera aparición fue en los tres Huastecos de 1948. Era un papel chiquito, pero fue la puerta de entrada a todo lo demás. Con no desearás la mujer de tu hijo. En 1949 nació el amor con Pedro. Luego vino. También de dolor se canta en 1950.

Siguieron ATM. a toda máquina en 1951 y los hijos de María Morales en 1952. Todos unos excitazos que la posicionaron como una joven promesa. Pepe el Toro de 1953 es un clásico de Pedro Infante. Ahí Irma demostró su gran talento para el drama con un papel de peso en 1954. Escuela de vagabundos fue una comedia donde la química entre ella y Pedro era increíble.

 Su último filme juntos fue en 1956. Tras la muerte de Pedro en 1957, Irma siguió adelante con su carrera. Volvió al cine ese mismo año con pobres millonarios junto a Clavillazo. En la década de los 60 estelarizó un montón de películas, sobre todo comedias y dramas de corte familiar. Películas como El Globero y El Sordo, entre muchas otras, la mantuvieron siempre en el gusto del público.

 Siguió trabajando hasta entrado el nuevo siglo en telenovelas como Cuando me enamoro en 2010 y en cintas como cartas a Elena en 2011. Su trabajo final fue en 2012, justo antes de su retiro. Hablemos de su prohibido amor con Pedro Infante. La historia de Pedro e Irma desde el principio fue muy polémica. Y es que Pedro ya estaba casado con María Luisa León.

 Aunque tenían tres hijos, Pedro se enamoró perdidamente de Irma. Para 1950, su relación era un secreto a voces, lo que desató un escándalo. La sociedad de la época lo señalaba con dureza, pero a Pedro no le importó. Le llevaba gallo, le mandaba cartas y le dedicaba sus canciones. Era un amor de esos que rompen las reglas.

 Pedro buscó divorciarse y en 1953 lo consiguió en Morelos con unos papeles algo dudosos. Justo ese año, un 10 de marzo de 1953, Pedro e Irma se casaron por lo civil en Mérida, Yucatán. Ella tenía 19 años y Pedro 36. La diferencia de edad era notable, pero su amor era genuino. Se fueron a vivir a una casa en Cuajimalpa.

En 1955 tuvieron a su hija, Irmita Infante, la única que Pedro tuvo con ella. Fueron los años más plenos para Irma. Trabajaban en las mismas películas y eran la pareja del momento en el cine mexicano. Pero esa dicha no iba a durar mucho. Resulta que en 1956 María Luisa León impugnó el divorcio argumentando que los papeles eran falsos.

 La Suprema Corte le terminó dando la razón, anulando el divorcio y ratificando a María Luisa como la única esposa legal de Pedro. Esto quería decir que la boda de Pedro e Irma quedaba sin efecto, que ella no era su esposa ante la ley y que su hija era ilegítima. Para Irma fue un golpe brutal. Su mundo se venía abajo.

 Pedro, por supuesto, pensaba pelear la decisión. Por eso viajó de Mérida a la Ciudad de México para ver a sus abogados. Un viaje al que nunca llegó. El 15 de abril de 1957, la avioneta que Pedro piloteaba se desplomó en Mérida. Él murió al instante. Tenía tan solo 39 años. Irma quedó hecha pedazos. Perdió al hombre de su vida, al padre de su hija.

Ilegalmente ni siquiera era su viuda. En el funeral, María Luisa León recibía las condolencias como la viuda legítima. Irma solo pudo llorar en silencio, apartada y sin reconocimiento. Aunque su amor duró 7 años, la ley y la sociedad nunca lo reconocieron. Con 23 años, Irma se quedó con una hija de dos, desamparada, sin herencia y sin un centavo.

 No le quedó más que levantarse y salir adelante por su cuenta. A sus 91 años, cumplidos en diciembre de 2025, Irma Dorantes goza de un retiro sereno en su casa de Cuernavaca. Se mantiene totalmente alejada del ojo público. Es muy raro que dé entrevistas o que se aparezca en programas de televisión. Ella prefiere la calma de su hogar.

 Muy lejos de las cámaras que la siguieron durante tantos años. Aunque de vez en cuando asiste a algún evento especial. En noviembre de 2024 grabó un video para felicitar a la Asociación Nacional de Actores, por su 90 aniversario. En el video a Irma se le ve completamente lúcida, hablando con claridad y rememorando sus 76 años como miembro de la asociación.

 En febrero de 2025 se dejó ver en un homenaje a Silvia Pinal. En el Centro Cultural Universitario de la UNAM, la prensa la captó en fotografías. La gente se asombró de verla de nuevo después de tanto tiempo alejada de los escenarios. En esa ocasión, Irma platicó un poco con la prensa. Con nostalgia recordó la época del cine de oro.

 La verdad, el cine de antes era muy blanco. Yo prácticamente crecí en los foros desde que tenía 8 años. Empecé haciendo extras. Era un cine muy limpio, muy sano, comentó. Son palabras de una mujer que vivió esa era dorada, que se codeó con leyendas y fue testigo de la historia cultural de México. Irma vive en Cuernavaca cerca de otras actrices de su generación como Elsa Aguirre.

 Forman un pequeño círculo de estrellas retiradas que comparten anécdotas, se apoyan entre ellas y viven sus últimos años dignamente, lejos de la opinión pública. Su hija, Irma Infante, la visita con frecuencia y sus nietos también. Es una abuela y bisabuela consentida por su familia. En lo económico, vive sin apuros con los ahorros de toda su vida, una pequeña pensión de la anda y lo que le dan unas rentas.

 No es millonaria, pero tampoco sufre por dinero. Su salud para tener 91 años es bastante buena. Sabe que el cáncer podría regresar, pero no vive con temor. Disfruta cada nuevo día. Ve la tele, lee y recibe a sus amigos más queridos. Lleva la vida apacible de quien trabajó sin parar y por fin descansa. La gran batalla contra el cáncer.

 En el 2012, con 78 años, Irma recibió una noticia que le cambió la vida. tenía cáncer de colon. Se lo encontraron en un chequeo de rutina. Los médicos descubrieron un tumor que necesitaba tratarse de inmediato. Fue un golpe terrible para una mujer que ya había pasado por tantas tragedias. Irma tuvo que ser operada para que le quitaran el tumor.

 Después siguieron las quimioterapias. Eran tratamientos muy fuertes que la dejaban sin energía, agotada y muy enferma. Se le cayó el pelo, bajó mucho de peso y tuvo efectos secundarios horribles. Su hija, Irma Infante, estuvo con ella en cada paso, la llevaba a sus citas y la atendía cuando no tenía fuerzas ni para levantarse. Los papeles se invirtieron.

La hija cuidaba a la madre que siempre veló por ella. La lucha contra la enfermedad duró meses. Hubo momentos en que Irma creyó que no la libraría. El dolor era insoportable y la debilidad la vencía. Pero esa garra de luchadora que siempre tuvo no la dejó rendirse. Al final el tratamiento funcionó.

 El tumor desapareció y los estudios mostraron que el cáncer estaba controlado. Irma había sobrevivido, pero la experiencia la marcó para siempre. Se vio cara a cara con su propia mortalidad. entendió que el tiempo que le quedaba era un regalo y decidió retirarse de la actuación para siempre ese mismo año. Habían sido 65 años de trabajo ininterrumpido.

 Era momento de parar, disfrutar los años que vinieran sin presiones, estar con los suyos y vivir en paz. Desde entonces, Irma asiste a sus revisiones médicas puntualmente. Cada 6 meses visita al oncólogo para vigilar que el cáncer no haya vuelto. Es consciente de que podría reaparecer, pero no vive asustada. Agradece por cada nuevo día el verdadero legado de Irma Dorantes.

  La herencia de Irma Dorantes es compleja. No fue una María Félix ni una Dolores del Río. No tuvo la talla de las grandes divas, pero fue una actriz de gran talento que filmó más de 100 películas, cantó profesionalmente y tuvo una carrera activa por 65 años. Eso por sí solo es una proeza. Su legado más grande, sin duda, está ligado para siempre a Pedro Infante.

 Ella fue la última esposa del mayor ídolo de México. Es la madre de la hija menor de Pedro. fue testigo de los últimos 7 años de la vida del ídolo. Su testimonio sobre Pedro es de un valor histórico incalculable. Lo plasmó en su libro Así fue nuestro amor, donde cuenta los detalles de su relación. Es un documento clave para entender la vida íntima del ídolo, más allá de lo que cuenta la leyenda, Irma también representa una parte polémica en la vida de Pedro.

 Su romance con una muchacha de 15 años cuando él tenía 32, hoy sería un escándalo, pero eran otros tiempos. otras costumbres y ellos siempre defendieron que su amor fue real y muy profundo. Es una de las últimas figuras vivas de la época de oro del cine nacional. Cada año nos quedan menos. Cuando Irma falte, se habrá ido otro pedazo de esa era, pero mientras viva, ella es una conexión directa con el pasado cultural de México.

 Es la memoria andante de una época en que nuestro cine conquistaba corazones y estrellas como Pedro Infante. Eran dioses para millones. La verdadera fortuna de Irma Dorantes no está en el dinero ni en las mansiones, sino en haber vivido esa historia de amor de leyenda con el ídolo de México, en haber trabajado sin descanso por 65 años, en superar tragedias y escándalos con entereza y en sacar a su hija adelante sola tras perder al hombre de su vida.

 Irma Dorantes nos enseñó que es posible sobrevivir a un dolor terrible y seguir adelante, que se puede ser una profesional por décadas sin andar buscando los reflectores y que se puede envejecer con la frente en alto en una industria que con frecuencia se olvida de sus propias estrellas. A sus 91 años vive en paz allá en Cuernavaca.

Ya no busca ni la fama ni el aplauso. Ella ya hizo lo que tenía que hacer. Ella ya conoció el gran amor, ya formó su familia y ahora, en el ocaso de su vida, se ha ganado la paz que disfruta. Se merece vivir en calma, lejos del ojo público. Se merece que la recordemos con admiración por la huella que dejó en casi 70 años de carrera.

Mientras ella esté con nosotros, un pedazo de la época dorada del cine nacional sigue latiendo. El día que falte se cerrará para siempre otra página de esa era, pero ahí quedará su cine, sus canciones y, por supuesto, su historia de amor con Pedro Infante. Y esa es una manera distinta de ser inmortal.

Hoy simplemente vive el presente. Cada amanecer es una bendición. Y mientras siga aquí, algo de Pedro Infante también perdura en sus memorias. en las anécdotas que comparte y en la hija que tuvieron. Ojalá que este viaje por la vida de Irma Dorantes te haya gustado tanto como a mí me encantó prepararlo para todos ustedes.