En el funeral de su esposo, Consuelo recibió un mensaje imposible: “Estoy vivo, no confíes en nuestros hijos”. Mientras el ataúd bajaba a la tierra húmeda de Morelia, sus dos hijos fingían dolor, pero escondían una ambición podrida. Ella creyó haber perdido al amor de su vida… hasta que una pista secreta reveló quién realmente lo había enterrado.
cuongvan