En Pleno Funeral De Mi Esposo, Recibí Un Mensaje Que Decía Que Ernesto Todavía Seguía Vivo Y Respiraba. Mis Hijos Fingían Llorar Junto Al Ataúd, Pero Él Me Advirtió Que No Confiara En Ellos. Pensé Que Era Una Broma Cruel, Hasta Que Llegó La Foto Del Escritorio Donde Guardaba El Testamento. Carlos Y Héctor Querían Llevarme A Casa, Cuidarme Y Hacerme Firmar Algo Antes De Que Preguntara Demasiado. Cuando Encontré La Carta Secreta, Una Memoria USB Y Un Frasco Vacío, Entendí La Trampa Entera. Entonces Volvieron Con Un Doctor, Rompieron Un Vidrio, Y El Viejo Chofer Me Esperaba En La Oscuridad.
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