La noche en que Camila cayó frente a su coche, mi madre rezaba por quien la había traicionado. Yo cerraba mi clínica dental infantil en Guadalajara cuando Fiscalía llamó y mi mundo se partió. Su última promesa fue dejar cepillos en la parroquia y pasar por mí para cenar juntos. Pero una camioneta gris, una caja rota y un mensaje cruel cambiaron todo en minutos. Mi ex apareció tomada del brazo de mi madre, con ojos secos y voz de santa. Y entonces entendí que la mujer por la que mi madre rezaba no venía a consolarme.
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