15 matrimonios falsos de conveniencia que Hollywood usó para ocultar a estrellas homosexuales

15 matrimonios falsos de conveniencia que Hollywood usó para ocultar a estrellas homosexuales
Hollywood se vendió durante décadas como la fábrica de los sueños. Era una mentira muy bien producida, porque lo que Hollywood fabricaba con más eficiencia no eran películas, eran personas, versiones de personas, para ser exactos, versiones diseñadas en departamentos de marketing, aprobadas por ejecutivos y entregadas al público con la misma atención al detalle con que se diseñaba un cartel de cine.
Y la pieza más importante de esa versión, la que el sistema cuidaba con más precisión que cualquier otra, no era el talento del actor, era su vida privada. específicamente su vida romántica, porque en la América de los años 30, 40 y 50, un actor de cine tenía que ser deseable y para ser deseable tenía que ser ante los ojos del público completamente heterosexual, convenientemente disponible y periódicamente enamorado de alguien que el estudio hubiera aprobado previamente.
Cuando la realidad no correspondía a ese perfil, el sistema tenía una solución. Se llamaba el matrimonio la banda. Un acuerdo entre dos personas, a veces consciente y calculado, a veces más complicado que eso, diseñado para proyectar la imagen que el estudio necesitaba mientras cada uno vivía en privado una vida completamente diferente.
No fue una rareza, no fue un accidente de época. Fue una política corporativa que el sistema de estudios ejecutó con la eficiencia de una empresa que protege su inversión. Lo que van a hacer es escuchar a continuación son 15 de esos casos. documentados, analizados, sin la capa de nostalgia que el Hollywood clásico se empeña en mantener sobre su propia historia.
Uno. Rock Hudson y Philis Gates, la boda que salvó una carrera y destruyó una vida. Rock Hudson era en 1955 el hombre más deseado de América. Universal Pictures lo había construido así, con una precisión que sus propios ejecutivos admiraban, el nombre, la mandíbula, la sonrisa, todo calculado, todo probado con grupos de audiencia antes de que el término existiera.
Y en 1955, una revista llamada Confidential estaba a punto de publicar una historia sobre Rock Hudson, que habría terminado con todo eso en una sola edición. Su agente, Henry Wilson negoció con la revista Con la frialdad de un contador. Entregó historias sobre otros dos clientes suyos.
Sacrificó dos carreras a cambio de que la historia de Hudson no se publicara y después organizó una boda. Philis Gates era la secretaria del propio Wilson. La versión que Gates mantuvo durante décadas fue que se había enamorado genuinamente de Hudson, que no sabía nada, que la habían engañado. La versión que Hudson contó cuando ya tenía poco tiempo y pocas razones para mentir diferente.
La boda fue una transacción universal. Necesitaba que Hudson estuviera casado antes de que empezara la temporada de premios. El matrimonio duró 3 años. Hudson vivió dentro de esa máscara durante 30 años más. En 1985, cuando confirmó públicamente que tenía sida, fue el primer famoso del mundo en hacerlo. Murió ese mismo año, tenía 59 años y en una de sus últimas entrevistas dijo que no se arrepentía de su carrera, que se arrepentía del tiempo, de los años que había pasado siendo Rock Hudson en lugar de Roy Shad, que era su nombre real.
Dos. Bárbara Stanwick y Robert Taylor. Dos carreras. Un acuerdo, cero romanticismo. Cuando Bárbara Stanwick se casó con Robert Taylor en 1939, el departamento de publicidad de Mem lo presentó como la historia de amor del año. La realidad era considerablemente más pragmática. Taylor, el galán de cara perfecta, llevaba años siendo objeto de murmullo sobre sus amistades masculinas.
Stanwick, una de las actrices más respetadas de Hollywood, tenía una relación intensa con otra actriz que los columnistas de la época describían con un lenguaje tan cuidadosamente codificado que se necesitaba un diccionario específico para entenderlo. Luis B. Meyer, que dirigía MGM con la sensibilidad emocional de un director financiero, sugirió que la solución era obvia. Se casaron.
13 años de matrimonio sin hijos, colegas que los describían como compañeros de piso, educados más que como amantes. Cuando se divorciaron en 1952, ambos continuaron sus carreras sin mayores interrupciones. Stanwick nunca volvió a casarse. Taylor se casó de nuevo y murió en 1969. Los dos mantuvieron silencio sobre su vida privada hasta el final.
La industria que los había unido fue también la que se aseguró de que nadie hiciera preguntas que requirieran respuestas incómodas. Tres. Carry Grant y Bárbara Hutton. El galán, la heredera y tr años de cuartada perfecta. Carig Grant era el hombre más elegante de la pantalla. También era Archival Lich, un niño de Bristol cuya madre había sido internada en un hospital psiquiátrico cuando él tenía 9 años, a quien nadie le dijo que su madre estaba viva, que pasó años creyendo que había muerto. Ese
detalle, la madre, la ausencia, la mentira de la infancia, es el tipo de cosa que no desaparece con un nombre artístico y un traje de perfecto. Grant lo llevó consigo durante décadas y encontró en los años 50 algo que le ayudó an hasta entenderlo, el LSD, terapia supervisada legal en California en esa época que describió en entrevistas públicas con una honestidad que escandalizó a la industria.
Dijo que había sido lo más transformador de su vida, que le había ayudado a entender por qué había construido una persona tan perfecta y tan distante de quien realmente era. Pero antes de eso estaba el matrimonio con Bárbara Hutton en 1942. Hutton era la heredera más rica de América y llevaba un matrimonio fallido a sus espaldas.
Grant llevaba años de murmullo sobre su convivencia con el actor Randolf Scott, una situación doméstica que los columnistas describían con una creatividad que rozaba el arte. Se casaron 3 años sin hijos, sin pasión que los biógrafos hayan podido documentar. Grant rechazó cualquier parte de la fortuna de Huton en el divorcio.
Un gesto que, según los analistas de la época, demostraba sus valores. Según sus conocidos, era simplemente la manera más rápida de cerrar el capítulo sin complicaciones adicionales. Grant se casó cuatro veces más. Cada matrimonio generó las mismas preguntas, ninguno las respondió. Cuatro. Charles Loton y Elsa Lanchester.
33 años de afecto real sin mentiras completas. Charles Lopedon ganó el Óscar al mejor actor en 1933. Era uno de los artistas más dotados que el cine americano había producido y vivió toda su vida adulta en lo que él mismo describió en conversaciones privadas que sus biógrafos han documentado como su gran tristeza.
Se casó con Elsa Lanchester en 1929. Lo que hace este caso diferente de la mayoría es lo siguiente. Lanchester supo la verdad antes de casarse y eligió casarse de todas formas, no por ingenuidad, por una decisión consciente que ambos tomaron sobre qué tipo de vida querían construir juntos.
El matrimonio duró 33 años hasta la muerte de Laon en 1962, sin divorcio, con una separación gradual de sus vidas privadas, pero con algo que las personas que los conocieron describieron de manera consistente como afecto genuino. Lanchester escribió sobre su matrimonio con la honestidad parcial que la época permitía.
Dijo que Laon era un hombre moral con todos, excepto consigo mismo. Cuando Laon estaba muriendo de cáncer de huesos, ella lo visitaba en el hospital todos los días. Hay matrimonios de Hollywood que duraron 33 años sin llegar a eso. Cinco. Janet Ginor y Adrian, el primer Ócar y el diseñador más famoso de MGM, unidos por conveniencia y separados por la muerte.
Janet Ginor fue la primera actriz en ganar el premio de la academia. Adrian fue el diseñador de vestuario que vistió a Greta Garbo, a Joan Craford, a prácticamente cada mujer importante de MGM durante dos décadas. Se casaron en 1939. Los invitados a la boda eran, según quienes estuvieron presentes, una lista que contaba su propia historia si uno sabía cómo leerla.
Vivieron en una mansión de Los Ángeles con dormitorios separados y organizaron fiestas que se convirtieron en leyenda. No por el glamour, sino por la libertad discreta que ofrecían a sus invitados. Adoptaron un hijo. Cuando Adrian murió en 1959, Ginor continuó con su vida. Más tarde convivió durante años con una actriz.
Nunca habló públicamente sobre ningún aspecto de su vida privada con la especificidad que habría resuelto las preguntas que todo el mundo en la industria ya había respondido hace décadas. No necesitaba hacerlo. En Hollywood hay cosas que se saben sin que nadie las diga. Seis. Judy Garland y Vincente Minelli.
El amor que quizás fue real y el daño que fue definitivamente real. El caso de Judy Garland y Vincente Minelli es el más complicado de esta lista porque nadie estáan está completamente seguro de si fue un matrimonio la banda. o un matrimonio que simplemente fracasó de la manera habitual, pero amplificada por las presiones específicas del sistema de estudios.
Se casaron en 1945 después de que Minelli dirigiera a Garland en una película que ambos describieron como el inicio de algo genuino. Tuvieron una hija, Lisa Minelli. El matrimonio duró 6 años. Lo que los biógrafos han documentado es que Minelli fue descrito por colegas como devoto, pero distante, más interesado en el trabajo que en la intimidad.
con amistades masculinas que generaban los mismos murmullos de siempre. Garland, que para entonces ya llevaba años siendo administrada por MGM, con una combinación de pastillas estimulantes, pastillas para dormir y presiones de producción que cualquier médico contemporáneo consideraría clínicamente inaceptables, descubrió algo que, según personas cercanas a ella, alteró su visión del matrimonio de manera definitiva.
Nunca habló de eso públicamente. Minelli se casó dos veces más. Lisa defendió a su padre con la lealtad característica de alguien que entiende que la verdad sobre un padre es siempre más complicada que cualquier versión simple. La pregunta sobre si este matrimonio fue un arreglo o un amor que el sistema destruyó permanece abierta y esa ambigüedad en sí misma dice algo sobre el Hollywood que lo produjo.
Siete. Agnes Murhead y Jack Lee, la actriz más feroz de Hollywood y el matrimonio que nadie creyó. Agnes Murhead ganó cuatro nominaciones al Óscar y la inmortalidad televisiva como Endora en embrujada. También fue una de las personas más difíciles de Hollywood en términos de acceso a su vida privada.
Se casó dos veces. El segundo matrimonio, con el actor Jack Lee entre 1953 y 1958 fue lo suficientemente breve y lo suficientemente discreto como para generar más preguntas que respuestas. Murhead. tenía amistades femeninas intensas y duraderas que los columnistas de la época describían con un nivel de cautela que solo se aplica cuando hay algo que describir con cautela.
Respondía a cualquier sugerencia al respecto con una frialdad que sus contemporáneos describieron como aterradora. Amenazó con acciones legales a publicaciones que insinuaran cualquier cosa sobre su vida privada. Se protegió con una eficiencia que los propios estudios habrían admirado. Cuando murió en 1974, los obituarios se centraron en su talento.
Su vida privada permaneció, tal como ella había exigido, privada, lo cual es, dependiendo de cómo se mire, un triunfo personal o la descripción más exacta de lo que el sistema le había pedido a todo el mundo que hiciera. Och César Romero y nadie, el hombre que encontró la solución más elegante, no casarse jamás. César Romero interpretó al Joker en la serie de Batman de los años 60.
Antes de eso, había sido durante tres décadas el Latin Lover más elegante de Hollywood y nunca se casó. En un sistema que presionaba a sus actores hacia el matrimonio como herramienta de gestión de imagen, Romero eligió una alternativa que requería más habilidad, pero producía menos complicaciones.
Simplemente no se casó y lo hizo con una elegancia tan elaborada que la industria no supo cómo atacarlo. Los estudios le proporcionaban actrices para citas públicas. Él aparecía, sonreía para las cámaras y desaparecía de regreso a su vida privada sin haber firmado nada. Los columnistas lo vincularon a Joan Crawford, a Bárbara Stanwick y a otras mujeres igualmente glamorosas.
Ningún vínculo se materializó en nada concreto. En privado, Romero tuvo una vida que mantuvo con tal discreción que incluso los historiadores del periodo trabajan con información limitada. Cuando murió en 1994 a los 86 años, los obituarios celebraron su carrera. Su vida personal permaneció exactamente donde él la había mantenido durante seis décadas.
Fuera del registro público, Romero demostró que a veces el matrimonio la banda más efectivo es el que nunca existió. Nueve. Raymond Bor y Anette Sutherland, el hombre que inventó una esposa muerta para no tener que casarse con una viva. Raymond Bore interpretó a Perry Mason durante nueve temporadas. También inventó, con una creatividad que sus propios guionistas habrían admirado, una esposa fallecida, un hijo muerto en un accidente de avión y un matrimonio que nunca existió.
Habló de Anette Suttherland, la supuesta esposa escocesa, con la emoción de alguien que realmente ha perdido a alguien. describió el accidente, la pérdida, el duelo que lo había marcado. Biógrafos que investigaron posteriormente no encontraron registros de ningún matrimonio, ninguna muerte, ninguna persona con ese nombre en relación con Bur.
La historia era completamente fabricada. Bur también inventó un segundo matrimonio, también ficticio, para completar la imagen. Mientras tanto, compartió su vida con el actor Robert Benevides durante más de 30 años. una relación completamente oculta al público. La profundidad de la fabricación, incluyendo fechas, nombres y detalles emocionales de una vida doméstica inexistente, supera en el a estrategias de encubrimiento documentadas en este periodo.
Cuando Bur murió en 1993, la verdad emergió gradualmente. Los espectadores que habían creído la historia de la esposa muerta tuvieron que reconsiderar todo lo que pensaban saber sobre el hombre que habían visto durante décadas resolver crímenes en la pantalla. 10. Montery Cliff y Nadie.
El talento que se negó a mentir y pagó el precio en silencio. Montgomery Clift fue uno de los actores más importantes del cine americano del siglo XX. También fue uno de los pocos en este periodo que se negó activamente a entrar en un matrimonio de conveniencia a pesar de la presión constante de los estudios.
Paramount y otros estudios le proporcionaban actrices de manera regular, organizaban citas públicas, plantaban rumores de compromiso en las columnas de gosip. Clift aparecía cuando tenía que aparecer y se negaba a comprometerse a nada más. Elizabeth Taylor, que fue su amiga más cercana durante gran parte de su carrera, conocía la verdad sobre su vida privada y la protegió con una ferocidad que sus contemporáneos describieron como absoluta.
Cuando la prensa especulaba sobre una posible relación entre los dos, Taylor la cerraba con el tipo de mirada que no requería palabras adicionales. El accidente de automóvil de 1956, que alteró su rostro de manera permanente complicó aún más su posición dentro del sistema. Cliff murió en 1966 a los 45 años, sin haberse casado nunca, sin haber comprometido su vida privada para satisfacer las necesidades de imagen de ningún estudio.
En un periodo en que eso era casi imposible de conseguir sin consecuencias profesionales graves, fue un logro que requirió una resistencia que sus colegas contemporáneos raramente documentan con la precisión que merece. 11. William Haynes y Jimmy Shields, el único que lo dijo de frente y el único que ganó. William Haynes era la estrella más taquillera de MGM en 1933.
Luis B. Mayer lo llamó a su oficina y le ofreció lo que el sistema ofrecía en esas situaciones. Una actriz, una boda, la continuación de una carrera que en ese momento valía millones. Heines dijo que no. Le dijo a Mayer que Jimmy Shields era su esposa. Usó exactamente esa palabra.
Mayer canceló su contrato ese mismo día. Lo que siguió es la parte de esta historia que arruina la narrativa de la tragedia que el sistema prefiere contar. Heines no se hundió. Con Jimmy Shelds estableció un negocio de decoración de interiores que se convirtió en uno de los más respetados de Hollywood. Sus clientes incluían a Joan Crawford, quien le mantuvo una lealtad que duró décadas.
Decoró la residencia del embajador de los Estados Unidos en Londres. Vivió con Jimmy Shelds durante 47 años. Cuandoes murió en 1973, Shields sobrevivió exactamente dos meses antes de morir también. Las personas que los conocieron dijeron que Shelds simplemente no encontró razón suficiente para continuar sin él.
El hombre que MGM intentó destruir en 1933 terminó teniendo exactamente lo que MGM le había pedido que sacrificara, una vida junto a la persona que amaba. Y los ejecutivos que tomaron esa decisión son hoy notas al pie de una historia que nadie recuerda. Clodet Colbert y Norman Foster, el primer matrimonio de conveniencia con fecha de vencimiento perfectamente calculada.
Clodet Colbert ganó el Óscar en 1934 por su cedió una noche. Antes de eso, en 1928, se había casado con el actor Norman Foster en un matrimonio que sus biógrafos describen de manera consistente como un arreglo de conveniencia que servía a los intereses de ambos en diferentes medidas. El matrimonio duró 7 años.
Después vino un segundo matrimonio con el médico Joel Presman, que duró 33 años hasta la muerte de él. Las personas que conocían a Colbert de cerca describieron a Presman como un hombre excepcionalmente comprensivo y discreto. Esa descripción en el vocabulario del Hollywood clásico tiene un significado específico.
Después de la muerte de Presman, Colbert se retiró a Barbados, donde vivió durante años con una actriz. Hasta su propia muerte, no confirmó ningún detalle de su vida privada con la especificidad que habría respondido las preguntas que la industria llevaba décadas haciéndose. Mantuvo el control de su narrativa con una eficiencia que habría hecho que los ejecutivos de MGM la contrataran como directora de comunicaciones.
- Allanazimova y Charles Bryant, la mujer que inventó el matrimonio la banda y lo convirtió en arte. Alan Azimova fue una actriz rusa que llegó a Hollywood en los años 10 y se convirtió en una de las figuras más influyentes del cine mudo. También fue, según los historiadores que han estudiado el periodo, la persona que prácticamente inventó el matrimonio La Banda como estrategia de industria.
Se unió a Charles Bryant, un actor de menor éxito que se convirtió en su manager en una relación que no está completamente claro que fuera legalmente un matrimonio. Bryant proporcionaba la cobertura pública que el sistema requería. Nazimova construyó alrededor de su propiedad el Garden of Alá, una comunidad que se convirtió en el primer espacio documentado de Hollywood, donde las personas podían por unas horas dejar de interpretar el papel que el sistema les había asignado.
Sus fiestas eran legendarias por razones que los cronistas de la época describían en términos lo suficientemente vagos como para evitar consecuencias legales, pero lo suficientemente específicos como para que todo el mundo entendiera de qué estaban hablando. Su versión de 1923 de Salomé es estudiada hasta hoy como uno de los primeros textos cinematográficos con subtext que deliberados.
Cuando su relación con Brian terminó, Nazimova continuó su vida sin intentar reemplazar la cobertura que él había proporcionado. No necesitaba hacerlo. Había construido su propio mundo. Murió en 1945. Su Garden of Alah fue demolido en 1959 para construir una gasolinera. 14. Van Johnson y Evewin. El matrimonio que el estudio ordenó y que destruyó una amistad de por vida.
Van Johnson era el chico de al lado de MM. La sonrisa, la inocencia americana, el tipo de actor que el público de posguerra consumía con un apetito que el estudio satisfacía puntualmente. En 1947, MJM descubrió algo sobre Van Johnson, que el estudio consideró una amenaza para ese activo.
La solución fue inmediata y fría. If Win, que acababa de divorciarse del mejor amigo de Johnson, Kinan Win, fue identificada como la candidata adecuada para el matrimonio que el estudio necesitaba organizar. Lo que eso significó para Kin and Win, para su matrimonio previo con EV y para la amistad entre los dos hombres que el estudio desmanteló para resolver su problema de imagen, no aparece en ningún comunicado de prensa del periodo.
Lo que aparece en los testimonios de personas que conocían a ambos es que la amistad entre Johnson y Kinan Win nunca se recuperó completamente. El matrimonio entre Johnson y produjo una hija y duró hasta 1968. La carrera de Johnson continuó, pero nunca recuperó el impulso de sus mejores años.
El sistema que ordenó ese matrimonio resolvió su problema de imagen. El costo humano no apareció en ningún balance. 15. Tab Hunter y nadie, el último chico de al lado y el primero en contarlo todo. Tab Hunter fue en los años 50 exactamente lo que Warner Brothers necesitaba que fuera. Rubio, fotogénico, el tipo de presencia que las adolescentes de la posguerra compraban en cada revista en que aparecía.
El estudio le proporcionaba actrices para citas públicas de manera regular. Hunter aparecía, sonreía y mantenía una distancia entre su vida pública y su vida privada que requería una habilidad que ningún guionista le habría podido enseñar. En 1950 fue arrestado en una fiesta que habría terminado con todo si el estudio no hubiera pagado para que el asunto desapareciera de los registros públicos.
El estudio pagó y Hunter continuó siendo el chico de al lado durante otra década. No entró en ningún matrimonio lavanda encontró otras maneras de gestionar las expectativas del sistema sin comprometerse a nada que requiriera después una salida complicada. En 2005 publicó su autobiografía. Tenía 74 años.
habló con honestidad sobre sus relaciones con hombres, sobre las décadas de navegación discreta dentro de un sistema que castigaba la autenticidad y sobre las amistades con actrices que, sabiendo la verdad, lo habían protegido porque genuinamente se preocupaban por él. El libro demostró algo que este documental ha intentado mostrar en 15 casos diferentes, que los secretos tienen fechas de vencimiento y que algunos se cuentan mejor cuando ya no hay nada que perder.
15 casos, 15 versiones del mismo problema y 15 respuestas diferentes a la pregunta de cuánto vale una identidad cuando el sistema que rodea esa identidad ha decidido que no es comercialmente viable. Algunos eligieron el matrimonio como escudo, otros eligieron el silencio, otros eligieron algo más complicado, una vida construida en dos niveles simultáneos, el público y el privado, con fronteras que había que vigilar constantemente y que nunca desaparecían completamente.
El villano de esta historia no es ninguna persona específica. Es la lógica de un sistema que trató a seres humanos como activos que gestionar y que encontró en el matrimonio la herramienta de gestión más eficaz que tenía disponible. Rock Hudson lo dijo mejor que nadie en una de sus últimas entrevistas con la claridad de alguien que ya no tiene razón para elegir las palabras con cuidado.
Dijo que no se arrepentía de su carrera, que se arrepentía del tiempo, de los años invertidos en ser Rock Hudson en lugar de Roy Sherder. Una carrera, por brillante que sea, es un registro de lo que una persona hizo, no de lo que una persona fue. Esa distinción es el precio que todos ellos pagaron y es el precio que el sistema nunca incluyó en ningún contrato.
Antes de cerrar, una pregunta de estos 15 casos, ¿cuál creen que causó el daño más duradero? El matrimonio ordenado por el estudio que destruyó una amistad de por vida. ¿El hombre que inventó una esposa muerta para no tener que tener una viva? O el único que dijo que no y demostró que el sistema se podía derrotar si uno estaba dispuesto a pagar el precio inicial. Déjenlo en los comentarios.
Y si creen que lo que acaban de ver es la parte más oscura de esta historia, esperen a lo que viene la próxima semana. Vamos a investigar los contratos matrimoniales que los estudios les hacían firmar a sus estrellas, no los arreglos informales, los documentos reales, las cláusulas sobre con quién podían aparecer en público, cuándo podían divorciarse y qué le pasaba a un actor o una actriz cuando intentaba salirse del guion que el estudio había escrito para su vida privada. Es la historia que explica por
qué Van Johnson tuvo que casarse con la exesposa de su mejor amigo y por qué ese tipo de historia no era la excepción, era la norma.